S?bado, 14 de mayo de 2011
Hoy la educaci?n y la escuela cat?lica se enfrentan a desaf?os nuevos: globalizaci?n de la econom?a, innovaciones t?cnicas, r?pidos cambios estructurales en la sociedad. Es por ello que la escuela cat?lica est? llamada a una renovaci?n valiente.
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Los Desafios y Retos de la Escuela Cat?lica Hoy.
Los Desafios y Retos de la Escuela Cat?lica Hoy.

La congregaci?n para la educaci?n cat?lica nos presenta a trav?s del siguiente documento las caracter?sticas fundamentales de la escuela cat?lica como ?lugar de educaci?n integral de la persona humana?.

sumarios
A. Desafios
B. La persona y su educaci?n
C. La escuela cat?lica en el coraz?n de la iglesia
D. La identidad cultural de la escuela
E. Escuela al servicio de la sociedad
F. Estilo educativo de la comunidad educadora
G. Conclusi?n




CONGREGACION PARA LA EDUCACION CATOLICA

(para los Seminarios e Institutos de Estudio)
LA ESCUELA CATOLICA
EN LOS UMBRALES DEL TERCER MILENIO

Introducci?n


1. En los umbrales del tercer milenio la educaci?n y la escuela cat?licas se encuentran ante desaf?os nuevos lanzados por los contextos socio-cultural, y pol?tico. Se trata en especial de la crisis de valores, que sobre todo en las sociedades ricas y desarrolladas, asume las formas, frecuentemente propaladas por los medios de comunicaci?n social, de difuso subjetivismo, de relativismo moral y de nihilismo. El profundo pluralismo que impregna la conciencia social, da lugar a diversos comportamientos, en algunos casos tan antit?ticos como para minar cualquier identidad comunitaria. Los r?pidos cambios estructurales, las profundas innovaciones t?cnicas y la globalizaci?n de la econom?a repercuten en la vida del hombre de cualquier parte de la tierra. Contrariamente, pues, a las perspectivas de desarrollo para todos, se asiste a la acentuaci?n de la diferencia entre pueblos ricos y pueblos pobres, y a masivas oleadas migratorias de los pa?ses subdesarrollados hacia los desarrollados. Los fen?menos de la multiculturalidad, y de una sociedad que cada vez es m?s plurirracial, pluri?tnica y plurirreligiosa, traen consigo enriquecimiento, pero tambi?n nuevos problemas. A esto se a?ade, en los pa?ses de antigua evangelizaci?n, una creciente marginaci?n de la fe cristiana como referencia y luz para la comprensi?n verdadera y convencida de la existencia.

2. En el campo espec?fico de la educaci?n, las funciones se han ampliado, llegando a ser m?s complejas y especializadas. Las ciencias de la educaci?n, anteriormente centradas en el estudio del ni?o y en la preparaci?n del maestro, han sido impulsadas a abrirse a las diversas etapas de la vida, a los diferentes ambientes y situaciones allende la escuela. Nuevas necesidades han dado fuerza a la exigencia de nuevos contenidos, de nuevas competencias y de nuevas figuras educativas, adem?s de las tradicionales. As? educar, hacer escuela en el contexto actual resulta especialmente dif?cil.

3.Frente a este panorama, la escuela cat?lica est? llamada a una renovaci?n valiente. La herencia valiosa de una experiencia secular manifiesta, en efecto, la propia vitalidad sobre todo por la capacidad para adecuarse sabiamente. Es, por tanto, necesario que tambi?n hoy la escuela cat?lica sepa definirse a s? misma de manera eficaz, convincente y actual. No se trata de simple adaptaci?n, sino de impulso misionero: es el deber fundamental de la evangelizaci?n, del ir all? donde el hombre est? para que acoja el don de la salvaci?n.

4.Por esto, la Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, en estos a?os de preparaci?n inmediata al gran jubileo del 2000, en la grata concurrencia de cumplirse los treinta a?os de la creaci?n de la Oficina para las escuelas(1) y de los veinte a?os de la publicaci?n del documento La Escuela Cat?lica, el 19 de marzo de 1977, con el fin de ? concentrar la atenci?n sobre la naturaleza y caracter?sticas de una escuela que quiere definirse y presentarse como cat?lica ?,(2) se dirige, por la presente carta circular, a cuantos est?n comprometidos en la educaci?n escolar, a fin de hacerles llegar una palabra de aliento y de esperanza. En particular esta carta se propone compartir tanto la satisfacci?n por los resultados positivos logrados por la escuela cat?lica, como sus preocupaciones por las dificultades que encuentra. Adem?s, respaldados por la ense?anza del Concilio Vaticano II, por las numerosas intervenciones del Santo Padre, por las Asambleas ordinarias y especiales del S?nodo de los Obispos, por las Conferencia Episcopales y por la solicitud de los Ordinarios diocesanos, as? como por los Organismos internacionales cat?licos con fines educativos y escolares, nos parece oportuno llamar la atenci?n sobre algunas caracter?sticas fundamentales de la escuela cat?lica que consideramos importantes para la eficacia de su labor educativa en la Iglesia y en la sociedad: la escuela cat?lica como lugar de educaci?n integral de la persona humana a trav?s de un claro proyecto educativo que tiene su fundamento en Cristo;(3) su identidad eclesial y cultural; su misi?n de caridad educativa; su servicio social; su estilo educativo que debe caracterizar a toda su comunidad educativa.
Exitos y dificultades

5.Es con satisfacci?n que recorremos el camino positivo que la escuela cat?lica ha trazado en estos ?ltimos decenios. Ante todo, se debe considerar la ayuda que ella presta a la misi?n evangelizadora de la Iglesia en todo el mundo, incluso en aquellas zonas en las que no es posible otra acci?n pastoral. Adem?s, la escuela cat?lica, a pesar de las dificultades, ha querido seguir siendo corresponsable del desarrollo social y cultural de las diferentes comunidades y pueblos, de los que forma parte, compartiendo los ?xitos y las esperanzas, los sufrimientos, las dificultades y el esfuerzo para un aut?ntico progreso humano y comunitario. En tal contexto, es preciso resaltar la valiosa ayuda que ella, poni?ndose al servicio de los pueblos menos favorecidos, presta a su progreso espiritual y material. Nos sentimos obligados a reconocer el impulso dado por la escuela cat?lica a la renovaci?n pedag?gica y did?ctica, y el gran esfuerzo prodigado por tantos fieles, sobre todo por cuantos, consagrados y laicos, viven su funci?n docente como vocaci?n y aut?ntico apostolado.(4) En fin, no podemos olvidar la contribuci?n de la escuela cat?lica a la pastoral de conjunto, y a la familiar en particular, subrayando al respecto, la prudente labor de inserci?n en las din?micas educativas entre padres e hijos y, muy especialmente, el apoyo sencillo y profundo, lleno de sensibilidad y delicadeza, ofrecido a las familias ? d?biles ? o ? rotas ?, cada vez m?s numerosas, sobre todo, en los pa?ses desarrollados.

6. La escuela es, indudablemente, encrucijada sensible de las problem?ticas que agitan este inquieto tramo final del milenio. La escuela cat?lica, de este modo, se ve obligada a relacionarse con adolescentes y j?venes que viven las dificultades de los tiempos actuales. Se encuentra con alumnos que rehuyen el esfuerzo, incapaces de sacrificio e inconstantes y carentes, comenzando a menudo por aquellos familiares, de modelos v?lidos a los que referirse. Hay casos, cada vez m?s frecuentes, en los que no s?lo son indiferentes o no practicantes, sino faltos de la m?s m?nima formaci?n religiosa o moral. A esto se a?ade en muchos alumnos y en las familias, un sentimiento de apat?a por la formaci?n ?tica y religiosa, por lo que al fin aquello que interesa y se exige a la escuela cat?lica es s?lo un diploma o a lo m?s una instrucci?n de alto nivel y capacitaci?n profesional. El clima descrito produce un cierto cansancio pedag?gico, que se suma a la creciente dificultad, en el contexto actual, para hacer compatible ser profesor con ser educador.

7. Entre las dificultades hay que contar tambi?n las situaciones de orden pol?tico, social y cultural que impiden o dificultan la asistencia a la escuela cat?lica. El drama de la extrema pobreza y del hambre extendido por el mundo, los conflictos y guerras civiles, el degrado urbano, la difusi?n de la criminalidad en las grandes ?reas metropolitanas de tanta ciudades, no permiten la total realizaci?n de proyectos formativos y educativos. En algunas partes del mundo son los propios gobiernos los que obstaculizan, cuando no impiden de hecho, la acci?n de la escuela cat?lica, a pesar del progreso de ideas y pr?cticas democr?ticas, y de una mayor sensibilizaci?n por los derechos humanos. Otras dificultades provienen de problemas econ?micos. Tal situaci?n repercute especialmente sobre la escuela cat?lica en aquellos pa?ses que no tienen prevista ninguna ayuda gubernativa para las escuelas no estatales. Esto hace que la carga econ?mica de las familias que no eligen la escuela estatal, sea casi insostenible, y compromete seriamente la misma supervivencia de las escuelas. Adem?s, las dificultades econ?micas, a m?s de incidir sobre la contrataci?n y sobre la continuidad de la presencia de los educadores, pueden hacer que los que no tienen medios econ?micos suficientes, no puedan frecuentar la escuela cat?lica, provocando, de este modo, una selecci?n de alumnos, que hace perder a la escuela cat?lica una de sus caracter?sticas fundamentales, la de ser una escuela para todos.
Mirando al futuro

8. La mirada dirigida a los ?xitos y a las dificultades de la escuela cat?lica, sin pretender tratar cabalmente su amplitud y profundidad, nos mueve a reflexionar sobre la ayuda que ella puede prestar a la formaci?n de las nuevas generaciones en los umbrales del tercer milenio, consciente de que, como escribe Juan Pablo II, ? el futuro del mundo y de la Iglesia pertenece a las nuevas generaciones que, nacidas en este siglo, alcanzar?n la madurez en el pr?ximo, el primero del nuevo milenio ?.(5) La escuela cat?lica, por tanto, debe estar en condiciones de proporcionar a los j?venes los medios aptos para encontrar puesto en una sociedad fuertemente caracterizada por conocimientos t?cnicos y cient?ficos, pero al mismo tiempo, diremos ante todo, debe poder darles una s?lida formaci?n orientada cristianamente. Por esto, estamos convencidos de que para hacer de la escuela cat?lica un instrumento educativo en el mundo de hoy, sea preciso reforzar algunas de sus caracter?sticas fundamentales.


La persona y su educaci?n

9. La escuela cat?lica se configura como escuela para la persona y de las personas. ? La persona de cada uno, en sus necesidades materiales y espirituales, es el centro del magisterio de Jes?s: por esto el fin de la escuela cat?lica es la promoci?n de la persona humana ?.(6) Tal afirmaci?n, poniendo en evidencia la relaci?n del hombre con Cristo, recuerda que en su persona se encuentra la plenitud de la verdad sobre el hombre. Por esto, la escuela cat?lica, empe??ndose en promover al hombre integral, lo hace, obedeciendo a la solicitud de la Iglesia, consciente de que todos los valores humanos encuentran su plena realizaci?n y, tambi?n su unidad, en Cristo.(7) Este conocimiento manifiesta que la persona ocupa el centro en el proyecto educativo de la escuela cat?lica, refuerza su compromiso educativo y la hace id?nea para formar personalidades fuertes.

10. El contexto socio-cultural actual corre el peligro de ocultar ? el valor educativo de la escuela cat?lica, en el cual radica fundamentalmente su raz?n de ser y en virtud del cual ella constituye un aut?ntico apostolado ?.(8) En efecto, si es cierto que en los ?ltimos a?os se ha prestado mayor atenci?n y ha crecido la sensibilidad por parte de la opini?n p?blica, de los organismos internacionales y de los gobiernos hacia los problemas de la escuela y de la educaci?n, tambi?n hay que se?alar una extendida reducci?n de la educaci?n a los aspectos meramente t?cnicos y funcionales. Las mismas ciencias pedag?gicas y educativas aparecen m?s centradas en los aspectos del reconocimiento fenomenol?gico y de la pr?ctica educativa, que no en aquellos del valor propiamente educativo, centrado sobre los valores y perspectivas de profundo significado. La fragmentaci?n de la educaci?n, la ambig?edad de los valores, a los que frecuentemente se alude obteniendo amplio y f?cil consenso, a precio, sin embargo, de un peligroso ofuscamiento de los contenidos, tienden a encerrar la escuela en un presunto neutralismo, que debilita el potencial educativo y que repercute negativamente sobre la formaci?n de los alumnos. Se quiere olvidar que la educaci?n presupone y comporta siempre una determinada concepci?n del hombre y de la vida. La pretendida neutralidad de la escuela, conlleva, las m?s de las veces, la pr?ctica desaparici?n, del campo de la cultura y de la educaci?n, de la referencia religiosa. Un correcto planteamiento pedag?gico est? llamado, por el contrario, a situarse en el campo m?s decisivo de los fines, a ocuparse no s?lo del ? c?mo ?, sino tambi?n del ? porqu? ?, a superar el equ?voco de una educaci?n as?ptica, a devolver al proceso educativo aquella unidad que impide la dispersi?n por las varias ramas del saber y del aprendizaje, y que mantiene en el centro a la persona en su compleja identidad, trascendental e hist?rica. La escuela cat?lica, con su proyecto educativo inspirado en el Evangelio, est? llamada a recoger este desaf?o y a darle respuesta con la convicci?n de que ? el misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado ?(9).


La escuela cat?lica en el coraz?n de la Iglesia

11. La complejidad del mundo contempor?neo nos convence de cu?n necesario sea dar peso a la conciencia de la identidad eclesial de la escuela cat?lica. De la identidad cat?lica, en efecto, nacen los rasgos peculiares de la escuela cat?lica, que se ? estructura ? como sujeto eclesial, lugar de aut?ntica y espec?fica acci?n pastoral. Ella comparte la misi?n evangelizadora de la Iglesia, y es lugar privilegiado en el que se realiza la educaci?n cristiana. En este sentido, ? las escuelas cat?licas son al mismo tiempo lugares de evangelizaci?n, de educaci?n integral, de inculturaci?n y de aprendizaje de un di?logo vital entre j?venes de religiones y de ambientes sociales diferentes ?.(10) La eclesialidad de la escuela cat?lica est?, pues, escrita en el coraz?n mismo de su identidad de instituci?n escolar. Ella es verdadero y propio sujeto eclesial en raz?n de su acci?n escolar, ? en la que se funden arm?nicamente fe, cultura y vida ?.(11) Es preciso, por tanto, reafirmar con fuerza que la dimensi?n eclesial no constituye una caracter?stica yuxtapuesta, sino que es cualidad propia y espec?fica, car?cter distintivo que impregna y anima cada momento de su acci?n educativa, parte fundamental de su misma identidad y punto central de su misi?n.(12) La promoci?n de tal dimensi?n es el objetivo de cada uno de los elementos que integran la comunidad educativa.

12. En virtud, pues, de su identidad la escuela cat?lica es lugar de experiencia eclesial, de la que la comunidad cristiana es la matriz. En este contexto se recuerda que ella realiza la propia vocaci?n de ser experiencia verdadera de Iglesia s?lo si se sit?a dentro de una pastoral org?nica de la comunidad cristiana. De modo muy particular la escuela cat?lica permite encontrar a los j?venes en un ambiente favorable a la formaci?n cristiana. No obstante, es preciso se?alar que, en ciertos casos, la escuela cat?lica no es sentida como parte integrante de la realidad pastoral: a veces, se la considera extra?a, o casi, a la comunidad. Es urgente, por tanto, promover una nueva sensibilidad en las comunidades parroquiales y diocesanas para que se sientan llamadas en primera persona, a responsabilizarse de la educaci?n y de la escuela.

13. En la historia eclesial se tiene a la escuela cat?lica sobre todo como manifestaci?n de Institutos religiosos, los cuales, por carisma religioso o por expresa dedicaci?n, se han entregado a ella generosamente. En los momentos actuales tampoco escasean las dificultades debidas, unas, a la preocupante disminuci?n num?rica, y otras, a la subrepticia difusi?n de graves incomprensiones, que pueden inducir al abandono de la misi?n educativa. Por esto, viene separado, por una parte, el empe?o escolar de la acci?n pastoral, mientras que por otra, la actividad concreta encuentra dificultad en compaginarse con las exigencias espec?ficas de la vida religiosa. Las intuiciones fecundas de los santos Fundadores demuestran mejor y m?s radicalmente que cualquier otro razonamiento, la falta de fundamento y lo precario de tales afirmaciones. Nos parece, pues, oportuno recordar que la presencia de los consagrados en la comunidad educativa es indispensable porque ellos ? est?n en condiciones de llevar acabo una acci?n educativa particularmente eficaz ?,(13) y son ejemplo de c?mo ? darse ? sin reservas y gratuitamente al servicio de los otros en el esp?ritu de la consagraci?n religiosa. La presencia contempor?nea de religiosas y religiosos, y tambi?n de sacerdotes y de laicos, ofrece a los alumnos ? una imagen viva de la Iglesia y hace m?s f?cil el conocimiento de sus riquezas ?.(14)


Identidad cultural de la escuela cat?lica

14. De la naturaleza de la escuela cat?lica deriva tambi?n uno de los elementos m?s expresivos de la originalidad de su proyecto educativo: la s?ntesis entre cultura y fe. En efecto, el saber, considerado en la perspectiva de la fe, llega a ser sabidur?a y visi?n de vida. El esfuerzo para conjugar raz?n y fe, llegado a ser el alma de cada una de las disciplinas, las unifica, articula y coordina, haciendo emerger en el interior mismo del saber escolar, la visi?n cristiana del mundo y de la vida, de la cultura y de la historia. En el proyecto educativo de la escuela cat?lica no existe, por tanto, separaci?n entre momentos de aprendizaje y momentos de educaci?n, entre momentos del concepto y momentos de la sabidur?a. Cada disciplina no presenta s?lo un saber que adquirir, sino tambi?n valores que asimilar y verdades que descubrir.(15) Todo esto, exige un ambiente caracterizado por la b?squeda de la verdad, en el que los educadores, competentes, convencidos y coherentes, maestros de saber y de vida, sean im?genes, imperfectas desde luego, pero no desva?das del ?nico Maestro. En esta perspectiva, en el proyecto educativo cristiano todas las disciplinas contribuyen, con su saber espec?fico y propio, a la formaci?n de personalidades maduras.
? El cuidado de la instrucci?n es amor ? (Sab 6,17)


15. En la dimensi?n eclesial se fundamenta tambi?n la caracter?stica de la escuela cat?lica como escuela para todos, con especial atenci?n hacia los m?s d?biles. La historia ha visto surgir la mayor parte de las instituciones educativas escolares cat?licas como respuesta a las necesidades de los sectores menos favorecidos desde el punto de vista social y econ?mico. No es una novedad afirmar que las escuelas cat?licas nacieron de una profunda caridad educativa hacia los ni?os y j?venes abandonados a s? mismos y privados de cualquier forma de educaci?n. En muchas partes del mundo, todav?a hoy, es la pobreza material la que impide que muchos ni?os y j?venes sean instruidos y que reciban una adecuada formaci?n humana y cristiana. En otras, son nuevas pobrezas las que interpelan a la escuela cat?lica, la que, como en tiempos pasados, puede encontrarse con incomprensiones, recelos y carente de medios. Las pobres muchachas que en el siglo XV eran instruidas por las Ursulinas, los muchachos que Calasanz ve?a correr y alborotar por las calles romanas, o que La Salle encontraba en los pueblos de Francia, o que Don Bosco acog?a, los podemos encontrar hoy en aquellos que han perdido el sentido aut?ntico de la vida y carecen de todo impulso por un ideal, a los que no se les proponen valores y desconocen totalmente la belleza de la fe, que tienen a sus espaldas familias rotas e incapaces de amor, viven a menudo situaciones de penuria material y espiritual, son esclavos de los nuevos ?dolos de una sociedad, que, no raramente, les presenta un futuro de desocupaci?n y marginaci?n. A estos nuevos pobres dirige con esp?ritu de amor su atenci?n la escuela cat?lica. En tal sentido, ella, nacida del deseo de ofrecer a todos, en especial a los m?s pobres y marginados, la posibilidad de instruirse, de capacitarse profesionalmente y de formarse humana y cristianamente, puede y debe encontrar, en el contexto de las viejas y nuevas pobrezas, aquella original s?ntesis de pasi?n y de amor educativos, expresi?n del amor de Cristo por los pobres, los peque?os, por las multitudes en busca de la verdad.


La escuela cat?lica al servicio de la sociedad

16. La escuela cat?lica no debe ser considerada separadamente de las otras instituciones educativas y gestionada como cuerpo aparte, sino que debe relacionarse con el mundo de la pol?tica, de la econom?a, de la cultura y con la sociedad en su complejidad. Concierne, por tanto, a la escuela cat?lica afrontar con decisi?n la nueva situaci?n cultural, presentarse como instancia cr?tica de proyectos educativos parciales, modelo y est?mulo para otras instituciones educativas, hacerse avanzadilla de la preocupaci?n educativa de la comunidad eclesial. De este modo se pone de manifiesto claramente el rol p?blico de la escuela cat?lica, que no nace como iniciativa privada, sino como expresi?n de la realidad eclesial, por su naturaleza revestida de car?cter p?blico. Ella desarrolla un servicio de utilidad p?blica y, aunque siendo clara y manifiestamente configurada seg?n la perspectiva de la fe cat?lica, no est? reservada a solo los cat?licos, sino abierta a todos los que demuestren apreciar y compartir una propuesta educativa cualificada. Esta dimensi?n de apertura, es especialmente evidente en los pa?ses de mayor?a no cristiana y en v?a de desarrollo, en los que desde siempre las escuelas cat?licas son, sin discriminaci?n alguna, promotoras de progreso social y de promoci?n de la persona.(16) Las instituciones escolares cat?licas, adem?s, al igual que las escuelas estatales, desarrollan una funci?n p?blica, garantizando con su presencia el pluralismo cultural y educativo, y sobre todo la libertad y el derecho de la familia a ver realizada la orientaci?n educativa que desean dar a la formaci?n de los propios hijos.(17)

17. En esta perspectiva, la escuela cat?lica establece un di?logo sereno y constructivo con los Estados y con la comunidad civil. El di?logo y la colaboraci?n deben basarse en el mutuo respeto, en el reconocimiento rec?proco del propio rol y en el servicio com?n al hombre. Para llevar a cabo esto, la escuela cat?lica se integra de buen grado en los planes escolares y cumple la legislaci?n de cada pa?s, siempre que ?stos sean respetuosos de los derechos fundamentales de la persona, comenzando del respeto a la vida y a la libertad religiosa. La relaci?n correcta entre Estado y escuela, no s?lo cat?lica, se establece a partir no tanto de las relaciones institucionales, cuanto del derecho de la persona a recibir una educaci?n adecuada, seg?n una libre opci?n. Derecho al que se responde seg?n el principio de la subsidiaridad.(18) En efecto, ? el poder p?blico, a quien corresponde amparar y defender las libertades de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir los subsidios p?blicos de modo que los padres puedan escoger con libertad absoluta, seg?n su propia conciencia, las escuelas para sus hijos ?.(19) En el marco no s?lo de la proclamaci?n formal, sino del efectivo ejercicio de este derecho fundamental del hombre se pone, en algunos pa?ses, el problema crucial del reconocimiento jur?dico y financiero de la escuela no estatal. Hacemos nuestro el deseo recientemente expresado una vez m?s por Juan Pablo II, de que en todos los pa?ses democr?ticos ? se ponga en pr?ctica una verdadera igualdad para las escuelas no estatales, que al mismo tiempo respete su proyecto educativo ?.(20)


Estilo educativo de la comunidad educadora

18. Terminando ya esta carta, quisi?ramos pararnos brevemente en el estilo y en el rol de la comunidad educativa constituida por el encuentro y la colaboraci?n de los diversos estamentos: alumnos, padres, docentes, entidad promotora y personal no docente.(21) A este prop?sito se llama justamente la atenci?n sobre la importancia del clima y del estilo de las relaciones. A lo largo de la etapa evolutiva del alumno son necesarias relaciones personales con educadores significativos, y las mismas ense?anzas tienen mayor incidencia en la formaci?n del estudiante si van impartidas en un contexto de compromiso personal, de reciprocidad aut?ntica, de coherencia en las actitudes, estilos y comportamientos diarios. En esta perspectiva se promueve, en la tambi?n necesaria salvaguardia de los respectivos roles, la figura de la escuela como comunidad, que es uno de los enriquecimientos de la instituci?n escolar de nuestro tiempo.(22) Adem?s, es preciso recordar, en sinton?a con el Concilio Vaticano II,(23) que la dimensi?n comunitaria de la escuela cat?lica no es una mera categor?a sociol?gica, sino que tiene tambi?n un fundamento teol?gico. La comunidad educativa, considerada en su conjunto, est?, por lo tanto, llamada a promover un tipo de escuela que sea lugar de formaci?n integral mediante la relaci?n interpersonal.

19. En la escuela cat?lica ? los educadores cristianos, como personas y como comunidad, son los primeros responsables en crear el peculiar estilo cristiano ?.(24) La docencia es una actividad de extraordinario peso moral, una de las m?s altas y creativas del hombre: el docente, en efecto, no escribe sobre materia inerte, sino sobre el alma misma de los hombres. Adquiere, por esto, un valor de extrema importancia la relaci?n personal entre educador y alumno, que no se limite a un simple dar y recibir. Adem?s, se ha de ser cada vez m?s consciente de que los docentes y educadores viven una espec?fica vocaci?n cristiana y una otro tanto espec?fica participaci?n en la misi?n de la Iglesia y ? que de ellos depende, sobre todo, el que las escuelas cat?licas puedan realizan sus prop?sitos e iniciativas ?.(25)

20. En la comunidad educativa, los padres, primeros y naturales responsables de la educaci?n de los hijos, tienen un rol de especial importancia. Por desgracia, hoy se va extendiendo la tendencia a delegar este deber primero. De ah? que se haga necesario no s?lo dar impulso a las iniciativas que inciten al compromiso, sino que ofrezcan una ayuda concreta y adecuada, y comprometan a las familias en el proyecto educativo(26) de la escuela cat?lica. Objetivo constante de la formaci?n escolar es, por tanto, el encuentro y el di?logo con los padres y las familias, que se ven favorecidos tambi?n a trav?s de la promoci?n de las asociaciones de padres, para establecer, con su insubstituible aporte, aquella personalizaci?n educativa que hace eficaz el proceso educativo.


Conclusi?n

21. El Santo Padre, con una sugestiva expresi?n, indic? c?mo el hombre sea el camino de Cristo y de la Iglesia.(27) Tal camino no puede ser extra?o a los pasos de los evangelizadores, que al recorrerlo sienten la urgencia del desaf?o educativo. El compromiso en la escuela resulta ser, de este modo, tarea insubstituible; m?s a?n, el empleo de personas y de medios en la escuela cat?lica llega a ser opci?n prof?tica. Tambi?n en los umbrales del tercer milenio sentimos fuertemente lo que la Iglesia, en aquel ? Pentecost?s ? que fue el Concilio Vaticano II, afirm? de la escuela cat?lica, que ? siendo tan ?til para cumplir la misi?n del pueblo de Dios y para promover el di?logo entre la Iglesia y la sociedad humana en beneficio de ambas, conserva su importancia trascendental tambi?n en los momentos actuales ?.(28)
Prot. N. 29096
Roma, 28 de diciembre de 1997, fiesta de la Sagrada Familia
Pio Card. Laghi
Prefecto
Jose Saraiva Martins
Arzobispo tit. de Tub?rnica
Secretario

(1) La Sagrada Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, nuevo nombre de la Sagrada Congregaci?n de los Seminarios y de las Universidades, por la Constituci?n Apost?lica Regimini ecclesi? univers?, publicada el 15 de agosto de 1967, que entr? en vigor el 1 de marzo de 1968 (AAS, LIX [1967] pp. 885-928), era estructurada en tres oficinas. Con tal reordenamiento fue creada la Oficina para las escuelas cat?licas, con el fin de ? desarrollar posteriormente ? los principios fundamentales de la educaci?n, sobre todo en las escuelas (cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, Introducci?n).
(2) S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 2.
(3) Cfr. S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 34.
(4) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, n. 8.
(5) Juan Pablo II, Carta Apost. Tertio millennio adveniente, n. 58.
(6) Cfr. Juan Pablo II, Discurso al I Convenio Nacional de la Escuela Cat?lica en Italia, ? L?Osservatore Romano ?, 24XI1991, p. 4.
(7) Cfr. S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 35.
(8) S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 3.
(9) Conc. Ecum. Vat. II, Const. pastoral sobre la Iglesia en el mundo contempor?neo Gaudium et spes, n. 22.
(10) Juan Pablo II, Exh. Apost. Ecclesia in Africa, n. 102.
(11) Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, Dimensi?n religiosa de la educaci?n en la escuela cat?lica, n. 34.
(12) Cfr. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, Dimensi?n religiosa de la educaci?n en la escuela cat?lica, n. 33.
(13) Juan Pablo II, Exh. Apost. Vita consecrata, n. 96.
(14) Juan Pablo II, Exh. Apost. Christifideles laici, n. 62.
(15) Cfr. S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, La escuela cat?lica, n. 39.
(16) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, n. 9.
(17) Cfr. Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, art. 5.
(18) Cfr. Juan Pablo II, Exh. Apost. Familiaris consortio, n. 40; cfr. Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Inst. Libertatis conscientia, n. 94.
(19) Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimun educationis, n. 6.
(20) Juan Pablo II, Carta al Prep?sito General de los Escolapios, ? L?Osservatore Romano ?, 28VI1997, p. 5.
(21) S. Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, El laico cat?lico testigo de la fe en la escuela, n. 22.
(22) Cfr. Ibid.
(23) Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, n. 8.
(24) Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, Dimensi?n religiosa de la educaci?n en la escuela cat?lica, n. 26.
(25) Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, n. 8.
(26) Cfr. Juan Pablo II, Exh. Apost. Familiaris consortio, n. 40.
(27) Cfr. Juan Pablo II, Carta Enc. Redemptor hominis, n. 14.
(28) Conc. Ecum. Vat. II, Decl. sobre la educaci?n cristiana Gravissimum educationis, n. 8.


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