Viernes, 13 de mayo de 2011
Esta homil?a nos orienta en las problem?ticas que aquejan a los m?s desfavorecidos. La justicia y la integridad son los ejes que dan sentido a la solidaridad. El empresario tambi?n es un misionero en el ?mbito laboral.
?
Homil?a en Kubwa, Abuja
Homil?a en Kubwa, Abuja

Homil?a durante la misa celebrada en la explanada de Kubwa, Abuja

Lunes 23 de marzo 1998
?Sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios ? ( Ef 2, 19).


Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

1. Estas palabras de la carta de san Pablo a los Efesios asumen un significado particular aqu?, en la ciudad de Abuja, nueva capital federal . En un sentido muy real, esta ciudad quiere representar el alba de una nueva era para Nigeria y para los nigerianos, una era llena de esperanza, en la que todo ciudadano nigeriano, todo hombre y toda mujer, est? llamado a desempe?ar un papel en la construcci?n de una nueva realidad en este pa?s .

Nigeria, como toda ?frica, busca satisfacer las aspiraciones de su pueblo, superar los efectos de la pobreza, los conflictos, las guerras, la desesperaci?n, a fin de poder aprovechar bien los inmensos recursos del continente y lograr la estabilidad pol?tica y social. ?frica necesita esperanza, paz, alegr?a, armon?a, amor y unidad: es lo que afirmaron los padres de la Asamblea especial para ?frica del S?nodo de los obispos (cf. Ecclesia in Africa, 40). Eso mismo pedimos a Dios hoy en nuestra oraci?n.

Desde Abuja deseo expresar mi estima y afecto a todos los nigerianos: a vosotros, presentes en esta liturgia eucar?stica, y a cuantos la siguen a trav?s de la televisi?n y la radio. Dirijo un saludo particular al arzobispo John Onaiyekan, a los dem?s obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles laicos de todas las Iglesias particulares de Nigeria y de otras partes de ?frica. Saludo a los miembros del Gobierno, a los l?deres tradicionales y a las dem?s autoridades presentes esta ma?ana. Doy una cordial bienvenida a los miembros de las dem?s Iglesias y comunidades eclesiales cristianas, representadas en la Asociaci?n cristiana de Nigeria, y a los seguidores de las dem?s tradiciones religiosas que se han unido a nosotros, en particular a los miembros de la comunidad musulmana.




2. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, han pasado ya diecis?is a?os desde mi ?ltima visita a Nigeria. El calor de vuestra acogida me hace sentir, una vez m?s, en casa. Y ?no estamos todos llamados a sentirnos en casa como miembros de la ?nica gran familia de Dios? Esto es precisamente lo que nos dice san Pablo: somos ?familiares de Dios?, o sea, miembros de la familia de Dios.

En el orden natural, la familia constituye el fundamento y la base de todas las comunidades y sociedades humanas. De ese n?cleo, que es la familia, derivan los clanes, las tribus, los pueblos y los Estados; tambi?n la gran familia de las naciones africanas nace, en definitiva, de la familia humana, compuesta por marido y mujer, madre, padre e hijos.

La cultura y la tradici?n africanas tienen en gran estima a la familia. Por eso, los pueblos de ?frica se alegran por el don de la nueva vida, una vida que es concebida y nace; rechazan espont?neamente la idea de que la vida puede ser destruida en el seno materno, incluso cuando las as? llamadas ?civilizaciones avanzadas? tratan de llevarlos por esa direcci?n; muestran respeto a la vida humana hasta su t?rmino natural y reservan un lugar en el seno de la familia a los padres y parientes ancianos (cf. Ecclesia in Africa, 43).

Las culturas africanas tienen un agudo sentido de la solidaridad y de la vida comunitaria, especialmente por lo que ata?e a la gran familia y a la aldea (cf. ib. ). Estos son signos que comprend?is y que cumplen las exigencias de la justicia y la integridad a las que se refiere el profeta Isa?as en la primera lectura (cf. Is 56, 1). Precisamente en las relaciones dentro de la familia y entre las familias, la justicia y la integridad se convierten en una realidad inmediata y un compromiso pr?ctico.



3. Cuando este orden natural es elevado al orden sobrenatural nos transformamos en miembros de la familia de Dios y llegamos a ser templos espirituales donde mora el Esp?ritu de Dios. Sin embargo, ?c?mo puede acceder a lo sobrenatural lo que es natural? ?C?mo nos convertimos en miembros de la familia de Dios y en templos sagrados para que more en nosotros el Esp?ritu de Dios?

La realidad de la familia , tal como existe en el ?mbito cultural y social, es elevada por la gracia a un nivel superior. Entre los bautizados, las relaciones en el seno de la familia asumen un car?cter nuevo: se convierten en una comuni?n de vida y de amor, llena de gracia, al servicio de la comunidad m?s amplia. Adem?s, edifican la Iglesia, familia de Dios (cf. Lumen gentium , 6). La Iglesia, por su misi?n evangelizadora y su presencia activa en todo el mundo, da un nuevo significado al concepto mismo de familia y, en consecuencia, al concepto de naci?n como ?familia de familias? y al de mundo como ?familia de naciones?.

Un signo admirable del car?cter universal de la familia de Dios, que incluye realmente a todos los pueblos, fue la beatificaci?n que celebramos ayer, en Onitsha, en honor de uno de los hijos de Nigeria, la primera ceremonia de este tipo realizada en tierra nigeriana. Constituy? una fiesta familiar para el pueblo y la naci?n nigerianos. Al mismo tiempo, fue una celebraci?n para toda la familia de Dios: toda la Iglesia de Dios, esparcida por el mundo, se alegr? con la Iglesia que est? en Nigeria, y ahora ha recibido de Nigeria el edificante ejemplo de la vida y el testimonio del beato Cipriano Miguel Iwene Tansi.

En el orden humano, el padre Tansi era hijo de este pa?s. Naci? en el Estado de Anambra. Sin embargo, en el orden sobrenatural de la gracia, se convirti? en algo m?s: sin perder su ?ndole original, trascendi? sus or?genes terrenos y se transform?, como dice san Pablo, en un miembro de la ?familia de Dios?, ?edificado sobre el cimiento de los ap?stoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo? ( Ef 2, 19-20).

Por la gracia, fue ? colmado de alegr?a en la casa de oraci?n ? (cf. Is 56, 7). Comprendi? que la casa de Dios es una ? casa de oraci?n para todos los pueblos ? ( Is 56, 7). Es una casa de oraci?n para los hausa, los yoruba y los igbo . Es una casa de oraci?n para los efik, los tiv, los edo, los guari, y para muchos otros pueblos, demasiado numerosos como para citarlos aqu?, que habitan en esta tierra de Nigeria. Y no s?lo lo es para estos pueblos, sino tambi?n para todos los pueblos de ?frica, de Europa, de Asia, de Ocean?a y de Am?rica: ?Mi casa se llamar? casa de oraci?n para todos los pueblos ?.



4. En el evangelio de hoy, Jes?s mismo nos ense?a c?mo se ha de entender la familia de Dios y c?mo ?sta puede abarcar a todos los pueblos. Nos dice: ? Quien cumpla la voluntad de Dios ?se es mi hermano, mi hermana y mi madre ? ( Mc 3, 35).

Con esas palabras, Jes?s revela un secreto de su reino.

Nos habla de la relaci?n con Mar?a, su madre. Aunque Jes?s la amaba mucho por ser su madre, la amaba a?n m?s porque hac?a la voluntad del Padre celestial . En la Anunciaci?n respondi? ?s?? a la voluntad de Dios, manifestada por el ?ngel Gabriel (cf. Lc 1, 26-38). Comparti?, en todas sus etapas, la vida y la misi?n de su Hijo, hasta el pie de la cruz (cf. Jn 19, 25). Como Mar?a, tambi?n nosotros aprendemos y aceptamos que toda relaci?n humana es renovada, elevada, purificada, y recibe nuevo significado por la gracia de Cristo: ?Por ?l, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Esp?ritu (...), edificados hasta ser morada de Dios en el Esp?ritu? ( Ef 2, 18-22).

Esta es la casa espiritual que los misioneros comenzaron a construir hace m?s de cien a?os. Nigeria tiene una gran deuda de gratitud hacia ellos por sus esfuerzos de evangelizaci?n, realizados sobre todo en las escuelas, en los hospitales y en otras ?reas del servicio social. Siguiendo el ejemplo de estos intr?pidos heraldos del Evangelio, la Iglesia cat?lica en Nigeria est? profundamente comprometida en la lucha por el desarrollo humano integral. Dios ha bendecido a la Iglesia en Nigeria hasta el punto de que los misioneros nigerianos trabajan fuera de sus di?cesis, en otros pa?ses africanos y en otros continentes. Guiada por vuestros obispos y sacerdotes, toda la comunidad cat?lica debe seguir avanzando por ese camino, colaborando con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mediante un intenso di?logo ecum?nico e interreligioso.

Con el fin de edificar la casa espiritual de Dios, la Iglesia invita a todos sus miembros a tratar siempre con compasi?n a los necesitados: a los pobres, a los enfermos y a los ancianos, a los refugiados que se han visto obligados a huir de la violencia y de los conflictos de sus pa?ses; a los hombres, mujeres y ni?os afectados por el sida, que sigue causando numerosas v?ctimas en este continente y en todo el mundo; a todas las personas que sufren persecuci?n, dolor y pobreza. La Iglesia ense?a el respeto a toda persona, a toda vida humana. Predica la justicia y el amor, e insiste en los deberes tanto como en los derechos: los derechos y deberes de los ciudadanos, de los empresarios y de los trabajadores, del Gobierno y del pueblo.

En efecto, existen derechos humanos fundamentales, de los que ninguna persona puede jam?s verse leg?timamente privada, dado que est?n arraigados en la naturaleza de la persona humana y reflejan las exigencias objetivas e inviolables de una ley moral universal. Esos derechos sirven de fundamento y de medida para cualquier sociedad y organizaci?n humana. El respeto a toda persona humana, a su dignidad y sus derechos, debe ser siempre el principio inspirador y gu?a de vuestros esfuerzos por incrementar la democracia y reforzar el entramado social de vuestro pa?s. La dignidad de cada ser humano, sus inalienables derechos fundamentales, la inviolabilidad de la vida, la libertad y la justicia, el sentido de solidaridad y el rechazo de la discriminaci?n: son las piedras con las que se ha de construir una Nigeria nueva y mejor.



5. Toda la Iglesia se est? preparando para celebrar el bimilenario del nacimiento de Cristo, el Verbo de Dios que se hizo hombre. Por eso, os digo: hoy vosotros sois la esperanza de nuestra Iglesia, que cumple dos mil a?os. Al ser j?venes en la fe, deb?is ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valent?a. Seguid el camino de la santidad. As? ser?is signo de Dios en el mundo y revivir?is en vuestro pa?s la epopeya misionera de la Iglesia primitiva (cf. Ecclesia in Africa , 136).

El gran jubileo quiere vivificar el esp?ritu de renovaci?n proclamado por el profeta Isa?as y confirmado por Jes?s: anunciar la buena nueva a los pobres, proclamar la liberaci?n a los prisioneros, devolver la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos (cf. Lc 4, 18). Haced que este esp?ritu sea el aut?ntico clima de vuestra vida nacional. Que este tiempo de transici?n sea un tiempo de libertad, de perd?n, de uni?n y de solidaridad.

El beato Cipriano Miguel Tansi comprendi? claramente que es imposible realizar algo duradero al servicio de Dios y del propio pa?s sin una verdadera santidad y una verdadera caridad. Seguid su ejemplo. Dirigid a ?l vuestras oraciones por las necesidades de vuestras familias y de toda la naci?n.

Con gratitud por todo lo que la divina Providencia sigue haciendo por el pueblo de Nigeria, repitamos las palabras del salmista:

?Cantad al Se?or, bendecid su nombre (...). Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones ? ( Sal 95, 2-3). Am?n.


Publicado por mario.web @ 23:17
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios