Viernes, 13 de mayo de 2011
Profundo an?lisis y orientaci?n de Mons. John Foley para dimensionar los efectos de la pornograf?a y la violencia y hacer un uso digno de los medios de comunicaci?n.
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Pornograf?a y violencia en las comunicaciones sociales
Pornograf?a y violencia en las comunicaciones sociales



INTRODUCCI?N


1. En el curso de estos ?ltimos a?os ha tenido lugar una revoluci?n mundial en el modo de percibir los valores morales, seguida de cambios profundos en la manera de pensar y actuar de la gente. Los medios de comunicaci?n social han tenido y contin?an teniendo un importante papel en este proceso de transformaci?n individual y social, en la medida que introducen y reflejan nuevas actitudes y estilos de vida (1).

2. Algunos de estos cambios han resultado positivos. Hoy, como ha afirmado recientemente el Papa Juan Pablo II, "la primera nota positiva consiste en que muchos hombres y mujeres tienen plena conciencia de su dignidad y de la de todo ser humano... Al propio tiempo, en un mundo dividido y trastornado por conflictos de todo tipo, va creciendo la convicci?n de una interdependencia radical y, por consiguiente, la necesidad de una solidaridad que la asuma y la traduzca en el plano moral" (2). Las comunicaciones sociales han contribuido mucho a que se den estos cambios.

3. Pero muchos de estos cambios han sido negativos. Al lado de los abusos de siempre se est?n dando nuevas violaciones de la dignidad humana y de los valores e ideales cristianos. Y aqu? tambi?n las comunicaciones sociales tienen su parte de responsabilidad.

4. Si bien es cierto que estos medios -como afirma el Concilio Vaticano II- "prestan grandes servicios al g?nero humano", lo es igualmente que "pueden ser utilizados contra los designios del Creador y convertidos en instrumentos del mal"(3).

5. Uno de los fen?menos alarmantes de estos a?os ha sido la creciente difusi?n de la pornograf?a y la generalizaci?n de la violencia en los medios de comunicaci?n social. Libros y revistas, cine y teatro, televisi?n y videocasetes espacios publicitarios y las propias telecomunicaciones muestran frecuentemente comportamientos violentos o de sexualidad permisiva que casi llegan al umbral de la pornograf?a y que son moralmente inaceptables.

6. La pornograf?a y la exaltaci?n de la violencia son viejas realidades de la condici?n humana que evidencian la componente m?s turbia de la naturaleza humana da?ada por el pecado. Durante el ?ltimo cuarto de siglo han adquirido una amplitud nueva y han pasado a constituir un serio problema social. Mientras crece la confusi?n respecto de las normas morales, las comunicaciones han hecho la pornograf?a y la violencia accesibles al gran p?blico, incluidos ni?os y j?venes. Este problema, que quedaba confinado antes en el ?mbito de los pa?ses ricos, ha comenzado, con la comunicaci?n moderna a corromper los valores morales de las naciones en v?as de desarrollo.

7. Los medios de comunicaci?n social pueden ser a la vez eficaces instrumentos de unidad y comprensi?n mutua y transmisores de una visi?n deformada de la vida, de la familia, de la religi?n y de la moralidad -seg?n una interpretaci?n que no respeta la aut?ntica dignidad ni el destino de la persona humana-(4). En particular, los responsables familiares de muchas regiones del mundo han expresado una comprensible preocupaci?n respecto a los filmes, videocasetes y programas de televisi?n que sus hijos est?n en condiciones de ver, as? como grabaciones que pueden o?r y publicaciones que pueden leer. Y se niegan a que los valores morales inculcados en el hogar queden destruidos por producciones rechazables, en todas partes de f?cil acceso gracias a estos medios.

8. Se trata de ilustrar en este documento los efectos m?s graves de la pornograf?a y la violencia en el individuo y en la sociedad, as? como se?alar las causas principales del problema tal como se plantea hoy. Por ?ltimo se tratar? de indicar los pasos necesarios que han de dar los comunicadores profesionales, los padres y educadores, la juventud y el p?blico en general, las autoridades civiles y eclesi?sticas, las organizaciones privadas y religiosas, para poner el remedio necesario.

EFECTOS DE LA PORNOGRAF?A Y LA VIOLENCIA

9. La experiencia cotidiana confirma los estudios realizados en el mundo entero acerca de las consecuencias negativas de la pornograf?a y de las escenas de violencia que transmiten los medios de comunicaci?n social (5). Se entiende por pornograf?a, en este contexto, la violaci?n merced al uso de las t?cnicas audiovisuales, del derecho a la privacidad del cuerpo humano en la naturaleza masculina y femenina, una violaci?n que reduce la persona humana y el cuerpo humano a un objeto an?nimo destinado a una mala utilizaci?n con la intenci?n de obtener una gratificaci?n concupiscente. La violencia, en este contexto, puede ser entendido como la presentaci?n destinada a excitar instintos humanos fundamentales hacia actos contrarios a la dignidad de la persona, y que describe una fuerza f?sica intensa ejercida de manera profundamente ofensiva y a menudo pasional. Los especialistas a veces no est?n de acuerdo sobre el impacto de este fen?meno y sobre el modo en que afecta a los individuos y los grupos aquejados por el mismo, pero las l?neas maestras de la cuesti?n aparecen claras, limpias e inquietantes.

10. Nadie puede considerarse inmune a los efectos degradantes de la pornograf?a y la violencia, o a salvo de la erosi?n causada por los que act?an bajo su influencia. Los ni?os y los j?venes son especialmente vulnerables y expuestos a ser v?ctimas. La pornograf?a y la violencia s?dica deprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan los individuos -especialmente las mujeres y los ni?os-, destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad.

11. Es evidente que uno de los efectos de la pornograf?a es el pecado. La participaci?n voluntaria en la producci?n y en la difusi?n de estos productos nocivos ha de ser considerada como un serio mal moral. Adem?s, esta producci?n y difusi?n no podr?an tener lugar si no existiera una demanda. As?, pues, quienes hacen uso de estos productos no s?lo se perjudican a s? mismos, sino que tambi?n contribuyen a la promoci?n de un comercio nefasto.

12. Una exposici?n frecuente de los ni?os a la violencia en las comunicaciones sociales puede resultar turbadora para ellos, al ser todav?a incapaces de distinguir claramente la fantas?a de la realidad.

Adem?s, la violencia s?dica en estos medios puede condicionar a las personas impresionables, sobre todo a los j?venes, hasta el punto de que la lleguen a considerar normal, aceptable y digna de ser imitada.

13. Se ha dicho que puede haber una vinculaci?n sicol?gica entre la pornograf?a y la violencia s?dica. Una cierta pornograf?a ya es abiertamente violenta en su contenido y expresi?n. Quienes ven, escuchan o leen un material as? corren el riesgo de introducirlo en el propio comportamiento. Acaban perdiendo el respeto hacia los dem?s, en cuanto hijos de Dios y hermanos y hermanas de la misma familia humana. Una vinculaci?n tal entre pornograf?a y violencia s?dica tiene especiales implicaciones para quienes est?n afectados de ciertas enfermedades mentales.

14. Tambi?n la llamada pornograf?a blanda ("soft core") puede paralizar progresivamente la sensibilidad, ahogando gradualmente el sentido moral de los individuos hasta el punto de hacerles moral y personalmente indiferentes a los derechos y a la dignidad de los dem?s.

La pornograf?a -como la droga- puede crear dependencia y empujar a la b?squeda de un material cada vez m?s excitante ("hard core") y perverso. La probabilidad de adoptar comportamientos antisociales crecer? en la medida que se vaya dando este proceso.

15. La pornograf?a favorece insalubres preocupaciones en los terrenos de la imaginaci?n y el comportamiento. Puede interferir en el desarrollo moral de la persona y en la maduraci?n de las relaciones humanas sanas y adultas, especialmente en el matrimonio y en la familia, que exigen confianza rec?proca y actitudes e intenciones de expl?cita integridad moral.

16. La pornograf?a, adem?s, cuestiona el car?cter familiar de la sexualidad humana aut?ntica. En la medida en que la sexualidad se considere como una b?squeda fren?tica del placer individual, m?s que como una expresi?n perdurable del amor en el matrimonio, la pornograf?a aparecer? como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidad.

17. En el peor de los casos, la pornograf?a puede actuar como agente de incitaci?n o de reforzamiento, un c?mplice indirecto, en agresiones sexuales graves y peligrosas, tales como la pedofilia, los secuestros y asesinatos.

18. Una de las consecuencias fundamentales de la pornograf?a y de la violencia es el menosprecio de los dem?s, al considerarles como objetos en vez de personas. La pornograf?a y la violencia suprimen la ternura y la compasi?n para dejar su espacio a la indiferencia, cuando no a la brutalidad.

CAUSAS DEL PROBLEMA

19. Uno de los motivos b?sicos de la difusi?n de la pornograf?a y de la violencia s?dica, en el ?mbito de los medios de comunicaci?n, parece ser la propagaci?n de una moral permisiva, basada en la b?squeda de la satisfacci?n individual a todo coste. Un nihilismo moral de la desesperaci?n se a?ade a ello que acaba haciendo del placer la sola felicidad accesible a la persona humana.

20. Un cierto n?mero de causas m?s inmediatas contribuyen ulteriormente a la escalada de la pornograf?a y la violencia en los media. Entre estas cabe citar:

el beneficio econ?mico. La pornograf?a es una industria lucrativa. Algunos sectores de la industria de las comunicaciones han sucumbido tr?gicamente a la tentaci?n de explotar la debilidad humana, especialmente la de los j?venes y la de las mentes impresionables, para obtener provecho de producciones pornogr?ficas y violentas. Esta industria pornogr?fica, en algunas sociedades, resulta lucrativa hasta el punto de que se ha vinculado al crimen organizado;

falsos argumentos libertarios. La libertad de expresi?n exige, seg?n algunos, la tolerancia hacia la pornograf?a, a?n a precio de la salud moral de los j?venes y del derecho a la intimidad, as? como un ambiente de p?blica decencia. Algunos, tambi?n err?neamente, afirman que el mejor medio de combatir la pornograf?a consiste en legalizarla. Estos argumentos son a veces propuestos por grupos minoritarios que no se suman a los criterios morales de la mayor?a y que se olvidan de que a cada derecho corresponde una responsabilidad. El derecho a la libertad de expresi?n no es un absoluto. La responsabilidad p?blica de promover el bien moral de los j?venes, de garantizar el respeto de las mujeres, de la vida privada y de la decencia p?blica muestra claramente que la libertad no puede equipararse al libertinaje;

la ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no aplicaci?n, para la protecci?n del bien com?n, en particular de la moralidad de los j?venes;
confusi?n y apat?a por parte de muchos incluso miembros de la comunidad religiosa, los cuales se consideran err?neamente a s? mismos extra?os a la problem?tica de la pornograf?a y de la violencia en los media, o sin posibilidades de contribuir a la soluci?n del problema.

RESPUESTAS AL PROBLEMA

21. La propagaci?n de la pornograf?a y de la violencia a trav?s de los medios de comunicaci?n social es una ofensa a los individuos y a la sociedad y plantea un problema urgente que exige respuestas realistas por parte de las personas y los grupos. El leg?timo derecho a la libertad de expresi?n y al intercambio libre de informaci?n ha de ser protegido. Al mismo tiempo, hay que salvaguardar el derecho de los individuos, de las familias y de la sociedad a la vida privada, a la decencia p?blica y a la protecci?n de los valores esenciales de la vida.

22. Se har? referencia a siete sectores con especiales deberes en la materia: profesionales de la comunicaci?n, padres, educadores, juventud, p?blico en general, autoridades p?blicas e Iglesia y grupos religiosos.

23. Profesionales de la comunicaci?n. Ser?a desleal sugerir que todos los medios y todos los comunicadores est?n implicados en este negocio nocivo. Son muchos los comunicadores que se distinguen por sus cualidades personales y profesionales. Tratan de asumir su responsabilidad aplicando con fidelidad las normas morales y les anima un gran deseo de servicio al bien com?n. Se merecen nuestra admiraci?n y est?mulo, especialmente los que se dedican a la creaci?n de sanos esparcimientos familiares.

Se invita encarecidamente a estos comunicadores a unirse para la elaboraci?n y aplicaci?n de c?digos ?ticos en materia de comunicaci?n social y publicidad, inspirados en el bien com?n y orientados al desarrollo integral del hombre. Estos c?digos se hacen especialmente necesarios en el contexto de la televisi?n, que permite que las im?genes entren en los hogares, all? donde los ni?os se encuentran a su aire y sin vigilancia. El auto control es siempre el mejor control, as? como la autodisciplina, en el seno de los propios medios, es la primera y m?s deseable de las l?neas de defensa contra quienes buscan provecho mediante la producci?n de programas pornogr?ficos y violentos que envilecen los medios de comunicaci?n y corrompen la sociedad misma.

Se urge vivamente a los comunicadores a que, tambi?n a trav?s de estos medios, hagan conocer las medidas necesarias que pongan un dique a la marea de la pornograf?a y de la exaltaci?n de la violencia en la sociedad.

24. Padres. Se invita a los padres a que multipliquen sus esfuerzos en orden a una completa formaci?n moral de ni?os y j?venes. La cual supone una educaci?n en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la pr?ctica de la autodisciplina. Una vida familiar equilibrada, en la que los padres sean fieles practicantes y totalmente entregados el uno al otro y a sus hijos, constituir? la escuela ideal para la formaci?n a los sanos valores morales.

Los ni?os y j?venes de nuestro tiempo necesitan la educaci?n que les permita discernir los programas y madurar en su condici?n de usuarios responsables de la comunicaci?n. El ejemplo de los padres es determinante en esta materia. La pasividad o autoindulgencia de cara a ciertos programas ser? fuente de malentendidos perjudiciales para la juventud. Hay que dar especial importancia -para el bien de los j?venes- al ejemplo de los padres en lo que concierne a la autenticidad de su amor y a la ternura que sepan manifestar en su vida matrimonial; as? como a su disponibilidad a discutir con los hijos las cuestiones de inter?s, en una atm?sfera amable y afectuosa. Conviene no olvidar que, cuando se est? educando, "se obtiene m?s con una explicaci?n que prohibiendo"(6).

25. Educadores. Los principales colaboradores de los padres, en la formaci?n moral de los j?venes, son los educadores. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores ?ticos y sociales, de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedad.

Los programas de mayor valor ser?n en el contexto educativo, aquellos que formen a los j?venes a una actitud cr?tica y a una capacidad de discernimiento en el uso de la televisi?n, de la radio y de los otros medios de comunicaci?n social. De este modo los j?venes ser?n tambi?n capaces de resistir a las manipulaciones y sabr?n luchar contra los h?bitos meramente pasivos en la escucha y visi?n de estos medios.

Hay que subrayar la importancia de que las escuelas sepan poner de relieve el respeto a la persona humana, el valor de la vida familiar y la importancia de la integridad moral personal.

26. J?venes. Los j?venes contribuir?n a poner muros al avance de la pornograf?a y la violencia en los media si saben responder, positivamente, a las iniciativas de sus padres y educadores y asumir sus responsabilidades en lo que reclama capacidad de decisi?n moral, as? como en la elecci?n de sus diversiones.

27. El p?blico. El p?blico en general debe tambi?n hacer o?r su voz. Los ciudadanos -incluidos los j?venes- tienen la tarea de expresar individual y colectivamente su punto de vista respecto a productores, intereses comerciales y autoridades civiles. Se hace urgente mantener un di?logo continuado entre los comunicadores y los representantes del p?blico, a fin de que quienes act?an en las comunicaciones sociales est?n al corriente de las exigencias reales e intereses de los usuarios.

28. Autoridad p?blica . Los legisladores, los encargados de la administraci?n del Estado y de la justicia est?n llamados a dar una respuesta al problema de la pornograf?a y de la violencia s?dica difundidas por los medios de comunicaci?n. Se han de promulgar leyes sanas, se han de clarificar las ambiguas y se han de reforzar las leyes que ya existen.

Dadas las implicaciones internacionales que presentan la producci?n y distribuci?n de material pornogr?fico, hay que actuar a nivel regional, continental e internacional de cara a controlar con ?xito este insidioso tr?fico. Quienes han tomado ya iniciativas de este tipo merecen todo nuestro apoyo y est?mulo(7).

Las leyes y los agentes de la ley tienen el deber sagrado de proteger el bien com?n, especialmente el que concierne a la juventud y a los miembros m?s vulnerables de la comunidad.

Ya hemos se?alado algunos de los efectos negativos de la pornograf?a y la violencia. Cabe sacar tambi?n la conclusi?n de que se pone en tela de juicio y amenaza el bien com?n especialmente cuando este material se produce, expone y distribuye sin restricciones ni reglamentos.

La autoridad civil est? obligada a emprender una r?pida acci?n de cara al problema, all? donde exista, y a emanar criterios preventivos en donde la cuesti?n comience a plantearse o todav?a no haya llegado a ser angustiosa y urgente.

29. Iglesia y grupos religiosos. La primera responsabilidad de la Iglesia consiste en la ense?anza constante y clara de la fe y, asimismo de la verdad moral objetiva, incluidas aquellas verdades referentes a la moral sexual. Una era de permisividad y de confusi?n moral como la nuestra pide que la voz de la Iglesia sea prof?tica, lo que la har? aparecer a menudo como signo de contradicci?n.

La llamada "?tica" de la gratificaci?n individual inmediata se opone fundamentalmente a la realizaci?n plena e integral de la persona humana. La educaci?n a la vida familiar y a la inserci?n responsable en la vida social exige la formaci?n a la castidad y la autodisciplina. La pornograf?a y la violencia generalizada tienden a ofuscar la imagen divina en cada persona humana, debilitan el matrimonio y la vida familiar y da?an gravemente a los individuos y a la sociedad.

En donde sea posible, la Iglesia est? llamada a colaborar con otras Iglesias cristianas, comunidades y grupos religiosos a fin de ense?ar y promover este mensaje. Debe igualmente empe?ar a sus personas e instituciones en una acci?n formativa al uso de los medios de comunicaci?n social y su papel en la vida individual y social. En este campo los padres merecen una asistencia y atenci?n especial.

Por estos motivos, la formaci?n a la comunicaci?n debiera ser parte de los programas educativos de las escuelas cat?licas y de otras iniciativas educativas de la Iglesia, as? como en la formaci?n en los seminarios(8). Cabe decir lo mismo para los programas de formaci?n de religiosos y religiosas y de los miembros de los institutos seculares, as? como para la formaci?n permanente del clero y la catequesis parroquial de j?venes y adultos. Tanto sacerdotes como religiosos y religiosas que trabajan en la educaci?n pastoral debieran comenzar por ellos mismos dando ejemplo de discernimiento en medios escritos y audiovisuales.

30. Por ?ltimo, una actitud de pura restricci?n o de censura por parte de la Iglesia de cara a estos medios no resulta ni suficiente ni apropiada. La Iglesia tiene, al contrario, que iniciar un di?logo continuo con los comunicadores conscientes de sus responsabilidades. Debe animarles y sostenerles en su misi?n all? donde sea posible y deseable. Los comunicadores cat?licos y sus organizaciones, con sus perspectivas y experiencias propias, est?n llamados a jugar un papel decisivo en tales conversaciones.

31. La cr?tica y las organizaciones cat?licas, al evaluar concienzudamente las producciones y publicaciones en funci?n de criterios morales claros y substanciales, ofrecen una valiosa asistencia a los profesionales de la comunicaci?n y a las familias. Asimismo, las orientaciones que ofrecen los documentos ya existentes sobre comunicaci?n social -incluidas las recientes tomas de posici?n de numerosos obispos sobre la pornograf?a y la violencia- merecen ser cuidadosamente estudiadas y objeto de aplicaci?n sistem?tica.

32. El presente documento quiere ser una respuesta a las preocupaciones ampliamente expresadas por familias y Pastores de la Iglesia, a quienes se invita a una reflexi?n -de car?cter ?tico y pr?ctico- cada vez m?s amplia acerca del problema de la pornograf?a y la violencia en los medios de comunicaci?n social. Al tiempo que se anima a todos a poner en pr?ctica la advertencia de San Pablo: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien". ( Rm 12, 21).

Ciudad del Vaticano, 7 de mayo de 1989, XXIII Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales.

John P. Foley

Presidente

Pierfranco Pastore
Secretario

Notas
1. Communio et progressio, 22.

2. Sollicitudo rei socialis, 26.

3. Inter mirifica, 2a.

4. Familiaris consortio , n. 76; cf. Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 1 de mayo de 1980

5. Entre ellos cabe citar: 1. Pornography: The Longford Report, Ricerche - Mursia, Mil?n, Italia, 1978; 2. Final Report of the Attorney General?s Commission on Pornography, Rutledge Hill Press, Nashville, Tennessee, U.S.A, 1986; 3. ISPES, "Istituto di Studi Politici, Economici e Sociali", I e II Rapporto sulla Pornografia in Italia, Roma, Italia, 1986 y 1988.

7. La CEE, Comunidad Econ?mica Europea, el Consejo de Europa y la UNESCO, entre otras organizaciones, est?n actuando en este sentido.

8. Cf. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, Orientaciones para la formaci?n de los futuros sacerdotes en los medios de comunicaci?n social, Ciudad del Vaticano, 1986


Publicado por mario.web @ 0:52
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