Viernes, 13 de mayo de 2011

Historia (imaginada) de un sacerdote que record? que lo m?s importante es cuidar a las ovejas.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net


El abad acababa de entrar a su oficina. Abri? la agenda con el programa del d?a.

    9.00, reuni?n con el consejo del monasterio.
    10.30, reuni?n de sacerdotes del sector.
    12.30, reuni?n con los administradores de la zona.
    15.00, reuni?n del obispo con los agentes de pastoral.
    17.30, reuni?n para planeaci?n de la catequesis.

Son? el timbre de la sacrist?a. El abad estaba colocando varios papeles en su sitio, cuando se acerc? el hermano portero.

"Ha llegado una se?ora anciana con un chico joven. Quieren hablar con un sacerdote".

"Diles que estamos ocupados, que vengan m?s tarde".

El portero se retira. A las 8.45, el abad se dirige a la sala de reuniones. Tiene que pasar por la sacrist?a. All? segu?an, en pie, la se?ora y el joven.

"Padre, perdone nuestra insistencia. ?Podemos hablar un momento con usted?"

"Buenos d?as, buenos d?as. Perdonen, es que tengo un poco de prisa. Ahora debo ir a una reuni?n, y toda la ma?ana y la tarde voy a estar ocupado. ?No pueden venir m?s tarde, cuando encuentren alg?n sacerdote libre?"

"Padre, es que llevo m?s de un a?o con deseos de confesarme. Nunca encuentro a un sacerdote en la iglesia, o si lo encuentro est?n siempre muy ocupados. Pero hoy no puedo dejar pasar m?s tiempo. Convenc? a mi nieto para que viniese a confesarse o, al menos, a hablar un rato con un padre. Quiz? es el momento de Dios, no habr?a que dejar pasar m?s tiempo. ?No le parece?"

El padre abad sinti? un poco de pena, pero es que las reuniones son tan importantes, y estaban programadas desde hac?a tanto tiempo?

"Mire, se?ora, seguro que hacia mediod?a encontrar?n otro padre. El ec?nomo sali? de compras, el administrador ahora viene conmigo. El encargado de catequesis lleva unos d?as fuera en cursillos de actualizaci?n, pero cuando regrese estoy seguro de que les recibir? con mucho gusto".

"Padre, por favor, mi nieto est? aqu? ahora, pero a mediod?a tiene que irse. ?No es posible hacer algo, encontrar a alguien?"

El padre abad not? dentro de s? un movimiento de impaciencia. Ten?a prisa. El reloj marcaba las 8.55. Pero hab?a que mostrarse educado.

"Se?ora, lo siento? Seguro que habr? otra oportunidad? Quiz? cuando vuelva su nieto, otro d?a?"

Como la se?ora hizo un gesto de insistencia, el padre decidi? escapar directamente por la iglesia, para llegar m?s r?pido a la sala de reuniones.

Al pasar por la capilla del Sagrario, hizo la genuflexi?n. Algo dentro de s? le dej? triste e inquieto. Como si Cristo le susurrase al coraz?n: "?Vas a dar m?s importancia a las reuniones que a unas personas que han llegado aqu? para pedir ayuda? ?Para eso te escog? sacerdote?"

Fue como una lanzada profunda. Unas l?grimas asomaron por sus ojos. Repiti? la genuflexi?n, y fue otra vez a la sacrist?a.

La se?ora y el joven estaban a punto de salir por la puerta lateral. El abad les dijo en voz alta: "Esperen, creo que hay una soluci?n. Vuelvo en seguida".

Volvi? al despacho y llam? al portero. "Cancela todas las citas que tengo en la ma?ana. Est?n anotadas aqu?, en la agenda".

"Pero, padre, si ya el consejo est? reunido para la reuni?n".

"Ahora hay algo m?s importante. Luego explico a todos lo que ha pasado".

Fue a la iglesia y se dirigi? al confesionario de la izquierda. Daba pena verlo tan solo, tan triste, tan sucio. Rompi? una telara?a y sacudi? el polvo. Volvi? a la sacrist?a y llam? a la se?ora y al nieto.

La luz del confesionario se encendi?. ?Todav?a funcionaba! Ten?a dudas el padre abad, pues desde hac?a mucho tiempo que no se usaba ese lugar para lo que fue construido: para confesar?

Entr? primero el joven. Estuvo tiempo, mucho tiempo, tranquilo, sin prisas. ?Convers? o se confes?? Dios lo sabe. Pero el joven sali? distinto, con una sonrisa como pocas veces se le hab?a visto en los ?ltimos meses. Al despedirse del padre abad, le dijo: "?Sabe? Es la primera vez en mi vida que hablo con un sacerdote".

Luego entr? la se?ora anciana. Quer?a estar poco tiempo, confesarse r?pido, pues pensaba que el padre tendr?a mucha prisa. Pero se sinti? extra?amente acogida, con m?s cari?o que nunca. El padre abad le dedic? tiempo, mucho tiempo, como si ella fuese la persona m?s importante del mundo.

En la capilla del Sagrario, Jes?s estaba muy feliz. Porque un sacerdote hab?a recordado que lo m?s importante es cuidar a las ovejas. Y porque dos almas, de edades y mentalidades muy diferentes, hab?an tenido la ocasi?n de recibir una nueva se?al del cari?o inmenso que Dios tiene por cada uno de sus hijos.


Publicado por mario.web @ 1:36
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