S?bado, 14 de mayo de 2011
Georges Sorel est? hoy interesadamente olvidado. La significaci?n de su pensamiento tiene que desagradar profundamente a los autores y seguidores del pensamiento ?nico.
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La reacci?n de Sorel
La reacci?n de Sorel


La trayectoria de un pensador original y honrado aunque heterog?neo y heterodoxo.


Georges Sorel est? hoy interesadamente olvidado. La significaci?n de su pensamiento tiene que desagradar profundamente a los autores y seguidores del pensamiento ?nico.


Su marxismo heterodoxo, o, por mejor decir, su disidencia del marxismo, no constituye la virtud que pudiera hacerle admirable a los ojos de los progresistas militantes. Estos est?n m?s dispuestos a perdonar los genocidios de Stalin o Mao Tse-Tung que las "Reflexiones sobre la violencia" de un pensador cuya idea real de la violencia no iba m?s all? de la huelga general y que condenaba el atentado pol?tico. Y que era un independiente y un cr?tico, pecado imperdonable.

Nacido en Cherburgo en 1847, su adhesi?n al marxismo data de 1894. Admir? siempre a Marx y su concepto de la lucha de clases. Siempre odi? a la burgues?a y esto le un?a al pensador alem?n. Pero...

Ya en 1896 escrib?a sobre Vico con admiraci?n. En 1898, influ?do por Benedetto Croce y Eduard Bernstein comienza a criticar el marxismo. Era natural, puesto que su esp?ritu no se adecuaba realmente con esta filosof?a. Hay que tener en cuenta que en estas fechas era disc?pulo de Henri Bergson.

Lo que comienza a incomodarle profundamente en el marxismo es, precisamente, una de sus caracter?sticas fundamentales: su materialismo. Es algo que choca con su naturaleza. Se ha dicho que las ideas de Sorel resultan incoherentes y contradictorias en gran medida debido a sus bandazos ideol?gicos. Pero esta objeci?n resulta poco significativa si consideramos que lo que predomina en Sorel es, ante todo, actitud, car?cter y pasi?n. Entonces, se descubre un hilo central que conecta cuanto Sorel escribi? y dijo: si no una doctrina, se halla la expresi?n de un temperamento singular, de una concepci?n permanente de la vida. A esta direcci?n permanente del esp?ritu, producto de un sentimiento ?ntimo insobornable, se le podr?a llamar "esp?ritu de elevaci?n".

No pod?a estar c?modo con el marxismo ortodoxo, con el aspecto determinista de este sistema, marcado por leyes fatales de car?cter econ?mico, puramente material. Su concepto del hombre era radicalmente distinto del constitu?do por un reba?o al que ?nicamente motivaban necesidades f?sicas. No estaba de ninguna manera convencido de que los "revolucionarios del est?mago", como con desprecio designaba a los que as? pensaban, pudiesen triunfar alg?n d?a.

Lo cierto es que a finales del XIX el marxismo hab?a entrado en crisis. Los primeros disparos de la gran batalla contra el marxismo se producen en el momento de la publicaci?n del tercer volumen de "El capital". La obra alcanza un gran ?xito tanto en Europa como en Estados Unidos. B?hm-Bawerk, ministro de Hacienda en tres ocasiones, profesor de econom?a en la Universidad de Viena, y uno de los economistas m?s respetados de su ?poca, dirige su cr?tica a las teor?as marxistas del valor y el plusvalor, y esta puede considerarse la respuesta que los economistas oficiales dan a Marx.

Universalmente aceptado en el campo antimarxista, el planteamiento del economista austr?aco tambi?n inspira la cr?tica del marxismo emprendida dentro del campo socialista. Dos importantes autores, Vilfredo Pareto y Benedetto Croce, emprenden la misma v?a.

La ruptura comienza con la cr?tica de la econom?a marxista, y es en este terreno donde se asientan el revisionismo revolucionario y su fundador, Georges Sorel. En los comienzos de su carrera como te?rico marxista, Sorel reprueba la teor?a del valor y llega a la conclusi?n de que la econom?a marxista no es necesaria a quienquiera que conciba el marxismo como conviene verlo, esto es, como una m?quina de guerra contra la democracia burgues?a. Esta idea era inimaginable para cualquier marxista ortodoxo, por muy independiente y exclusivo que pretendiera ser, como Lenin, Rosa Luxemburgo o Antonio Labriola, padre del marxismo italiano.

Lo cierto era que no aparec?an signos de que la profec?a marxista fuese a cumplirse en un futuro previsible, ya que la econom?a capitalista funcionaba muy bien. Hab?a generado un considerable grado de riqueza y las condiciones de vida del proletariado hab?an mejorado notablemente. Es decir, el capitalismo no parec?a ser portador de los g?rmenes de su propia destrucci?n, como pensaba Marx. Para destruir la sociedad burguesa, hab?a, pues, que introducir novedades en la doctrina. Hab?a que revisarla.

El marxismo era un sistema de ideas que hund?a sus ra?ces en la filosof?a del siglo XVIII. El revisionismo soreliano sustituye los fundamentos racionalistas, hegelianos, del marxismo, por la nueva visi?n de la naturaleza humana que proclama Le Bon, por el anticartesianismo de Bergson y por los ?ltimos descubrimientos de la sociolog?a pol?tica de Pareto. El socialismo soreliano es voluntarista, vitalista y antimaterialista. Se sirve del bergsonismo contra el cientificismo y llega hasta desde?ar la misma Raz?n. Es una filosof?a de la acci?n, el culto de la energ?a y del ?mpetu.

Dado que el libre juego de las fuerzas econ?micas era incapaz de desencadenar el proceso revolucionario, era preciso sustituir la econom?a por elementos psicol?gicos. Era necesario apelar a las fuerzas profundas del inconsciente y de la intuici?n.

Sorel nunca pretendi? construir un cuerpo ideol?gico homog?neo. Su honestidad no le permit?a maquillar las diversas etapas de su andadura. En realidad, no ten?a ninguna raz?n para hacerlo: a pesar de las apariencias, su peripecia intelectual es coherente y, pol?ticamente, de una l?gica estricta.

Siempre le inspiraron un horror sagrado la sociedad burguesa, sus valores intelectuales, morales y pol?ticos, el racionalismo cartesiano, el optimismo, el utilitarismo, el positivismo y el intelectualismo, la totalidad de los valores inherentes a la civilizaci?n de la Ilustraci?n, com?nmente asociados con la democracia liberal. S?crates, Descartes y Voltaire, Rousseau y Comte, y sus herederos, encabezados por Jaur?s, representan la pendiente intelectual que inexorablemente lleva a la decadencia. Para Sorel la historia es, en ?ltima instancia, una cr?nica de un interminable combate contra la decadencia.

Contra la fuerzas de la decadencia se erigen siempre las energ?as de la resistencia: Anytus, al hablar en nombre de la Ciudad heroica, se enfrenta a S?crates y a los sofistas. En los siglos XVII y XVIII, Pascal se opone a Descartes y a Voltaire, pero el sentimiento religioso no consigue poner coto al materialismo ascendente ni a la ca?da subsiguiente. Afortunadamente, Bergson y William James anuncian la existencia de un af?n renovador capaz, acaso, de enderezar las ruinas acumuladas por Rousseau y Diderot, Condorcet y Auguste Comte.

Sorel fu? siempre un moralista. Sin duda, tuvo parte en ello su educaci?n piadosa, sus hondas ra?ces en la vida provinciana tradicional francesa, su patriotismo t?cito pero profundo. Es evidente que lo que se le presentaba como desmoralizaci?n y desintegraci?n de la sociedad francesa tradicional le preocup? durante toda su vida y aliment? su hostilidad frente a los que le parec?an extraviarse m?s all? de los confines de la cultura tradicional de Occidente. Pero hay que contar tambi?n con la influencia decisiva de Henri Bergson, a cuyas lecciones asist?a junto con su amigo P?guy, y que, como a ?ste, le afect? de manera profunda y permanente.

Su socialismo revisado es moralista, espiritualista, antirracionalista, invoca a Pascal y Bergson -"entre quienes" dice, "cabr?a hacer m?s de una comparaci?n"- contra los enemigos mortales, S?crates y Descartes. Sorel se siente fascinado por Pascal, a la vez que le deslumbra el espiritualismo bergsoniano. Pascal se rebela contra el ate?smo, su esp?ritu siente la seducci?n del milagro, de modo que es la ant?tesis perfecta de Descartes que "abre la v?a a los enciclopedistas reduciendo el papel de Dios a muy poca cosa". Sorel rechaza de un plumazo lo esencial de le herencia intelectual de los siglos XVII y XVIII. Sorel siente aversi?n por la concepci?n atom?stica del individuo que prevalece desde los tiempos de Hobbes y de Locke, pues ella es la culpable del liberalismo, de la democracia y del socialismo desnaturalizado. Al propio tiempo, coherente consigo mismo, estigmatiza la secularizaci?n de la sociedad francesa, ese proceso que nunca pudo haber cristalizado sin el relajamiento de las costumbres y la desaparici?n de la moral.

La violenta y constante repugnancia de Sorel hacia el modo de vida de la burgues?a parisiense de su ?poca, tan feroz, a su modo, como la de Flaubert, va ligada a un odio jansenista hacia esos dos males gemelos que son el hedonismo y el materialismo. Una sensaci?n de ahogo en la sociedad burguesa del siglo XIX, comercializada, desenvuelta, insolente, imp?dica, acomodaticia, cobarde y est?pida, llena los escritos de la ?poca: las obras de Proudhon, Carlyle, Ibsen, Baudelaire, Nietzsche y los autores rusos m?s conocidos de entonces son una acusaci?n gigantesca. Esta es la tradici?n en la que Sorel se encuadra desde el principio hasta el final de su vida como escritor.

Sorel no vacila a la hora de distinguir lo sano de lo enfermo, ya sea en los individuos o en las sociedades. Los griegos hom?ricos viv?an a la luz de unos valores sin los cuales ninguna sociedad puede ser creadora o poseer un sentido de la grandeza. Admiraban el valor, la fuerza, la justicia, la lealtad, el sacrificio, y, por encima de todo, la lucha en s?. Despu?s lleg? el escepticismo, la sof?stica, la vida muelle, la democracia, el individualismo, la decadencia. Tambi?n Roma fu? en un tiempo heroica, pero cedi? al legalismo y a la burocratizaci?n de la vida, y el bajo Imperio fu? una jaula sofocante. En cierta ?poca fu? la Iglesia primitiva la que sostuvo la bandera del hombre. Lo que cre?an los primeros cristianos es menos importante que la intensidad de una fe que no dejaba resquicios al intelecto corrosivo. Por encima de todo, aquellos hombres rehu?an las componendas. Las concesiones, repita Sorel, siempre ban conduciendo a la autodrestrucci?n. La ?nica esperanza reside en la resistencia inquebrantable a las fuerzas que pretenden debilitar aquello por lo que instintivamente sabemos que vivimos. La paz de la Iglesia con el mundo acarre? su infecci?n y degeneraci?n.

No es raro que con esta disposici?n espiritual abandonase el socialismo marxista en 1909. Ni que acabara produci?ndose una convergencia entre su pensamiento y el nacionalismo de la "L?Action fran?aise". En Abril de 1909, tras leer la segunda edici?n de la "Enqu?te sur la Monarchie" (Encuesta sobre la monarqu?a), Sorel ya manifestaba su admiraci?n por el fundador de la "Acci?n Francesa", Charles Maurras. M?s adelante, esta confluencia se consolida con un art?culo que publica en "Il Divenire sociale", de Enrico Leone, la revista m?s importante del sindicalismo revolucionario italiano, en el que rinde un homenaje de gran repercusi?n al maurrasianismo y que "L?Action fran?aise" publica.

Los maurrasianos devuelven el cumplido con una lluvia de elogios: se habla de "la incomparable capacidad de an?lisis" de Sorel, y se le estima como "el m?s profundo cr?tico de las tesis modernistas" o "el m?s penetrante y eminente de los soci?logos franceses". Hab?a un motivo adicional para este entusiasmo. Sorel hab?a publicado el 4 de Abril en "L?Action fran?aise" un gran elogio de la obra de P?guy "Le mist?re de la charit? de Jeanne D?Arc" (El misterio de la caridad de Juana de Arco). "Obra magn?fica, escribe Sorel, que contar? tal vez entre las obras maestras de la literatura francesa". En realidad, no existe el patriotismo sin su esencia cristiana. El despertar nacionalista se encuentra estrechamente vinculado a la acci?n impetuosa del catolicismo. Todo escritor que quiera "hablar dignamente de la patria", dice Sorel, debe referirse a lo "sobrenatural cristiano". Una "afirmaci?n tan acerbamente cat?lica" revela hasta qu? punto "todos los bellacos sienten que el poder del que hoy disfrutan est? amenazado", ya que, en contacto con este texto, "el lector no ha cesado de debatirse con el alma eterna de Francia". Para Sorel, el patriotismo cat?lico de P?guy a?ade una dimensi?n suplementaria a la gran cruzada antirracionalista: "De este modo se nos presenta el patriotismo bajo un aspecto nada adecuado a los racionalistas (...), el arte triunfa aqu? sobre la falsa ciencia que se contenta con las apariencias, y alcanza la realidad".

Hay que tener en cuenta que Sorel consideraba al catolicismo como fuente de disciplina y, en consecuencia, como un componente fundamental de la civilizaci?n que a diario debe defenderse de las fuerzas de la destrucci?n. ?l quer?a devolver a la civilizaci?n europea la grandeza de los siglos cristianos, pesimistas y heroicos. No se interesaba por la metaf?sica cristiana, sino por el cristianismo como germen de un orden capaz de garantizar el futuro de la civilizaci?n.

En sus ?ltimos a?os (muri? en 1922), siempre descontento con lo que ve?a, deposit? sus esperanzas en Lenin (?), sin duda por desconocimiento de la verdadera significaci?n monstruosa de esta figura, como les ocurri? a tantos intelectuales de la ?poca; posteriormente admir? a Mussolini. Fueron sus ?ltimos bandazos. Estas variaciones (no tan incomprensibles si se coloca uno en la ?poca) pueden hallar paralelismo con las fluctuaciones del pensamiento de Valle-Incl?n en su ocaso.

Mussolini, en busca de un linaje intelectual respetable, le reivindic? como padre espiritual, aunque lo cierto es que ?l era fundamentalmente nietzscheano, lo mismo que su mentor de los inicios Gabriele D?Annunzio.

Estas l?neas no tienen la pretensi?n de analizar o juzgar positiva a negativamente la doctrina de Sorel. S? destacar el impulso espiritual que siempre moviliz? sus energ?as.

No hay duda de que el marxismo es una filosof?a que niega la espiritualidad del hombre. Plenamente materialista, reduce al hombre a la ?nica condici?n de animal inteligente. La degradaci?n moral que esto conlleva ha sido plenamente demostrada en la pr?ctica con la ca?da del r?gimen comunista en la antigua Uni?n Sovi?tica y el indescriptible grado de corrupci?n que ha revelado.

Sorel era plenamente antimaterialista como queda dicho. Lo ?nico que siempre le lig? a Marx fu? su aversi?n ?ntima hacia la burgues?a y su concepto de la lucha de clases que ?l tradujo a su visi?n heroica de la vida. Visi?n no s?lo distinta sino opuesta a la de un marxista ortodoxo.

El inter?s de Sorel estriba en que puede ser una prueba de que el esp?ritu del hombre se niega a perecer y que es susceptible de reaccionar. Y que este resurgimiento espiritual es incompatible con las concesiones, los compromisos, el pactismo, el dialoguismo y las componendas, que conducen a la corrupci?n y la decadencia, como el mismo Sorel afirmaba.

Se dir? que esta actitud puede conducir a la violencia, y que, de hecho, Sorel era un te?rico de la misma. Ha habido mucho inter?s en atribuirle a Sorel el patrimonio de la violencia, es cierto. Y eso, por quienes se resisten a hablar de los gigantescos genocidios realizados por Lenin, Stalin y Mao Tse- Tung. Pero Sorel era un moralista y, en consecuencia, repudiaba el atentado pol?tico. Su idea de la violencia se refer?a a la resistencia ante la injusticia, no a la agresi?n. Sus conceptos eran morales y metaf?sicos, m?s que emp?ricos. En la pr?ctica, su idea de la violencia se circunscrib?a al mito de la huelga general que ?l cultiv? siempre.

Si busc?semos a sus herederos pol?ticos en la actualidad, quiz?s tendr?amos que fijarnos en "Alleanza Nazionale", formaci?n pol?tica neofascista que comparte con otras fuerzas el poder en Italia en la actualidad; circunstancia ?sta que ha merecido el silencio m?s absoluto de los comentaristas en los medios de comunicaci?n, por lo menos en los de Espa?a.

Y a este respecto, se podr?an mencionar algunos aspectos program?ticos revelados por Federico Eichberg, responsable de la formaci?n de cuadros dirigentes de esta agrupaci?n pol?tica, en entrevista del pasado a?o: "Nosotros nos llamamos la derecha de los valores. Nuestras tesis congresuales de 1995 se redactaron a la luz de la "Centessimus Annus", a la luz del derecho natural. Creemos en el realismo filos?fico, en la escuela de Arist?teles y Santo Tom?s. Creemos en la democracia como medio y no como fin. Creemos y defendemos el derecho a la vida. Alleanza ha sido el ?nico partido que se ha opuesto a la ley del aborto, ya que en su momento la Democracia Cristiana nos traicion? porque no hizo lo posible para que esta ley no saliera".

Esta ?ltima afirmaci?n resulta decididamente significativa.


Publicado por mario.web @ 15:26
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