S?bado, 14 de mayo de 2011

Fernando Pascual | [email protected]

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Cuando un tribunal condena a un historiador por negar importantes hechos del pasado, necesita justificar su sentencia desde leyes orientadas a

tutelar bienes importantes en la vida social.

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En concreto, la negaci?n pertinaz de hechos hist?ricos deplorables, de injusticias, de cr?menes, de genocidios claramente probados, merece ser castigada judicialmente cuando tal negaci?n implique avalar ideas y comportamientos que permitieron enormes delitos del pasado.

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Al mismo tiempo, resulta necesario preguntarnos si no existan otras ideas, otras afirmaciones, no del pasado sino del presente, desde las que pueden producirse graves injusticias en la vida social.

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Pensemos, por ejemplo, en un profesor que afirme ante sus alumnos la licitud de la violencia armada, o la superioridad de unas razas sobre otras, o el derecho de unos pueblos a oprimir a sus vecinos o a los lejanos. Tales ense?anzas merecen un castigo adecuado, si queremos realmente defender los principios ?ticos que garantizan la convivencia y la paz en cualquier estado de derecho y en la humanidad entera.

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Lo mismo podemos decir respecto de quienes afirman teor?as que van contra la igual dignidad entre el hombre y la mujer, o que promueven el desprecio hacia el extranjero, o que buscan marginar y destruir a los miembros de algunas religiones, o que incitan a la violencia entre las clases sociales.

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En este contexto, resulta extra?o constatar el silencio de jueces y de leyes ante ideas y afirmaciones que incitan a la violencia y que, sin embargo, se divulgan sin ninguna dificultad en la vida social, como si existiesen dos pesos y dos medidas.

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Por ejemplo: si un profesor de historia niega la crueldad de un tirano del pasado podr? (y el hecho es real) ser arrestado e ir? a la c?rcel. Quiz? las ideas o los libros de ese profesor no hayan provocado ninguna v?ctima, pero m?s vale prevenir que lamentar, sobre todo cuando los humos del odio no terminan de apagarse en algunas zonas de la Tierra.

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Al mismo tiempo, otros profesores e intelectuales promueven ideas que provocan miles y miles de muerte cada a?o, cuando defienden el aborto en el aula universitaria o en los medios de comunicaci?n, como si se tratase de un asunto discutible, como si sus ideas no implicasen la posibilidad real de la muerte de miles de inocentes, los hijos antes de nacer.

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Defender la ?memoria hist?rica? y condenar a quienes no reconocen los delitos del pasado tiene sentido s?lo si ello sirve para construir un mundo m?s justo, para defender aquellos principios ?ticos que permiten respetar a las personas. Por eso mismo, y para lograr un mundo ?inclusivo?, donde quepan todos y donde nadie sea excluido, hace falta tambi?n tener valor para marginar y excluir las ideas y propuestas de quienes est?n a favor de una injusticia sumamente grave: la que se comete en cada aborto.

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Los jueces existen no s?lo para hacer cumplir las leyes, sino para tutelar la justicia que esas leyes deber?an garantizar. Su misi?n es enorme, por lo que necesitan el apoyo de todos.

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Nacidos o no nacidos, de una raza o de otra, de una u otra nacionalidad, ricos o pobres, todos los seres humanos tienen derecho a la vida, y merecen los mejores esfuerzos de la sociedad y de los tribunales para que nadie divulgue ideas desde las que unos, los potentes, puedan acabar con la vida de otros, los d?biles.


Publicado por mario.web @ 18:29
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