Jueves, 12 de mayo de 2011
Lo ?nico que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada
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Tom?s Moro, un pol?tico ?testimonial? (1ra. parte)
Tom?s Moro, un pol?tico ?testimonial? (1ra. parte)
24 DE JUNIO DE 2009

Tom?s Moro, un pol?tico ?testimonial? (1ra. parte)
Publicado por : Email: [email protected] el mi?rcoles, junio 24, 2009

?Su juicio estaba siempre iluminado por la verdad nacida de la Sabidur?a de Dios que lo llamaba a la realizaci?n del bien en todo momento y lugar?.

1.-El testimonio de su fidelidad a la conciencia.

Juan Pablo II afirma en la Carta Apost?lica que proclama a Santo Tom?s Moro como patrono de los gobernantes y de los pol?ticos que ?de la vida y del martirio de Santo Tom?s Moro brota un mensaje que a trav?s de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, ?es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que est? solo con Dios, cuya voz resuena en lo m?s ?ntimo de ella?(Gaudium et Spes, 16) (Carta n? 1).

Esta fidelidad a su conciencia fue en Tom?s Moro el punto crucial de su vida como padre y esposo, pol?tico, juez y abogado, servidor de Dios y de su rey.

Una conciencia que no se refugiaba en la vigencia del relativismo subjetivista tan dominante en nuestros d?as por el cual cada uno piensa como quiere y se arroga la potestad de decidir sobre lo que es bueno o malo y de all? juzgar sus actos, sino que su juicio estaba siempre iluminado por la verdad nacida de la Sabidur?a de Dios que lo llamaba a la realizaci?n del bien en todo momento y lugar.

Coherente con esta conciencia verdadera y recta, Tom?s Moro tuvo que enfrentarse a los vaivenes emocionales y de conciencia de un rey que como ?exponente adelantado? de lo que denuncia Juan Pablo II en la Enc?clica Veritatis Splendor al referirse al s?ndrome de la ?conciencia creativa?, ?creaba? la verdad seg?n sus caprichos, y luego bajo el ?peso? aparente de esa conciencia obraba el mal sin ning?n remordimiento, pretendiendo que los dem?s se adhirieran a ese modo peculiar de ?reelaborar? la verdad seg?n sus antojos.

Este proceder tan peculiar de Enrique VIII, tiene en nuestra ?poca no pocos imitadores pol?ticos que, -sin entrar a juzgar su ?conciencia?- ?crean su verdad? y a ella se someten, encuadr?ndose en un mundo irreal que s?lo existe en su interioridad, llegando hasta a manipular los ?ndices que muestran el estado econ?mico y social de las misma comunidad civil, pretendiendo que a su alrededor cada persona se someta a esa ?nueva visi?n de la verdad?.

Al respecto afirmaba hace ya un tiempo en un art?culo de mi autor?a -?El relativismo moral y la perspectiva de g?nero?- que ?si la verdad es la adecuaci?n del entendimiento a la realidad, y si se da una lectura de la realidad, es decir, de la cosa, de todo lo que existe, totalmente subjetivista en la que prima el parecer de cada inteligencia que contempla esa realidad a trav?s de un prisma personal, la verdad misma se relativiza?.
Justamente esto es lo que acontece en nuestros d?as y que se le quer?a imponer a Tom?s Moro, exigiendo que no viera la realidad patente de las cosas, sino que se sometiera al mundo ilusorio fabricado por un gobernante que pretend?a hacer regir a toda costa ?su verdad?, tan vulnerable a cualquier ex?men serio de inteligencias probas, como opresora en definitiva de la dignidad de la persona que s?lo se ha de sentir subyugada por la verdad que ?nicamente le es dada a las conciencias rectas.
Esta fidelidad a la verdad convirti? a Tom?s Moro en modelo de todo pol?tico que quiera ser ?testimonial?, ya que ?precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primac?a de la verdad sobre el poder, Santo Tom?s Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y tambi?n fuera de la Iglesia, especialmente entre los que est?n llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiraci?n para una pol?tica que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana? (Carta n? 1).

2.-El testimonio de su formaci?n cultural y religiosa.

Recuerda Juan Pablo II que ?Tom?s Moro vivi? una extraordinaria carrera pol?tica en su pa?s. Nacido en Londres en 1478 en el seno de una respetable familia, entr? desde joven al servicio del arzobispo de Canterbury, Juan Morton, canciller del Reino. Prosigui? despu?s los estudios de leyes en Oxford y Londres, interes?ndose tambi?n por amplios sectores de la cultura, de la teolog?a y de la literatura cl?sica. Aprendi? bien el griego y mantuvo relaciones de intercambio y amistad con importantes protagonistas de la cultura renacentista, entre ellos Erasmo Desiderio de Rotterdam? (Carta n? 2).

Como puede observarse a simple vista, Tom?s Moro fue un hombre que se esforz? por ir creciendo en una formaci?n intelectual que le permitiera merecer, -sin buscarlas- las distintas responsabilidades que le cupo asumir con idoneidad y honestidad.

No fue un pol?tico improvisado que surgiera del anonimato por los ?favores y la dedocracia del poderoso de turno?, sino que naturalmente todas la miradas se dirig?an a ?l cuando se trataba de pensar en alguien con la suficiente solvencia intelectual y moral para realizar cometidos pol?ticos necesarios para el bien de Inglaterra.

Esto permiti? que gozara de la libertad de los hijos de Dios para servir a su Dios y a su rey temporal.
Al ser libre no se ve?a acorralado por la ?obediencia debida? que busca concretar cualquier acci?n, como habitualmente le sucede a aqu?l que debe su elevaci?n pol?tica no al propio cultivo de cualidades y dotes, sino por haber recibido de la mesa del poderoso las ?migajas? de las d?divas pol?ticas, que s?lo permiten engrosar al ej?rcito del servilismo m?s denigrante.
Por otra parte, el ser libre y s?lo servidor de los principios m?s enaltecedores, le permit?an mantenerse fiel en una conducta intachable que s?lo buscaba servir a su Dios, y al monarca, siempre en el marco de la justicia, la verdad y la b?squeda del bien com?n.

Esto le permiti? no vivir seg?n los vaivenes de los cambios pol?ticos mediante los cuales muchos de su tiempo, como sucede en el actual, f?cilmente cambiaban de lealtad dando lugar a ?acomodamientos personales?, fruto de la b?squeda constante y afanosa de los nuevos aires que puedan aparecer en el escenario pol?tico.

De su vida religiosa recuerda Juan Pablo II que ?Su sensibilidad religiosa lo llev? a buscar la virtud a trav?s de una asidua pr?ctica asc?tica: cultiv? la amistad con los frailes menores observantes del convento de Greenwich y durante un tiempo se aloj? en la cartuja de Londres, dos de los principales centros de fervor religioso del Reino?. Por otra parte ?La vida de familia permit?a, adem?s, largo tiempo para la oraci?n com?n y la ?lectio divina?, as? como para sanas formas de recreo hogare?o. Tom?s asist?a diariamente a misa en la iglesia parroquial, y las austeras penitencias que se impon?a eran conocidas solamente por sus parientes m?s ?ntimos (Carta n? 2).

Esta esclarecida manera de vivir su fe cat?lica ser?a en el futuro lo que le permitiera vivir con entereza los embates de sus enemigos, presurosos siempre por lisonjear a un rey lujurioso, padeciendo la humillaci?n de la c?rcel por no prestarse a los manejos de la injusticia reinante en su tiempo.

3.-El testimonio de pol?tico y juez ?ntegro.

Nos recuerda el papa en la carta que mencionamos al principio que, ?en 1504, bajo el rey Enrique VII, fue elegido por primera vez para el Parlamento. Enrique VIII le renov? el mandato en 1510 y lo nombr? tambi?n representante de la Corona en la capital, abri?ndole as? una brillante carrera en la administraci?n p?blica. En la d?cada sucesiva, el rey lo envi? en varias ocasiones para misiones diplom?ticas y comerciales en Flandes y en el territorio de la actual Francia. Nombrado miembro del Consejo de la Corona, juez presidente de un tribunal importante, vicetesorero y caballero, en 1523 lleg? a ser portavoz, es decir, presidente de la C?mara de los Comunes? (carta n? 3).

Conforme con su formaci?n y probidad ejemplar, Tom?s Moro, en las distintas misiones que se le encomendaron, sin dejar de servir a su rey, se mantuvo fiel a los m?s altos principios de la prudencia.

Como Presidente de la C?mara de los Comunes no lo imaginamos el prestarse a la manipulaci?n del poder o renunciando a lo que era propio de su investidura para otorgarlo a la autoridad real.

Como juez, Tom?s Moro ?afront? un per?odo extremadamente dif?cil, esforz?ndose en servir al rey y al pa?s. Fiel a sus principios se empe?? en promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los d?biles? (Carta n? 3).

?Qu? hermoso testimonio nos deja en la administraci?n de la justicia! Siempre libre para juzgar seg?n las leyes y teniendo en claro que el objeto de la justicia es el derecho, o sea el ?ius? del que goza todo ciudadano por el que cada uno recibe ?lo que le es debido? seg?n la verdad, y no seg?n los dictados del ocasional poder pol?tico de la ?poca.
De all? que jam?s se dej? manejar en el dictado de la justicia por las ?rdenes del rey Tudor, ni se le ocurri? beneficiar a los ricos o famosos por s?lo serlo, sino que por el contrario estaba pronto a escuchar las s?plicas de los d?biles esquilmados por los prepotentes.

Esta fidelidad de vida a una conducta honesta le vali? el que sufriera en carne propia el proceso de un juicio ?armado? para satisfacer al rey, y ser sentenciado a muerte no seg?n la raz?n, sino bajo el imperio de la venganza.

Si hubiera vivido entre nosotros, fiel siempre a la verdad, jam?s hubiera cedido a las interpretaciones ideol?gicas del derecho penal y a las presiones de los abortistas, autorizando ?el homicidio legal? del nasciturus o defendiendo el ?derecho a abortar?, tan publicitado hoy, como si existiera un salvoconducto para legitimar el homicidio calificado, agravado por el v?nculo.



En el d?cimo aniversario de la fundaci?n del Centro de Estudios Pol?ticos y Sociales ?Santo Tom?s Moro?. 24 de Junio de 2009.

Padre Ricardo B. Mazza. Director

Publicado por mario.web @ 19:59
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