Jueves, 12 de mayo de 2011

El milagro es el ?signo? de nuestra fe. M?s a?n, hemos de ?convertimos? en milagros: Milagros de coherencia, de fidelidad, de misericordia, de generosidad, de comprensi?n.
Autor: Andr? Manaranche | Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe.
Bolet?n ?Ser disc?pulos! Aprende a defender tu fe
Tema: Preguntas j?venes
Fuente: Libro preguntas j?venes a la vieja fe. Autor Andr? Manaranche,


I. TUS PREGUNTAS SOBRE DIOS


EL DIOS QUE HACE MARAVILLAS


Abordemos ahora los milagros, un tema que planteas continuamente para decirme que no crees en ellos... Y, al mismo tiempo, que te gustar?a que hubiese m?s. Yo, en cambio, creo en ellos, y pienso que se dan a menudo cuando se tiene una fe viva. Esta es mi tesis. Ahora me explico.

Falsas ideas sobre el milagro

?Quitad los milagros del Evangelio y toda la tierra caer? de bruces a los pies de Jesucristo?, escribe Jean-Jacques Rousseau. No comparto, l?gicamente, su teor?a, pero intento entender la procedencia de esta reacci?n, que se prolonga hasta la actualidad. Creo que esta reacci?n se debe a tres razones.

En primer lugar, porque se ha abusado de la presentaci?n del milagro, no como un signo de la atenta presencia de Dios ante las preocupaciones de los hombres, sino como una travesura destinada a humillar a la raz?n. ?Cre?is en el valor absoluto de vuestras leyes, parecen decir los partidarios de esta presentaci?n de los milagros, para olvidaros de Dios o incluso para negarlo. Pues bien, Dios os muestra su existencia y sus capacidades violando esas leyes cuando le viene en gana. ?Asumid la reprimenda y reconoced vuestro error!?. Es decir, el milagro se defin?a como una excepci?n de las leyes naturales, para dar en la cara a los racionalistas orgullosos. Se comprende perfectamente la indignaci?n de ?stos, que, si bien merec?an una lecci?n, no ten?a por qu? ser tan humillante. Dios no se dedica a hacer sietes en el tejido de la naturaleza, sino maravillas. Es capaz de hacer maravillas sin hacer sietes, es decir, insertando su acci?n en el curso de los acontecimientos. Yo mismo he disfrutado en mi vida de las sonrisas del Se?or, que no se pueden catalogar como prodigios, pero s? como signos de su presencia. A la inversa, no basta con que haya un prodigio para concluir afirmando la presencia de Dios. Ning?n milagro, ni siquiera una resurrecci?n, puede forzar a alguien a creer (Lucas 16,30). Este es, pues, a mi juicio, el primer malentendido.

Dado que el milagro es definido como una excepci?n hecha por Dios en las leyes naturales, para constatar tal hecho se establece en Lourdes un centro m?dico, encargado de analizar las curaciones. S?lo podr? hablarse de milagro en el caso de que la ciencia no encuentre explicaci?n natural alguna a tal curaci?n. Es, pues, lo anormal lo que permite testar la acci?n divina. De esta forma, dicen los partidarios de esta postura, los no creyentes no podr?n hablar de subterfugios. Sin duda, pero no por eso quedar?n m?s convencidos. Siempre podr?n decir que alg?n d?a el progreso cient?fico terminar? por hallar la causa que hoy todav?a se nos escapa. As? pues, a pesar de todas las precauciones tomadas, el milagro nunca puede ser probado rigurosamente y el cient?fico siempre podr? negarlo.

Pero, ?por qu? har?a falta probarlo? ?Por qu? el enfermo curado tendr?a que esperar un certificado que le otorgase la etiqueta de milagroso y le permitiese as? dar gracias a su Se?or sin temor a equivocarse? Tanto m?s cuanto que este sello de autenticidad de la Iglesia no convencer?a a todo el mundo.

El milagro no se confunde, pues, con lo inexplicable. Es un acontecimiento que se adue?a de una historia espiritual y que comporta, por ejemplo, peregrinaci?n, intercesi?n, oraci?n de confianza, invocaci?n a Mar?a, promesa de una vida m?s fervorosa, caridad hacia los pobres, promesa de conversi?n, etc. S?lo los hombres que han vivido tales momentos tienen derecho a ver en ellos un signo del cielo, independientemente de que la curaci?n se pueda explicar, al menos parcialmente, sin recurrir al milagro. El hecho no debe arrancarse, pues, de su contexto, para trasladarlo al laboratorio y convertirlo en un caso cl?nico y nada m?s. En el Evangelio, los relatos de los milagros subrayan ante todo la relaci?n entre Jes?s y su interlocutor, insistiendo en la confianza total de ?ste en el Se?or. Y si Cristo env?a al leproso curado al sacerdote, no es para una verificaci?n m?dica, sino para que sea reinsertado legalmente en la comunidad..., previo pago del don prescrito (Mateo 8,4).

El tercer malentendido est? muy relacionado con los ya expuestos. Algunas personas curadas milagrosamente se afanan en proclamar que su fe coincide con su curaci?n. Y esto no es del todo cierto. Es evidente que el favor recibido puede producir en el coraz?n maravillado del enfermo curado una conversi?n profunda. Ahora bien, el credo del cristiano no se limita a proclamar: ?creo en el Dios que me cur?. No hay que exagerar la nota y colocar una curaci?n en el culmen del plan divino. De lo contrario, ?c?mo podr?an creer los que no han recuperado su salud? ?De todas maneras, entre la desaparici?n de un tumor y la Resurrecci?n de Jes?s hay una considerable distancia! Una distancia que me hace comprender que mi Dios es tambi?n el de los dem?s, que no soy la maravilla de las maravillas, y que ha hecho en m? algo mucho m?s importante que curarme una pierna.

Una curaci?n no dispensa, pues, de la catequesis. De lo contrario, el milagro ser?a un medio c?modo y econ?mico de creer..., sin necesidad de la fe. Ahora bien, en el Evangelio, el prodigio no encierra sobre s? mismo al que lo recibe, sino que le hace volverse hacia Cristo, proclamando que es el Hijo de Dios. Por eso, Jes?s invita al ciego de nacimiento, totalmente feliz por haber recobrado la vista, a recorrer lo que le queda de camino para alcanzar la luz.

?-?Crees en el Hijo del Hombre?, le dice.
-?y qui?n es, Se?or, para que crea en ?l?
-Ya lo est?s viendo, es el mismo que habla contigo.
-Entonces ?l dijo: Se?or, yo creo? (Juan 9,35-38).

El ciego todav?a no hab?a ca?do en la cuenta que el que le hab?a curado era el mismo Se?or, el Se?or de todos los hombres.

Los tres malentendidos explicados tienen algo en com?n: previenen contra la tentaci?n de querer cazar a Dios, de intentar pillarle en flagrante delito de existencia a trav?s del milagro, como si la fe fuese un simple atestado asequible a todo el mundo sin la menor preparaci?n. Tambi?n en esto, el Evangelio deja las cosas en su sitio, record?ndonos que en Nazaret Jes?s no hizo milagros, porque sus paisanos no cre?an en el (Mateo 13,58). El milagro no da, pues, la fe, si no existe previamente, al menos en forma de confianza total en Cristo. Dios es, ante todo, Amor ofrecido, mir?ndonos a los ojos. Y la maravilla se produce en esta mirada.

? ?Cre?is que puedo hacer esto? -pregunta Jes?s a los dos ciegos.
-S?, Se?or -le contestan.
-Entonces les toc? los ojos diciendo: Seg?n la fe que ten?is, que se cumpla? (Mateo 9,27-29).

Ya ves qu? lejos estamos de la pura mec?nica...

Los signos de Jes?s

En su Evangelio, Juan habla casi siempre de signos en vez de milagros. Y esto nos va a ayudar a profundizar en el tema. Para mucha gente, Jes?s es alguien que anuncia una doctrina misteriosa y dif?cil de entender, bien sea porque lo hace aposta, para invitarnos a la humildad, o bien sea porque, a pesar de intentarlo, no lo puede evitar. De ah? que, para recuperarse, realice milagros que nada tienen que ver con lo que dice, pero que le confieren prestigio y credibilidad a sus ense?anzas. Esta credibilidad, sin embargo, no procede de su ense?anza, demasiado abstrusa, sino de sus capacidades y de su extraordinaria personalidad. De esta manera, Jes?s renunciar?a a convencemos, content?ndose con asombramos. Algo as? como un profesor de geometr?a que, al verse incapaz de hacer entender a sus alumnos la demostraci?n de un teorema, se pusiera a hacer el pino delante de la pizarra, para que sus alumnos le creyesen en nombre de su talento acrob?tico (imagen utilizada por Claudel, para hacernos comprender lo rid?culo de la situaci?n.) el milagro ser?a, pues, una pura payasada, sin relaci?n con la doctrina de Jes?s, ni con su coraz?n, y su funci?n ser?a servir de apoyo externo al Evangelio. Desde esta perspectiva, se entiende perfectamente a esas personas poco creyentes, o poco dispuestas a convertirse realmente, que corren de aqu? para all? en busca de milagros (verdaderos o falsos) para coleccionarlos y utilizarlos contra la Iglesia. Parad?jicamente, reprochan a los dem?s cristianos su incredulidad, cuando los primeros incr?dulos son ellos. En efecto, digan lo que digan, no tienen fe evang?lica, porque ?sta consiste en una toma de posici?n ante la persona de Jes?s y ante su mensaje, algo por lo que no muestran ning?n inter?s. Son simplemente gente curiosa que se deja asombrar por fen?menos extra?os (verdaderos o falsos) y que confunden su asombro con un sentimiento religioso. Porque est?n asombrados, ya piensan que ?creen?. Pero, ?es posible creer sin seguir a Jes?s? El milagro se hace para conducirnos al Se?or, no para quedarnos pegados al milagro. Lo que yo venero no es el prodigio, sino el amor de mi Dios.

Por eso Juan habla de ?signos?, es decir, de hechos significativos y que no s?lo son visibles, sino tambi?n legibles. Hechos que nos designan a Jes?s como la fuente de todo y que nos dan la consigna de ser sus disc?pulos. Una payasada no nos ense?a nada acerca del coraz?n del acr?bata; s?lo nos manifiesta su talento. Un truco de magia no nos dice nada sobre la vida interior del prestidigitador, simplemente nos muestra su destreza de ilusionista. Por el contrario, el milagro procede de lo m?s profundo de Jesucristo, nos revela su persona, su obra y su mensaje, procede de ?l y nos conduce a ?l.

Adem?s, en los Evangelios, Jes?s no tiene nada del charlat?n de feria que dice ?nada en las mangas, nada en el sombrero, nada en los bolsillos?, aprovech?ndose del asombro de los dem?s para pasar la bandeja. Mira su discreci?n en Can?, por ejemplo. ?Nada de pel?culas! Satan?s es el que le propone que monte un show arroj?ndose desde el pin?culo del templo sin paraca?das un d?a de fiesta. Jes?s no juega este juego. Y los milagros relatados en los Evangelios no contienen nada de cara a la galer?a, ni nada que pueda dispensar la conversi?n de los corazones. Cuando Juan Bautista est? en la c?rcel y duda de un Mes?as tan poco espectacular, Jes?s le da signos que no enga?an (Maleo 11,2-6). Signos que no miden el poder de sus b?ceps, sino que revelan sus intenciones profundas: devolver la vista a los ciegos, hacer andar a los paral?ticos, curar a los enfermos, hacer o?r a los sordos, resucitar a los muertos y, sobre todo, dar esperanza a los m?s pobres.

El milagro no es, pues, un fen?meno que se pueda separar de su ra?z y convertirlo en una curiosidad aut?noma y apta para periodistas. Si Jes?s escogi? dar la vista a los ciegos, fue para ense?amos que el es la Luz y que tanto la luz de los ojos como la del coraz?n proceden de el. El signo llega a su meta cuando provoca en los labios del curado una profesi?n de fe (Juan 9,38). Bartimeo, el ciego de Jeric?, escogi? incluso una f?rmula activa: nada m?s ser curado, se puso a caminar detr?s de Jes?s (Marcos 10,52) ?Qu? rapidez de reflejos la de Bartimeo!

Amigo, el milagro es irritante cuando se convierte en algo m?s convincente y apasionante que Jes?s; cuando seduce, en vez de convertir. Como dice San Agust?n, no quieras al anillo m?s que a la novia, pero tampoco dudes en recibir el anillo de manos de la novia. No digas a Dios que no necesitas milagros para creer en su amor. T? y yo sabemos que eso no es del todo cierto. Y, sobre todo, no le vayas con el cuento de que, sin los milagros, su Evangelio pasar?a mejor el examen. ?Deja hacer su trabajo al Se?or! ?Es de suponer que lo sabr? hacer mejor que t? y que yo! Tampoco intentes hacerte el sutil, queriendo separar el hecho del sentido, y afirmando que la historia es falsa, pero la lecci?n bonita. ?Tonter?as de intelectuales cansados!






Documentos y art?culos para profundizar en el tema


?C?mo se comprueban los milagros?


El milagro, llamada a la fe.


Los milagros de Jes?s, signos del amor.



Significado salv?fico de los milagros.


Los milagros de Jes?s, demostraci?n del mundo sobrenatural.


Publicado por mario.web @ 19:29
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