Jueves, 12 de mayo de 2011
Art?culo publicado por Telespectadores Asociados de Catalu?a en el que exploran la adicci?n a la televisi?n y sus efectos.
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Adictos a la tele, tan real como la vida misma
Adictos a la tele, tan real como la vida misma
Un espectador medio pasa en Espa?a cada d?a m?s de tres horas viendo televisi?n. Un estudio de los expertos Robert Kubey y Mihaly Csikszentmihalvy ha profundizado en el consumo excesivo de la audiencia en su trabajo La adicci?n televisiva no es una met?fora, cuyo t?tulo ya es por s? revelador. Carta de Ajuste** resume el art?culo publicado en Estados Unidos por Scientif American.
El juego por dinero puede convertirse en una obligaci?n, lo mismo que el sexo puede llegar a ser obsesivo. No obstante, una actividad sobresale por su importancia y ubicuidad; se trata del pasatiempo de ocio m?s popular: la televisi?n.

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La mayor?a de la gente admite tener una relaci?n de odio-amor con el invento. Se quejan de la caja tonta pero se sientan en sus sof?s y se apropian del mando a distancia. Durante d?cadas los cient?ficos han estado estudiando los efectos de la televisi?n, fij?ndose, generalmente, en ver si la violencia se encuentra en relaci?n con la pr?ctica de la misma actitud en la vida real. El t?rmino ?adicci?n televisiva? es impreciso y est? cargado de juicios de valor, pero capta la esencia de un fen?meno muy real. Tanto los psic?logos como los psiquiatras definen la dependencia a una materia ?formalmente- como un desorden caracterizado por criterios que incluyen el paso de una enormidad de tiempo usando esa materia o sustancia.

Todos estos criterios pueden aplicarse a la gente que ve una enormidad de televisi?n. Esto no significa, ni mucho menos, que ver la televisi?n, per se, sea problem?tico. La televisi?n puede ense?ar y divertir. Es posible que alcance alturas est?ticas y facilite distracci?n y escape, cosas ambas muy necesarias. La dificultad llega cuando la gente tiene un fuerte sentimiento de que no deber?a ver tanta televisi?n como hacen y, a?n, se hallan extra?amente incapaces de reducir su visi?n. Alg?n conocimiento de c?mo el medio ejerce su atractivo es posible que ayude a los televidentes a practicar un mejor control sobre sus vidas.

Es asombrosa la cantidad de tiempo que la gente pasa viendo la televisi?n. Por t?rmino medio, los individuos en el mundo industrializado dedican tres horas al d?a a la b?squeda de programas ?la mitad de su tiempo de ocio- y m?s que cualquier otra actividad para ahorrar trabajo y sue?o. Sobre la base de semejante proporci?n, alguien que viva 75 a?os pasa 9 de ellos frente al aparato. Otros estudios han demostrado, de manera consistente, que casi el 10% de los adultos se denominan, a s? mismos, adictos televisivos. Como podr?a esperarse, cuando llam?bamos a la gente que estaba viendo la televisi?n, nos dec?an que se encontraban en un estado pasivo y relajado. De manera similar, los estudios llevados a cabo con el electroencefalograma muestran una menor estimulaci?n mental, al ser medidos por la producci?n alfa de ondas cerebrales, durante la visi?n televisiva que durante la lectura.

Lo que es m?s sorprendente es que el sentido de la relajaci?n acaba cuando se apaga el aparato, pero contin?a el de pasividad y baja alerta. Los participantes en el estudio reflejan, com?nmente, que la televisi?n, de alguna manera, ha absorbido o sumido sus energ?as, dej?ndoles agotados. Manifiestan que tienen m?s dificultades para concentrarse despu?s de un visionado que con anterioridad. En contraste, es raro que declaren semejantes dificultades tras la lectura. Despu?s de practicar deportes o sus entretenimientos favoritos, la gente manifiesta mejor?as en sus comportamientos. Tras ver la televisi?n, las conductas de las personas son casi id?nticas o peores que antes.

Despu?s de que transcurran unos momentos de haberse sentado y empujar el bot?n que dice ?encender?, los telespectadores dicen encontrarse m?s relajados. Puesto que tal estado ocurre con rapidez, la gente se ve condicionada a asociar el visionado con el descanso y la carencia de tensi?n. Esta asociaci?n se refuerza positivamente, puesto que los telespectadores permanecen relajados durante todo el tiempo del visionado.

El h?bito de las drogas camina por senderos similares. Un tranquilizante que sale del cuerpo con rapidez, es mucho m?s probable que ocasione dependencia que el que se va despacio, precisamente porque el consumidor es m?s consciente de que los efectos de la droga est?n desapareciendo.

Los telespectadores engendran un mayor n?mero de ellos. As? es la iron?a de la televisi?n: la gente acostumbra a ver mucho m?s tiempo del que planeaban, aun cuando una prolongada visi?n sea menos recompensadora. En nuestros estudios se llega a la conclusi?n de que cuantas m?s horas se pasen frente al aparato, menor satisfacci?n, dicen, logran con ello. ?C?mo es posible que la televisi?n nos atrape de esa forma?

En 1986, Byron Reeves, de la Universidad de Standford; Esther Thornson, de la Universisdad de Missouri, m?s otros colegas, comenzaron a estudiar si los retos firmes y formales de la televisi?n ?cortes, pel?culas, zooms, vistas panor?micas, ruidos repentinos- activan la respuesta orientativa y, de aqu?, que se mantenga la atenci?n en pantalla. Mediante la vigilancia de c?mo las ondas cerebrales se afectaban por rasgos formales, los investigadores llegaron a la conclusi?n de que otros trucos estil?sticos son capaces, en verdad, de desencadenar respuestas involuntarias y ?sacar su valor de atenci?n por medio de la significativa evoluci?n de detectar movimientos? Son las formas ?no los contenidos- las que hacen ?nica a la televisi?n.?

La respuesta orientativa puede, en parte, explicar las m?s comunes observaciones del telespectador, tales como: ?Si la televisi?n est? encendida, no soy capaz de llevar los ojos hacia otro lado o cerrarlos?, ?no quiero ver tanto como lo hago, pero no me es posible defenderme? y ?me siento hipnotizado cuando veo la televisi?n?.

Roberto D McIlwraith, de la Universidad de Manitoba, analiz? en los estudios a los que a s? mismos se califican como teleadictos. Bajo una media llamada SIPI, se encontr? con que los adictos, m?s arriba citados, se aburren y distraen con superior facilidad, y tienen un control m?s pobre de la atenci?n que los que no padecen adicci?n. Los adictos manifestaron que usaban la televisi?n como divertimento en la huida de pensamientos desagradables, as? como para rellenar el tiempo. Otros estudios ?en el transcurso de los a?os- han demostrado que los telespectadores intensos tienen una inferior probabilidad de tomar parte en la actividades comunitarias y deportivas, con una cierta tendencia a la obesidad en relaci?n con los telespectadores moderados o que, simplemente, no lo son.

Para algunos investigadores, el paralelismo m?s convincente entre la televisi?n y los drogadictos es que la gente experimenta los s?ntomas de la retirada cuando dejan el visionado. Hace casi 40 a?os que Gary A. Steiner, de la Universidad de Chicago, coleccion? un fascinante n?mero de familias cuyo grupo se hab?a roto, circunstancia que retornan cuando la casa s?lo tiene un conjunto: ?la familia se mueve dando vueltas como un pollo sin cabeza?. ?Era terrible?. ?No hac?amos nada. S?lo hablar entre mi esposo y yo?. ?Lloraba constantemente. Los ni?os me molestaban y mis nervios estaban a punto de estallar. Trat? de interesarles en juegos, pero imposible. La televisi?n es parte de ellos?.

?En m?s de la mitad de los hogares, durante estos iniciales primeros d?as, se interrump?an las rutinas ordinarias, los miembros ten?an dificultades para adaptarse al nuevo horario disponible, expresaban ansiedad y esp?ritu agresivo? La gente que viv?a solitaria mostraba tendencia a la irritaci?n y a aburrirse? Durante la segunda semana, era com?n un movimiento de adaptarse a la nueva situaci?n.?

Aunque parezca que la televisi?n est? en l?nea con el criterio de dependencia a la sustancia, no todos los analistas han llegado tan lejos como para llamar aditiva a la televisi?n. McIlwaith dijo en 1998 que ?desplazar otras actividades por la televisi?n puede ser significativo socialmente, pero a?n se est? lejos de la exigencia cl?nica para un importante deterioro?. Argument? que tal vez no sea necesaria una nueva categor?a de ?teleadicci?n?, si los espectadores intensivos se contienen de condiciones tales como depresi?n y fobia social. No obstante, si diagnosticamos que alguien sea teledependiente, o no, de manera formal, millones de personas notan que no pueden controlar, f?cilmente, la cantidad de televisi?n que ven.

Para una creciente mayor?a del p?blico, la vida online que llevan puede, no pocas veces, parecer m?s importante, inmediata e intensa que la que llevan en un cara a cara. Mantener el control sobre los h?bitos medios de uno mismo es hoy ?m?s que nunca lo ha sido- un aut?ntico reto. Los aparatos de televisi?n y ordenadores est?n en todas partes, pero la peque?a pantalla e internet necesitan no interferir con la calidad del resto de la propia vida. En su f?cil suministro de relajaci?n y escape, la televisi?n es capaz de ser beneficiosa a dosis limitadas. Ahora bien, cuando la costumbre obstaculiza la capacidad de interferir el crecimiento, aprender nuevos temas y conducir a una vida activa, entonces s? que constituye un tipo de dependencia y, as?, deber?a tomarse muy en serio.

* Art?culo publicado en Carta de Ajuste, Mayo 2003, n?mero 57 ** Publicaci?n mensual de la ATV

Publicado por mario.web @ 12:00
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