S?bado, 14 de mayo de 2011
La clonaci?n humana se mueve en el terreno de la Biotecnolog?a. Esto desata una vehemente discusi?n acerca de la legitimidad de las intervenciones sobre seres humanos. Conversaci?n con Robert Spaemann, uno de los m?s destacados defensores de la vida
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?Se puede matar a uno para salvar a otro?
?Se puede matar a uno para salvar a otro?
06 de agosto de 2009

A continuaci?n, transcribimos una conversaci?n con Robert Spaemann, uno de los m?s destacados defensores de la vida, conducida por Susanne Kummer, publicada en el peri?dico austr?aco "Die Furche" y traducida del alem?n por el profesor Jos? Mar?a Barrio Maestre

En la discusi?n sobre la clonaci?n terap?utica entra en juego la ponderaci?n de los respectivos bienes. ?Es defendible, desde el punto de vista ?tico, matar embriones a cuenta de la posible curaci?n de enfermedades?

Todas nuestras acciones est?n sujetas a la ponderaci?n de los bienes en juego. Pero ciertas omisiones son indispensables porque hay acciones que nunca deben ser realizadas. Si alguien me cuenta, por ejemplo, de un campo de concentraci?n en el que se tortura, entonces ya no tengo que preguntar qui?n es torturado y por qu? motivo, sino que puedo decir sin m?s que eso que ha sucedido es malo. Si afirmamos que los embriones son seres humanos, entonces est? claro que no puede haber motivo alguno para intervenir sobre ellos emple?ndolos como objetos auxiliares para otros hombres. Sin embargo, hay quien asevera que no puede atribuirse al embri?n la dignidad humana.

?Qu? autoriza a atribuir el car?cter espiritual al embri?n, y con ello considerarle acreedor de la dignidad humana?

La experiencia de que cada hombre ha empezado de esa manera. Si el mundo s?lo estuviera compuesto, por una parte, de hombres adultos que nunca fueron embriones y, por otra, de embriones que nunca crecer?n, entonces podr?amos afirmar: cabe prescindir de los embriones. Salta a la vista que carecen en s? mismos de la aptitud para desarrollar un ser inteligente. Pero esto sin duda no es as?. Desde nuestro comienzo biol?gico ya somos seres espirituales. Todo hombre dice: he nacido en tal o cual fecha. Y la madre habla al hijo de lo que le ocurr?a ?cuando t? pataleabas en mi vientre?. Para quienes s?lo reconocen el ser personal a partir del comienzo de la actividad autoconsciente, este modo de expresarse resultar?a completamente equ?voco. Ellos deber?an decir: ?en aquel momento naci? un organismo que m?s tarde llegar?a a ser el sustrato de una autoconciencia, a saber, de la m?a?. La propia formulaci?n nos muestra lo artificial que resulta la disecci?n de cuerpo y alma. Es como si primero hubiera una m?quina carente de esp?ritu en la que ?ste se introduce en un momento dado.

Vd. ha discutido duramente la tesis del ex-ministro alem?n de Cultura Nida-R?melin, para quien la dignidad de la persona humana est? asociada a su capacidad de autoestima?

Si as? fuera, tal como argumenta el Sr. Nida-R?melin, habr?a que concluir que el hombre, aunque haya nacido, todav?a no posee ning?n derecho humano, ya que en el momento de nacer carece de autoconciencia y no es capaz de autoestima alguna. Cabr?a incluso matar a ni?os de un a?o. Algunos han propuesto tomar como l?mite el momento del nacimiento. Mi objeci?n es la siguiente: ?qu? sucede entonces con un parto prematuro? ?No merece ser protegido en el seno materno un ni?o de siete meses? En ese caso, el lugar m?s peligroso para el ser humano ser?a el seno materno, y s?lo cabr?a desear que en lo posible todos vengamos al mundo mediante un parto prematuro. Esto es perverso.

Todav?a est? prohibido el diagn?stico preimplantatorio, pero se est? abogando por ?l. ?Existe alg?n derecho a tener un hijo sano?

Existe el justo deseo de tener un hijo sano, pero derecho propiamente no hay. Aqu? se emplea un lenguaje torticero. ?Derecho a un hijo sano? es una f?rmula sugestiva con la que se discurre como si existiera la posibilidad de convertir en sano a un ni?o enfermo. En principio esto suena fant?stico, pero en realidad la cuesti?n es completamente otra: ?est? permitido matar a un ni?o enfermo para tener uno sano? Naturalmente, este derecho no existe.

Muchos argumentan que la praxis del aborto elimina de facto la protecci?n al embri?n, de suerte que ya no es necesario apelar a ella. ?C?mo juzga Vd. esta l?nea argumental?

En una sentencia todav?a en vigor, el derecho constitucional alem?n ha establecido que la vida humana debe ser protegida desde el primer momento de la concepci?n. En todo caso, en lo que se refiere a lo que el Tribunal Constitucional desarrolla en torno a las disposiciones jur?dicas relativas al aborto, hoy ya no puede darse una seguridad completa. Hoerster ha se?alado, con raz?n, esta contradicci?n. Sin embargo, a mi juicio es inadmisible apelar a dicha contradicci?n para concluir que se debe renunciar a la primera premisa, es decir, la que se refiere a la protecci?n de la vida, puesto que las disposiciones legales m?s recientes no est?n en consonancia con ella. ?No ser? precisamente al rev?s? No es falso el principio de la protecci?n a la vida, sino justamente las regulaciones legales posteriores.

?Acaso no est? el m?dico en peligro de entrar en un dilema moral si se opone a determinadas terapias?

La cuesti?n de hoy es la siguiente: ?c?mo entienden los m?dicos su propio trabajo? ?Contin?an firmemente sujetos a la ?tica m?dica tradicional seg?n la cual deben ayudar a promover la vida, y no a destruirla? Hablar de dilema induce a error. No se trata de si el m?dico puede ser culpable o no. No hay ninguna culpabilidad necesaria. Si yo no presto una ayuda que no puedo prestar, entonces no soy culpable. Si yo s?lo puedo ayudar a un hombre matando a otro, desde luego no puedo ayudarle. No soy culpable si no lo hago. No soy alguien como Dios, que pueda responder de todo.

?Existen en su opini?n omisiones necesarias?

S?. En la historia de la ?tica europea, ya desde los griegos existe la convicci?n de que al hombre no le est? permitido hacer ciertas cosas; de que hay acciones que no admiten deliberaci?n. Esto siempre nos lleva a aquella sencilla f?rmula: el fin no justifica los medios. Nos hemos hecho a un concepto hipertrofiado de la responsabilidad, como si alguien pudiera ser responsable de todo lo que sucede. Esto no es cierto. S?lo somos responsables de lo malo que nosotros mismos hemos hecho, o de lo que nosotros hubi?ramos podido impedir con medios l?citos.

La llamada a la ?tica hoy es m?s sonora que nunca. Sin embargo, no pocos piensan que la ?tica va renqueando, o en todo caso que mira siempre hacia atr?s en vez de ir por delante?

Pienso que esa demanda de ?tica es incluso peligrosa. En realidad, se trata de una llamada a los especialistas en ?tica. ?stos deben decir hasta d?nde se puede llegar. A mi juicio se ha producido una cierta perversi?n de lo que entendemos por ?tica. El ethos es algo que impregna y sostiene al hombre, lo que mantiene una comunidad humana. El ethos no se puede construir. Me parecen sin sentido f?rmulas como, por ejemplo, la empleada por Hans K?ng: ?proyecto de ?tica mundial? (Projekt Weltethos). El ethos no puede ser un proyecto, puesto que se necesita para poder elaborar cualquier proyecto. El problema ante el que hoy nos enfrentamos estriba en que el ethos tradicional se compone de normas de actuaci?n que, a la vista de las nuevas situaciones, no parece que se puedan sostener. En tales casos hay que volver a las intuiciones fundamentales que sirven de base a nuestra actuaci?n. No necesitamos un nuevo ethos, sino nuevas normas de aplicaci?n de aquel que siempre nos ha servido para saber lo que era bueno o malo. No necesitamos m?dicos y expertos en moral; lo que hace falta es que haya m?dicos con moralidad.

?Est? Vd. entonces en contra de la bio?tica como rama especial de la ?tica?

La bio?tica no puede ser algo diferente que la aplicaci?n de las intuiciones ?ticas fundamentales a situaciones cada vez m?s complejas. En esto, desde luego, hace falta gente especialista. Pero es importante no equivocarnos aqu?: s?lo porque haya gente que se ocupa de bio?tica no quiere decir que puedan saberlo todo. Si parten de un supuesto falso, obtendr?n conclusiones igualmente falsas.

?Qu? recomendaciones dar?a Vd. al legislador?

Hay reglas muy sencillas. El legislador debe atenerse al principio fundamental de que no se debe matar seres humanos al comienzo de su existencia con el fin de que otros seres humanos puedan vivir mejor. El argumento de que al fin y al cabo esto ya pasa en el extranjero est? muy gastado. Del hecho de que realmente lo malo suceda no puede inferirse que nosotros tambi?n tengamos que hacerlo. La dignidad humana no constituye el mal como imposible sino como injusto. Por otra parte, el legislador deber?a impedir de manera estricta toda iniciativa de programar la identidad de las generaciones futuras.

Publicado por mario.web @ 14:27
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