Jueves, 12 de mayo de 2011
La identidad de la vida consagrada podr? ser de nuevo recuperada cuando las personas consagradas logren vivir con la misma audacia, la misma creatividad y la misma santidad que los fundadores
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Fidelidad al carisma, entre tradici?n y renovaci?n
Fidelidad al carisma, entre tradici?n y renovaci?n
El evangelio de la fidelidad.
El evangelio del domingo del quinto domingo de cuaresma del ciclo C nos habla de un hecho que aparentemente contradice la fidelidad, y sin embargo puede ense?arnos tanto al respecto. San Juan evangelista (Jn 8, 1 ? 11) en pocas pinceladas sabe trazar magistralmente la escena, los personajes y sus sentimientos: Jes?s que ense?a en el templo, una mujer sorprendida en adulterio, algunos hombres que quieren apedrearla.

La fama de Jes?s se hab?a hecho ya sentir en todo Israel, nos encontramos en el ?pice de su vida cuando es de todos conocido no s?lo su persona, sino su mensaje, o mejor dicho, la novedad de su mensaje. Novedad que en algunos ha causado no cierto resquemor al ver venidas abajo muchas de las viejas creencias sobre las cuales apoyaban sus vidas. Y no precisamente su vida moral, sino su vida ritual que de alguna manera les permit?a tener un cierto status de vida. La raz?n por la que llevan la mujer ad?ltera a Jes?s es para meterlo en una trampa, de esta forma tendr?an ya un pretexto para desacreditarlo delante del pueblo que comenzaba a seguirlo. ?Si dice que conviene apedrearla, entonces su mensaje de misericordia, piedad y amor se desbarata. Si en cambio encuentra justificaciones o un ?libi a la lapidaci?n, se mostrar? como contrario a la ley de Mois?s y los profetas. Toda una trampa tendida con c?lculo y con medida. ?Qu? dir? el maestro? La expectaci?n es grande y sabemos ya la respuesta.

Pero centr?monos por un momento en la escena: Cristo, la pecadora delante de ?l y los hombres que con piedras en la mano exigen de Jes?s una respuesta. ?l, Jes?s, el hombre anti-pecado se encuentra delante de un hecho incontestable. El pecado es precisamente no estar d?nde Dios hab?a dise?ado al hombre que estuviera. Pecado, en una traducci?n del arameo es no dar en el blanco. El primer hombre, Ad?n, hab?a sido dise?ado para que estuviera en el para?so. El G?nesis nos relata como Dios visitaba a Ad?n, con la brisa de la tarde. Hab?a un lugar de encuentro com?n. Despu?s del pecado, Ad?n falta a la cita: ?He o?do tus pasos en el jard?n, tuve miedo porque estoy desnudo y me he escondido? (Gen. 3, 10). El Se?or Dios lo ha llamado: ??D?nde est?s?? (Gen. 3, 10). Pero Ad?n no ha dado en el blanco. Ha faltado a la cita.

Y m?s adelante esta historia se repetir? de nuevo con Ca?n. Los primeros descendientes de Ad?n y Eva hab?an encontrado su puesto en el mundo, un puesto querido y sancionado por Dios: ?Abel era pastor de reba?os y Ca?n labrador de la tierra.? (Gen. 4, 2). Y nuevamente frente al pecado Dios reclama la presencia del hombre en el puesto en d?nde lo hab?a dejado y el hombre que peca, falta a la cita, no se encuentra ah? en d?nde deber?a de estar: ?Entonces el Se?or dijo a Ca?n: ??En d?nde est? Abel, tu hermano?? Ca?n respondi?: ?No lo s?. ?Acaso soy el guardi?n de mi hermano?? ? (Gen. 4, 9). Esta historia del pecado como un no estar en el lugar en d?nde Dios hab?a dejado al hombre, se vuelve a repetir a lo largo de toda la historia Sagrada, reflejo de la historia humana. As? el pecado el pecado de Israel que adora el becerro de oro es el pecado de quien se aleja del Se?or, de quien no est? en el lugar en d?nde el Se?or lo hab?a dejado (Es. 32, 1 ? 35). El pecado de David cuando toma la mujer de Ur?as es un no estar en el lugar en d?nde Dios lo hab?a dejado. (2sam. 11, 1 ? 27). Podemos por tanto resumir que el pecado es un traici?n a Dios, un traicionar el puesto y las acciones que Dios hab?a dise?ado para el hombre. La mujer ad?ltera que nos presenta la liturgia del quinto domingo de cuaresma es una representaci?n de la traici?n a Dios y a los deberes maritales. La mujer deb?a estar con su marido, en las tareas propias de su estado de vida. Pero no se encuentra ah?. Ha traicionado a su marido: ?Los escribas y fariseos le condujeron una mujer que hab?a sido encontrada en flagrante delito de adulterio? (Jn. 8, 1 ? 11). La narraci?n es exacta y no deja lugar a dudas: la mujer no est? en d?nde deber?a de estar.

Y si esta mujer fuera la representaci?n de la vida consagrada femenina despu?s del Concilio, ?a qu? conclusiones llegar?amos?

Los or?genes de la traici?n de la vida consagrada femenina despu?s del Concilio.
Si la vida consagrada hubiese sido lo que ten?a que ser durante el per?odo del Concilio, muchos descalabros y dolores de cabeza podr?an haberse evitado. Sin af?n de simplificar las cosas ni generalizar todas las situaciones, bien podemos hacer un an?lisis del camino que ha seguido la vida consagrada y constatar si ha traicionado o no a su Se?or. No es f?cil afirmar que la vida consagrada femenina ha traicionado al Se?or, que no est? en el puesto en d?nde Dios la hab?a asignado, pero debemos remitirnos a las pruebas y ver como en el d?a de hoy, el Se?or vuelve a bajar al caer la brisa del d?a y dice: ?Mujer consagrada, ?en d?nde est?s?? Y como Ad?n, la mujer consagrada tenga que decir: ?He o?do tus pasos en el jard?n de mi vida, tuve miedo porque estoy desnuda de frutos, no he dado los frutos que T? me hab?as pedido, y me he escondido, he faltado a la cita que me hab?as dado. No he hecho lo que deb?a de hacer.? ?Qu? se esperaba Dios de la vida consagrada en estos cuarenta a?os de historia post-conciliar?

Comenzaremos a analizar la Iglesia, que con el Concilio Vaticano II hab?a dado impulso a una reforma cuyo objetivo era el de acercarse m?s al hombre para colaborar m?s eficazmente con Cristo en la labor de la salvaci?n del g?nero humano. Este es y sigue siendo el objeto del Concilio. Por ello habr?a que renovar aquellas estructuras que no reflejaban adecuadamente su car?cter salv?fico. El entonces Cardenal Joseph Ratzinger hab?a dicho ?Renovaci?n cristiana quiere decir renovaci?n de aquello que es cristiano. Como renovaci?n cristiana no quiere sustituir aquello que es cristiano con cualquier cosa diferente o mejor, sino s?lo revalorizar precisamente el hecho cristiano en su propia novedad.?1 Hoy podemos tristemente darnos cuenta que muchos de los elementos cristianos, en lugar de haberse renovado, han sido sustituidos, cambiados, alterados y diluidos. Cabe preguntarse el porqu? de esta alteraci?n o degradaci?n de dichos elementos.

La respuesta nos la da Benedicto XVI, cuando en su discurso del 22 de diciembre de 2005 se?ala el motivo de las desviaciones en la interpretaci?n del Concilio. Aunque la cita sea larga, vale la pena transcribirla, con el fin de conocer con exactitud qu? fue lo que ha pasado durante estos 40 a?os de historia de la Iglesia. ?La hermen?utica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. Afirma que los textos del Concilio como tales no ser?an a?n la verdadera expresi?n del esp?ritu del Concilio. Ser?an el resultado de componendas, en las cuales, para lograr la unanimidad, se tuvo que retroceder a?n, reconfirmando muchas cosas antiguas ya in?tiles. Pero en estas componendas no se reflejar?a el verdadero esp?ritu del Concilio, sino en los impulsos hacia lo nuevo que subyacen en los textos: s?lo esos impulsos representar?an el verdadero esp?ritu del Concilio, y partiendo de ellos y de acuerdo con ellos ser?a necesario seguir adelante. Precisamente porque los textos s?lo reflejar?an de modo imperfecto el verdadero esp?ritu del Concilio y su novedad, ser?a necesario tener la valent?a de ir m?s all? de los textos, dejando espacio a la novedad en la que se expresar?a la intenci?n m?s profunda, aunque a?n indeterminada, del Concilio. En una palabra: ser?a preciso seguir no los textos del Concilio, sino su esp?ritu.
De ese modo, como es obvio, queda un amplio margen para la pregunta sobre c?mo se define entonces ese esp?ritu y, en consecuencia, se deja espacio a cualquier arbitrariedad.?2

Podemos comenzar a entrever una de las razones de esta traici?n de la vida consagrada al darnos cuenta que el origen de las arbitrariedades cometidas en aras de la correcta aplicaci?n e interpretaci?n del Concilio tiene su origen en una falsa concepci?n del Concilio. No se debe interpretar el Concilio para aplicar verdaderamente su esp?ritu. Se debe aplicar el Concilio, de acuerdo a los textos mismos, sin dejar margen a la imaginaci?n, a la pasi?n personal o a los propios deseos de innovaci?n. No debemos olvidar que el hombre, el religioso y la religiosa incluida, no por su consagraci?n religiosa est?n exentos del pecado original y por lo tanto sus pasiones pueden obnubilar su pensamiento. Quien piensa erigirse como rector del pensamiento de la Iglesia, antes que hacerse un an?lisis psicol?gico para conocer su estado mental, convendr?a que revisase su alma, para saber si la soberbia, el orgullo o la vanidad intelectual no se han apoderado de su ser, pretendiendo erigirse como centro y arbitrio del Papa o del Magisterio de la Iglesia. No en vano lo dec?a monse?or Rod? dirigi?ndose a los religiosos y las religiosas presentes en el Congreso internacional de la vida consagrada de 2004: ?Sin embargo, este esfuerzo por buscar la novedad no siempre se ha realizado siguiendo criterios evang?licos de discernimiento. A veces la "renovaci?n" se ha confundido con la adaptaci?n a la mentalidad y a la cultura dominante, con el peligro de olvidar los valores aut?nticamente evang?licos. Es innegable que "la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida" (1 Jn 2, 16), propias del mundo y de su cultura, han ejercido un influjo desorientador, originando conflictos graves dentro de las comunidades y de las opciones apost?licas, no siempre fieles al esp?ritu y a las inspiraciones originales del instituto. Como siempre en la historia, la Iglesia se encuentra situada entre el soplo del Esp?ritu, que abre nuevos caminos, y las seducciones del mundo, que hacen el camino incierto y pueden llevar al error.?3

Habiendo identificado el punto clave de la mala interpretaci?n del Concilio, esto es, el libre albedr?o nacido de una concepci?n inadecuada del Concilio, producto no del trabajo de los Padres conciliares sino de componendas que no expresaban el verdadero esp?ritu del Concilio, es f?cil explicar el porqu? de las interpretaciones personales que se han hecho durante estos cuarenta a?os, al margen de la Tradici?n y del magisterio de la Iglesia. Este hecho, unido a la debilidad de la carne, que se adue?a del ser de quienes por excelencia deber?an ser los transmisores e int?rpretes fidedignos del Concilio, ha originado una desorientaci?n en la Iglesia, y en nuestro caso, en la vida consagrada. La constatamos al leer la introducci?n al documento Elementos esenciales sobre la vida religiosa, en donde recalca el hecho de las desviaciones que se han dado en la vida consagrada: ?El resultado ha sido una experiencia comprensiblemente compleja, con muchos aspectos positivos y algunos otros notablemente dudosos. Ahora, pasado el per?odo de experimentaci?n extraordinaria ordenado por Ecclesiae Sanctae II, muchos institutos religiosos dedicados a obras de apostolado est?n revisando sus experiencias. Con la aprobaci?n de sus Constituciones revisadas y la entrada en vigor del nuevo C?digo de Derecho Can?nico, se adentran en una nueva fase de su historia. En este momento de reiniciaci?n, escuchan una vez m?s la llamada pastoral del Papa Juan Pablo II a ? hacer una evaluaci?n objetiva y humilde de los a?os de experimentaci?n, de modo que puedan identificar los elementos positivos, as? como las posibles desviaciones? (Disc. a la UISG 1979; a los Superiores Mayores de religiosos y religiosas en Francia 1980). Superiores religiosos y Cap?tulos han solicitado de esta Sagrada Congregaci?n directrices para valorar el pasado y preparar el futuro. Tambi?n algunos Obispos, debido a su especial responsabilidad en la promoci?n de la vida religiosa, han pedido orientaciones. Por todo ello, la Sda. Congregaci?n para los Religiosos e Institutos seculares, siguiendo las indicaciones del Santo Padre, ha preparado esta s?ntesis de principios y normas fundamentales. Su intento es presentar una s?ntesis clara de la doctrina de la Iglesia acerca de la vida religiosa, en un momento especialmente significativo y oportuno. Esta doctrina se halla ya formulada en los grandes documentos del Concilio Vaticano II, particularmente en Lumen gentium, Perfectae Caritatis y Ad Gentes. Ha sido desarrollada posteriormente en la Exhortaci?n Apost?lica Evangelica testificatio de Pablo VI, en las alocuciones del Papa Juan Pablo II y en los documentos de esta Sda. Congregaci?n para los Religiosos e Institutos seculares, especialmente en Mutuae relationes, Religiosos y promoci?n humana y Dimensi?n contemplativa de la vida religiosa ?ltimamente, esa riqueza doctrinal ha sido condensada en el nuevo C?digo de Derecho Can?nico. Todos estos textos, basados en el rico patrimonio de la doctrina preconciliar, ahondan y afinan la teolog?a de la vida religiosa, que vino desarroll?ndose y adquiriendo densidad durante los siglos pasados.?4

As?, este elemento de disensi?n del Magisterio de la Iglesia, leve o grave que haya sido, prepar? como caldo de cultivo, el ambiente propicio para la inserci?n de elementos espurios a la espiritualidad cristiana y a la vida consagrada, cuyos hechos nos disponemos a analizar a continuaci?n.

Los hechos de la traici?n: la identidad desfigurada y la p?rdida de la esperanza.
Toda traici?n, todo pecado, tiene su origen en una identidad desfigurada y una falsa o d?bil esperanza. Ad?n, Ca?n, el pueblo de Israel, el rey David y la mujer ad?ltera tiene en com?n una identidad d?bil o desfigurada en el momento de la traici?n y la puesta de su esperanza en una falsedad, en un sofisma. Suceder?a como si en esos momentos estas personas se hubieran olvidado de ser lo que eran, para querer ser lo que no eran, poniendo su esperanza en una ilusi?n, pasajera o falaz. As?, Ad?n se ha olvidado de que es criatura de Dios y ha querido ser como Dios, una vez que ha o?do la invitaci?n de la serpiente, tra?da a sus o?dos por Eva: ??No, no morir?is! Dios sabe muy bien que cuando com?is se abrir?n vuestros ojos y ser?is como Dios, conocedores del bien y del mal.? (Gen. 3, 4 ? 5). Ad?n sab?a bien lo que era: una criatura de Dios, salida de sus manos, plasmada del barro e infundida de aliento divino. Su identidad era clara hasta que se presenta el tentador. En ese momento duda de su identidad, pierde de vista lo que es para querer ser lo que no puede ser, en este caso, Dios. Pone entonces su esperanza en aquella mentira que se presenta como verdad apetecible, ser?is como dioses.

La memoria de la identidad es lo que permite al hombre ser lo que es y llegar a ser lo que debe de ser. Se olvida de que es polvo y que al polvo debe tornar (Gen. 3, 19). El pueblo de Israel se olvida que ha sido sacado de Egipto por la mano poderosa de Dios, guiado por Mois?s y se construye el becerro de oro (Es. 32, 1 ? 35), poniendo en ?l su esperanza. Su identidad como pueblo elegido se ve diluida junto con el oro que utiliza para fundir el becerro y se olvida de d?nde viene y hacia d?nde va. Lo mismo el rey David que desde su terraza ve a la mujer de Ur?as y perdiendo su identidad como elegido y ungido del Se?or (1 Sam. 1 ? 13) traiciona al Se?or, poniendo su esperanza en un placer pasajero. Por ?ltimo, la mujer ad?ltera pierde su identidad de mujer casada y se lanza al adulterio, poniendo su esperanza en los brazos de un hombre que no es su marido.

La memoria de la identidad, de los hechos, es importante para mantenernos en lo que somos. Sin una memoria de la identidad, se cae en el olvido y qui?n no sabe lo que es, no sabe de d?nde viene, ni a d?nde va. No en vano, Jesucristo formul? su deseo vehemente de conservar su memoria en la Eucarist?a, una memoria que no s?lo recuerda un hecho, sino que, por la virtud sacramental, lo hace presente: ?Haced esto en memoria m?a.? (1 Cor. 11, 23 ? 25).

A la vida consagrada le ha sucedido algo semejante en estos cuarenta a?os. Ha perdido su identidad y a puesto su esperanza fuera de Cristo. Podemos hablar por tanto del fen?meno de una identidad desfigurada y una esperanza falsa, como la de Ad?n, la del pueblo de Israel, la de el rey David, o la de la mujer ad?ltera. Si bien la identidad de la vida consagrada en el Magisterio de la Iglesia se ha mantenido a lo largo del periodo de renovaci?n fiel a como Cristo, su fundador, la ha querido, se han dado interpretaciones que han desfigurado su identidad.

Nos preocupa el hecho, no tanto que se hayan dado esas voces en la disidencia, sino el hecho que muchas mujeres consagradas (superioras generales con sus consejos) hayan dado o?dos a esas voces y se hayan planteado y replanteado, sin necesidad alguna, la identidad de su vida consagrada, llegando en algunos casos, a vivirse la consagraci?n en una forma del todo desfigurada.

Esta no es una apreciaci?n personal, sino algo que trasluce en las palabras del Santo Padre cuando se dirige a las religiosas en el documento Ecclesia in Europa. ?El testimonio de las personas consagradas es particularmente elocuente. A este prop?sito, se ha de reconocer, ante todo, el papel fundamental que ha tenido el monacato y la vida consagrada en la evangelizaci?n de Europa y en la construcci?n de su identidad cristiana.) Este papel no puede faltar hoy, en un momento en el que urge una ?nueva evangelizaci?n? del Continente, y en el que la creaci?n de estructuras y v?nculos m?s complejos lo sit?an ante un cambio delicado. Europa necesita siempre la santidad, la profec?a, la actividad evangelizadora y de servicio de las personas consagradas. Tambi?n se ha de resaltar la contribuci?n espec?fica que los Institutos seculares y las Sociedades de vida apost?lica pueden ofrecer a trav?s de su aspiraci?n a transformar el mundo desde dentro con la fuerza de las bienaventuranzas.?5

Si las religiosas hubieran sido lo que tendr?an que haber sido durante el per?odo que sigui? al Concilio, esta invitaci?n de Juan Pablo II podr?a no haberse dado. En efecto. El Papa comienza reconociendo el papel que las religiosas han desempe?ado a lo largo de casi dos milenios en la evangelizaci?n de Europa y a nuestra mente nos vienen la cantidad de instituciones fundadas por santas y admirables congregaciones religiosas que a trav?s de la educaci?n, el arte, las obras de caridad cristianas y muchas otras, supieron injertar en la cultura los valores del evangelio. Y por contraste nos preguntamos tambi?n sobre las obras que no han puesto en pie las mujeres consagradas en estos ?ltimos 40 a?os, para hacer frente a los retos del mundo moderno, respondiendo as? a la invitaci?n del Concilio para renovarse y renovar el mundo. Y esto es as?, puesto que el Papa vuelve a urgir a las consagradas lo que desde hace 40 a?os deber?an haber hecho y el Concilio, en boca de Pablo VI, hab?a sugerido: ?Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.?6

Pero si quien podr?a haber ayudado al hombre de finales del siglo XX e inicios del XXI a encontrar el sentido de su vida en el evangelio, comenzaba ella misma a preguntarse ?y a veces a perder- el sentido de su propia identidad, resulta muy dif?cil que ella ayudara a construir en otros lo que no ten?a, lo que cre?a no tener, o lo que estaba perdiendo o aparentemente estaba perdiendo: su identidad como persona consagrada. En cuarenta a?os podr?a haberse hecho tanto. No son ya tiempos antiguos en los que para poner en pie una obra se necesitaban a?os y a veces quiz?s hasta siglos. Hoy hubieran bastado mujeres que teniendo una visi?n prof?tica, como la que Juan Pablo II ha venido se?alando desde el inicio de su Pontificado hasta estos ?ltimos a?os7 , se hubieran lanzado a poner en pr?ctica lo dicho por el Concilio y as? llevar el mensaje salvador de Cristo a Europa, que desde mediados de los a?os sesentas, era urgente re-evangelizar. Tan s?lo hubiera sido necesario, a partir de los Cap?tulos Generales Extraordinarios8 sugeridos por la Santa Sede, el proponer al mundo el carisma originario del fundador y continuar la labor que aquellos hombres hab?an hecho en su tiempo9 .

Sin embargo, para ello, para seguir construyendo en esta tierra el Reino de los Cielos se necesita tener una identidad clara, apoyada en una gran esperanza10 . No es f?cil tener encendida la luz del coraz?n y saber que todo lo que se es y se hace es para que venga el Reino de los cielos. Sin esperanza no pueden leerse los signos de los tiempos para entender que todo tiempo es favorable para el advenimiento del reinado de Cristo y continuar, hasta la eternidad, la labor iniciada por el Fundador. Sin esperanza decae el ?nimo y la lucha por la santidad se hace siempre como cuesta m?s arriba. Sin esperanza no puede entenderse la identidad de la vida consagrada y su quehacer en el mundo convulso en el que vive Europa11 . Y este tiempo especialmente dif?cil requiere de una gran esperanza para vivirlo, tal y como previene el Papa en el icono-gu?a de la Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Ecclesia in Europa12 . Es la esperanza la que mantiene viva la fe y la que permite considerar todo desde la prospectiva de la historia de la salvaci?n, de forma que sobre la mentalidad de la fe nace la nueva esperanza13 .

Y muchas veces la esperanza es lo que m?s hace falta a las mujeres consagradas en Europa. ?Qui?n les rob? la esperanza?


El robo de la esperanza y la identidad desfigurada.
El Concilio Vaticano II hizo un llamado al seguimiento de Cristo, como ideal que deb?a conseguir todo fiel cristiano y espec?ficamente la persona consagrada14 . Ideal que de alguna manera ha sido corroborado por Juan Pablo II . Para seguir a Cristo, se necesita tener un gran amor a ?l. Pero cu?ndo se pone en duda la identidad de la propia vida, cu?ndo no se sabe qui?n se es en la vida, para qu? sirve su existencia en este mundo, el amor, que es una potencia del alma, no puede expresarse. La voluntad busca un objeto que amar, pero es la inteligencia quien le debe proponer dicho objeto. Si la mujer consagrada no sabe presentar a su voluntad es decir, a su coraz?n el objeto de Cristo como la persona amable, la persona a quien amar, estamos hablando entonces de una crisis del coraz?n originada por una supuesta crisis de identidad. Si yo no s? qui?n soy, mucho menos sabr? a qui?n y c?mo debo amar. Asistimos por tanto a una crisis no tanto de identidad ?la identidad siempre ha existido-, sino a una crisis en el seguimiento de Cristo: ?Puesto que todo cristiano recibe un bautismo en Cristo, todo cristiano tiene la responsabilidad vocacional de hacer a Cristo presente en el mundo. Aunque esa responsabilidad se vive de muchas maneras distintas, toda vocaci?n cristiana comienza con el bautismo y con el compromiso bautismal de que la vida de cada uno sea conforme a Cristo?Todo cristiano est? llamado a ser santo. M?s a?n, todo cristiano debe convertirse en un santo si es que quiere disfrutar de la vida eterna junto a Dios. Se necesita ser una clase muy especial de persona para vivir con Dios para siempre, hay que ser un santo? Todo cristiano yerra en el camino a la santidad. Algunos de nosotros fallamos a menudo, y muchos de nosotros fallamos estrepitosamente. Los hombres y las mujeres que han encontrado de verdad al Cristo Resucitado en la transfiguradota experiencia de la conversi?n (una experiencia que puede llevar toda una vida) viven un tipo de vida diferente: llevan la vida de un disc?pulo. Todos podemos y debemos esperar que nadie ser? llamado a la vida consagrada si no est? dispuesto a dar fe p?blica de ese compromiso con Cristo, en todo momento, sin importar cu?les sean las dificultades? (Lo contrario) es una crisis de seguimiento de Cristo.?16

La mujer consagrada en Europa, deber?a haber seguido a Cristo, teniendo siempre su coraz?n volcado en ?l. Y de ah? hubiera nacido una gran esperanza, en Cristo, en ella misma y en los resultados de su apostolado. Pero algo ha fallado en estos cuarenta a?os, algo no ha andado bien. Algo que no debi? haber sido, y sin embargo sucedi?. Alguien que rob? su esperanza. Analizaremos este robo de la esperanza siguiendo la l?nea magistral de Juan Pablo II que relata lo sucedido? de una forma indirecta.

En la primera parte de Ecclesia in Europa el Papa describe la situaci?n de Europa. A primera vista podr?a parecer la descripci?n del mundo laico y materializado de este Continente y pudi?ramos muy bien correr el riesgo de no aplicarlo al caso de la vida religiosa. Sin embargo, por la fragilidad del hombre, y por las heridas que ha recibido la vida consagrada en este per?odo del post-concilio, es sumamente v?lido la aplicaci?n de la situaci?n Europea a la vida consagrada femenina.

Podemos resumir la situaci?n de la vida consagrada femenina, de la misma forma que el Papa Juan Pablo II describe la situaci?n en Europa: ?p?rdida de la memoria y de la herencia cristiana, agnosticismo pr?ctico, indiferentismo religioso, la dificultad de vivir la fe en un contexto social y cultural actual, miedo para afrontar el futuro, fragmentaci?n de la existencia, prevalece un gran sensaci?n de soledad, se multiplican las divisiones y las contraposiciones, crisis familiares, conflictos ?tnicos y raciales, egocentrismo, cuidado exagerado de los propios intereses y privilegios, se da una disminuci?n de la solidaridad interpersonal, se busca fundar una antropolog?a sin Dios y sin Cristo, una cultura de los medios de comunicaci?n contraria al Evangelio, un relativismo moral y jur?dico, se dejan a un lado los valores del evangelio en la formaci?n de la Europa.?17

Explicaremos la forma en que algunas de estas circunstancias ?las m?s significativas- han venido erosionado el coraz?n de la mujer consagrada en Europa, despu?s de haber quedado vulnerado por una falta de vivencia en la identidad misma de la consagraci?n.

P?rdida de la memoria y de la herencia cristiana.
Los a?os que siguieron al Concilio fueron a?os en que por un mal entendido concepto de renovaci?n se quer?a buscar afanosamente lo m?s nuevo. Hab?a que renovarse, pero renovarse era, antes que nada ir al evangelio y a las fuentes, al origen de la Congregaci?n, es decir, al carisma del Fundador18 . Algunas congregaciones no lo entendieron de esa forma y pensaron que renovarse era despojarse de conceptos at?vicos de la vida consagrada. Es cierto, con el paso de los a?os se hab?an mezclado muchos rasgos que no eran netamente pertenecientes a la idea originaria de la consagraci?n, seg?n el evangelio y seg?n la mente del Fundador. Pero, en lugar de hacer una criba entre lo que era esencial y lo que era secundario, se opt? por hacer tabula rasa de todo y, supuestamente, comenzar desde el principio, para inventar, de esta forma, un nuevo concepto de vida consagrada.

De esta forma se fueron introduciendo en no pocos institutos elementos ajenos a la gran herencia cristiana que el monaquismo hab?a dado a Europa durante la formaci?n de su identidad cultural y m?s recientemente, la aportaci?n que en siglo XIX e inicios del XX, muchas ?rdenes dieron al saber combinar magistralmente la vida contemplativa con la vida activa en innumerables obras de ayuda a la sociedad.

Todo desapareci? en pocos a?os. Y de esa manera se fueron introduciendo en la liturgia, en la vida ordinaria, en la disciplina, en los horarios, en los votos algunos elementos de otras religiones, usos y costumbres que con un af?n de inculturaci?n, iban dejando a un lado lo esencial de la vida consagrada, al grado que hoy muchas mujeres consagradas no saben lo que son ni lo que buscan, por haber perdido la memoria, precisamente de lo que son y de lo que deben buscar19 .

Agnosticismo pr?ctico
Si por agnosticismo entendemos toda actitud que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende a la experiencia, podr?amos considerar que esta actitud estar?a completamente descartada de una persona que se ha donado totalmente a Dios. Sin embargo, nuevamente las interpretaciones desviadas del Concilio han hecho lo suyo en este campo, especialmente cuando hablamos del campo de la psicolog?a.

El Concilio hizo una invitaci?n para dialogar con el hombre, para poder conocerlo mejor y as? ayudarlo a alcanzar a Dios20 . Muchos creyeron err?neamente que este conocimiento deb?a basarse sobretodo en la Psicolog?a. No cabe duda que la Psicolog?a bien aplicada al conocimiento del hombre, nos da las bases para un mejor entendimiento de lo que es ?l y as? ayudarlo mejor a alcanzar la salvaci?n. Desafortundamente algunas personas no tomaron en cuenta que varias escuelas de pensamiento psicol?gico estaban fundadas en una antropolog?a contraria a la visi?n cristiana del hombre, negando sobretodo la apertura al trascendente y el libre albedr?o. De esta forma, con el pretexto de aplicar ?nicamente los medios e instrumentos psicol?gicos, se fueron introduciendo teor?as, m?todos, estudios que han ido llevando a crear en ciertas consagradas la idea de que todo puede resolverse en forma exclusiva por la Psicolog?a y, en algunos casos, incluso se ha dado una falsa contradicci?n entre espiritualidad y psicolog?a.

Por eso hablamos de que un cierto agnosticismo pr?ctico se ha introducido en las mujeres consagradas de Europa, al pensar que todo puede hacerse por medios humanos y se abandona, se duda o se niega el valor fundamental de la espiritualidad. De ah? que no resulte extra?o el que el Magisterio remarque la necesidad de volver a Cristo como centro de toda la vida consagrada21 .


Dificultad de vivir la fe en un contexto social y cultural actual.
El Concilio hab?a pedido la renovaci?n a las Congregaciones religiosas para que pudieran adecuarse a los constantes cambios del mundo y del hombre, con el fin de adaptar precisamente a esas circunstancias el evangelio y as? ayudar mejor a la salvaci?n de los hombres. Las actividades apost?licas, despu?s de cuidadosos estudios del mundo actual y a la apropiada adaptaci?n del carisma tendr?an que haber servido de trampol?n de lanzamiento de una serie de actividades tendientes a conseguir el objetivo propuesto por el Vaticano II. Sin embargo en muchas congregaciones no sucedi? de esta manera, d?ndose desviaciones en dos vertientes.

Hubo quienes interpretaron el Concilio y su invitaci?n a buscar nuevos apostolados, como un olvidarse del pasado o considerarlo como ya superado, y sin necesidad alguna de recurrir de ?l. En lugar de estudiar el carisma del Fundador, c?mo se hab?a desarrollado a lo largo del tiempo y desempolvar lo que hab?a que desempolvar para mantener lo esencial y ver el derrotero que hab?a seguido a lo largo del tiempo, aprendiendo incluso de la labor realizada por las hermanas de la Congregaci?n en tiempos pasados, se sucedieron actividades que buscaban tan s?lo la promoci?n del hombre. Se descuid? el car?cter espiritual de los apostolados y la misma formaci?n espiritual de los hombres. Se habl? de opci?n fundamental por los pobres, promoci?n de la justicia y la paz como sin?nimos de estar a la vanguardia en los apostolados de la Iglesia. De esta manera, la vivencia de la fe en el contexto social y cultural se fue abandonando o diluyendo en un cierto tipo de lucha social o e reivindicaci?n de las masas. Como consecuencia, la vivencia de la fe en el contexto social y cultural actual se fue abandonando por considerarla ya superada o innecesaria para la labor que se quer?a hacer de adaptaci?n del carisma.

Por otro lado se dieron casos en que la mujer consagrada no se abri? a este di?logo con el mundo, quiz?s, por un temor al ver lo que suced?a en otras Congregaciones e Institutos religiosos, o por la falta de visi?n prof?tica al no considerar necesaria la adecuada renovaci?n que ped?a el Concilio. Como resultado de estas dos vertientes nos encontramos con una Europa que en casi 40 a?os ha dejado de ser evangelizada, bien sea porque quienes debieron evangelizarla ?las mujeres consagradas, entre otras- estuvieron y est?n haciendo promoci?n de la justicia social, bien sea porque se replegaron en actividades apost?licas que no eran ya del todo necesarias para el momento hist?rico por el que pasaba Europa. Es por ello que el Papa, reconociendo lo que hicieron las mujeres consagradas por Europa, constata que a?n no se ha hecho lo que deb?a hacerse e invita por tanto a una acci?n verdaderamente evangelizadora de la Europa23 superando as? la tentaci?n de creer que la fe no tiene ya nada que hacer en el contexto socio cultural de la actual Europa24 .

Publicado por mario.web @ 20:23
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