Viernes, 13 de mayo de 2011
La conversi?n de un fil?sofo y escritor.
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C. S. Lewis
C. S. Lewis


C. S. Lewis fue un hombre lleno de amigos, libros y alumnos. Naci? en 1898, y en 1925 ya ense?aba filosof?a y literatura en Oxford. Hasta su muerte en 1963 fue un profesor eminente, autor de c?lebres ensayos, cuentos y libros de texto. Su vida est? marcada por su conversi?n al cristianismo a la misma edad que San Agust?n. Ese giro radical lo explica y justifica en un pu?ado de libros escritos con un estilo vivo y una l?gica apabullante. Lewis domina el arte de argumentar. Su dial?ctica apura la iron?a y la sutileza, tal y como confiesa haber aprendido de uno de sus profesores:

"Si alguna vez ha existido un hombre que fuera casi un ente puramente l?gico, ese hombre fue Kirk (...). Le asombraba que hubiera quien no deseara que le aclarasen algo o le corriegiesen (...). Al final, a menos que me sobreestime, me convert? en un "sparring" nada despreciable. Fue un gran d?a aqu?l en que el hombre que durante tanto tiempo hab?a peleado para demostrar mi imprecisi?n, me acab? adviritiendo de los peligros de tener una sutileza excesiva".

Ateo pero razonable

Lewis era ateo porque, desde la temprana muerte de su madre, sent?a el universo como un espacio terriblemente fr?o y vac?o, donde la historia humana era en gran parte una secuencia de cr?menes, guerras, enfermedades y dolor.

"Si me piden que crea que todo esto es obra de un esp?ritu omnipotente y misericordioso, me ver? obligado a responder que todos los testimonios apuntan en direcci?n contraria".

Pero esta argumentaci?n no era, ni mucho menos, definitiva:

"La solidez y facilidad de mis argumentos planteaban un problema: ?C?mo es posible que un universo tan malo haya sido atribuido constantemente por los seres humanos a la actividad de un sabio y poderoso creador? Tal vez los hombres sean necios, pero es dif?cil que su estupidez llegue hasta el extremo de inferir directamente lo blanco de lo negro".

La aut?ntica verdad de su ate?smo

En cualquier caso, Lewis se sent?a m?s c?modo en su ate?smo:

"Para un cobarde como yo, el universo del materialista ten?a el enorme atractivo de que te ofrec?a una responsabilidad limitada. Ning?n desastre estrictamente infinito pod?a atraparte, pues la muerte terminaba con todo (...). El horror del universo cristiano era que no ten?a una puerta con el cartel de "Salida"".

En 1917 se incorpora al frente franc?s de la primera guerra mundial. Un a?o m?s tarde cae enfermo y es enviado al hospital de Le Tr?port, donde permanecer? tres semanas.

"Fue all? donde le? por primera vez un ensayo de Chesterton. Nunca hab?a o?do hablar de ?l ni sab?a qu? pretend?a. Tampoco puedo entender demasiado bien por qu? me conquist? tan inmediatamente. Se podr?a esperar que mi pesimismo, mi ate?smo y mi horror hacia el sentimentalismo hubieran hecho que fuera el autor con el que menos congeniase (...). Al leer a Chesterton, como al leer a MacDonald, no sab?a d?nde me estaba metiendo".

Conexiones intelectuales

Al acabar la guerra estudia en Oxford filosof?a y literatura inglesa. Son a?os de intensa formaci?n intelectual y de inumerables lecturas. Pero sus libros y autores preferidos no compart?an su visi?n de la vida:

"Todos los libros empezaban a volverse en mi contra (...). George MacDonald hab?a hecho por m? m?s que ning?n escritor, pero era una pena que estuviese tan obsesionado por el cristianismo. Era bueno a pesar de eso. Chesterton ten?a m?s sentido com?n que todos los escritores modernos juntos..., prescindiendo, por supuesto, de su crisitanismo. Johnson era uno de los pocos autores en los que me daba la impresi?n de que se pod?a confiar totalmente, pero curiosamente ten?a la misma chifladura. Por alguna extra?a coincidencia a Spencer y Milton les pasaba lo mismo. Incluso entre los autores antiguos iba a encontrar la misma paradoja. Los m?s religiosos (Plat?n, Esquilo, Virgilio) eran claramente aquellos de los que pod?a alimentarme de verdad. Por otro lado, con los escritores que no ten?an la enfermedad de la religi?n y con los que, te?ricamente, mi afinidad ten?a que haber sido total (Shaw, Wells, Mill, Gibbon, Voltaire), ?sta afinidad me parec?a un poco peque?a. No era que no me gustaran. Todos ellos eran entretenidos, pero nada m?s. Parec?an poco profundos, demasiado simples. El dramatismo y la densidad de la vida no aparec?an en sus obras".

Profesor con prejuicios

Termin? sus estudios con las m?ximas calificaciones y pas? a formar parte del claustro de profesores del Magdalen College. All?, nuevos amigos provocar?n "la ca?da de los viejos prejuicios":

Al entrar por primera vez en el mundo me hab?a advertido (impl?citamente) que no confiase nunca en un papista, y al entrar por primera vez en la Facultad (expl?citamente), que no confiara nunca en un fil?logo. Tolkien era ambas cosas.

En el Magdalen ense?a filosofia, pero su aguado hegelianismo no le resulta muy ?til a la hora de enfrentarse a una tutor?a:

Un tutor debe aclarar las cosas, y yo no pod?a explicar el Absoluto de Hegel. ?Te refieres a nadie-sabe-qu?, o te refieres a una mente sobrehumana y por tanto (tambi?n podemos admitirlo) a una persona?

Cada vez intelectualmente m?s cerca

Cuando vuelve a leer a Chesterton, el ate?smo de Lewis tiene los d?as contados.

"Despu?s le? el Everlasting Man de Chesterton, y por primera vez vi toda la concepci?n cristiana de la historia expuesta de una forma que parec?a tener sentido (...). No hac?a mucho que hab?a terminado el Everlasting Man cuando me ocurri? algo mucho peor. A principios de 1926, el m?s convencido de todos los ateos que conoc?a se sent? en mi habitaci?n al otro lado de la chimenea y coment? que las pruebas de la historicidad de los Evangelios eran sorprendentemente buenas. "Es extra?o", continu?, "esas majader?as de Frazer sobre el Dios que muere. Extra?o. Casi parece como si realmente hubiera sucedido alguna vez". Para comprender el fuerte impacto que me supuso tendr?as que conocer a aquel hombre (que nunca ha demostrado ning?n interes por el cristianismo). Si ?l, el c?nico de los c?nicos, el m?s duro de los duros, no estaba a salvo, ?a d?nde podr?a volverme yo? ?Es que no hab?a escapatoria?"

Conversi?n al cristianismo

Lewis se siente acorralado y nos describe su situaci?n con una imagen muy brit?nica:

"La zorra hab?a sido expulsada del bosque hegeliano y corr?a por campo abierto "con todo el dolor del mundo", sucia y cansada, con los sabuesos pis?ndole los talones. Y casi todo el mundo pertenec?a a la jaur?a: Plat?n, Dante, MacDonald, Herbert, Barfield, Tolkien, Dyson, la Alegr?a. Todo el mundo y todas las cosas se hab?an unido en mi contra".

Siente entonces que su Dios filos?fico empieza a agitarse y a levantarse, se quita el sudario, se pone en pie y se convierte en una presencia viva. La filosof?a deja de ser un juego l?gico desde que ese Dios renuncia a la discusi?n y se limita a decir: "Yo soy el Se?or".

"Debes imaginarme solo, en aquella habitaci?n del Magdalen, noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se apartaba del trabajo, el acercamiento continuo, inexorable, de Aqu?l con quien, tan encarecidamente, no deseaba encontrarme. Al final, Aqu?l a quien tem?a profundamente cay? sobre m?. Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 ced?, admit? que Dios era Dios y, de rodillas, rec?. Quiz? fuera aquella noche el converso m?s desalentado y remiso de toda Inglaterra".

"Hasta entonces yo hab?a supuesto que el centro de la realidad ser?a algo as? como un lugar. En vez de eso, me encontr? con que era una Persona".

Y el d?a que identifica a Jesucristo con esa Persona sabr? que ha dado su ?ltimo paso, y lo recordar? siempre:

"Me llevaban a Whipsnade una ma?ana soleada. Cuando salimos no cre?a que Jesucristo fuera el Hijo de Dios, y cuando llegamos al zool?gico, s?. Pero no me hab?a pasado todo el trayecto sumido en mis pensamientos, ni en una gran inquietud (...). Mi estado se parec?a m?s al de un hombre que, despu?s de dormir mucho, se queda en la cama inm?vil, d?ndose cuenta de que ya est? despierto".

El problema del dolor

El ate?smo de Lewis hab?a sido fruto de su pesimismo sobre el mundo:

"Algunos a?os antes de leer a Lucrecio ya sent?a la fuerza de su argumento, que seguramente es el m?s fuerte de todos en favor del ate?smo: Si Dios hubiera creado el mundo, no ser?a un mundo tan d?bil e imperfecto como el que vemos".

A?os despu?s de su conversi?n, en 1940, Lewis escribe por encargo The problem of pain (El problema del dolor). Si Dios fuera bueno y todopoderoso, ?no podr?a impedir el mal y hacer triunfar el bien y la felicidad entre los hombres? En esas p?ginas que se han hecho famosas, Lewis reconoce que "es muy dif?cil imaginar un mundo en el que Dios corrigiera los continuos abusos cometidos por el libre albedr?o de sus criaturas. Un mundo donde el bate de b?isbol se convirtiera en papel al emplearlo como arma, o donde el aire se negara a obedecer cuando intent?ramos emitir ondas sonoras portadoras de mentiras e insultos".

"En un mundo as?, ser?a imposible cometer malas acciones, pero eso supondr?a anular la libertad humana. M?s a?n, si llev?ramos el principio hasta sus ?ltimas consecuencias, resultar?an imposibles los malos pensamientos, pues la masa cerebral utilizada para pensar se negar?a a cumplir su funci?n cuando intent?ramos concebirlos. Y as?, la materia cercana a un hombre malvado estar?a expuesta a sufrir alteraciones imprevisibles. Por eso, si trat?ramos de excluir del mundo el sufrimiento que acarrea el orden natural y la existencia de voluntades libres, descubrir?amos que para lograrlo ser?a preciso suprimir la vida misma".

Un "meg?fono" de Dios

Pero esto no muestra el sentido del dolor, si es que lo tiene. Ni demuestra que Dios pueda seguir siendo bueno cuando lo permite. Para intentar expliclar este misterio Lewis recurre a la que quiz? sea la m?s genial de sus intuiciones. "El dolor, la injusticia y el error -nos dice- son tres tipos de males con una curiosa diferencia: la injusticia y el error pueden ser ignorados por el que vive dentro de ellos, mientras que el dolor, en cambio, no puede ser ignorado, es un mal desenmascarado, inequ?voco: toda persona sabe que algo anda mal cuando ella sufre. Y es que Dios -afirma Lewis- nos habla por medio de la conciencia, y nos grita por medio de nuestros dolores: los usa como meg?fono para despertar a un mundo sordo".

Lewis explica que "un hombre injusto al que la vida sonr?e no siente la necesidad de corregir su conducta equivocada. En cambio, el sufrimiento destroza la ilusi?n de que todo marcha bien".

"El dolor como meg?fono de Dios es, sin la menor duda, un instrumento terrible. Puede conducir a una definitiva y contumaz rebeli?n. Pero tambi?n puede ser la ?nica oportunidad del malvado para corregirse. El dolor quita el velo de la apariencia e implanta la bandera de la verdad dentro de la fortaleza del alma rebelde".

Lewis no dice que el dolor no sea doloroso. "Si conociera alg?n modo de escapar de ?l, me arrastrar?a por las cloacas para encontrarlo". Su prop?sito es poner de manifiesto lo razonable y veros?mil de la vieja doctrina cristiana sobre la posibilidad de perfeccionarse por las tribulaciones.

?Dios o las leyes de la naturaleza?

A Lewis le cuenta un amigo el caso de una pobre mujer que cree que su hijo sobrevivi? a la batalla de Arnhem porque ella rez? por ?l. Ser?a cruel explicarle que, en realidad, sobrevivi? porque se hallaba un poco a la izquierda o un poco a la derecha de las balas, que segu?an una trayectoria prescrita por las leyes de la naturaleza.

Lewis responde que "la bala, el gatillo, el campo de batalla y los soldados no son leyes de la naturaleza, sino cosas que obedecen a las leyes. Y lo ilustra con este ejemplo: podemos a?adir cinco d?lares a otros cinco, y tendremos diez d?lares, pero la aritm?tica por s? misma no pondr? un solo d?lar en nuestros bolsillos. Eso significa que las leyes explican todas las cosas excepto el mismo origen de las cosas, y esa es una inmensa excepci?n".

Lewis concluye su argumentaci?n con una deslumbrante comparaci?n literaria:

"En "Hamlet" se rompe una rama y Ofelia cae al r?o y se ahoga. ?Ocurre el suceso porque se rompe la rama o porque Shakespeare quiere que Ofelia muera en esa escena? Puedes elegir la respuesta que m?s te guste, pero la alternativa no es real desde el momento en que Shakespeare es el autor de la obra entera".


Publicado por mario.web @ 0:55
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