S?bado, 14 de mayo de 2011
Sobre la Educaci?n Cristiana, 28 de octubre de 1965.
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Declaraci?n Gravissimum Educationis
Declaraci?n Gravissimum Educationis
DECLARACI?N
GRAVISSIMUM EDUCATIONIS
SOBRE LA EUCACI?N CRISTIANA



PROEMIO

El Santo Concilio Ecum?nico considera atentamente la importancia decisiva de la educaci?n en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social contempor?neo. En realidad la verdadera educaci?n de la juventud, e incluso tambi?n una constante formaci?n de los adultos, se hace m?s f?cil y m?s urgente en las circunstancias actuales. Porque los hombres, mucho mas conscientes de su propia dignidad y deber, desean participar cada vez m?s activamente en la vida social y, sobre todo, en la econ?mica y en la pol?tica; los maravillosos progresos de la t?cnica y de la investigaci?n cient?fica, y los nuevos medios de comunicaci?n social, ofrecen a los hombres, que, con frecuencia gozan de un mayor espacio de tiempo libre de otras ocupaciones, la oportunidad de acercarse con facilidad al patrimonio cultural del pensamiento y del esp?ritu, y de ayudarse mutuamente con una comunicaci?n m?s estrecha que existe entre las distintas asociaciones y entre los pueblos.

En consecuencia, por todas partes se realizan esfuerzos para promover m?s y m?s la obra de la educaci?n; se declaran y se afirman en documentos p?blicos los derechos primarios de los hombres, y sobre todo de los ni?os y de los padres con respecto a la educaci?n. Como crece r?pidamente el n?mero de los alumnos, se multiplican por doquier y se perfeccionan las escuelas y otros centros de educaci?n. Los m?todos de educaci?n y de instrucci?n se van perfeccionando con nuevas experiencias. Se hacen, por cierto, grandes esfuerzos para llevarla a todos los hombres, aunque muchos ni?os y j?venes est?n privados todav?a de la instrucci?n incluso fundamental, y de tantos otros carecen de una educaci?n conveniente, en la que se cultiva a un tiempo la verdad y la caridad.

Ahora bien, debiendo la Santa Madre Iglesia atender toda la vida del hombre, incluso la material en cuanto est? unida con la vocaci?n celeste para cumplir el mandamiento recibido de su divino Fundador, a saber, el anunciar a todos loshombres el misterio de la salvaci?n e instaurar todas las cosas en Cristo, le toca tambi?n una parte en el progreso y en la extensi?n de la educaci?n. Por eso El Sagrado Concilio expone algunos principios fundamentales sobre la educaci?n cristiana, m?xime en las escuelas, principios que, una vez terminado el Concilio, deber? desarrollar m?s ampliamente una Comisi?n especial, y habr?n de ser aplicados por las Conferencias Episcopales y las diversas condiciones de los pueblos.

Derecho universal a la educaci?n y su noci?n

1. Todos los hombres, de cualquier raza, condici?n y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educaci?n, que responda al propio fin, al propio car?cter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, est? abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. Mas la verdadera educaci?n se propone la formaci?n de la persona humana en orden a su fin ?ltimo y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deber? tomar parte una vez llegado a la madurez.

Hay que ayudar, pues, a los ni?os y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicolog?a, de la pedagog?a y de la did?ctica, para desarrollar arm?nicamente sus condiciones f?sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m?s perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la b?squeda de la verdadera libertad, superando los obst?culos con valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educaci?n sexual. Hay que prepararlos, adem?s, para la participaci?n en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, est?n dispuestos para el di?logo con los otros y presten su fructuosa colaboraci?n gustosamente a la consecuci?n del bien com?n.

Declara igualmente el Sagrado Concilio que los ni?os y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesi?n personal y tambi?n a que se les estimule a conocer y amar m?s a Dios. Ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o est?n al frente de la educaci?n, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho. Y exhorta a los hijos de la Iglesia a que presten con generosidad su ayuda en todo el campo de la educaci?n, sobre todo con el fin de que puedan llegar cuanto antes a todos los rincones de la tierra los oportunos beneficios de la educaci?n y de la instrucci?n.

La educaci?n cristiana

2. Todos los cristianos, en cuanto han sido regenerados por el agua y el Esp?ritu Santo han sido constituidos nuevas criaturas, y se llaman y son hijos de Dios, tienen derecho a la educaci?n cristiana. La cual no persigue solamente la madurez de la persona humana arriba descrita, sino que busca, sobre todo, que los bautizados se hagan m?s conscientes cada d?a del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvaci?n; aprendan a adorar a Dios Padre en el esp?ritu y en verdad, ante todo en la acci?n lit?rgica, adapt?ndose a vivir seg?n el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad, y as? lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo M?stico. Ellos, adem?s, conscientes de su vocaci?n, acost?mbrense a dar testimonio de la esperanza y a promover la elevaci?n cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideraci?n integral del hombre redimido por Cristo contribuyan al bien de toda la sociedad. Por lo cual, este Santo Concilio recuerda a los pastores de almas su grav?sima obligaci?n de proveer que todos los fieles disfruten de la educaci?n cristiana y, sobre todo, los j?venes, que son la esperanza de la Iglesia.

Los educadores

3. Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, est?n gravemente obligados a la educaci?n de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y principales educadores. Este deber de la educaci?n familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, dif?cilmente puede suplirse. Es, pues, obligaci?n de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educaci?n ?ntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan. Sobre todo, en la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros a?os a conocer la fe recibida en el bautismo. En ella sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la Iglesia. Por medio de la familia, por fin, se introducen f?cilmente en la sociedad civil y en el Pueblo de Dios. Consideren, pues, atentamente los padres la importancia que tiene la familia verdaderamente cristiana para la vida y el progreso del Pueblo de Dios.

El deber de la educaci?n, que compete en primer lugar a la familia, requiere la colaboraci?n de toda la sociedad. Adem?s, pues, de los derechos de los padres y de aquellos a quienes ellos les conf?an parte en la educaci?n, ciertas obligaciones y derechos corresponden tambi?n a la sociedad civil, en cuanto a ella pertenece disponer todo lo que se requiere para el bien com?n temporal. Obligaci?n suya es proveer de varias formas a la educaci?n de la juventud: tutelar los derechos y obligaciones de los padre y de todos los dem?s que intervienen en la educaci?n y colaborar con ellos; conforme al principio del deber subsidiario cuando falta la iniciativa de los padres y de otras sociedades, atendiendo los deseos de ?stos y, adem?s, creando escuelas e institutos propios, seg?n lo exija el bien com?n.

Por fin, y por una raz?n particular, el deber de la educaci?n corresponde a la Iglesia no s?lo porque debe ser reconocida como sociedad humana capaz de educar, sino, sobre todo, porque tiene el deber de anunciar a todos los hombres el camino de la salvaci?n, de comunicar a los creyentes la vida de Cristo y de ayudarles con atenci?n constante para que puedan lograr la plenitud de esta vida. La Iglesia, como Madre, est? obligada a dar a sus hijos una educaci?n que llene su vida del esp?ritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfecci?n cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar m?s humanamente la edificaci?n del mundo.

Varios medios para la educaci?n cristiana

4. En el cumplimiento de la funci?n de educar, la Iglesia se preocupa de todos los medios aptos, sobre todo de los que le son propios, el primero de los cuales es la instrucci?n catequ?tica, que ilumina y robustece la fe, anima la vida con el esp?ritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participaci?n del misterio lit?rgico y alienta a una acci?n apost?lica. La Iglesia aprecia mucho y busca penetrar de su esp?ritu y dignificar tambi?n los dem?s medios, que pertenecen al com?n patrimonio de la humanidad y contribuyen grandemente al cultivar las almas y formar los hombres, como son los medios de comunicaci?n social, los m?ltiples grupos culturales y deportivos, las asociaciones de j?venes y, sobre todo, las escuelas.

Importancia de la escuela

5. Entre todos los medios de educaci?n, el de mayor importancia es la escuela, que, en virtud de su misi?n, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por lasgeneraciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa ?ndole y condici?n, contribuyendo a la mutua comprensi?n; adem?s, constituye como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar a un tiempo las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, c?vica y religiosa, la sociedad civil y toda la comunidad humana.

Hermosa es, por tanto, y de suma importancia la vocaci?n de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempe?an la funci?n de educar en las escuelas. Esta vocaci?n requiere dotes especiales de alma y de coraz?n, una preparaci?n diligent?sima y una facilidad constante para renovarse y adaptarse.

Obligaciones y derechos de los padres

6. Es preciso que los padres, cuya primera e intransferible obligaci?n y derecho es el de educar a los hijos, tengan absoluta libertad en la elecci?n de las escuelas. El poder p?blico, a quien pertenece proteger y defender la libertad de los ciudadanos, atendiendo a la justicia distributiva, debe procurar distribuir las ayudas p?blicas de forme que los padres puedan escoger con libertad absoluta, seg?n su propia conciencia, las escuelas para sus hijos.

Por los dem?s, el Estado debe procurar que a todos los ciudadanos sea accesible la conveniente participaci?n en la cultura y que se preparen debidamente para el cumplimiento de sus obligaciones y derechos civiles. Por consiguiente, el mismo Estado debe proteger el derecho de los ni?os a una educaci?n escolar conveniente, vigilar la capacidad de los maestros y la eficacia de los estudios, mirar por la salud de los alumnos y promover, en general, toda la obra escolar, teniendo en cuenta el principio de que su funci?n es subsidiario y excluyendo, por tanto, cualquier monopolio de las escuelas, que se opone a os derechos nativos de la persona humana, al progreso y a la divulgaci?n de la misma cultura, a la convivencia pac?fica de los ciudadanos y al pluralismo que hoy predomina en muchas sociedades.

El Sagrado Concilio exhorta a los cristianos que ayuden de buen grado a encontrar los m?todos aptos de educaci?n y de ordenaci?n de los estudios y a formar a los maestros que puedan educar convenientemente a los j?venes y que atiendan con sus ayudas, sobre todo por medio de asociaciones de los padres de familia, toda la labor de la escuela m?xime la educaci?n moral que en ella debe darse.

La educaci?n moral y religiosa en todas las escuelas

7. Consciente, adem?s, la Iglesia del grav?simo deber de procurar cuidadosamente la educaci?n moral y religiosa de todos sus hijos, es necesario que atienda con afecto particular y con su ayuda a los much?simos que se educan en escuelas no cat?licas, ya por medio del testimonio de la vida de los maestros y formadores, ya por la acci?n apost?lica de los condisc?pulos, ya, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y de los seglares, que les ense?an la doctrina de la salvaci?n, de una forma acomodada a la edad y a las circunstancias y les prestan ayuda espiritual con medios oportunos y seg?n la condici?n de las cosas y de los tiempos.

Recuerda a los padres la grave obligaci?n que les ata?e de disponer, a aun de exigir, todo lo necesario para que sus hijos puedan disfrutar de tales ayudas y progresen en la formaci?n cristiana a la par que en la profana. Adem?s, la Iglesia aplaude cordialmente a las autoridades y sociedades civiles que, teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y favoreciendo la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educaci?n conforme a los principios morales y religiosos de las familias.

Las escuelas cat?licas

8. La presencia de la Iglesia en la tarea de la ense?anza se manifiesta, sobre todo, por la escuela cat?lica. Ella busca, no es menor grado que las dem?s escuelas, los fines culturales y la formaci?n humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente comunitario escol?stico, animado por el esp?ritu evang?lico de libertad y de caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia persona crezcan a un tiempo seg?n la nueva criatura que han sido hechos por el bautismo, y ordenar ?ltimamente toda la cultura humana seg?n el mensaje de salvaci?n, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre. As?, pues, la escuela cat?lica, a la par que se abre como conviene a las condiciones del progreso actual, educa a sus alumnos para conseguir eficazmente el bien de la ciudad terrestre y los prepara para servir a la difusi?n del Reino de Dios, a fin de que con el ejercicio de una vida ejemplar y apost?lica sean como el fermento salvador de la comunidad humana.

Siendo, pues, la escuela cat?lica tan ?til para cumplir la misi?n del pueblo de Dios y para promover el di?logo entre la Iglesia y la sociedad humana en beneficio de ambas, conserva su importancia trascendental tambi?n en los momentos actuales. Por lo cual, este Sagrado Concilio proclama de nuevo el derecho de la Iglesia a establecer y dirigir libremente escuelas de cualquier orden y grado, declarado ya en much?simos documentos del Magisterio, recordando al propio tiempo que el ejercicio de este derecho contribuye grandemente a la libertad de conciencia, a la protecci?n de los derechos de los padres y al progreso de la misma cultura.

Recuerden los maestros que de ellos depende, sobre todo, el que la escuela cat?lica pueda llevar a efecto sus prop?sitos y sus principios. Esfu?rcense con exquisita diligencia en conseguir la ciencia profana y religiosa avalada por los t?tulos convenientes y procuren prepararse debidamente en el arte de educar conforme a los descubrimientos del tiempo que va evolucionando. Unidos entre s? y con los alumnos por la caridad, y llenos del esp?ritu apost?lico, den testimonio, tanto con su vida como con su doctrina, del ?nico Maestro Cristo.

Colaboren, sobre todo, con los padres; juntamente con ellos tengan en cuenta durante el ciclo educativo la diferencia de sexos y del fin propia fijado por Dios y cada sexo en la familia y en la sociedad; procuren estimular la actividad personal de los alumnos, y terminados los estudios, sigan atendi?ndolos con sus consejos, con su amistad e incluso con la instituci?n de asociaciones especiales, llenas de esp?ritu eclesial. El Sagrado Concilio declara que la funci?n de estos maestros es verdadero apostolado, muy conveniente y necesario tambi?n en nuestros tiempos, constituyendo a la vez un verdadero servicio prestado a la sociedad. Recuerda a los padres cristianos la obligaci?n de confiar sus hijos, seg?n las circunstancias de tiempo y lugar, a las escuelas cat?licas, de sostenerlas con todas sus fuerzas y de colaborar con ellas por el bien de sus propios hijos.

Diversas clases de escuelas cat?licas

9. Aunque la escuela cat?lica pueda adoptar diversas formas seg?n las circunstancias locales, todas las escuelas que dependen en alguna forma de la Iglesia han de conformarse al ejemplar de ?sta. La Iglesia aprecia tambi?n en mucho las escuelas cat?licas, a las que, sobre todo, en los territorios de las nuevas Iglesias asisten tambi?n alumnos no cat?licos.

Por lo dem?s, en la fundaci?n y ordenaci?n de las escuelas cat?licas, hay que atender a las necesidades de los progresos de nuestro tiempo. Por ello, mientras hay que favorecer las escuelas de ense?anza primaria y media, que constituyen el fundamento de la educaci?n, tambi?n hay que tener muy en cuenta las requeridas por las condiciones actuales, como las escuelas profesionales, las t?cnicas, los institutos para la formaci?n de adultos, para asistencia social, para subnormales y la escuela en que se preparan los maestros para la educaci?n religiosa y para otras formas de educaci?n.

El Santo Concilio exhorta encarecidamente a los pastores de la Iglesia y a todos los fieles a que ayuden, sin escatimar sacrificios, a las escuelas cat?licas en el mejor y progresivo cumplimiento de su cometido y, ante todo, en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia o que no participan del don de la fe.

Publicado por mario.web @ 2:16
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