S?bado, 14 de mayo de 2011
Pautas de educaci?n sexual en las que refieren un apartado a su tratamiento en los medios de comunicaci?n.
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Orientaciones Educativas sobre el Amor Humano
Orientaciones Educativas sobre el Amor Humano
SAGRADA CONGREGACI?N PARA LA EDUCACI?N CAT?LICA

ORIENTACIONES EDUCATIVAS
SOBRE EL AMOR HUMANO





INTRODUCCI?N



1. El desarrollo arm?nico de la personalidad humana revela progresivamente en el hombre la imagen de hijo de Dios. ?La verdadera educaci?n se propone la formaci?n de la persona humana en orden a su fin ?ltimo?.(1) Tratando de la educaci?n cristiana, el Concilio Vaticano II ha se?alado la necesidad de ofrecer ?una positiva y prudente educaci?n sexual? a los ni?os y a los j?venes.(2)

La Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, dentro del ?mbito de su competencia, considera un deber contribuir a la aplicaci?n de la Declaraci?n Conciliar, as? como lo vienen haciendo las Conferencias Episcopales en sus demarcaciones respectivas.

2. Este documento, elaborado con la ayuda de expertos en problemas educativos y sometido a una vasta consulta, se propone un objetivo concreto: examinar el aspecto pedag?gico de la educaci?n indicando orientaciones oportunas para la formaci?n integral del cristiano, seg?n la vocaci?n de cada uno.

Aunque no se descienda en cada ocasi?n a la cita expl?cita, se presuponen siempre los principios doctrinales y las normas morales correspondientes, seg?n el Magisterio.

3. La Congregaci?n es muy consciente de las diferencias culturales y sociales existentes en los diversos pa?ses. Por tanto, estas orientaciones deber?n ser adaptadas por los respectivos episcopados a las necesidades propias de cada Iglesia local.

Significado de la sexualidad

4. La sexualidad es un elemento b?sico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo: ?A la verdad en el sexo radican las notas caracter?sticas que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biol?gico, psicol?gico y espiritual, teniendo as? mucha parte en su evoluci?n individual y en su inserci?n en la sociedad?.(3)

5. La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no s?lo en el plano f?sico, sino tambi?n en el psicol?gico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones. Esta diversidad, aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al dise?o de Dios en la vocaci?n enderezada a cada uno.

La genitalidad, orientada a la procreaci?n, es la expresi?n m?xima, en el plano f?sico, de la comuni?n de amor de los c?nyuges. Arrancada de este contexto de don rec?proco ?realidad que el cristiano vive sostenido y enriquecido de una manera muy especial, por la gracia de Dios? la genitalidad pierde su significado, cede al ego?smo individual y pasa a ser un desorden moral.(4)

6. La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana. En el cuadro del desarrollo biol?gico y ps?quico, crece arm?nicamente y s?lo se realiza en sentido pleno con la conquista de la madurez afectiva que se manifiesta en el amor desinteresado y en la total donaci?n de s?.

Situaci?n actual

7. Se pueden observar actualmente, aun entre cristianos, notables divergencias respecto a la educaci?n sexual. En el clima presente de desorientaci?n moral amaga el peligro tanto del conformismo que acarrea no leves da?os, como del prejuicio que falsea la ?ntima naturaleza del ser humano salida ?ntegra de las manos del Creador.

8. Reactivo necesario frente a tal situaci?n, es para muchos una oportuna educaci?n sexual. Conviene observar que si bien la necesidad es una convicci?n ampliamente difundida en teor?a, en la pr?ctica persisten incertidumbres y divergencias notables sea respecto a las personas e instituciones que deber?an asumir la responsabilidad educativa, sea en relaci?n al contenido y metodolog?a.

9. Los educadores y los padres reconocen con frecuencia no estar suficientemente preparados para llevar a cabo una adecuada educaci?n sexual. La escuela no siempre est? capacitada para ofrecer una visi?n integral del tema; la cual quedar?a incompleta con la sola informaci?n cient?fica.

10. Particulares dificultades se encuentran en pa?ses donde la urgencia del problema no se advierte o se piensa, tal vez, que pueda resolverse por s? mismo, al margen de una educaci?n espec?fica.

11. En general, es necesario reconocer que se trata de una empresa dif?cil por la complejidad de los diversos elementos (fisiol?gicos, psicol?gicos, pedag?gicos, socio-culturales, jur?dicos, morales y religiosos) que intervienen en la acci?n educativa.

12. Algunos organismos cat?licos, en diversas partes, ?con la aprobaci?n y el est?mulo del Episcopado local? han comenzado a desarrollar una positiva tarea de educaci?n sexual, dirigida no s?lo a ayudar a los ni?os y adolescentes en el camino hacia la madurez psicol?gica y espiritual, sino tambi?n, y sobre todo, a prevenirlos contra los peligros provenientes de la ignorancia y degradaci?n ambientales.

13. Es tambi?n laudable el esfuerzo de cuantos, con seriedad cient?fica, estudian el problema, a partir de las ciencias humanas integrando los resultados de tales investigaciones en un proyecto conforme a las exigencias de la dignidad humana, como aparece en el Evangelio.

Declaraciones del Magisterio

14. Las declaraciones del Magisterio sobre educaci?n sexual reflejan un progreso que responde a las justas exigencias de la historia en plena fidelidad a la tradici?n.(5)

El Concilio Vaticano II en la ?Declaraci?n sobre la Educaci?n cristiana? presenta la perspectiva correspondiente a la educaci?n sexual (6) tras afirmar el derecho de la juventud a recibir una educaci?n adecuada a las exigencias personales.

El Concilio concreta: ?Hay que ayudar, pues, a los ni?os y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicolog?a, de la pedagog?a y de la did?ctica, para desarrollar arm?nicamente sus condiciones f?sicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido m?s perfecto de la responsabilidad en el recto y laborioso desarrollo de la vida, y en la consecuci?n de la verdadera libertad, superando los obst?culos con grandeza y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educaci?n sexual?.(7)

15. La Constituci?n Pastoral ?Gaudium et spes?, a prop?sito de la dignidad del matrimonio y de la familia, presenta esta ?ltima como el lugar preferente para la formaci?n de los j?venes en la castidad.(8) Pero siendo ?sta un aspecto de la educaci?n integral, exige la cooperaci?n de los educadores con los padres en el cumplimiento de su misi?n.(9) Esta educaci?n, en definitiva, se debe ofrecer a los ni?os y j?venes en el ?mbito de la familia(10) y darla de manera gradual, mirando siempre a la formaci?n integral de la persona.

16. En la Exhortaci?n apost?lica sobre la misi?n de la familia cristiana en el mundo actual, Juan Pablo II reserva un puesto destacado a la educaci?n sexual como un valor de la persona. ?La educaci?n para el amor como don de s? mismo, dice el Santo Padre, constituye tambi?n la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educaci?n sexual clara y delicada. Ante una cultura que "banaliza" en gran parte la sexualidad humana, porque la interpreta y la vive de manera reductiva y empobrecida, relacion?ndola ?nicamente con el cuerpo y el placer ego?sta, el servicio educativo de los padres debe basarse sobre una cultura sexual que sea verdadera y plenamente personal. En efecto, la sexualidad es una riqueza de toda la persona ?cuerpo, sentimiento y esp?ritu? y manifiesta su significado intimo al llevar la persona hacia el don de s? misma en el amor?.(11)

17. El Papa, inmediatamente despu?s, hace a la escuela responsable de esta educaci?n al servicio y en sinton?a con los padres. ?La educaci?n sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su direcci?n sol?cita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educaci?n sexual, situ?ndose en el espfritu mismo que anima a los padres?.(12)

18. Para que el valor de la sexualidad alcance su plena realizaci?n, ?es del todo irrenunciable la educaci?n para la castidad, como virtud que desarrolla la aut?ntica madurez de la persona y la hace capaz de respetar y promover el "significado esponsal" del cuerpo?.(13) La castidad consiste en el dominio de s?, en la capacidad de orientar el instinto sexual al servicio del amor y de integrarlo en el desarrollo de la persona. Fruto de la gracia de Dios y de nuestra colaboraci?n, la castidad tiende a armonizar los diversos elementos que componen la persona y a superar la debilidad de la naturaleza humana, marcada por el pecado, para que cada uno pueda seguir la vocaci?n a la que Dios lo llame.

En el esfuerzo por conseguir una completa educaci?n para la castidad, ?los padres cristianos reservar?n una atenci?n y cuidado especial ?discerniendo los signos de la llamada de Dios? a la educaci?n para la virginidad, como forma suprema del don de uno mismo que constituye el sentido genuino de la sexualidad humana?.(14)

19. En la ense?anza de Juan Pablo II, la consideraci?n positiva de los valores que se deben descubrir y apreciar, antecede a la norma que no se debe violar. ?sta, sin embargo, interpreta y formula los valores a que el hombre debe tender. ?Por los v?nculos estrechos que hay entre la dimensi?n sexual de la persona y sus valores ?ticos, esta educaci?n debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garant?a necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable en la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de informaci?n sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no seria m?s que una introducci?n a la experiencia del placer y un estimulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los a?os de la inocencia?.(15)

20. Este documento, por tanto, partiendo de la visi?n cristiana del hombre y anclado en los principios enunciados recientemente por el Magisterio, desea ofrecer a los educadores algunas orientaciones fundamentales sobre la educaci?n sexual y las condiciones y modalidades a tener presentes en el plano operativo.

I.
ALGUNOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

21. Toda educaci?n se inspira en una determinada concepci?n del hombre. La educaci?n cristiana aspira a conseguir la realizaci?n del hombre a trav?s del desarrollo de todo su ser, esp?ritu encarnado, y de los dones de naturaleza y gracia de que ha sido enriquecido por Dios. Est? enraizada en la fe que ?todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci?n del hombre?.(16)

Concepci?n cristiana de la sexualidad.

22. La visi?n cristiana del hombre, reconoce al cuerpo una particular funci?n, puesto que contribuye a revelar el sentido de la vida y de la vocaci?n humana. La corporeidad es, en efecto, el modo espec?fico de existir y de obrar del espfritu humano. Este significado es ante todo de naturaleza antropol?gica: ?el cuerpo revela el hombre?,(17) ?expresa la persona?(18) y por eso es el primer mensaje de Dios al hombre mismo, casi una especie de ?sacramento primordial, entendido como signo que transmite eficazmente en el mundo visible, el misterio invisible escondido en Dios desde la eternidad?.(19)

23. Hay un segundo significado de naturaleza teologal: el cuerpo contribuye a revelar a Dios y su amor creador, en cuanto manifiesta la creaturalidad del hombre, su dependencia de un don fundamental que es don del amor. ?Esto es el cuerpo: testigo de la creaci?n como de un don fundamental, testigo, pues, del Amor como fuente de la que naci? este mismo donar?.(20)

24. El cuerpo, en cuanto sexuado, manifiesta la vocaci?n del hombre a la reciprocidad, esto es, al amor y al mutuo don de s?.(21) El cuerpo, en fin, llama al hombre y a la mujer a su constitutiva vocaci?n a la fecundidad, como uno de los significados fundamentales de su ser sexuado.(22)

25. La distinci?n sexual, que aparece como una determinaci?n del ser humano, supone diferencia, pero en igualdad de naturaleza y dignidad.(23)

La persona humana, por su ?ntima naturaleza, exige una relaci?n de alteridad que implica una reciprocidad de amor.(24) Los sexos son complementarios: iguales y distintos al mismo tiempo; no id?nticos, pero s? iguales en dignidad personal; son semejantes para entenderse, diferentes para completarse rec?procamente.

26. El hombre y la mujer constituyen dos modos de realizar, por parte de la criatura humana, una determinada participaci?n del Ser divino: han sido creados ?a imagen y semejanza de Dios? y llenan esa vocaci?n no s?lo como personas individuales, sino asociados en pareja, como comunidad de amor.(25) Orientados a la uni?n y a la fecundidad, el marido y la esposa participan del amor creador de Dios, viviendo a trav?s del otro la comuni?n con El.(26)

27. La presencia del pecado, que obscurece la inocencia original del hombre, dificulta la percepci?n de estos mensajes; su interpretaci?n se ha convertido as? en quehacer ?tico, objeto de una ardua tarea confiada al hombre: ?El hombre y la mujer despu?s del pecado original perder?n la inocencia originaria. El descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo dejar? de ser para ellos una simple realidad de la revelaci?n y de la gracia. Sin embargo, este significado permanecer? como una prenda dada al hombre por el ?ethos? del don, inscrito en lo profundo del coraz?n humano, como eco lejano de la inocencia originaria?.(27)

En presencia de esta capacidad del cuerpo de ser al mismo tiempo signo e instrumento de vocaci?n ?tica cabe descubrir una analog?a entre el cuerpo mismo y la economfa sacramental, que es el camino concreto a trav?s del cual alcanza el hombre la gracia y la salvaci?n.

28. Dada la inclinaci?n del hombre ?hist?rico? a reducir la sexualidad a la sola experiencia genital, se explican las reacciones tendentes a desvalorizar el sexo, como si por naturaleza fuese indigno del hombre. Las presentes orientaciones pretenden oponerse a tal desvalorizaci?n.

29. ?El misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado?(28) y la existencia humana adquiere su significado pleno en la vocaci?n a la vida divina. S?lo siguiendo a Cristo, responde el hombre a esta vocaci?n y se afirma plenamente tal creciendo hasta llegar a ser ?hombre perfecto, a la medida de la plenitud de Cristo?.(29)

30. A la luz del misterio de Cristo, la sexualidad aparece como una vocaci?n a realizar el amor que el Esp?ritu Santo infunde en el coraz?n de los redimidos. Jesucristo ha sublimado tal vocaci?n con el Sacramento del matrimonio.

31. Jes?s ha indicado, por otra parte, con el ejemplo y la palabra, la vocaci?n a la virginidad por el reino de los cielos.(30) La virginidad es vocaci?n al amor: hace que el coraz?n est? m?s libre para amar a Dios.(31) Exento de los deberes propios del amor conyugal, el coraz?n virgen puede sentirse, por tanto, m?s disponible para el amor gratuito hacia los hermanos.

En consecuencia, la virginidad por el reino de los cielos, expresa mejor la donaci?n de Cristo al Padre por los hermanos y prefigura con mayor exactitud la realidad de la vida eterna, que ser? esencialmente caridad.(32)

La virginidad implica, ciertamente, renuncia a la forma de amor t?pica del matrimonio, pero asume a nivel m?s profundo el dinamismo, inherente a la sexualidad, de apertura oblativa a los otros, potenciado y transfigurado por la presencia del Esp?ritu el cual ense?a a amar al Padre y a los hermanos como el Se?or Jes?s.

32. En s?ntesis, la sexualidad est? llamada a expresar valores diversos a los que corresponden exigencias morales espec?ficas; orientada hacia el di?logo interpersonal, contribuye a la maduraci?n integral del hombre abri?ndolo al don de s? en el amor; vinculada, por otra parte, en el orden de la creaci?n, a la fecundidad y a la transmisi?n de la vida, est? llamada a ser fiel tambi?n, a esta finalidad suya interna. Amor y fecundidad son, por tanto, significados y valores de la sexualidad que se incluyen y reclaman mutuamente y no pueden, en consecuencia, ser considerados ni alternativos ni opuestos.

33. La vida afectiva, propia de cada sexo, se manifiesta de modo caracter?stico en los diversos estados de vida: la uni?n de los c?nyuges, el celibato consagrado elegido por el Reino, la condici?n del cristiano que no ha llegado al momento de su compromiso matrimonial o porque es todav?a c?libe o porque ha elegido permanecer tal. En todos los casos esta vida afectiva debe ser acogida e integrada en la persona humana.

Naturaleza, finalidad y medios de la educaci?n sexual

34. Objetivo fundamental de esta educaci?n es un conocimiento adecuado de la naturaleza e importancia de la sexualidad y del desarrollo arm?nico e integral de la persona hacia su madurez psicol?gica con vistas a la plenitud de vida espiritual, a la que todos los creyentes est?n llamados.(33)

A este fin el educador cristiano recordar? los principios de fe y los diversos m?todos de intervenci?n, teniendo en cuenta la positiva valoraci?n que la pedagog?a actual hace de la sexualidad.

35. En perspectiva antropol?gica cristiana, la educaci?n afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integraci?n de los elementos biol?gicos, psico-afectivos, sociales y espirituales. Esta integraci?n resulta dif?cil porque tambi?n el creyente lleva las consecuencias del pecado original.

Una verdadera ?formaci?n?, no se limita a informar la inteligencia, sino que presta particular atenci?n a la educaci?n de la voluntad, de los sentimientos y de las emociones. En efecto, para tender a la madurez de la vida afectivosexual, es necesario el dominio de s?, el cual presupone virtudes como el pudor, la templanza, el respeto propio y ajeno y la apertura al pr?jimo.

Todo esto no es posible sino en virtud de la salvaci?n que viene de nuestro Se?or Jesucristo.

36. Aunque son diversas las modalidades que asume la sexualidad en cada persona, la educaci?n debe promover sobre todo aquella madurez que ?comporta no s?lo la aceptaci?n del valor sexual integrado en el conjunto de los valores, sino tambi?n la potencialidad "oblativa", es decir la capacidad de donaci?n, de amor altruista. Cuando esta capacidad se realiza en la medida adecuada, la persona se hace id?nea para establecer un contacto espont?neo, para dominarse emocionalmente y comprometerse con seriedad?.(34)

37. La pedagog?a contempor?nea de inspiraci?n cristiana ve en el educando, considerado en su totalidad compleja, el principal sujeto de la educaci?n. Debe ser ayudado, creando un clima de confianza, a desarrollar todas sus capacidades para el bien. Demasiado f?cilmente se olvida esto cuando se da excesivo peso a la simple informaci?n en detrimento de las otras dimensiones de la educaci?n sexual. En la educaci?n, en efecto, es de m?xima importancia el conocimiento de nuevas nociones, pero vivificado por la asimilaci?n de los valores correspondientes y de una viva toma de conciencia de las responsabilidades personales relacionadas con la edad adulta.

38. Debido a las repercusiones de la sexualidad en toda la persona humana, es necesario tener presentes multitud de aspectos: las condiciones de salud, las influencias del ambiente familiar y social, las impresiones recibidas y las reacciones del sujeto, la educaci?n de la voluntad y el grado de desarrollo de la vida espiritual sostenida por el auxilio de la gracia.

39. Todo lo que se ha dicho hasta aqu? sirve a los educadores como ayuda y gu?a en la formaci?n de la personalidad de los j?venes. Los educadores deben estimularlos a una reflexi?n cr?tica sobre las impresiones recibidas y, al mismo tiempo que les proponen valores, deben darles testimonio de una vida espiritual aut?ntica tanto personal como comunitaria.

40. Vistos los estrechos lazos existentes entre moral y sexualidad, es necesario que el conocimiento de las normas morales est? acompa?ado de claras motivaciones a fin de conseguir una sincera adhesi?n personal.

41. La pedagog?a contempor?nea tiene plena conciencia de que la vida humana est? sometida a una evoluci?n constante y que la formaci?n personal es un proceso permanente. Esto es tambi?n verdadero respecto a la sexualidad que se manifiesta con caracter?sticas particulares en las diversas fases de la vida. Lo cual conlleva, evidentemente, riquezas y dificultades no leves en cada etapa de su maduraci?n.

42. Los educadores tienen presente las etapas fundamentales de tal evoluci?n: el instinto primitivo, que al principio presenta car?cter rudimentario, pasa luego a un clima de ambivalencia entre el bien y el mal; despu?s con ayuda de la educaci?n los sentimientos se estabilizan a la vez que aumenta el sentido de responsabilidad. Gradualmente el ego?smo se elimina, se establece un cierto ascetismo, el otro es aceptado y amado por s? mismo; se integran los elementos de la sexualidad: genitalidad, erotismo, amor y caridad. Aunque no se obtiene siempre el resultado completo, son m?s numerosos de lo que se piensa, los que se aproximan a la meta a que aspiran.

43. Los educadores cristianos est?n persuadidos de que la educaci?n sexual s?lo se realiza plenamente en el ?mbito de la fe. Incorporado por el bautismo a Cristo resucitado, el cristiano sabe que tambi?n su cuerpo ha sido vivificado y purificado por el Esp?ritu que Jes?s le comunica.(35)

La fe en el misterio de Cristo resucitado, que por su Esp?ritu act?a y prolonga en los fieles el misterio de la pascua, descubre al creyente la vocaci?n a la resurrecci?n de la carne, ya incoada gracias al Esp?ritu que habita en el justo como prenda y germen de la resurrecci?n total y definitiva.

44. El desorden provocado por el pecado, presente y operante en el individuo como tambi?n en la cultura que caracteriza la sociedad, ejerce una presi?n fuerte a concebir y vivir la sexualidad en oposici?n a la ley de Cristo, al comp?s de lo que San Pablo denominara la ley del pecado.(36) A veces, las estructuras econ?micas, las leyes estatales, los mass-media, los sistemas de vida de las grandes metr?polis son factores que inciden negativamente sobre el hombre. De todo ello la educaci?n cristiana toma nota e indica orientaciones oportunas para oponerse responsablemente a tales incentivos.

45. Este esfuerzo constante es sostenido y aun hecho posible por la gracia divina mediante la Palabra de Dios recibida con fe, la oraci?n filial y la participaci?n en los sacramentos. Figura en primer t?rmino la Eucarist?a, comuni?n con Cristo en el acto mismo de su sacrificio, donde, efectivamente, el creyente encuentra el Pan de vida como ?vi?tico? para afrontar y superar los obst?culos de su terreno peregrinar. El sacramento de la Reconciliaci?n, a trav?s de la gracia que le es propia y con la ayuda de la direcci?n espiritual, no solamente refuerza la capacidad de resistencia al mal, sino que confiere energ?a para levantarse despu?s de una ca?da.

Estos sacramentos son ofrecidos y celebrados en la comunidad eclesial. Quien se inscribe vitalmente en el seno de tal comunidad, halla en los sacramentos la fuerza para llevar, en su estado, una vida casta.

46. La oraci?n personal y comunitaria es el medio insustituible para obtener de Dios fidelidad a las promesas del bautismo, resistencia a los impulsos de la naturaleza humana herida por el pecado y equilibrio de las emociones que surgen por influencias negativas del medio ambiente.

El esp?ritu de oraci?n ayuda a vivir coherentemente la pr?ctica de los valores evang?licos cuales son la lealtad y sinceridad de coraz?n y la pobreza y humildad, en el esfuerzo diario de trabajo y de inter?s por el pr?jimo. La vida interior lleva a la alegr?a cristiana, siempre victoriosa, m?s all? de todo moralismo y ayuda psicol?gica, en la lucha contra el mal.

Del contacto ?ntimo y frecuente con el Se?or todos, y los j?venes en particular, recaban fuerza y entusiasmo para vivir con pureza y realizar su vocaci?n humana y cristiana con un sereno dominio de s? y con una donaci?n generosa a los dem?s.

A nadie debe escap?rsele la importancia de estas afirmaciones, pues hay muchas personas que, impl?cita o expl?citamente, tienen una actitud pesimista respecto a la capacidad de la naturaleza humana para asumir un compromiso definitivo para toda la vida, especialmente en el matrimonio. La educaci?n cristiana debe reforzar la confianza de los j?venes de manera que su comprensi?n y preparaci?n para un compromiso de este g?nero est? acompa?ada de la certeza de que Dios les ayuda con su Gracia para que puedan llevar a cabo sus designios sobre ellos.

47. La imitaci?n y uni?n con Cristo, vividos y transmitidos por los santos, son las motivaciones m?s profundas de nuestra esperanza de realizar el alto ideal de vida casta inalcanzable con las solas fuerzas humanas.

La Virgen Mar?a es ejemplo eminente de vida cristiana. La Iglesia, por secular experiencia, certifica que los fieles, especialmente los j?venes, que le son devotos, han sabido realizar este sublime ideal.

Publicado por mario.web @ 14:31
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