S?bado, 14 de mayo de 2011
Publicamos la presentaci?n de la enc?clcia "Caritas in veritate" expuesta por el rector de la Pontificia Universidad Cat?lica de Chile, Pedro P. Rosso, el pasado 23 de julio en el Sal?n de Honor de la Casa Central de esa Universida
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Un laico presenta la Caritas in Veritate
Un laico presenta la Caritas in Veritate
SANTIAGO, s?bado, 25 julio 2009 (ZENIT.org).-d.

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Se?or Cardenal,
Se?or Presidente de la Conferencia Episcopal,
Se?ores Obispos,
Se?oras y se?ores:


Agradezco al Comit? Permanente la invitaci?n a comentar, desde la perspectiva de un laico, la enc?clica Caritas in veritate del Santo Padre Benedicto XVI. Se trata de un documento en el cual el Papa se refiere al desarrollo humano integral y a los diversos aspectos sociales, culturales, econ?micos y pol?ticos relacionados con esta materia.

Es una enc?clica notable por su actualidad y originalidad, que nos ayuda a comprender mejor el mundo en que vivimos y nos invita a reflexionar, desde la fe, sobre nuestra propia actitud hacia la vida y hacia todo lo que afecta a la familia humana. Adem?s, nos ofrece el deleite adicional de ser escrita con la prosa clara, fluida, e incluso po?tica, propia del Santo Padre.

Los temas tratados son tantos que una simple menci?n de cada uno de ellos demandar?a un tiempo muy superior al que disponemos. Por otra parte, varios son t?cnicamente complejos y, por lo mismo, especializados, lo que me ha impedido abordarlos con alg?n grado de profundidad. Ante estas dificultades objetivas, me ha parecido m?s prudente optar por una presentaci?n enfocada en un an?lisis general de la nueva enc?clica, intentando expresar su esencia y sus alcances pastorales.

En primer t?rmino, quisiera dirigirme a los laicos presentes para decirles que Caritas in veritate es una lectura imprescindible. No s?lo porque se trata de un documento que enriquece significativamente el corpus de la doctrina social de la Iglesia, sino porque las rese?as de la misma publicadas por los medios de comunicaci?n est?n muy lejos de reflejar lo que realmente es.

Lo anterior se explica por los elementos de complejidad y variedad tem?tica a los que alud? anteriormente. Pocos medios escritos han intentado abarcar la enc?clica en su totalidad, limit?ndose, la gran mayor?a de ellos, a destacar uno o dos aspectos que consideran relevantes y de mayor inter?s para un p?blico amplio. Como resultado, a trav?s de ellos es muy dif?cil captar el fondo del mensaje que Benedicto XVI nos entrega en su nueva enc?clica.

Por mi parte, cuando supe que el Santo Padre estaba preparando una "enc?clica social" qued? algo sorprendido, porque pensaba que habiendo dedicado su primera enc?clica a la caridad y la segunda a la esperanza, en su tercera hablar?a de la fe, completando as? un ciclo de ense?anzas dedicado a las virtudes teologales.

Efectivamente, Caritas in veritate es una enc?clica social, pero considero que su mensaje rebasa ampliamente ese ?mbito, por cuanto interpela en forma directa a los cristianos respecto a c?mo estamos viviendo nuestra fe. El Papa logra este prop?sito enfrent?ndonos con el problema del desarrollo y pregunt?ndonos sutilmente ?qu? has hecho por tu hermano? Al mismo tiempo, con convicci?n y esperanza nos se?ala que la construcci?n de un mundo mejor es una tarea que s?lo podremos realizar si somos capaces de transmitir el amor y la verdad de Cristo.

La estructura de la enc?clica consiste en una introducci?n, donde Benedicto XVI describe su visi?n del desarrollo humano, a la que siguen seis cap?tulos y una conclusi?n. En el primero de estos cap?tulos, el Santo Padre evoca la enc?clica Populorum progressio del Papa Pablo VI, cuya clave es la reafirmaci?n del Evangelio para la construcci?n de una sociedad m?s humana, fundada en la libertad y en la justicia.

A ese respecto, Benedicto XVI enfatiza que: "la fe cristiana se ocupa del desarrollo no apoy?ndose en privilegios o posiciones de poder, sino s?lo desde Jesucristo". Nos dice el Papa que las principales causas del subdesarrollo no son de ?ndole material. Ellas surgen como una consecuencia de la falta de fraternidad entre las personas y entre los pueblos. El Evangelio de Cristo, en cambio, aporta la dimensi?n esencial de la fraternidad humana y cristiana, que s? propicia el verdadero desarrollo de todos, sin hacer distingos. M?s a?n, citando a Gaudium et spes, el Pont?fice nos ense?a que: "El Evangelio es un elemento fundamental del desarrollo porque, en ?l, Cristo, ?en la misma revelaci?n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre?".

El cap?tulo siguiente se refiere al desarrollo humano en el tiempo actual. Una de sus ideas centrales es que el beneficio material, como objetivo exclusivo, es la mayor fuerza antag?nica al aut?ntico desarrollo humano. Al respecto, Benedicto XVI afirma que si el bien com?n no es el fin ?ltimo buscado por la sociedad, cualquier otro beneficio corre el riesgo incluso de destruir riqueza y de generar pobreza. Enumera, entonces, algunas de las que denomina desviaciones y problemas dram?ticos que esto ha causado, incluyendo la actividad financiera preferentemente especulativa, los flujos migratorios provocados y despu?s mal gestionados y la explotaci?n ilimitada de los recursos naturales. Frente a estos problemas el Santo Padre propone una nueva s?ntesis humanista, inspirada por los valores cristianos.

Con esa finalidad es necesario aprovechar las posibilidades de interacci?n cultural y social que abren oportunidades de di?logo y encuentro, nos dice el Pont?fice, evitando el doble riesgo del eclecticismo cultural o, a?n peor, de rebajar la propia cultura y homologar estilos de vida.

El Papa analiza tambi?n el esc?ndalo que implica la situaci?n de hambre que afecta a millones de seres humanos y afirma que el respeto por la vida humana -por toda vida humana y por toda la vida- no puede desligarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos. Al respecto declara que: "Cuando una sociedad se encamina hacia la negaci?n y supresi?n de la vida, acaba por no encontrar la motivaci?n y la energ?a necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre".

Finalmente, aborda la negaci?n del derecho a la libertad religiosa. En este punto se refiere a las luchas y persecuciones provocadas por el fanatismo religioso y a la promoci?n de la indiferencia religiosa y del ate?smo pr?ctico que ocurre en muchos pa?ses, especialmente aquellos m?s industrializados, donde el "superdesarrollo" material coexiste con el "subdesarrollo moral".

El tercer cap?tulo de la enc?clica, dedicado a la fraternidad, desarrollo econ?mico y sociedad civil, comienza enfatizando la experiencia del don frente a una visi?n de la existencia que antepone la productividad y la utilidad a toda otra consideraci?n. Nos dice Benedicto XVI que: "El desarrollo, si quiere ser aut?nticamente humano, necesita, en cambio, dar espacio a la gratuidad". Y, en lo que se refiere al mercado y a la l?gica mercantil, nos recuerda que debe estar ordenada "a la consecuci?n del bien com?n", y a?ade que: "es la responsabilidad, sobre todo, de la comunidad pol?tica".

El sistema econ?mico y financiero, afirma el Papa, debe basarse en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil. Para "civilizar la econom?a" es preciso arbitrar formas de econom?a solidaria y tanto el mercado como la pol?tica tienen necesidad de personas abiertas al don rec?proco.

El Pont?fice concluye este an?lisis con una apreciaci?n positiva del fen?meno de la globalizaci?n, aclarando que no puede entenderse s?lo como un proceso socioecon?mico y que requiere una reorientaci?n cultural, personalista, comunitaria, abierta a la trascendencia y capaz de corregir sus disfunciones. Concretamente, afirmando que la globalizaci?n no es a priori ni buena ni mala, nos invita a asumirla como una realidad en la que debemos ser protagonistas y no v?ctimas, para lo cual es necesario proceder razonablemente, gui?ndonos por la caridad y la verdad.

En el cuarto cap?tulo, la enc?clica aborda el desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, y el medio ambiente. El Papa inicia su reflexi?n sobre estos temas tratando la objetividad y fundamentaci?n de los derechos, la correlatividad de los deberes y el crecimiento demogr?fico.

Tambi?n se refiere a la sexualidad, reafirmando que no se puede reducir a un mero hecho hedon?stico y l?dico, y llama a los Estados a establecer pol?ticas que promuevan la centralidad de la familia, constituida por un hombre y una mujer, como c?lula b?sica de la sociedad.

M?s adelante, el Santo Padre aborda el tema de la econom?a, destacando que ella necesita de una base ?tica para su correcto funcionamiento: no de cualquier ?tica, sino de una ?tica amiga de la persona. En este sentido, agrega que: "la misma centralidad de la persona debe ser el principio gu?a en las intervenciones para el desarrollo de la cooperaci?n internacional".

Benedicto XVI tambi?n se refiere a los problemas energ?ticos, denunciando que el acaparamiento de los recursos por parte de los Estados y grupos de poder constituye un grave impedimento para el desarrollo de los pa?ses pobres. A?ade que: "Las sociedades t?cnicamente avanzadas pueden y deben disminuir la propia necesidad energ?tica, mientras debe avanzar la investigaci?n sobre energ?as alternativas".

En el cap?tulo que sigue, titulado "La colaboraci?n de la familia humana" como aspecto b?sico destaca el concepto que: "el desarrollo de los pueblos depende sobre todo de ser una sola familia". El Papa se refiere tambi?n a la necesidad de que las religiones tengan un espacio en la esfera p?blica. Advierte, al respecto que, tarde o temprano, la negaci?n de Dios se convertir? en la negaci?n del hombre, en la negaci?n del desarrollo.

Desde estas premisas, Benedicto XVI se adentra en la conocida doctrina del magisterio social de la Iglesia relativa a la subsidiariedad, que define como: "el ant?doto m?s eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista y la m?s adecuada para humanizar la globalizaci?n".

EL Santo Padre considera urgente que las naciones m?s pr?speras destinen mayores cuotas de su producto interno bruto al desarrollo. Igualmente, solicita garantizar el acceso a la educaci?n y a la formaci?n m?s completa e integral de la persona como v?a insoslayable para el desarrollo y la justicia.

La enc?clica tambi?n analiza el fen?meno de las migraciones, recordando que: "todo emigrante es una persona humana, que posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situaci?n".

Este cap?tulo contiene una propuesta para reformar tanto la Organizaci?n de las Naciones Unidas como la arquitectura econ?mica y financiera internacional. En este sentido, el Santo Padre declara, sin ambig?edades: "Urge la presencia de una verdadera Autoridad pol?tica mundial, que goce de poder efectivo".

El sexto y ?ltimo cap?tulo, versa sobre "El desarrollo de los pueblos y la t?cnica" y se inicia con una advertencia de Benedicto XVI sobre la pretensi?n prometeica que la t?cnica contiene las llaves del futuro de la humanidad. La ciencia y la t?cnica han aportado muchos beneficios, afirma el Santo Padre, pero no pueden ser un fin en s? mismas.

El Papa analiza luego el ?mbito de la bio?tica y lo hace afirmando que el campo primario "de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bio?tica". Y agrega al respecto que: "La raz?n sin la fe est? destinada a perderse en la ilusi?n de la propia omnipotencia". Tambi?n alude a la investigaci?n con embriones y la clonaci?n, manifestando temor por "una sistem?tica planificaci?n eugen?sica de los nacimientos". Todas estas realidades, advierte el Papa, son tentaciones idol?tricas, que, lejos de garantizar el desarrollo, lo hacen un espejismo y lo pervierten.

Concluye con una reflexi?n sobre el hecho que: "el absolutismo de la t?cnica tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia". Para ser aut?ntico -nos dice Benedicto XVI- el desarrollo del hombre y de los pueblos necesita una dimensi?n espiritual. Para ello, agrega el Papa, se necesitan "unos ojos nuevos y un coraz?n nuevo, que superen la visi?n materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese ?algo m?s? que la t?cnica no puede ofrecer".

Todos los contenidos que he descrito, revelan la variedad y vastedad de los temas relativos al desarrollo humano que preocupan al Santo Padre. Sus an?lisis son sabios y ponderados. Muchas de sus propuestas son nuevas y provocativas. A veces su voz adquiere la fuerza incisiva de una denuncia prof?tica. Pero, tomadas en su conjunto, manifiestan la preocupaci?n y tambi?n el dolor de un Padre, del Vicario de Cristo, que tal como lo hizo nuestro Se?or, mira al mundo con misericordia. Y lo que observa son personas que caminan como "ovejas sin pastor" (Mc 6, 30-34), por sendas equivocadas, siguiendo falsos profetas. Algunos aplastados por el hambre y la miseria, otros boyantes y alegres, en apariencia, pero en el fondo cansados y agobiados.

Es esta la imagen de Benedicto XVI que veo emerger desde las p?ginas de esta trascendental enc?clica y con ?l la figura de todos nuestros pastores y de nuestra Iglesia. Un cuerpo m?stico que busca el bien integral de las personas, de todas ellas, sin distinci?n de razas y religiones.

Caritas in veritate es el testimonio del Pastor sereno, que anima a la familia humana a sumarse a un proyecto centrado en el bien, la verdad y la justicia y proclama con fuerza la necesidad de una comuni?n fraterna, basada en la libertad y en la mutua responsabilidad. El Pastor que "se puso a ense?arles con calma" (Mc 6, 30-34), ofreci?ndoles el pan y el agua de la Palabra. Reconfort?ndolos con su esperanza.

Esperanza que est? expresada en la idea central que articula y sustenta toda la enc?clica. ?Cu?l es esta idea central? El mismo Benedicto XVI, en la audiencia general del d?a 8 de julio pasado, respondi? personalmente esa pregunta diciendo: "La caridad en la verdad es la principal fuerza propulsora para el verdadero desarrollo de cada persona y de toda la humanidad".

Es decir, el Papa nos ense?a que para hacer de la humanidad una verdadera familia, cuyas relaciones sean dictadas por la fraternidad, debemos reconsiderar el amor en la verdad como una fuerza social fundamental. Esta afirmaci?n nos conduce a dos contenidos de Caritas in veritate que, por su importancia, he preferido analizar despu?s de aquellos temas m?s directamente relacionados con la doctrina social. Me refiero a la Introducci?n y a la Conclusi?n.

La Introducci?n se inicia, precisamente, con la frase aludida por Benedicto XVI en la audiencia general. Es la frase que ilumina y otorga su pleno sentido a toda la enc?clica: "La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrecci?n, es la principal fuerza impulsora del aut?ntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad".

Ella contiene la respuesta de la Iglesia a los problemas del desarrollo: amor en la verdad de Cristo. Una respuesta que depende de cada persona y de su forma de concebir la libertad y vivir su fe. Y, a la vez, una visi?n del desarrollo y de la globalizaci?n que pone en el centro a las personas, como ?nicas protagonistas del proceso.

De esta manera el Santo Padre nos invita, a cada uno de nosotros, a ser los constructores de un mundo mejor a partir de nuestra propia vida, dejando que, mediante la gracia, podamos ser testigos del amor, el amor en la verdad de Cristo: un "amor recibido y ofrecido...que brota del Padre por el Hijo, en el Esp?ritu Santo...que desde el Hijo desciende sobre nosotros" (CV n? 5).

El Papa nos ense?a que vivir en la plenitud de ese amor implica asumir el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros. Es decir, negarse a s? mismo, para hacer ?nicamente la voluntad del Padre. Amar, no seg?n nuestras categor?as y ego?smos, sino con la gratuidad, entrega e incondicionalidad de Cristo. S?lo en ese proyecto cada cual encontrar? su verdad y podr? ser un ap?stol de la Verdad. Esa es la base del nuevo humanismo que permitir? al hombre contempor?neo abrir el camino del aut?ntico desarrollo.

"El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oraci?n, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el aut?ntico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don", nos dice, nos grita, Benedicto XVI.

La tarea que nos propone es radical e inmensa, imposible de realizar sin el auxilio de la gracia. Por eso, en la conclusi?n de Caritas in veritate, el Santo Padre nos anima a iniciar ese camino, personal y comunitario, record?ndonos que: "La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre ?xitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas...Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien com?n, porque ?l es nuestro Todo, nuestra esperanza m?s grande".

Muchas gracias.

Publicado por mario.web @ 0:03
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