S?bado, 14 de mayo de 2011
Pedro Gandolfo, reflexiona sobre la literatura y el valor de la secci?n; del optar buenos autores y buenos libros.
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No da lo mismo
No da lo mismo
Hay una convicci?n irritante, dirigida, de modo algo condescendiente, particularmente a los j?venes y a las personas menos ilustradas (que, como sabemos, coinciden, por desgracia, en general con las m?s pobres) de que da lo mismo lo que se lea con tal de que se lea algo. As?, dar?a lo mismo leer a Balzac que a Coelho, a Stephanie Mayer que a J. M. Coetzee, a Isabel Allende que a J. Edwards Bello. El ?ltimo premio Booker, el indio Aravind Ariga, autor de ?El Tigre Blanco?, percibe una intencionalidad casi ?de clase? en esta divisi?n. Pero, en verdad, as? como para el cuerpo no da lo mismo con qu? nos nutramos, para el esp?ritu tampoco: somos, en buena medida, lo que vemos, escuchamos, leemos, las personas que frecuentamos, los paisajes que contemplamos (por ello puede ser tan decisivo el entorno social, econ?mico y familiar en el cual crecemos y por ello es esencial una educaci?n que no replique las restricciones de ese entorno): ?En cuanto reconoces algo bello, dejas de ser un esclavo?, sostiene Ariga. Es sorprendente, as?, que en una ?poca en que abundan las diet?ticas corporales y las personas est?n dispuestas a hacer sacrificios econ?micos y de todo tipo con el prop?sito de someter su cuerpo a una selectividad estricta, en cambio, en el plano de nuestra mente cunde una tolerancia de troglodita. Los libros y la lectura gozan de una especial impunidad. He escuchado repetidas veces el argumento de ?la escalada?: bastar?a sembrar la peque?a semilla de la lectura (cualquiera sea su calidad) para que, como la levadura, creciera el gran ?rbol y sus buenos frutos. Nunca he conocido un ejemplo de ello. Al contrario, los lectores parecen funcionar dentro de ciertos nichos, se habit?an a ellos, entran a la lectura cuando aparece el libro de sus autores predilectos y salen cuando no lo hay, pero no se saltan a otro distinto, no progresan por s? solos: no he conocido a alguien que comenz? leyendo a Robert Ludlum y termin? en Friedrich D?rrenmatt o Joseph Roth, o se fue, de escal?n en escal?n, desde Dawn Brown a Fernando Pessoa, Hermann Broch o Isak Dinesen o se pas? desde Barbara Wood a Marguerite Yourcenar y Joseph Conrad.

El tiempo es escaso; seamos selectivos: hay que empezar con buenos autores y buenos libros (no es dif?cil encontrarlos) y ellos se encargar?n de se?alar la ruta hacia sus compa?eros (a falta de maestros). Si a una persona no le gusta leer, mejor que no lea a que lea cosas malas o mediocres: hace mal, como hace mal la comida indigesta. Mejor, entonces, que escuche buena m?sica, baile, viaje o, simplemente, duerma siesta.


Notas: Este art?culo fue publicado originalmente por El Mercurio.

Publicado por mario.web @ 18:56
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