Jueves, 12 de mayo de 2011
La alarma de que ?somos demasiados? es muy vieja pero muchas veces esconde una gran mentira.
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?Somos demasiados o faltan muchos?
?Somos demasiados o faltan muchos?
La alarma de que ?somos demasiados? es muy vieja. Ya en el mundo griego antiguo hubo planes complicados para evitar que las ciudades tuvieran una poblaci?n ?excesiva?.

El mundo moderno encontr? en Thomas Malthus (1766-1834) una voz de alarma ante el ?peligro? de la superpoblaci?n, y propuso ideas concretas para limitar los nacimientos entre los pobres.

Charles Darwin hizo suyas algunas ideas malthusianas, y pens? en la necesidad de evitar, con ayuda de la ciencia, el nacimiento de seres humanos defectuosos.

En el siglo XX diversos pensadores y grupos ideol?gicos lanzaron la alarma ante el ?exceso? de poblaci?n en el planeta, y propusieron acciones concretas, incluso conferencias internacionales, para afrontar el tema de la ?explosi?n demogr?fica?.

Ante la alarma creada, muchas veces con teor?as carentes de fundamento, otras con una propaganda muy bien organizada, era f?cil promover campa?as orientadas a afrontar el peligro de la explosi?n demogr?fica. Un cient?fico de los Estados Unidos, Van Rensselaer Potter (1911-2001), consider? que la situaci?n era tan urgente que hab?a que tomar medidas radicales. No bastaba con difundir el uso de anticonceptivos, sino que hab?a que liberalizar el aborto para garantizar un control eficaz de la poblaci?n humana.

En los pa?ses democr?ticos el control demogr?fico se realiz?, generalmente, de modo libre. Los matrimonios y los no casados usaban anticonceptivos con ?normalidad?. Otros optaron por el m?todo m?s seguro, la esterilizaci?n. Si el m?todo usado no era eficaz y aparec?a un hijo no deseado, muchos recurr?an al aborto.

En otros pa?ses donde dominaban dictadores de izquierda o gobernantes desp?ticos y sin escr?pulos, se aplicaron pol?ticas en favor del aborto y la esterilizaci?n, incluso forzada. No faltaron lugares en los que los m?dicos enga?aban a las mujeres y las esterilizaban. Otras veces promet?an ayudas econ?micas a quienes se esterilizasen; hubo casos en los que se recurr?a a presiones y amenazas que ser?an impensables en el mundo libre.

A lo anterior se a?ade el elevado n?mero de abortos cada a?o: se habla de una cifra entre 30 y 50 millones en todo el mundo.

Los resultados est?n ante nuestros ojos: la natalidad mundial ha descendido de modo generalizado. En algunos pa?ses con m?s velocidad que en otros, pero el fen?meno es evidente. A nivel mundial, seg?n estad?sticas ofrecidas por la ONU, se ha pasado de una tasa de natalidad equivalente a 37,4 nacimientos por 1000 habitantes en los a?os 1950-1955, a 20,3 nacimientos por 1000 habitantes para los a?os 2005-2010. Algunos pa?ses han entrado en una nueva fase demogr?fica, en la que hay m?s muertes que nacimientos.

Ante esta situaci?n, podemos preguntarnos:
?somos demasiados o faltan muchos?

Decir que somos demasiados implica decir que algunos ?sobran?. Decir que algunos ?sobran? es una enorme injusticia y una gran discriminaci?n, porque significa que unos (los que no sobran) son m?s importantes que otros (los que s? sobran).

Ante esta mentalidad discriminatoria, tenemos que decir que nadie sobra, porque cada ser humano vale por s? mismo, sea cual sea la situaci?n en la que empiece a vivir.

Si uno es concebido en una familia pobre, o con padres enfermos, o en un contexto de guerra, o en una situaci?n de hambre, no por ello deja de ser un ser humano digno de respeto. No vale menos que quien nace en una familia rica, en un ambiente de paz, lleno de salud y con una buena esperanza de vida ante sus ojos.

Ninguno de entre los m?s de seis mil millones de seres humanos sobra, porque cada uno de ellos vale infinitamente en cuanto hombre, en cuanto mujer, en cuando digno en su existencia terrena y en su orientaci?n hacia la vida eterna.

M?s bien tendr?amos que reconocer que el ego?smo de unos poderosos ha conseguido que falten millones y millones de compa?eros de camino. Porque fueron abortados, porque fueron asesinados, porque nacieron en un ambiente de miseria que les llev? a una muerte precoz.

Tal vez, algunos dicen, si estuvieran vivos esos millones de ausentes los gobiernos habr?an sido obligados a construir m?s hospitales, a poner m?s autobuses urbanos en las ciudades, a invertir en el campo para aumentar la producci?n, a promover el empleo para las nuevas generaciones, a favorecer la construcci?n de edificios. Pero eso, ?no es la tarea de cada pueblo? ?No estamos llamados a ayudar a los que llegan, en vez de proponer sistemas en los que no nacer?n o ser?n abortados quienes son declarados ?sobrantes??

Es un trabajo enorme el que debe realizarse para acoger a millones de ni?os que crecen d?a a d?a y se preparan a la vida adulta. Pero es el trabajo y la misi?n que los adultos tienen frente a cada nueva generaci?n humana, en la que nadie sobra y en la que cada uno tiene un valor inmenso.

Faltan muchos en el banquete de la vida humana. Los creyentes sabemos que los ni?os eliminados antes de nacer ya est?n con Dios. Pero su muerte violenta nos dice que tenemos mucho que cambiar en este mundo de injusticias que los despreci? porque algunos dijeron que ?sobraban?.

Nadie sobra en este mundo. Todos necesitamos de todos, y todos podemos aprender o ense?ar a todos. Es hermosa la vida s?lo si nos abrimos al distinto, al peque?o, al pobre, al necesitado, si descubrimos ese tesoro del alma inmortal que hay en cada nuevo hijo, si la familia se convierte en un compromiso de amor abierto a la vida.

En el mundo faltan millones de amigos y compa?eros de viaje. Podremos honrar su memoria y llorar su ausencia si nos comprometemos, seriamente, para superar esa cultura de muerte que ha dominado durante a?os en muchos ambientes culturales, si construimos sociedades y naciones capaces de acoger, con esperanza y con justicia, sin discriminaciones, a cada hijo que empiece el recorrido de su aventura humana.

Publicado por mario.web @ 19:15
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