S?bado, 14 de mayo de 2011

JorgeBernab? Lobo | [email protected]

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Hay, sin dudas, una alarmanteproliferaci?n del crimen, al margen de que los ?ndices estad?sticos muestren suaumento o alguna disminuci?n.

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La actual generaci?n est? endeuda con el derecho. A trav?s de los siglos se han ideado formas de controlarloque han dado resultados m?s o menos satisfactorios. En la actualidad no sesabe, no sabemos, c?mo se habr? de combatirlo para reducir su alarmante peligrosin crear un Estado policial ni afectar el derecho a la defensa y a lapresunci?n de inocencia que protege, que debe proteger, a los criminales.

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La sociedad adopta criteriospermisivos, rechaza la censura, favorece el hedonismo, abandona los altosideales como programas de vida, se r?e de la pureza, se farsa de lo sublime,desconf?a de los hero?smos, desecha los esfuerzos, se inclina hacia eljolgorio, elige lo f?cil. Tomamos esas posturas porque se nos da la gana,porque estamos en nuestro derecho de hacerlo, porque cada cual tiene sucriterio para elegir el camino hacia su felicidad; pero no debe resultarsorprendente que en la medida en que la humanidad desprecie las virtudes,proliferen los vicios, los delitos, los cr?menes. No ha de ser casual.

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Hay demasiada pobreza, unapobreza acompa?ada de la desesperanza de conseguir un trabajo digno. Lapobreza, la penuria extrema, el hambre, pueden llevar al robo, a ese tipo derobo que es plenamente justificado cuando tiene como objeto la supervivencia.Pero la ola criminal que se advierte no parece responder a esas extremasnecesidades sino a la desaprensi?n, a la desverg?enza, a la falta de normas, alextrav?o, a la droga.

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La generalizaci?n de la pobreza,producida por el desempleo, puede influir, quiz?s, avivando la ola de asaltos yde cr?menes. Pero los delitos no son acicateados directamente por la pobrezaque se expande, sino m?s bien por la desesperanza, por la falta de perspectivasque exhibe la sociedad. Si un joven supiera que capacit?ndose, trabajando,acceder?a a un trabajo bien remunerado y seguro, a la casa propia, almatrimonio, a la familia sostenida con su esfuerzo, seguramente seguir?a esecamino. Pero si a pesar de capacitarse tiene ante s? un horizonte dedesocupaci?n, de changas inseguras, de marginalidad, de orillar las profesionesdignas sin la seguridad de afirmarse nunca en ellas, es comprensible que lasatracciones del buen camino sean desatendidas.

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Es f?cil se?alar a la pobrezacomo culpable de los delitos. Pero lo que m?s alarma es la proliferaci?n delcrimen en gente con medios de vida, el delito encarado por desapego a lasnormas tradicionales de conducta, los robos por las simples ansias de pasarlabien. Se podr?an citar muchos casos notables de este tipo de delitos pero novale la pena, porque bien los conocemos y los recordamos. La culpa no es de lapobreza sino de la desfachatez, del hedonismo, de la trapacer?a.

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La legislaci?n criminal cae en el?mbito de la naci?n. Sin embargo los legisladores provinciales pueden combatirel crimen, coadyuvando a la justicia y a la polic?a. Con ese objeto se?propuso? en su momento crear una comisi?n Antimafia, comisi?n que elcuerpo ha aprobado pero que los legisladores a?n no han integrado. Estimamosque la sociedad y los representantes del pueblo est? dispuesto para esta lucha.

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Se supon?a que el ladr?n selimitaba a llevarse dinero, o bienes de f?cil transporte y venta. Ese asaltanteprofesional evitaba cometer violencias innecesarias, para no agravar susituaci?n. Pero hoy estamos ante modalidades desconocidas, con bandidos que-sin motivos para odios ni furias- matan a sus v?ctimas, gratuitamente, porques?, pareciera que llevados por su insensible desenfado o por la inconscienciade la droga. Estos ne?fitos en el delito resultan los m?s peligrosos.

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Est?n matando a polic?as ? dignosservidores de la ley y padres de hogar -, ciudadanos que, por dedicarse a sustareas particulares, no tendr?a motivos para una protecci?n especial. Pero nosabemos si este crimen tendr?a el objeto de intimidar al funcionario o decobrarse venganzas. Crimen que evidencia el sacrificio que implica la funci?ndel polic?a, que no s?lo pone en peligro su vida sino tambi?n la de susfamiliares.

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Entre la gente cunde el criteriode que deben renovarse los c?digos para que la delincuencia sea m?s castigada,para que cometer un delito sea motivo de una pena severa, para que el rigor dela ley proteja al inocente y conmine al malhechor. Los pol?ticos estamos endeuda con la sociedad.


Publicado por mario.web @ 18:28
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