Jueves, 12 de mayo de 2011
Y llega el momento de la decisi?n, de la elecci?n. Es un momento que se da naturalmente en el desarrollo de la respuesta vocacional.
?
LLega el momento de la elecci?n
LLega el momento de la elecci?n

a. Elegir contrastando.

Y llega el momento de la decisi?n, de la elecci?n. Es un momento que se da naturalmente en el desarrollo de la respuesta vocacional. El alma ha sentido algo especial, la joven ha captado a trav?s de su sensibilidad unos "signos que significan", ha escrutado en su coraz?n esos signos y de alguna manera han movido muchas de sus convicciones personales. Tales movimientos se han representado en pensamientos, sentimientos, voliciones. Los ha sacado afuera y ahora es el momento de contrastarlos para poder hacer una elecci?n.

Sabemos que la vocaci?n es una doble elecci?n: Dios que elige al hombre invit?ndole a una vida de entrega plena y el hombre que responde a esa invitaci?n, eligiendo a Dios. Esta elecci?n debe realizarse con plena libertad, de forma que la candidata no se sienta forzada, limitada o condicionada.

Para elegir con libertad, la persona debe conocer los objetos a elegir y saber las consecuencias que cada objeto comporta. Debe tener la serenidad adecuada para juzgar equitativamente cada objeto. Son varios los criterios que podemos aplicar en la elecci?n de los objetos y es l?gico que el objeto elegido depender? del criterio que hayamos aplicado al hacer la elecci?n. As?, en igualdad de circunstancias, se pueden elegir distintos objetos dependiendo de los criterios establecidos. Puedo, por tanto, utilizar criterios racionales, emocionales o sentimentales. La regla es aplicar el criterio elegido a los mismos objetos. No cabe hacer elecciones dependiendo del humor del momento, del placer que me proporciona en esta etapa de mi vida, para luego, al cabo del tiempo, elegir otro objeto porque he cambiado el criterio de elecci?n por alguna raz?n, sentimiento o cualquier circunstancia. La elecci?n que se hace, para que sea v?lida, debe ser permanente y fundamentarse siempre con el mismo criterio.

La serenidad tambi?n ser? necesaria para sacar a la luz, como hab?amos dicho en el cap?tulo precedente, todas las motivaciones, pensamientos, sentimientos, razonamientos que ha removido y ha generado la llamada de Dios. Y se deber?n valorar cada una de ellas con un mismo criterio, independientemente del gusto o disgusto que pueda producir en nosotros. El criterio ser? el de la voluntad de Dios. Es en este punto en donde se debe confrontar la voluntad de Dios con las "voluntades", los "deseos" personales de la candidata. De esta manera podr? hacerse una verdadera elecci?n: conociendo cada una de las voliciones, su procedencia y su valor en relaci?n con la voluntad de Dios. Esto que siento, ?es voluntad de Dios o es voluntad m?a? Esto que quiero, ?es voluntad de Dios o es voluntad m?a? Esto que pienso, ?es voluntad de Dios o es voluntad m?a?

b. Confrontar todo.

Las j?venes candidatas no deben tener miedo a "sacar a la luz del sol" todo lo que tienen internamente y confrontarlo con lo que debe ser la voluntad de Dios para ellas. Se debe ser valiente para no esconder nada. Por m?s tonto, ingenuo o inicuo que pudiera parecer un deseo, por m?s afecto que le pudiera tener a una volici?n y experimentara miedo al tener que dejarla para seguir la voluntad de Dios, deber? sacarla fuera y ponerla en la balanza frente a la voluntad de Dios.

En estos momentos resulta dif?cil para algunas j?venes "materializar" todos esos deseos. O es tanto su temor, que no logran hacerlo. Ser? por tanto oportuno la presencia de la directora espiritual o de la animadora vocacional para ayudarle a materializar, a sacar fuera todos esos deseos, voliciones, sentimientos, razonamientos que lleva dentro y que de alguna manera la atormentan y no la dejan tomar libremente una decisi?n. Se dan casos que al "materializar" esos deseos la chica se da cuenta que no son deseos, sino simples veleidades o caprichos que se disuelven conformen van saliendo a la luz, como pompas de jab?n cuando se tocan con el dedo. El "verbalizarlos" o "materializarlos" tiene, entre otras muchas ventajas, hacerle ver a la candidata la fragilidad de los cimientos en los que se basaban, especialmente cuando se confrontan con la voluntad de Dios.

La directora espiritual permanecer? siempre fiel a su funci?n de dirigir a la joven a la elecci?n. Recordemos que es la joven la que decide, la directora espiritual tan s?lo le ayuda a reconducir siempre el decurso del proceso para sacar todo a la luz, confrontarlo con la voluntad de Dios y decidir.

De esta forma se inicia el proceso de la confrontaci?n o contraste de los deseos (y todo aquello que se siente, se percibe, se razona o se experimenta) con la voluntad de Dios. Valorando cada uno de esos deseos, la joven se ir? dando cuenta si pertenecen a la voluntad de Dios o a su "propia voluntad". Aqu? la joven encara al ego?smo, muro que se alza entre los deseos y voluntades personales y la voluntad de Dios. Si ha sido aleccionado a vivir la virtud de la generosidad, podr? hacer frente al ego?smo, pues se necesita echar mano de la generosidad para ser valiente y por amor optar por lo que debe ser la voluntad de Dios. De lo contrario el ego?smo empezar? a distorsionar la visi?n de los deseos personales y en lugar de que se vean como lo que son -veleidades, caprichos personales, seguridades propias- los har? aparecer a la joven como exigencias personales irrenunciables (?recordamos el final de la historia del joven rico?).

En este momento de la confrontaci?n la joven aprende a hacer la diferencia entre todo aquello que pertenece al "ego" y todo aquello que es el verdadero "yo". "Es necesario alcanzar una etapa en nuestro desarrollo personal en que sea posible encontrar nuestro verdadero "yo" perdiendo todas las tendencias y cualidades que se centran sobre el "ego" en lugar de centrarse sobre el "yo" aut?ntico" 1.

Cuando realiza esta labor de discernimiento y es capaz de decidir qu? cosa pertenecen al "ego" y qu? cosas pertenecen al "yo", llega el momento de dejar caer, de renunciar a todos aquellos deseos y voluntades propias que no son voluntad de Dios. Y esto se har? no tan s?lo mediante un proceso de motivaci?n personal o de esfuerzo propio. Encontrar? su fuerza y su motivo principal en un grande amor a Dios, en un amor por cumplir con su voluntad, con la seguridad de encontrar en el cumplimiento de esa voluntad, la verdadera felicidad. Es la fuerza del amor y el gozo que conlleva su cumplimiento las que har?n caer todos los otros motivos y voluntades personales.

Si bien es cierto que la chica es la que hace la elecci?n, conviene que la motivaci?n de la directora espiritual o animadora vocacional. "Hay que tener el valor de removerlos, sin enga?os, simplemente con argumentaci?n exigente, que vaya a fondo. Es su decisi?n de vida. Es una etapa de purificaci?n de los planes personales"2.

c. Elegir la voluntad de Dios.

Al final de este proceso la chica habr? aprendido a darse cuenta lo que es verdaderamente la voluntad de Dios y aquello que pertenece m?s bien a la esfera de los intereses personales. Echando mano de la generosidad y del amor a Dios, tendr? que dejar caer aquellos deseos y planes personales que se sustentan sobre el ego?smo, para presentarse ante Dios, desapegada de todo afecto personal, como Ad?n en el momento en que Dios est? a punto de llamarlo a la vida.

Esto no significa que la candidata renuncie de por vida a tener afectos o deseos propios, lo que equivaldr?a a secar su coraz?n, la fuente del amor, y por lo tanto, la fuente de la vida. Nuestro ser est? hecho para amar, y como criatura ca?da aunque redimida por Cristo, en el movimiento del amor, sus facultades superiores pueden quedar ofuscadas por la huella del pecado original. No es posible no tener afectos o deseos propios, pero lo que s? es posible, es identificar esos afectos o deseos, conocer su proveniencia y encauzarlos hacia la voluntad de Dios.

As? lo requiere la vida consagrada. "La llamada de Cristo abraza la persona entera, alma y cuerpo, bien sea hombre o mujer, en su "yo personal" ?nico e irrepetible. (Potissimum institutioni, 9) A lo largo de la vida, la mujer consagrada se encontrar? de frente a sus deseos y afectos personales y a aquello que le pide Cristo. Si desde el inicio de su vida consagrada ha aprendido a optar siempre por la voluntad de Dios, toda su vida ser? la renovaci?n gozosa de la elecci?n que hizo al dar su respuesta al llamado vocacional. No debemos menospreciar el gozo que debe acompa?ar, primero a la candidata y despu?s a la mujer consagrada, al hacer siempre la voluntad de Dios. ?ste ser? un signo de la autenticidad de la vida consagrada, siendo conscientes del tipo de gozo espiritual al que nos estamos refiriendo.

NOTAS
1 F. Blum, Depth Psychology and the Healing Ministry, London, 1990, p.71
2 Jes?s Bl?zquez, op. cit., p. 64


Publicado por mario.web @ 23:04
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios