Viernes, 13 de mayo de 2011
Quienes sienten el llamado a cumplir una vocaci?n de servicio en la pol?tica encuentran en Tomas de Moro el gran modelo de servidor p?blico
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?Una utop?a posible!
?Una utop?a posible!


Tom?s Moro y su filosof?a pol?tica

Quienes sienten el llamado a cumplir una vocaci?n de servicio en la pol?tica encuentran en Tomas de Moro el gran modelo de servidor p?blico.


Que hombre completo! exclam? P?o XI en 1935 en la bula de canonizaci?n de Santo Tom?s Moro. La importancia y la actualidad del patrono de los Pol?ticos y Gobernantes (1) crecen sin pausa desde principios del siglo XX, en cumplimiento de la profec?a de un gran compatriota suyo, el genial G. K. Chesterton (2).




?Tom?s Moro, su vida y su ?poca.
El mensaje de la Utop?a de Moro podr?a pasar desapercibidos en una primera y superficial lectura, en especial si desconocemos importantes datos biogr?ficos del autor. Su actitud frente a su martirio, sufrido por defender su conciencia y el primado del Papa en el siglo XVI, nos dice mucho sobre quien declar? que mor?a como ?un fiel servido del rey, pero primero de Dios?.

Peter Berglar comenta en su biograf?a del Canciller de Inglaterra que: ??Tomas Moro vivi? como padre de familia, como escritor humanista, como defensor de la Iglesia Romana, como jurista y como servidor del Estado, en plena transici?n de la Edad Media a la Moderna, inmerso en una radical transformaci?n de Europa?.?(3)

Situemos la obra en la vida del autor. Transcurre el a?o de 1515, Moro se encuentra en una embajada en Flandes y a su vuelta es requerido para el servicio real por Enrique VIII y su Canciller Wolsey. En cumplimiento de un alto sentido del deber y del servicio pu-blico Tom?s Moro acepta el cargo. Dos a?os despu?s Lutero expon?a sus 95 tesis en Wittemberg y junta a ellas toda la Cristiandad se encaminaba hacia transformaciones que dejar?an atr?s, en forma definitiva, el Orden Medieval.

En su an?lisis literario V?squez de Prada advierte que debemos montarnos entre un equilibrio entre la iron?a y la seriedad, entre la ficci?n y la realidad y recordar que Moro con su obra inaugura, en gran parte a la utop?a como un nuevo g?nero literario, luego conti-nuado por ?La Ciudad del Sol? de Tomas Campanella y ?La Nueva Atl?ntida? de Fran-cis Bacon. Esta enumeraci?n continua ya m?s cerca de nosotros las civilizaciones extra-terrestres de C.S. Lewis y las ficciones de George Orwels.(4)



?Una Filosof?a Pol?tica en la Utop?a?
Moro, fiel representante del humanismo cristiano de la ?poca, que sabe articular la herencia cl?sica y cristiana, expone su relato sobre ?La mejor forma de comunidad pol?tica y la nueva isla de Utop?a? fundando los cimientos de su isla en la Idea del Estado perfecto de Plat?n; en la sana y perenne doctrina del justo medio de Arist?teles y en la valoraci?n de la familia y del orden como elementos b?sicos de la sociedad, propuestas por San Agust?n.

Erasmo de Roterdam (1446-1536)Junto a su gran amigo, Erasmo de Rotterdam, Moro comparte la cr?tica a los graves males de la ?poca; la ambici?n de la nobleza, la escasa virtud de los pr?ncipes y del clero y las injusticias cometidas contra los campesinos. Estas reflexiones lo llevan a mostrar a su ?nsula ideal con la situaci?n de Inglaterra y Europa de comienzos del siglo XVI (Ver el coloquio del mismo autor con Rafael Hitlodeo, Libro I, de la Utop?a)(5) .

Rafael, ilustre viajero llegado de la isla, nos exhibe a los felices utopianos que trabajan s?lo lo necesario para asegurase los bienes que les permitan cultivar la mente y el alma, adem?s de dar seguridad a su ciudad. Han puesto en com?n sus propiedades para sepultar definitivamente la avaricia y la ambici?n. Encontramos tambi?n elementos autobio-gr?ficos en el relato, en especial, al describir los estudios de los habitantes de la isla y las pl?ticas de sobremesa, costumbres del hogar de la familia Moro en Chelsea.

Como ocurr?a en casa de Moro, siempre hay lugar para el buen humor en la isla de Utop?a. All? todo es alegre, reina la paz, hay educaci?n para todos sin distinciones. No hay desempleados, todos aportan a la riqueza de todos, el ?ocio intelectual? es alentado y promovido... ??y hasta no hay abogados! ?(6)

En esta visi?n ?ut?pica? podemos imaginarnos al autor y a sus amigos cenando juntos en los comedores comunes de la isla, Erasmo delante de Colet y Linacre, a la derecha William Lily y Luis Vives y presidiendo el largo tabl?n Tomas Moro (7) .
Entretanto, debemos contestar a lo que algunos autores denominan ?la paradoja moreana?. (8)

?Es posible (y necesario, agregamos nosotros) conciliar cuestiones como el ejercicio del sacerdocio por parte de mujeres, el divorcio (por adulterio y por incurrir en ?costumbres absolutamente insoportables?) y la eutanasia frente a la fiel doctrina cat?-lica de nuestro autor defendida hasta el martirio?

Recordemos que en Moro todo es gracia y elegancia, las aparentes contradicciones son solo eso, aparentes, y las iron?as que encontramos en la Utop?a esconden verdades pe-rennes encarnadas en la vida del autor. Toda situaci?n, por seria que resulte, resiste una cuota de buen humor. Por ello, Erasmo exclama sobre su amigo ?Nunca se sabe si est? preocupado o alegre?.

Moro no quiso realmente que su Utop?a fuera localizable en tiempo y lugar, menos a?n como un proyecto pol?tico o una filosof?a sistematizada y cerrada; ello surge del relato realizado por el viajero Rafael.

Es tambi?n el mismo Moro quien al final de su obra ex-presa: ?Al terminar de hablar Rafael, me vinieron a la mente no pocas reflexiones sobre cosas que me parec?an absurdas en sus leyes e instituciones. Por ejemplo, su modo de entender la guerra, sus creencias y religi?n y otros muchos ritos. Pero sobre todo, lo que est? en la base de todo ello, es decir, su vida y gastos comunes sin intervenci?n del dinero?.

Por tanto, no es necesario conciliar posturas, las contradicciones como dijimos antes, son s?lo aparentes. Llegada la hora de cenar, y sin ?nimo de importunar a su invitado, Mo-ro toma del brazo a Rafael y lo introduce en la casa comentando al lector que no puede en modo alguno: ?asentir a todo cuanto me expuso este doctor var?n, entendido en estas materias y buen conocedor de los hombres?. M?s a?n, como si ello no fuera suficiente remata su obra con la litote: ?Tambi?n dir? que existen en la republica de los utopianos muchas cosas que quisiera ver impuestas en nuestras ciudades. Pero espero que no lo sean? (9)

Tom?s Moro nos dice que miremos la injusticia y la infelicidad de nuestras sociedades que se han alejado de Dios y de sus valores evang?licos, y que luego veamos cu?n lejos han llegado los felices utopianos siguiendo a la raz?n natural.

En coincidencia con lo expresado por Suero Roca, el mensaje de Moro nos recuerda que ?el orgullo, la ambi-ci?n, la sensualidad han llegado a rebajar hasta tal punto la conducta cristiana de las sociedades, que resulta humillante y vergonzoso ver c?mo los habitantes de Utop?a, que no conocen el cristianismo ni han recibido la Revelaci?n, se encuentran a un nivel supe-rior al de las naciones llamadas cristianas? (10).

Encontramos entonces la siguiente clave en la lectura de la Utop?a: quienes desde?en la herencia de los cl?sicos y rechacen las bases ?cristianas? de la obra se encuentran en peligro de incomprender a Moro y a sus alegres ?utopianos?. Tanto es as? que Chambers comenta que en la primera mitad del siglo XX fueron solicitados por el Soviet Supremo varios ejemplares de la Utop?a a fin de estudiar el pensamiento de un comunista en el siglo XVI!

Igual riesgo de inconsistencia siguen, en nuestro criterio, algunas otras interpretaciones que intentan vincular a la Utop?a de Moro con la Ilustraci?n del siglo XVIII. En ese sen-tido J.J. Jusserand afirma que: ?el esp?ritu que le anima se parece sorprendentemente al esp?ritu del XVIII en lo que tuvo de m?s generoso. Voltaire no ha estado mejor pene-trado del valor de la vida humana, ni Rousseau de la obligaci?n de vivir seg?n la natu-raleza, como Tom?s Moro desde el alba del XVI. Las semejanzas son sorprendentes, y la elocuencia del precursor soporta la comparaci?n con la de sus lejanos herederos? (11) .

Resulta por dem?s forzado aceptar a Tom?s Moro como un precursor de Voltaire o a Rousseau como su lejano heredero. ?Podr?a la moral ?natural? rouseauniana ser el fun-damento para defender hasta la muerte la propia conciencia ante la amenaza de un sobe-rano que no ha respetado la ley de Dios? M?s a?n, tampoco imaginamos a Voltaire, su religi?n personal y su ?bons sens? amenazados de muerte por fidelidad a un Papa que ha dictado una excomuni?n contra su propio rey. Estos sentimientos no hubieran alcanzado para sostener la espera de Moro en el cautiverio.

En cuanto a la ?filosof?a pol?tica? reinante en la isla, si bien se podr?a llegar a clasificar a la obra como de ciencia pol?tica, dentro de la categor?a de Bobbio de ?el estado optimo o la mejor forma de gobierno? nos inclinamos por ver en ella grandes rasgos de ?tica pol?tica. ?Utop?a es un lugar donde extraer virtudes c?vicas, donde el estado organiza y colabora a la felicidad material y espiritual del pueblo, felicidad que ?se encuentra so-lamente en el placer bueno y honesto?.? (12)

Moro no deja a lugar a dudas, la isla o el estado perfecto no existen, son una ?utop?a?, puesto que la perfecci?n de un sistema no puede darse en la naturaleza humana que no es perfecta sino perfectible. Moro exclama ir?nicamente: ?la Utop?a existe y yo he esta-do en ella? siendo que la utop?a par ?l es una realidad metaf?sica incuestionable puesto que las virtudes reinantes en la isla son observadas fielmente durante toda su vida. (13)


El sentido de la Utop?a.
El mensaje y la vida de Moro se alojan en el coraz?n y en el alma del pol?tico que busca todos los d?as el bien com?n y la dignidad de la persona, a la vez que no puede confun-dirse en modo alguno con un evangelismo pol?tico. ?La firme exhortaci?n al compromiso activo del hombre virtuoso en la vida pol?tica ?de su pa?s, aunque m?s no sea en funci?n de un posibilismo o malminorismo es rotunda e impostergable. Hay que participar, ser virtuosos y estar capacitados, buenos como palomas y astutos como serpientes.

Ello es resumido magistralmente: ?Si no es posible erradicar de inmediato los principios err?neos, ni abolir las costumbres inmorales, no por ello se ha de abandonar la causa p?blica. Como tampoco se puede abandonar la nave en medio de la tempestad porque no se pueden dominar los vientos.

No quieras imponer ideas peregrinas o desconcertantes a esp?ritus convencidos de ideas totalmente diferentes. No las admitir?an. Te has de insi-nuar de forma indirecta. Y te has de ingeniar por presentarlo con tal tino que, si no pue-des conseguir todo el bien, resulte el menor mal posible. Para que todo saliera bien, de-ber?an ser buenos todos, cosa que no espero ver hasta dentro de muchos a?os? (14)

Moro nos recuerda que el problema radica, no tanto en la imposibilidad de alcanzar las playas de su isla, sino m?s bien en no arriesgar la vida en el intento.



?Notas:?
(1) JUAN PABLO II expresa en su Carta Apost?lica del 31 de Octubre de 2000: ?Es ?til volver al ejemplo de Santo Tom?s Moro que se distingui? por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones leg?timas, precisamente porque en las mismas quer?a servir no al poder, sino al supremo ideal de justicia. Su vida nos ense?a que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes?.

(2) G. K. Chesterton expres? en 1929 en sinton?a con el ?sense of humor? de Moro, que: ?El Beato Tom?s Moro es m?s importante en este momento que en cualquier otro desde su muerte, m?s a?n quiz?s que en el gran momento de su muerte; pero no es tan importante como lo ser? dentro de cien a?os.

Podr? llegar a ser contado entre los m?s grandes ingleses, o, por lo menos, como el m?s grande personaje hist?rico de la historia inglesa? (citado por CHAMBERS R. W. ?Tom?s Moro?. Editorial Juventud Ar-gentina, Buenos Aries 1946 y BERGLAR, PETER, ?La Hora de Tom?s Moro? Editorial Palabra, Madrid, 1989).

(3) BERGLAR, PETER, La hora de Santo Tom?s Moro, Ediciones Palabra, Madrid, 1989. Ver tambi?n biogra-f?as de Tomas Moro citadas al final de este trabajo.

(4) TOM?S MORO, Utop?a, (Introducci?n, traducci?n y notas de Andr?s V?zquez de Prada), Ediciones Rialp, S.A., Madrid 1989. p. 15.

(5) Quevedo reafirma la idea al expresar ?Yo me persuado que fabric? aquella pol?tica contra la tiran?a de Inglaterra, y por eso hizo isla su idea.

Y juntamente reprehendi? los des?rdenes de los pr?ncipes de su edad. F?erame f?cil verificar esta opini?n; empero no es dif?cil que quien leyera este libro la verificare con esta advertencia m?a: quien dice que se ha de hacer lo que nadie hace, a todos los reprende: esto hizo por satisfacer su celo nuestro autor? Ver Nota de Francisco de Quevedo en la traducci?n Jer?nimo de Mdilinila de 1637 que se encuentra en la versi?n de Utop?a de Ram?n Ezquerra, Edici?n Apolo, Barcelona 1937)

(6) Moro, honesto y h?bil abogado de mercaderes londinense del pa?o y de la seda, no duda describir con simpat?a y veracidad a sus colegas como: ?...esos picapleitos de profesi?n, que llevan con habilidad las causas e interpretan sutilmente las leyes...? TOM?S MORO, Utop?a, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 174.

(7) Todo est? preparado para Moro, sus amigos y todos utopianos ?No hay cena sin m?sica; y en ella se sirve siempre un postre de dulces variados. Se queman ung?entos y se esparcen perfumes. Nada se per-dona para que reine la alegr?a entre los comensales. Hacen de grado suyo aquel principio de que nin-g?n placer est? prohibido con tal que no engendre mal alguno? TOM?S MORO, Utop?a, Alianza Edito-rial, Madrid, 2001, p 138.

(8) TOM?S MORO, Utop?a, (Introducci?n, traducci?n y notas de Pedro Rodr?guez Santidri?n), Alianza Edito-rial, Madrid, 2001, p 14.

(9) ?bidem, p. 210. La litotes es el modo de afirmar por doble negaci?n, o negando lo contrario de lo que se quiere afirmar.

Un ejemplo magistral es la consideraci?n con que Moro cierra la obra ?as? como no puedo asentir a todo lo que dijo, as? tambi?n he de confesar de buen grado que en la Republica de los utopien-ses hay muchas cosas que desear?a ver implantadas en nuestras ciudades, aunque, la verdad, no es de esperar que lo sean? Ver TOM?S MORO, Utop?a, Ediciones Rialp, S.A., Madrid 1989. pp. 22 y 206. Ve-mos como esta ?ltima cita, que es una traducci?n directa del lat?n realizada Andr?s V?zquez de Prada, otorga un mayor brillo al recurso estil?stico del autor.

(10) TOM?S MORO, Utop?a, (Estudio preliminar de Teresa Suero Roca), Editorial Bruguera, Barcelona, 1978, p. 37.
(11) J.J. JUSSERAND, Histoire litt?raire du peuple anglais , I, Par?s 1911 p?g 79.
(12) TOM?S MORO, Utop?a, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 151.

(13) La forma en que Moro accede y se desempe?a al frente de la Canciller?a del Reino es la mejor prueba de su compromiso personal por alcanzar la virtud. La virtud del hombre hace al buen funcionamiento de las instituciones y los sistemas.

(14) TOM?S MORO, Utop?a, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 103.


Publicado por mario.web @ 0:41
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