S?bado, 14 de mayo de 2011

Luis Ignacio Batista | [email protected]

?

?

Hay una interesante entrevista que Peter Seewald hizo al entonces cardenal Ratzinger y que luego fue recogida en el libro ?La sal de la Tierra?.

?

A una pregunta sobre el entorno de la Iglesia, el ahora Papa responde abordando? una actitud, m?s o menos obstinada, de algunos cat?licos. Dice que nos encontramos con el problema de no saber volver a la fe sencilla de los primeros cristianos, ya que nos complicamos mucho al quedarnos simplemente en las normas, reglas y tradiciones de la Iglesia.

?

Y afirma tambi?n que las grandes Iglesias cristianas est?n muy institucionalizadas y que, a veces, pesan tanto sus tradiciones que la llama de la primera fe no brilla con la sencillez de antes. En pocas palabras: que hay muchas cenizas sobre las ascuas.

?

Aunque esta es una opini?n que mucha gente gustar?a discutir, conviene fijarse en lo que lleva en el fondo. No vamos a entrar en el a?ejo debate que tacha a la catolicismo de rancio y de obcecado. Vamos a fijarnos m?s bien en la actitud que ha convertido su tradici?n en una carga.

?

Dos mil a?os de cristianismo han dejado claro c?mo debe ser un bautizado. Pertenecer a la Iglesia no significa pertenecer a un grupo social, ni a algo as? como a una asociaci?n deportiva o filantr?pica. No significa estar sino ser. Es decir, que ser cristiano encarna una actitud en todas las facetas de la vida y no s?lo unos momentos espec?ficos como la misa o el rezo del Rosario. Esos son elementos importantes pero que no son lo ?nico.

?

Bastar?a preguntarse, por ejemplo, cu?nto se aprecia hoy en d?a la necesidad de vivir la vida de gracia con fidelidad, esto es: evitar el pecado grave, pero ojo, no como una camisa de fuerza, sino como una muestra del amor que le debemos a Dios.

?

Si hay muchas reglas en la Iglesia es precisamente para tener segura una senda hacia eso que tanta gente busca: el amor, y en consecuencia la felicidad. Amar, en cristiano, no es otra cosa sino poner en pr?ctica los deseos de la persona a la que amo, y la persona a la que amo se llama Jesucristo. No en vano dijo alguna vez el buen Jes?s: ?Si me am?is cumplir?is mis mandamientos?.

?

Para entendernos mejor, pongamos un sencillo ejemplo: un novio, enamorad?simo, llama a su novia y le dice: ??qu? quieres que hagamos ma?ana??. Y ella le responde: ?lo que t? quieras?. El novio a?adir?: ?no, dime t??. Y as? pueden pasar horas? ambos est?n dispuestos a lo que el otro quiera, pues se aman. Jam?s se va a escuchar: ?mi amor, ma?ana paso por ti a las 7, vamos a comprar la despensa de mi mam?, luego vamos a ver a mi abuela al hospital, a cambiar las llantas de mi coche? ?ya ver?s qu? d?a!?? ?Nunca! Porque el amor es donaci?n, y uno est? dispuesto a lo que quiera el otro. Evita todo lo que lleve a la rutina, trata de mantener fresco y vivo el amor.

?

?Si me am?is cumplir?is mis mandamientos?. Por eso debemos subrayar que cumplir los mandatos es una consecuencia del amor. Sin embargo, antes se debe conocer al amado. Antes: conocer a Cristo y afincar bien la idea de que muri? por amor a nosotros, que instituy? la Iglesia y? prometi? iluminar a los pastores que ?l design? para guiarla. Y una vez teniendo claro esto, hay que esforzarse por vivir la fe. Desafortunadamente por cumplir las normas por cumplir (o sencillamente no cumplirlas) la fe sencilla est? como dec?a el cardenal Ratzinger: recubierta por muchas cenizas.

?

Las normas en la Iglesia se deben entender como una manifestaci?n de amor, los deberes en la Iglesia, son por amor. Cuando san Agust?n dec?a: ?ama y haz lo que quieras?. ?Qu? quer?a decir sino que amando somos verdaderamente libres y que la libertad es hacer lo que debo porque quiero?

?

Est? claro que hablar de estas cosas hoy en d?a lastima los o?dos, porque nos saca del ritmo que tienen nuestras aspiraciones. ?Ser peque?os? ?Aceptar que otros sean m?s que yo y someterme a ellos? ?Qu? locura, cuando lo normal es la lucha por el triunfo, el poder, sobresalir entre todos los dem?s, la independencia!: son cosas tan normales e incluso necesarias como comer tres veces al d?a.

?

Ser?a impensable, por ejemplo, si quiera proponer, ya no rezar, sino sencillamente leer las letan?as al Coraz?n de Cristo del cardenal Merry del Val: ?del deseo de ser estimado, apreciado, preferido? ?l?brame Jes?s!; del temor de ser humillado, injuriado, despreciado? ?l?brame Jes?s!; que los dem?s sean m?s amados que yo, preferidos a m?, que yo sea relegado al olvido? ?haz, Jes?s, que lo desee!?? Pero si la obediencia, que suena a platillo medieval, se oye y sobrevive en la vida de millones de personas a?n en esta ?poca, es porque, seguramente, tiene alguna importancia

?

Juan XXIII ten?a un lema: Oboedientia et pax (obediencia y paz). Es curioso que en los primeros siglos de la Iglesia los cristianos vivieran con tanta paz las exigencias de la reciente fe instaurada por Cristo. Pero no podemos permitir que otro hecho de esa ?poca se repita hoy: la actitud de los fariseos, quienes viv?an la Ley por apariencias externas. Un cristiano obedece por amor, y su amor est? constantemente atento para que no se llene su vida de cenizas, no permite la rutina ni el aburrimiento.

?

Sabiamente un tal Enrique Jardiel lleg? a decir que en amor, lo grave es cuando empiezan los bostezos.


Publicado por mario.web @ 18:30
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios