S?bado, 14 de mayo de 2011
Carlos Castillo Peraza dec?a que una pol?tica sin cultura es una mera disputa casi zool?gica por el poder.
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El descr?dito de la pol?tica
El descr?dito de la pol?tica


Idear y construir, con paciencia, humildad y perseverancia instituciones, es tambi?n algo que debe poder esperase de la pol?tica.
Carlos Castillo Peraza




Carlos Castillo Peraza dec?a que una pol?tica sin cultura es una mera disputa casi zool?gica por el poder. Me pregunto hasta qu? punto nuestra pol?tica, o mejor dicho: la forma de hacer pol?tica de varios personajes, se ha convertido ya en una simple arena de reflectores y no en una valiosa plaza de reflexiones.

?Para qu? votar por unos o por otros?, si todos son iguales. Sin lugar a dudas esta es una pregunta ?natural? que cada d?a m?s ciudadanos mexicanos se hacen a s? mismos. Ese es el gran riesgo que est?n corriendo los profesionales de la pol?tica, el que para los electores no haya una opci?n distinta y distinguible, sino simples versiones ?cada una peor que la anterior- de un prototipo consolidado de hombre corrupto y mentiroso. Aterroriza percibir que el personaje de los cartones y vi?etas se est? convirtiendo, no en el pol?tico de las excepciones, sino en el pol?tico de las cotidianidades.

No es candoroso ni absurdo el cuestionamiento de cientos de mexicanos, los cuales, dicho sea de paso, cada d?a se sienten m?s alejados de la pol?tica, entendida ?sta como la actividad que realiza el ciudadano cuando interviene en los asuntos p?blicos.

Basta con analizar encuestas y sondeos serios1 para comprender que la mayor?a de los mexicanos no percibe como de su inter?s a la pol?tica, a los pol?ticos y a las instituciones pol?ticas. Para el grueso de la poblaci?n, la pol?tica como actividad aglutinadora de los intereses de la colectividad, no es algo importante a lo que hay que prestarle atenci?n. Por el contrario, le resulta demasiado alejada por lo que ?sta termina por convertirse en bot?n de una ?lite, definida las m?s de las veces por la ingenuidad o la perversi?n.

Tal vez sea por este camino, el del desprestigio, como se explique el cada vez mayor abstencionismo en las elecciones. Pongamos las cosas en perspectiva, hablemos de las dos ?ltimas elecciones intermedias: en 1997 se emitieron 30 millones 120 mil votos, es decir el 58 % del padr?n. En contraste, en el 2003 apenas 24.6 millones de mexicanos -el 41.8 %- acudieron al llamado de las urnas. Pero no s?lo eso: de quienes se tomaron el tiempo de depositar la boleta, casi un mill?n opt? por anular su voto, de tal manera que apenas el 38.1% le dio su apoyo expl?cito a alg?n partido.

Comparto la preocupaci?n de Lorenzo Meyer2 cuando afirma que, si los pol?ticos no modifican su visi?n y conducta y muestran su lado constructivo, corren el riesgo de ahondar a?n m?s la distancia que les separa de una sociedad que no est? muy lejos de hacer suyo el lema de los argentinos: "que se vayan todos", un lema imposible de llevarse a cabo, pero que puede desembocar en ingobernabilidad y retrocesos, un lujo que ya no podemos darnos.

Es preocupante de sobremanera el hecho de que el pa?s est? en un grave riesgo de tener otra d?cada perdida, en gran parte por las acciones u omisiones de los detentadores formales del ejercicio profesional de la pol?tica. Es de dejar boquiabierto la rapidez con la que en pol?tica pasamos del esc?ndalo sexenal al semanal, cuando no al diario. Es alarmante darnos cuenta que estamos dejando pasar de largo aquellas
1 Verbigracia: Encuesta Nacional sobre Cultura Pol?tica y Pr?cticas Ciudadanas 2001 y LATINOBAR?METRO 2003. 2 Diario Reforma, 10 de julio de 2003.

Autor: Luis Enrique Pereda Trejo oportunidades estrat?gicas, indispensables para el desarrollo de nuestro pa?s, y nos hemos detenido en el proceso de atrofia en el cual el homo sapiens es suplantado por el homo videns3.

Los baturrillos pol?ticos, adem?s de desprestigiar a sus protagonistas, s?lo han servido para hacerle el caldo gordo a muchos de los mal llamados medios de comunicaci?n, los cuales por lo general no act?an m?s que como oportunistas que hacen le?a del pol?tico ca?do, pero eso s?, cuidando que a la ropa sucia de casa no le d? la luz del sol y volteando la mirada hacia otra parte cuando alguno de sus colegas ha sido v?ctima de alguna chapucer?a de otro colega4. El propio Sartori reconoce que la televisi?n puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual que cualquier otro instrumento de informaci?n. La diferencia es que la ?fuerza de la veracidad? inherente a la imagen hace la mentira m?s eficaz y, por tanto, m?s peligrosa. La v?deo-dependencia, contin?a Sartori, tiene numerosos aspectos; pero el m?s importante es este: que los pol?ticos cada vez tienen menos relaci?n con acontecimientos genuinos y cada vez se relacionan m?s con ?acontecimientos medi?ticos?, es decir, acontecimientos seleccionados por la v?deo-visibilidad y que despu?s son agrandados o distorsionados por la c?mara.

La pol?tica mexicana necesariamente debe de tener un fin m?s noble que la b?squeda del aniquilamiento de los unos por los otros. Concuerdo con Luis F. Aguilar cuando afirma que la pol?tica no es equivalente sin m?s a los usos y costumbres de los poderosos y valientes, sino implica los imperativos de crear una sociedad de justicia legal y justicia social5.

Necesariamente debe de ser falsa la difundida idea de que la pol?tica es una actividad de gesta, para gente curtida, con los pantalones bien puestos y lista para enfrentar al m?s rudo o al m?s taimado, y en la que muy poco tienen que ver las personas de buenas intenciones y compromisos leg?timos.

Felipe Calder?n Hinojosa tiene raz?n al afirmar que un estado de ruptura y confrontaci?n permanente puede paralizar la vida p?blica y llevarnos a un escenario nacional de frustraci?n que no conviene a nadie6. Sin lugar a dudas en todos los partidos pol?ticos militan personas de gran entereza y capacidades, pese a esto el com?n denomidandor de los que viven de la pol?tica es el de deshonestos. A este ritmo la clase pol?tica mexicana est? en riesgo de perder la ?clase?, dejar de practicar la pol?tica y contentarse con arregl?rselas ?a la mexicana?.

Desde la perspectiva de un importante sector de la poblaci?n la consigna de los pol?ticos mexicanos es: no meter a la ?tica en la pol?tica, por que esto no es redituable. Sin lugar a dudas en ocasiones le exigimos mucho a la pol?tica, queremos que sea todo lo que no somos; queremos que nos d? todo lo que nosotros no estamos dispuestos a trabajar, en suma: queremos que funcione como si estuviera conformada por ?ngeles y no por personas. Pero tambi?n es verdad que los pol?ticos con frecuencia distraen su atenci?n y enfocan sus esfuerzos en sus propios proyectos pol?ticos, sin importarles el costos que ?stos representen para la sociedad y por ende al pa?s. Carlos Castillo Peraza ten?a raz?n cuando exhortaba a que la pol?tica no sea el espacio desde el que se define lo que es el hombre, sino el lugar en el que todos los hombres reales puedan discutir acerca de su ser, sin matar ni matarse; en el que de

3 Giovanni Sartori ( ?Homo videns la sociedad teledirigida?, Ed. Taurus, M?xico, septiembre de 2000) nos dice que en este ?ltimo, el lenguaje conceptual (abstracto) es sustituido por el lenguaje perceptivo (concreto) que es infinitamente m?s pobre: m?s pobre no s?lo en cuanto a palabras, sino sobre todo en cuanto a la riqueza de significado, es decir, de capacidad connotativa. 4 A este respecto baste analizar las relaciones Canal 40 ? Televisi?n Azteca; Grupo Radio Centro - Jos? Guti?rrez Viv?; as? como Javier Solorzano - Carlos Ahumada y el diario El Independiente. 5 Diario Reforma, 22 de enero de 2003. 6 Diario Reforma, 3 de agosto de 2000.

Autor: Luis Enrique Pereda Trejo alg?n modo compitan sin violencia las diversas definiciones posibles del ser del hombre, de la sociedad, de la naci?n, del Estado, del gobierno, del poder7.

?C?mo esperar que el barco llamado M?xico arribe a buen puerto, si los encargados de darle rumbo est?n m?s ocupados y preocupados en ahorcarse entre ellos con las propias amarras? La democracia representativa no puede ser entendida sin los partidos pol?ticos, sin embargo nuestro sistema de partidos no termina de consolidarse y nuestro sistemas electoral y de gobierno contin?an generando incentivos perversos para la no colaboraci?n. ?Qu? nos queda por hacer? Evidentemente la soluci?n no se encuentra en irreflexivas e irresponsables propuestas, las cuales han llegado incluso al extremo de sugerir que los partidos pol?ticos no reciban ning?n dinero del erario p?blico: ?que se rasquen con sus propias u?as?.

Aceptar esto, equivale a darle la espalda a una de las m?s grandes e importantes reformas electorales del pa?s: la de 1996. En la cual se estableci?, como nos lo recuerda Jos? Woldenberg8, que el financiamiento p?blico ser?a preeminente en relaci?n al financiamiento privado. Logrando con esto consolidar tres objetivos: a) transparentar el flujo de recursos hacia los partidos, b) equilibrar las condiciones de la competencia y c) evitar la influencia desbordada de los grandes grupos econ?micos o peor a?n de la delincuencia.

Propongo que antes de aceptar que nuestra realpolitik ya no da para m?s; antes de resignarnos a que en la pol?tica mexicana ya no haya interlocutores, sino gladiadores inmersos en un circo medi?tico de descalificaciones mutuas, y antes de permitirnos el dolor evitable de la ingobernabilidad y los retrocesos sociales, encontremos la soluci?n en un ejercicio de civilidad, de responsabilidad, de compromiso con la naci?n, el cual implique una actitud de transparencia, di?logo, acuerdos, rendici?n de cuentas y seriedad.

Porque, como dec?a Castillo Peraza: si la pol?tica no est? sujeta a reglas pactadas y respetadas por todos, si la pol?tica no tiene una esencia de cosmos y es s?lo caos, de la pol?tica se podr?a esperar todo, que es lo mismo que no poder esperar nada.

7 Castillo Peraza, Carlos, ?Reflexiones en, desde, por y para la pol?tica?, revista Proceso No. 884, M?xico, 11 de octubre 1993. 8 Diario Reforma, 4 de marzo de 2004.


Publicado por mario.web @ 14:22
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