S?bado, 14 de mayo de 2011
Es el documento m?s largo del concilio y se divide en dos partes importantes: La ense?anza de la Iglesia sobre los seres humanos, el mundo en que viven, y la relaci?n de la Iglesia con ellos....
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Gaudium Et Spes, Sobre la Iglesia en el Mundo Actual
Gaudium Et Spes, Sobre la Iglesia en el Mundo Actual


Gaudium Et Spes
Sobre la Iglesia en el Mundo Actual
Constituci?n Pastoral elaborada en el Concilio Vaticano II
7 de diciembre de 1965


Es el documento m?s largo del concilio y se divide en dos partes importantes:

1. La ense?anza de la Iglesia sobre los seres humanos, el mundo en que viven, y la relaci?n de la Iglesia con ellos.
2. Varios aspectos de la vida de hoy y la sociedad humana, y en particular los asuntos morales que presionan en estos tiempos.

Considera que "el ate?smo debe de ser considerado como uno de los m?s serios problemas de nuestros tiempos."

Reconoce que, a pesar de los medios modernos, "el dialogo genuino y fraternal no ha avanzado tanto a este nivel como en el m?s hondo nivel de las relaciones personales," donde los individuos comparten juntos en esp?ritu.

El tema del matrimonio y la familia Cristiana lo cubre mas extensamente que todos los anteriores conciliosr.

Toma una fuerte posici?n a favor de la paz.



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?ndice General



Proemio

Exposici?n preliminar

Primera Parte : LA IGLESIA Y LA VOCACI?N DEL HOMBRE

Capitulo I: La dignidad de la persona humana

Capitulo II: La comunidad humana

Capitulo III: La actividad humana en el mundo

Capitulo IV: Misi?n de la iglesia en el mundo contempor?neo


Segunda Parte: ALGUNOS PROBLEMAS M?S URGENTES

Capitulo I: Dignidad del matrimonio y la familia

Capitulo II: El sano fomento del progreso cultural

Capitulo III: La vida economico-social

Capitulo IV: La vida en la comunidad pol?tica

Capitulo V: El fomento de la paz y la promoci?n de la comunidad de los pueblos


Conclusi?n





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Gaudium Et Spes
Sobre la Iglesia en el Mundo Actual
Constituci?n Pastoral elaborada en el Concilio Vaticano II
7 de diciembre de 1965




PROEMIO


Uni?n ?ntima de la Iglesia con la familia humana universal

1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc?pulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz?n. La comunidad cristiana est? integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Esp?ritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvaci?n para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente ?ntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.

Destinatarios de la palabra conciliar

2. Por ello, el Concilio Vaticano II, tras haber profundizado en el misterio de la Iglesia, se dirige ahora no s?lo a los hijos de la Iglesia cat?lica y a cuantos invocan a Cristo, sino a todos los hombres, con el deseo de anunciar a todos c?mo entiende la presencia y la acci?n de la Iglesia en el mundo actual.

Tiene pues, ante s? la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que ?sta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme seg?n el prop?sito divino y llegue a su consumaci?n.

Al servicio del hombre

3. En nuestros d?as, el g?nero humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evoluci?n presente del mundo, sobre el puesto y la misi?n del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino ?ltimo de las cosas y de la humanidad. El Concilio, testigo y expositor de la fe de todo el Pueblo de Dios congregado por Cristo, no puede dar prueba mayor de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana que la de dialogar con ella acerca de todos estos problemas, aclar?rselos a la luz del Evangelio y poner a disposici?n del g?nero humano el poder salvador que la Iglesia, conducida por el Esp?ritu Santo, ha recibido de su Fundador. Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar. Es, por consiguiente, el hombre; pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, coraz?n y conciencia, inteligencia y voluntad, quien ser? el objeto central de las explicaciones que van a seguir.

Al proclamar el Concilio la alt?sima vocaci?n del hombre y la divina semilla que en ?ste se oculta, ofrece al g?nero humano la sincera colaboraci?n de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocaci?n. No impulsa a la Iglesia ambici?n terrena alguna. S?lo desea una cosa: continuar, bajo la gu?a del Esp?ritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testionio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.

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EXPOSICI?N PRELIMINAR

SITUACI?N DEL HOMBRE EN EL MUNDO DE HOY



Esperanzas y temores

4. Para cumplir esta misi?n es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la ?poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod?ndose a cada generaci?n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci?n de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dram?tico que con frecuencia le caracteriza. He aqu? algunos rasgos fundamentales del mundo moderno.

El g?nero humano se halla en un per?odo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es as? esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda tambi?n en la vida religiosa.

Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformaci?n trae consigo no leves dificultades. As? mientras el hombre ampl?a extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente m?s incierto que nunca de s? mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientaci?n que a ?sta se debe dar.

Jam?s el g?nero humano tuvo a su disposici?n tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder econ?mico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicol?gica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, grav?simamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todav?a agudas tensiones pol?ticas, sociales, econ?micas, raciales e ideol?gicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicaci?n de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos m?s fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideolog?as. Por ?ltimo, se busca con insistencia un orden temporal m?s perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los esp?ritus.

Afectados por tan compleja situaci?n, muchos de nuestros contempor?neos dif?cilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evoluci?n del mundo. El curso de la historia presente en un desaf?o al hombre que le obliga a responder.

Cambios profundos

5. La turbaci?n actual de los esp?ritus y la transformaci?n de las condiciones de vida est?n vinculadas a una revoluci?n global m?s amplia, que da creciente importancia, en la formaci?n del pensamiento, a las ciencias matem?ticas y naturales y a las que tratan del propio hombre; y, en el orden pr?ctico, a la t?cnica y a las ciencias de ella derivadas. El esp?ritu cient?fico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La t?cnica con sus avances est? transformando la faz de la tierra e intenta ya la conquista de los espacios interplanetarios.

Tambi?n sobre el tiempo aumenta su imperio la inteligencia humana, ya en cuanto al pasado, por el conocimiento de la historia; ya en cuanto al futuro, por la t?cnica prospectiva y la planificaci?n. Los progresos de las ciencias biol?gicas, psicol?gicas y sociales permiten al hombre no s?lo conocerse mejor, sino aun influir directamente sobre la vida de las sociedades por medio de m?todos t?cnicos. Al mismo tiempo, la humanidad presta cada vez mayor atenci?n a la previsi?n y ordenaci?n de la expansi?n demogr?fica.

La propia historia est? sometida a un proceso tal de aceleraci?n, que apenas es posible al hombre seguirla. El g?nero humano corre una misma suerte y no se diversifica ya en varias historias dispersas. La humanidad pasa as? de una concepci?n m?s bien est?tica de la realidad a otra m?s din?mica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos an?lisis y nuevas s?ntesis.

Cambios en el orden social

6. Por todo ello, son cada d?a m?s profundos los cambios que experimentan las comunidades localestradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos, y las mismas relaciones de la convivencia social.

El tipo de sociedad industrial se extiende paulatinamente, llevando a algunos paises a una econom?a de opulencia y transformando profundamente concepciones y condiciones milenarias de la vida social. La civilizaci?n urbana tiende a un predominio an?logo por el aumento de las ciudades y de su poblaci?n y por la tendencia a la urbanizaci?n, que se extiende a las zonas rurales.

Nuevos y mejores medios de comunicaci?n social contribuyen al conocimiento de los hechos y a difundir con rapidez y expansi?n m?ximas los modos de pensar y de sentir, provocando con ello muchas repercusiones simult?neas.

Y no debe subestimarse el que tantos hombres, obligados a emigrar por varios motivos, cambien su manera de vida.

De esta manera, las relaciones humanas se multiplican sin cesar y el mismo tiempo la propia socializaci?n crea nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado proceso de maduraci?n de la persona y las relaciones aut?nticamente personales ( personalizaci?n ).

Esta evoluci?n se manifiesta sobre todo en las naciones que se benefician ya de los progresos econ?micos y t?cnicos; pero tambi?n act?a en los pueblos en v?as de desarrollo, que aspiran a obtener para s? las ventajas de la industrializaci?n y de la urbanizaci?n. Estos ?ltimos, sobre todo los que poseen tradiciones m?s antiguas, sienten tambi?n la tendencia a un ejercicio m?s perfecto y personal de la libertad.

Cambios psicol?gicos, morales y religiosos

7. El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusi?n las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre j?venes, cuya impaciencia e incluso a veces angustia, les lleva a rebelarse. Conscientes de su propia funci?n en la vida social, desean participar r?pidamente en ella. Por lo cual no rara vez los padres y los educadores experimentan dificultades cada d?a mayores en el cumplimiento de sus tareas.

Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ah? una grave perturbaci?n en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de ?ste.

Las nuevas condiciones ejercen influjo tambi?n sobre la vida religiosa. Por una parte, el esp?ritu cr?tico m?s agudizado la purifica de un concepto m?gico del mundo y de residuos supersticiosos y exige cada vez m?s una adhesi?nverdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido m?s vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez m?s numerosas se alejan pr?cticamente de la religi?n. La negaci?n de Dios o de la religi?n no constituye, como en ?pocas pasadas, un hecho ins?lito e individual; hoy d?a, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso cient?fico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negaci?n se encuentra expresada no s?lo en niveles filos?ficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretaci?n de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislaci?n civil. Es lo que explica la perturbaci?n de muchos.

Los desequilibrios del mundo moderno

8. Una tan r?pida mutaci?n, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las antinomias existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios.

Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia pr?ctica moderna y una forma de conocimiento te?rico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en s?ntesis satisfactoria. Brota tambi?n el desequilibrio entre el af?n por la eficacia pr?ctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplaci?n. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especializaci?n profesional y la visi?n general de las cosas.

Aparecen discrepancias en la familia, debidas ya al peso de las condiciones demogr?ficas, econ?micas y sociales, ya a los conflictos que surgen entre las generaciones que se van sucediendo, ya a las nuevas relaciones sociales entre los dos sexos.

Nacen tambi?n grandes discrepancias raciales y sociales de todo g?nero. Discrepancias entre los paises ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por ?ltimo, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiraci?n de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansi?n de la propia ideolog?a o los ego?smos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales.

Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y v?ctima.

Aspiraciones m?s universales de la humanidad

9. Entre tanto, se afianza la convicci?n de que el g?nero humano puede y debe no s?lo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde adem?s establecer un orden pol?tico, econ?mico y social que est? m?s al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad.

De aqu? las instantes reivindicaciones econ?micas de much?simos, que tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a una no equitativa distribuci?n. Las naciones en v?a de desarrollo, como son las independizadas recientemente, desean participar en los bienes de la civilizaci?n moderna, no s?lo en el plano pol?tico, sino tambi?n en el orden econ?mico, y desempe?ar libremente su funci?n en el mundo. Sin embargo, est? aumentando a diario la distancia que las separa de las naciones m?s ricas y la dependencia incluso econ?mica que respecto de ?stas padecen. Los pueblos hambrientos interpelan a los pueblos opulentos.

La mujer, all? donde todav?a no lo ha logrado, reclama la igualdad de derecho y de hecho con el hombre. Los trabajadores y los agricultores no s?lo quieren ganarse lo necesario para la vida, sino que quieren tambi?n desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenaci?n de la vida econ?mica, social, pol?tica y cultural. Por primera vez en la historia, todos los pueblos est?n convencidos de que los beneficios de la cultura pueden y deben extenderse realmente a todas las naciones.

Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiraci?n m?s profunda y m?s universal: las personas y los grupos sociales est?n sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez m?s por formar una comunidad universal.

De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y d?bil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que est? en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que ?l ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por ello se interroga a s? mismo.

Los interrogantes m?s profundos del hombre

10. En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno est?n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra?ces en el coraz?n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta m?ltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra?do por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. M?s a?n, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr?a llevar a cabo. Por ello siente en s? mismo la divisi?n, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son much?simos los que, tarados en su vida por el materialismo pr?ctico, no quieren saber nada de la clara percepci?n de este dram?tico estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberaci?n de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciar? plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significaci?n propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evoluci?n del mundo, son cada d?a m?s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci?n las cuestiones m?s fundamentales: ?Qu? es el hombre? ?Cu?l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todav?a? ?Qu? valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ?Qu? puede dar el hombre a la sociedad? ?Qu? puede esperar de ella? ?Qu? hay despu?s de esta vida temporal?.

Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Esp?ritu Santo a fin de que pueda responder a su m?xima vocaci?n y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Se?or y Maestro. Afirma adem?s la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su ?ltimo fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primog?nito de toda la creaci?n, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra ?poca.


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PRIMERA PARTE

LA IGLESIA Y LA VOCACI ?N DEL HOMBRE



Hay que responder a las mociones del Esp?ritu


11. El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Esp?ritu del Se?or, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contempor?neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci?n del hombre. Por ello orienta la menta hacia soluciones plenamente humanas.

El Concilio se propone, ante todo, juzgar bajo esta luz los valores que hoy disfrutan la m?xima consideraci?n y enlazarlos de nuevo con su fuente divina. Estos valores, por proceder de la inteligencia que Dios ha dado al hombre, poseen una bondad extraordinaria; pero, a causa de la corrupci?n del coraz?n humano, sufren con frecuencia desviaciones contrarias a su debida ordenaci?n. Por ello necesitan purificaci?n.

?Qu? piensa del hombre la Iglesia? ?Qu? criterios fundamentales deben recomendarse para levantar el edificio de la sociedad actual? ?Qu? sentido ?ltimo tiene la acci?n humana en el universo? He aqu? las preguntas que aguardan respuesta. Esta har? ver con claridad que el Pueblo de Dios y la humanidad, de la que aqu?l forma parte, se prestan mutuo servicio, lo cual demuestra que la misi?n de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana.


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CAP?TULO I

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA



El hombre, imagen de Dios

12. Creyentes y no creyentes est?n generalmente deacuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en funci?n del hombre, centro y cima de todos ellos.

Pero, ?qu? es el hombre? Muchas son las opiniones que el hombre se ha dado y se da sobre s? mismo. Diversas e incluso contradictorias. Exalt?ndose a s? mismo como regla absoluta o hundi?ndose hasta la desesperaci?n. La duda y la ansiedad se siguen en consecuencia. La Iglesia siente profundamente estas dificultades, y, aleccionada por la Revelaci?n divina, puede darles la respuesta que perfile la verdadera situaci?n del hombre, d? explicaci?n a sus enfermedades y permita conocer simult?neamente y con acierto la dignidad y la vocaci?n propias del hombre.

La Biblia nos ense?a que el hombre ha sido creado "a imagen de Dios", con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido se?or de la entera creaci?n visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. ?Qu? es el hombre para que t? te acuerdes de ?l? ?O el hijo del hombre para que te cuides de ?l? Apenas lo has hecho inferior a los ?ngeles al coronarlo de gloria y esplendor. T? lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por t? debajo de sus pies ( Ps 8, 5-7).

Pero Dios no cre? al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer ( Gen l,27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresi?n primera de la comuni?n de personas humanas. El hombre es, en efecto, por su ?ntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los dem?s.

Dios, pues, nos dice tambi?n la Biblia, mir? cuanto hab?a hecho, y lo juzg? muy bueno (Gen 1,31).

El pecado

13. Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci?n del demonio, en el propio exordio de la historia, abus? de su libertad, levant?ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios. Obscurecieron su est?pido coraz?n y prefirieron servir a la criatura, no al Creador. Lo que la Revelaci?n divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su coraz?n, comprueba su inclinaci?n al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinaci?n a su fin ?ltimo, y tambi?n toda su ordenaci?n tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los dem?s y con el resto dela creaci?n.

Es esto lo que explica la divisi?n ?ntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dram?tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. M?s todav?a, el hombre se nota incapaz de dome?ar con eficacia por s? solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el Se?or vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renov?ndole interiormente y expulsando al pr?ncipe de este mundo (cf. Io 12,31), que le reten?a en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidi?ndole lograr su propia plenitud.

A la luz de esta Revelaci?n, la sublime vocaci?n y la miseria profunda que el hombre experimenta hallan simult?neamente su ?ltima explicaci?n.

Constituci?n del hombre

14. En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condici?n corporal, es una s?ntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su m?s alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el ?ltimo d?a. Herido por el pecado, experimenta, sin embargo, la rebeli?n del cuerpo. La propia dignidad humana pide, pues, que glorifique a Dios en su cuerpo y no permita que lo esclavicen las inclinaciones depravadas de su coraz?n.

No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material y al considerarse no ya como part?cula de la naturaleza o como elemento an?nimo de la ciudad humana. Por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su coraz?n, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde ?l personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. Al afirmar, por tanto, en s? mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio provocado solamente por las condiciones f?sicas y sociales exteriores, sino que toca, por el contrario, la verdad m?s profunda de la realidad.

Dignidad de la inteligencia, verdad y sabidur?a


15. Tiene raz?n el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material. Con el ejercicio infatigable de su ingenio a lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado grandes avances en las ciencias positivas, en el campo de la t?cnica y en la esfera de las artes liberales. Pero en nuestra ?poca ha obtenido ?xitos extraordinarios en la investigaci?n y en el dominio del mundo material. Siempre, sin embargo, ha buscado y ha encontrado una verdad m?s profunda. La inteligencia no se ci?e solamente a los fen?menos. Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera certeza, aunque a consecuencia del pecado est? parcialmente oscurecida y debilitada.

Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabidur?a, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la b?squeda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.

Nuestra ?poca, m?s que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabidur?a para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no forman hombres m?s instruidos en esta sabidur?a. Debe advertirse a este respecto que muchas naciones econ?micamente pobres, pero ricas en esta sabidur?a, pueden ofrecer a las dem?s una extraordinaria aportaci?n.

Con el don del Esp?ritu Santo, el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino.

Dignidad de la conciencia moral

16. En lo m?s profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que ?l no se dicta a s? mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los o?dos de su coraz?n, advirti?ndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su coraz?n, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual ser? juzgado personalmente. La conciencia es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que ?ste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m?s ?ntimo de aqu?lla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del pr?jimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los dem?s hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuoy a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerra la conciencia por ignorancia invencible, sin que ello suponga la p?rdida de su dignidad. Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el h?bito del pecado.

Grandeza de la libertad

17. La orientaci?n del hombre hacia el bien s?lo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contempor?neos ensalzan con entusiasmo. Y con toda raz?n. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisi?n para que as? busque espont?neamente a su Creador y, adhiri?ndose libremente a ?ste, alcance la plena y bienaventurada perfecci?n. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre act?e seg?n su conciencia y libre elecci?n, es decir, movido e inducido por convicci?n interna personal y no bajo la presi?n de un ciego


Publicado por mario.web @ 18:54
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