Viernes, 13 de mayo de 2011

A la oraci?n se va a hablar con el Buen Dios que habita en nosotros pero que es distinto de nosotros.
Autor: Jes?s Valencia, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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Nuestro peregrinar por este mundo est? ?ntimamente marcado por estas dos realidades: mundo interior y mundo exterior. Nos reconocemos existentes a nosotros mismos en un mundo de existentes distintos de nosotros. Percatamos todos los d?as que, m?s all? de nuestro yo activo y pensante, nos envuelve la existencia de otros seres semejantes, y es aqu? donde se funda la dualidad mas cotidiana de un d?a cualquiera: tu y yo. Somos diversos y, sin embargo nos relacionamos, distintos, pero con una estructura ?ntima id?ntica.

Llegados a cierta madurez nos preguntamos hasta d?nde este mundo interior es comunicable a los dem?s. ?Hasta d?nde me comprenden, hasta d?nde me acompa?an los que me escuchan, los que me atienden, los que me quieren? Esta intimidad por muy peque?a que sea, ser? siempre infinita. Todos los d?as entramos en ella m?s o menos profundamente. Exploramos nuestra mina en busca de oro y muchas veces encontramos perlas preciosas, pues de verdad que el hombre es excepcional, pero tambi?n encontramos que no somos enteramente aquello que deseamos. El conocimiento personal se va haciendo indispensable con el pasar de los a?os, pues examinarse con objetividad y sinceridad da como resultado una persona coherente y madura, en marcha ascendente hacia la superaci?n y la perfecci?n.

Despu?s est? la otra esfera, m?s evidente si se quiere: el di?logo, nuestro contacto con el mundo exterior. Ya lo dijimos: nos movemos en un mundo que nos define y a la vez nos limita; entre realidades diversas de m?: cosas inertes o animadas, sonidos, im?genes. Pero es sobre todo con personas con las que esta estructura de comunicaci?n llega a su punto m?s alto y m?s noble.

Nadie lo niega: la sola mirada humana es capaz de entrar en relaci?n con los dem?s. Sin necesidad de palabras, revelas gran parte del coraz?n y del alma. El hombre no puede evitarlo, es social por naturaleza, lo necesita para realizarse como persona y ser feliz. Y as? la palabra T? llega a ser esencial. ?Ya no se refiere a una cosa entre las cosas, sino que llena el horizonte. No es que nada exista fuera de ?l; sino que todas las cosas subyacen, se subordinan a su luz?, escrib?a Martin Buber.

Puestos a pensar, nos resulta claro que, en el fondo, la amistad es un di?logo ?ntimo y prolongado, que supera la barrera del tiempo, del espacio y de la misma muerte. Arist?teles en su ??tica a Nic?maco? habla de las caracter?sticas de la amistad: En primer lugar, el amigo busca el bien del otro, cueste lo que cueste. Despu?s, reciprocidad: yo te quiero, t? me quieres. Y por ?ltimo, conocimiento rec?proco del rec?proco amor. En palabras de san Pedro: ?T? lo sabes todo, t? sabes que te quiero?. La amistad jam?s se debe viciar por el inter?s o la inclinaci?n placentera desenfrenada.

Pero no debemos olvidar el problema planteado: mi amigo, mi mejor amigo, tal vez el ?nico, ?hasta d?nde me conoce? ?Cu?l es su experiencia de mi existencia? ?l comparte mis alegr?as y mis dolores, los siente suyos, pero no lo son. Existe en el alma humana una profundidad tan honda que es dif?cil descifrarla por completo. Por m?s que nos esforcemos en participarla, siempre hay algo, aunque sea sutil, que el otro no alcanza entender hasta sus m?s profundas ra?ces o que nosotros no logramos desvelar.

Lo ?nico que saltar?a esta barrera ser?a un Amigo, que viviese dentro de m?, pero que fuera distinto de m?. Uno a quien por virtud propia le est? permitido asomarse a los rincones m?s profundos de mi ser. Un Amigo con quien pueda hablar y le pueda llamar confiadamente de T?. Uno que, queri?ndome como soy, me exige lo mejor de m? mismo; uno que tenga la confianza de decirme en qu? me equivoco, sin temor a incomodar. ?Imposible? Bien se sabe que no. La s?ntesis de introspecci?n y di?logo se llama oraci?n. S?. A la oraci?n se va a hablar con el Buen Dios que habita en nosotros pero que es distinto de nosotros. Sabe de antemano lo que queremos confiarle y, como son los buenos amigos, tiene la paciencia de escucharlo ?ntegramente, una y otra vez. Como nos movemos en un plano de amistad profunda sobran los formalismos, basta abrir el coraz?n. Se trata de una renovaci?n desde Dios hecha en un di?logo sencillo, sin mezcla de vanidades o amor propio. Te conoce tal cual eres, pero t? tienes que reconocerlo de frente a ?l y as? emprender el camino hacia la superaci?n personal, que en palabras m?s cristianas se llama santidad: la amistad m?s limpia y sincera que el hombre puede concebir.

Empezar a orar siempre es un reto. Como sucede con todos los h?bitos, se forma y fortalece poco a poco. Primero se empieza, reloj en mano, con cinco minutos, procurando que sea un momento concreto del d?a (antes de salir al trabajo o a la universidad, antes de la comida o despu?s de clases, o durante un trayecto de rutina). As? se inicia. Con distracciones, dificultades, obst?culos. No con revelaciones o ?xtasis, que no hacen falta. Lo que si hace falta es un alma sedienta de Dios y un coraz?n dispuesto a tomar en serio los compromisos que de ella nazcan.

La oraci?n es un gran horizonte donde se funden dos realidades que parec?an tan distantes como el cielo y la tierra. Los une porque tiene como objeto a quien es capaz de todo. Aquel que dijo que ?lo que pidierais a mi Padre ?l os lo dar?.

All? est?n los dos mundos: el interior y el exterior reconciliados por la oraci?n.


Publicado por mario.web @ 1:35
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