Jueves, 12 de mayo de 2011
La religi?n se viv?a entonces con una intensidad y un misticismo pr?cticamente incomprensibles actualmente, lo que explica muchos rasgos de la civilizaci?n bizantina que parecen chocantes hoy en d?a a una humanidad que ha confinado a un rinc?n marginal...
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Bizancio, cuna del icono
Bizancio, cuna del icono


Sobre los cimientos de una antigua colonia griega, el 11 de mayo del 330 d.C se funda la Nueva Roma o Constantinopla, recordando a Constantino el Grande (305-337), su ilustre fundador, una ciudad llamada a ser uno de los imperios m?s originales de la historia y cuyo influjo se hizo sentir notablemente sobre las tres civilizaciones del Mediterr?neo: la Cristiana Ortodoxa -la heredera directa de Bizancio-, la Cristiana Occidental, y la Isl?mica.


Sin el cristianismos es imposible comprender el esp?ritu bizantino. La religi?n se viv?a entonces con una intensidad y un misticismo pr?cticamente incomprensibles actualmente, lo que explica muchos rasgos de la civilizaci?n bizantina que parecen chocantes hoy en d?a a una humanidad que ha confinado a un rinc?n marginal de su existencia la experiencia de lo sagrado.
Bizancio, y esto constituye su genio, seg?n Dionisios Zakythin?s, supo llevar a cabo una s?ntesis entre lo helen?stico, lo romano y lo cristiano; ello, por ejemplo, moder? las formas desp?ticas y absolutistas propias del oriente. Este helenismo cristianizado se tornar? cada vez m?s ??bizantino??. Lo cristiano estar? siempre presente, y una de sus m?s aplaudidas manifestaciones estar? en el arte de bizancio, concretamente en los iconos.

De las catacumbas a las bas?licas


En el siglo IV, el edicto de Galero introduce la tolerancia al cristianismo y lo reconoce como religi?n l?cita. El Edicto de Mil?n conoce libertad a los cristianos y pone a su disposici?n edificios y otros lugares. Constantino convoca y preside el Concilio de Nicea. Declarada la capital del Imperio, Constantinopla se convierte en la nueva Roma.


De la edad de las catacumbas los cristianos pasan a la de las bas?licas. La llama est? encendida y el arte cristiano sigue su camino. A?n apareciendo todav?a bajo figuras simb?licas, el Cristo se concretiza y se personifica.


Los estilos se compenetran y se funden; la componente oriental adquiere mayor poder y el arte oficial lleva la marca de este cambio. Contrariamente el modelo cl?sico del emperador militar, la indumentaria es estilizada, los rasgos de la fisonom?a iluminados por el alisamiento de la superficie: los ojos, la boca, los o?dos, la nariz y los rizos del pelo son ??dibujados?? en relieve lineal.


La alteridad de las est?ticas siempre est? presente. Los mosaicos de Santa Pudenziana encarnan el estilo cl?sico heredado y concluido: el naturalismo, la disposici?n de los planos y el movimiento expresado por las actitudes revelan la antigua tradici?n romana. En el otro extremo el imperio cristiano, el desenlace es crucial. La Glorieta de San Jorge en Sal?nica expresa un arte nuevo. Los mosaicos de la bas?lica de San Apolinar Nuevo expresan un doble lenguaje est?tico: en ellos est? omnipresente el dualismo iconogr?fico helen?stico y oriental. Los estilos se contaminan: del ??paleocristiano?? el arte pasa al ??bizantino??.

Los primeros iconos


Entre los iconos de la ?poca preiconoclasta ha quedado s?lo un n?mero limitado de cuadros sobre madera pintada a enc?ustico. En Roma se encuentra la Virgen de la clemencia conservada en Santa Mar?a de Transt?vere y la Virgen con el Ni?o de Santa Mar?a Nova (Santa Francesca Romana).


En el monasterio de Santa Catalina del Sina? se conservan San Pedro, el Busto de Cristo, la Virgen en el trono entre san Teodoro y San Jorge, y los tres j?venes en el brasero. En Kiev se encuentra la Virgen con el Ni?o, San Juan Bautista, los Santos Sergio y Baco y una cuarta pintura que representa santos a?n por identificar. Lejos de alcanzar el modelo ic?nico que ya es manifiesto en los mosaicos de San Demetrio en Sal?nica, estas pinturas sobre maderas representan un periodo de transici?n en el que se pueden observar los distintos componentes de la s?ntesis bizantina.


La Virgen con el Ni?o conservada en Roma mira con sus grandes ojos a quien la observa. El modelo del rostro contrasta con sus rasgos estilizados a la manera oriental. La obra anuncia el tipo de la ??Conductora??, la Madre que indica el camino y gu?a al fiel.


Sentada en el trono, Mar?a est? rodeada por dos santos guerreros. Unos ?ngeles en segundo plano alzan los ojos hacia la mano de Dios de la que brota un rayo triangular de luz que desciende sobre Mar?a. Los ?ngeles y la Virgen son dibujados siguiendo la est?tica antigua.


Jes?s tiene el cuerpo de un ni?o pero la frente dilatada del rostro presagia el futuro ni?o- adulto de los iconos. Los dos ?ltimos protagonistas documentan otro tipo de realizaci?n: la actitud es reservada y altanera, los ojos rasgados, el gesto de las manos que llevan la cruz es r?gido y estereotipado y los h?bitos de dignatarios romanos son transformados en telones planos tejidos de ornamentos. Al cariz ic?nico que va tomando se a?ade el dorado que le da la aureola pasa a la cruz y las t?nicas anunciando el procedimiento del assit. Tras los personajes representados, una arquitectura decorada presagia las sucesivas composiciones de los iconos.


El retrato de San Pedro sigue fielmente el estilo cl?sico de Fayum. Sobre el santo tres bustos inscritos en sendos medallones representan al Cristo, la Virgen y san Juan Evangelista. Estilizados e idealizados ofrecen un acabado preic?nico. Como en el icono de la Virgen en el trono entre san Teodoro y san Jorge, la arquitectura del fondo anuncia el modelo propio de los futuros iconos.

Edad de oro


Bajo el reinado de los macedonios el renacimiento del arte avanza paralelo con el renacido vigor de la pol?tica del Imperio. A esta segunda ??edad de oro?? sucede el periodo de los comnenos. Aun siguiendo fielmente los c?nones del academicismo macedonio, Bizancio dise?a un ??humanismo?? que encuentra su m?xima expresi?n en la ?poca de los pale?logos. Sin romper las principales coordenadas de su tradici?n, la ciudad de la imagen se imita a imitar el volumen y el espacio; explorando lo humano, lo transfigura con los rayos del Tabor. La biunidad calcedoniana de lo divino y de lo humano permanece como fundamento de la Belleza. Hier?tico, solemne y ??abstracto??, el clasicismo bizantino celebra la trascendencia de lo divino. La gloria divina constituye su car?cter eminente. Lo ??abstracto?? aventaja lo ??concreto??. En el siglo XII se manifiesta lo humano, lo sensible y lo real: una vez asumido tienen, con los ?ltimos bizantinos, una expresi?n fulgurante.

Capital de las artes, Constantinopla se propaga m?s all? de las fronteras del imperio. El arte sacro sigue siendo el de la Iglesia de Bizancio, no el de su Imperio. Desde Asia Menor hasta Rusia, pasando por Grecia, Italia, Servia y Bulgaria, la extensi?n del icono se perpet?a m?s all? de las oscilaciones pol?ticas y geogr?ficas. Anacr?nico, el arte eclesial ignora las mutaciones pol?ticas y sociales del Imperio. En los mosaicos de Santa Sof?a de Constantinopla, emperadores y emperatrices ofrecen al Cristo y a la Virgen ciudad, santuarios, fundaciones y suertes.


El Imperio cristiano se declara morada de la Iglesia pero la ??ortodoxia?? de la Iglesia permanece aut?noma. En el momento en el que la degradaci?n del ??orden de las cosas humanas?? parece fat?dica, ??el servicio de las cosas divinas?? brota y florece. A la Bizancio terrestre en ruinas, al estado fantasma de los ?ltimos emperadores, se opone la Bizancio espiritual. Gloriosa y llena de j?bilo ??el esplendor de ?sta era semejante a la piedra m?s preciosa, como la piedra de jaspe pulimentada?? . Al igual que la historia imperial, tambi?n la historia eclesi?stica permanece fuera del lugar ic?nico. Una misma ??historia?? parece repetirse ??de forma invariable??. La Iglesia pecadora de la historia, ??la iglesia de aquellos que parecen?? es sustituida por la Iglesia del ??Sol sin crep?sculo??.


Bizancio muere en 1453 cuando el Sult?n Mehmet II penetra en la cuidad y llega a Santa Sof?a. Constantinopla ya no es. Encrucijada de una cultura cristiana milenaria la ??ciudad defendida por Dios?? transmite la luz. Una pintura post- bizantina, nutrida en sus fermentos, prolonga el arte de los pale?logos en las tierras del espacio greco- balc?nico mientras que Rusia, convertida en ??Tercera Roma?? dirige sobre nuevas sendas el arte que ha heredado.


El icono se halla inmerso en la calma del ??Hesicasmo??: elaborada en Constantinopla en el siglo XIV, la pneumatolog?a palamita adquiere su dimensi?n ic?nica en Rusia.

Una Iglesia, un arte


La luz bizantina sigue resplandeciendo, el fuego encendido en tiempo de los pale?logos incendia el arte de la Iglesia. El testimonio del ?ltimo Bizancio es vivificado. Del siglo XV al XVIII, la Iglesia ve un ?ltimo florecimiento de su arte que, sin traicionar sus c?nones, se ampl?a nutri?ndose de nuevas energ?as creadoras.


El renacimiento de los pale?logos se perpet?a. Desde el siglo XII la pintura religiosa hab?a revelado un inter?s creciente por la imitaci?n del volumen y del espacio. En ella se intensifican la expresividad y la fuerza emotiva. Aun ajena a las definiciones dogm?ticas de la imagen sacra propias de la Iglesia del Oriente, la vecina Italia de la ?poca experimenta la misma tentaci?n. M?s que signo de una dependencia o de una influencia ??extranjera?? experimentada por el Oriente cristiano, la parentela entre las dos corrientes se revela como la b?squeda com?n: aunque ??cism?tica??, Bizancio sigue teniendo en Italia una influencia art?stica excepcional. Como los ?ltimos bizantinos, los maestros del Duecento y tambi?n del Trecento expresan el mismo inter?s por un naturalismo mesurado. Es rechazada la percepci?n sensible y emp?rica.


Los ?ltimos resplandores


El Imperio Romano de Oriente expira a mediados del siglo XV. Bizancio yo no existe pero la Iglesia permanece y su arte contin?a resplandeciendo. Las diversas escuelas se prolongan y se unifican. Griegos, servios, b?lgaros, rumanos y sirios, los icon?grafos participan de un mismo arte. Siempre ??bizantina??, la pintura se humaniza.


Bizancio en el momento de su ocaso hab?a pasado la antorcha a otros. Propagando, el fuego brilla en todo su esplendor. Lejos de constituir una simple reminiscencia del arte heredado, la pintura religiosa inunda la ortodoxia de oro y de color. Al termino de un fructuoso recorrido se multiplican las se?ales del declive. La crisis pol?ticas, religiosas y sociales marcan el arte de la Iglesia. En el siglo XVIII el ?ltimo de los imperios del Viejo Mundo sufre el choque de Occidente. Apoyados por las grandes potencias europeas, los misioneros latinos se dispersan en el espacio otomano. Una nueva ??cruzada?? llama a los ??Griegos cism?ticos?? a la uni?n. El declive del Imperio Otomano, el sececionismo nacionalista y el poder?o cat?lico erosionan el cuerpo ortodoxo. La Iglesia cuya teolog?a ya hab?a perdido la anterior potencia creadora, pierde su influencia cultural. El arte sacro se enfrenta a su propia descomposici?n.


El divorcio de la est?tica ortodoxa se acent?a a despecho del creciente n?mero de pintores y de la abundancia de su producci?n destinadas a las Iglesias. La herencia de la Tradici?n es sustituida por una pintura bastarda, vac?a y reseca que invade el mundo ortodoxo. El arte religioso, se divorcia de sus propios fundamentos el fuego se extingue. Lo sagrado se retrae. El icono bizantino se desvirt?a. Ya hab?a pasado dos siglos desde la ca?da del imperio de Bizancio.


Publicado por mario.web @ 23:38
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