S?bado, 14 de mayo de 2011
Fragmentos de documentos de la Doctrina Social de la Iglesia que se refieren al hacer obras que deriven en el bien com?n
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Clave conceptual: Obras
Clave conceptual: Obras
El AT propone muchos textos en los que se enumeran las obras buenas que Dios pide a los hombres. Muchas de las obras de justicia est?n contenidas en los c?dices de santidad de la Torah (cf. Ex 19-23; Lv 17ss e Dt 12ss).

Un buen resumen se encuentra en el espl?ndido "Testamento de Tobit" (cf. Tb 4,5-19): se exhorta a recordarse del Se?or, a practicar la limosna, a custodiar la castidad, a amar a los hermanos en la humildad, a dar justa y tempestiva retribuci?n, a vivir en la sobriedad y en la generosidad hacia los hambrientos y los desnudos, en la piedad hacia los difuntos, en la constante b?squeda del crecimiento en la sabidur?a, en la continua bendici?n e invocaci?n del Se?or. Es en el coraz?n de este admirable texto en donde aparece la regla de oro: "No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan" (Tb 4,15).

La Doctrina eclesial, inspir?ndose casi a la letra en esta ense?anza, elaborar? la doctrina de las siete obras de misericordia, espiritual y corporal. Son obras de misericordia espiritual: instruir a los ignorantes, aconsejar a los dudosos, consolar a los afligidos, confortar a los desolados, perdonar a los enemigos, sufrir con paciencia a los molestos. Son obras de misericordia corporal: dar de comer a los hambrientos, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos, dar limosna a los pobres (cf. CIC 2447).

El NT ofrece una doble ense?anza respecto a las "obras". Por una parte ?stas son deseadas por Dios y de ?l recibir?n la recompensa en cuanto merecedoras; por otra, las obras de la ley no son una garant?a de la salvaci?n, que depende ?nicamente de la gracia divina revelada en Jesucristo y acogida mediante la → fe. Expondremos estos dos baluartes doctrinales intentando despu?s una s?ntesis que busque su unidad.

1. Las obras buenas (kala erga) son merecedoras y deseadas por Dios.

Jes?s ense?a a sus disc?pulos a cumplir las obras buenas para que los hombres puedan reconocer en ellas la gloria de Dios Padre (cf. Mt 5,16). Por esto, deben realizarse en la m?s pura → gratuidad, sin buscar la gloria de los hombres (Mt 6,1), sino s?lo para agradar al Padre que ve en el secreto y recompensar? en al m?s all?. Con respecto a esto, no se excluye por parte de Jes?s la perspectiva de la "recompensa" (misth?s). As? la tradici?n interpretar? la invitaci?n evang?lica a amontonarse tesoros en el cielo con las limosnas (cf. Mt 6,19-20) y a "enriquecerse en orden a Dios" (Lc 12,21), como una exhortaci?n a practicar obras buenas de generosidad en vista del premio celeste (1Tm 6,18). Jes?s mismo con su vida ha cumplido una serie de Obras buenas (Jn 10,32). ?l elogia como "obra buena" la unci?n recibida en la casa de Betania (Mc 14,6) y advierte que el juicio considerar? las obras de misericordia (cf. Mt 25,32ss). La comunidad primitiva considera las obras buenas - casi identificadas con la limosna - como signo de recta conciencia y de orientaci?n a la salvaci?n (cf. la disc?pula Tabita, Hch 9,36; y el centuri?n Cornelio, Hch 10,1.4). El mismo epistolario Paulino recomienda perseguir "la paz y la mutua edificaci?n" (Rm 14,19). "Fij?monos los unos en los otros para est?mulo de la caridad y las buenas obras" (Hb 10,24). Recuerda tambi?n que "la fe act?a por la caridad" (Ga 5,6). La pr?ctica de las obras buenas atestigua la fiabilidad de una persona (1Tm 5,10) y es estimulada por la ense?anza de la sagrada Escritura (2 Tm 3,16). El NT ense?a que el Se?or juzgar? a cada uno seg?n sus obras (cf. p.e. Rm 2,6; 1 Co 3,13; Ap 2,2.19) y prospecta la recompensa eterna como un "descanso" por las obras cumplidas (cf. Ap 14,3; Hb 4,10).

2. Las obras son incapaces de dar la salvaci?n.

Se conoce la contraposici?n puesta por San Pablo entre Fe y Obras. Innumerables textos enuncian con fuerza la desproporci?n entre la → gratuidad del don de Dios en Jesucristo y la capacidad de las obras humanas, entendidas como esfuerzo de cumplimiento de la justicia de la ley. Rm y Ga poseen este leit-motiv: "Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley" (Rm 3,28). "Quiero saber de vosotros una cosa sola: ?recibisteis el Esp?ritu por las obras de la ley o por la fe en la predicaci?n?" (Ga 3,2). "?l nos salv?, no por las obras de justicia que hubi?semos hecho nosotros, sino seg?n su misericordia, por medio del ba?o de regeneraci?n y de renovaci?n del Esp?ritu Santo" (Tt 3,5). Para Pablo la ley ense?a y prescribe las obras buenas queridas por Dios, pero sin dar la capacidad al coraz?n humano, herido por el pecado, de cumplirlas. Por tanto ella "condena" al hombre a la consciencia del propio ego?smo y cumple as? de pedagoga: desvela la verdad del bien moral objetivo y del mal subjetivo intr?nseco del coraz?n humano (cf. Rm 7; Ga 3,19ss). S?lo la gracia del Esp?ritu concedida mediante la fe en Cristo muerto y resucitado permitir? cumplir las obras de la fe.

3. Las obras son fruto y signo de la gracia.

Una vez aceptada la doctrina paulina de la prioridad de la gracia para la → justificaci?n, es necesario sostener que la Fe y la Gracia dan cumplimiento a las Obras y a la Ley, sin abolirlas y sin oponerse a ellas (DS 1559). De manera que las obras buenas sean como el fruto de un coraz?n renovado e inhabitado por la gracia filial del Esp?ritu de Cristo. La conversi?n transforma al coraz?n humano y lo convierte en capaz de dar aquellos frutos de bondad que Dios espera (cf. Lc 6,44-45) y que brotan del Esp?ritu (cf. Ga 5,22).

Probablemente el compendio m?s repleto de la "sinergia" entre gracia y obras se encuentra en estos versos: "Pues hab?is sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras (ouk ex erg?n), para que nadie se glor?e. En efecto, hechura (poi?ma) suya somos: creados en Cristo Jes?s en orden a las buenas obras (epi ergois agathois) que de antemano dispuso Dios que practic?ramos" (Ef 2,8-10).

Aqu? brilla contempor?neamente la total gratuidad de la → salvaci?n como don de gracia y la imprescindible fidelidad debida a esta gracia mediante una vida fecunda en obras buenas. En esta perspectiva se pueden conciliar Pablo y Santiago. St exhortaba: "?De qu? sirve, hermanos m?os, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ...As? tambi?n la fe, si no tiene obras, est? realmente muerta" (St 2,14.17). Los ejemplos de Abraham y de Raab demuestran que ya en el AT la fe en el Se?or implicaba en modo intr?nseco la obediencia pr?ctica de las obras: "la fe cooperaba (synergei) con las obras" (St 2,22). Las obras demuestran externamente la verdad interior de la fe: "yo te probar? por las obras mi fe" (St 2,18). As? que "el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente" (St 2,24). Con la terminolog?a agustiniana podemos decir que la "primera justificaci?n/primera resurrecci?n" (citada en Rm 3,28: el paso de la muerte del pecado a la vida filial) depende exclusivamente de la confiada fe en la iniciativa divina (gratia praeveniens), mientras la "segunda justificaci?n/resurrecci?n" (citada en St 2,18: que concierne la salvaci?n y la retribuci?n escatol?gica) se atribuye a la fe que act?a mediante la caridad (gratia cooperans).

Publicado por mario.web @ 15:23
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