S?bado, 14 de mayo de 2011
Palabras de Mary Ann Glendon sobre la movilidad de los recursos y erradicaci?n de la pobreza en el contexto de un programa de acci?n para los pa?ses menos desarrollados.
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El cambio que necesita la comunidad internacional
El cambio que necesita la comunidad internacional
Mary Ann Glendon, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y jefe de la delegaci?n de la Santa Sede en la Consulta de Alto Nivel sobre los Pa?ses menos Desarrollados de ECOSOC 2004 (Consejo Econ?mico y Social de Naciones Unidas), habl? el 29 de junio sobre "Movilidad de los recursos y erradicaci?n de la pobreza en el contexto de un programa de acci?n para los pa?ses menos desarrollados en la d?cada 2001-2010".

La Santa Sede - ha dicho - une su voz a la de aquellos que piden con urgencia a la familia de las naciones que se ocupen de las necesidades de sus miembros m?s vulnerables, porque como ha repetido Juan Pablo II: ?Los pobres no pueden esperar?. Nadie puede negar la envergadura del reto de invertir la tendencia de lo que a veces parece ser un ciclo perpetuo de pobreza, especialmente en los pa?ses menos desarrollados. Pero la magnitud de ese desaf?o no puede servir de excusa; m?s bien debe espolearnos a un mayor esfuerzo. La Santa Sede quiere subrayar que cualquier medida para promover el desarrollo aut?ntico y duradero tiene que defender la dignidad y la cultura humanas. Lo que se necesita es un cambio del coraz?n, que la comunidad internacional sea m?s s?lida, m?s generosa, m?s creativa, m?s en?rgica en su esfuerzo para acabar por fin con la divisi?n del mundo en zonas de pobreza y de abundancia?.

Mary Ann Glendon es catedr?tica de Derecho en Harvard y ha sido miembro del Comit? Central del Jubileo del 2000, as? como participante en el S?nodo de los Obispos de Am?rica. En anterior ocasi?n declaraba al semanario ?Avvenire? que ?tambi?n los ricos y los potentes tienen que ser evangelizados, pues de ellos dependen las decisiones que despu?s pesan sobre todos. En el Evangelio, Jes?s no se preocupa demasiado por la salvaci?n de los pobres, favorecida por su condici?n desafortunada, sino que ten?a miedo por el alma de los ricos. El Papa considera que su mensaje no puede dividirse. La cultura de la muerte, como repiti? en San Luis, no s?lo amenaza a los no nacidos y a los ancianos, sino tambi?n a las personas d?biles o in?tiles, como los pobres. Quien acepta sus ense?anzas sociales tiene que entender que no puede separar la lucha contra la pobreza o la pena de muerte de la lucha contra el aborto y la eutanasia.

Ahora hace poco m?s de un a?o -17 de enero de 2003-, al ser nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Navarra, en su discurso, se preguntaba:

??C?mo puede uno vivir la fe sin rebajas si no conoce la propia fe??. Y tocaba un punto neur?lgico que afecta a la vida de cada uno de los cat?licos y a la eficacia de su acci?n en el mundo: la cuesti?n de la formaci?n cristiana a todos los niveles:

?Creo que no es una exageraci?n decir que nosotros, los cat?licos, nos encontramos ahora en medio de una crisis de formaci?n que afecta a la formaci?n de nuestros te?logos, de nuestros educadores religiosos, y, por tanto, a la educaci?n de los padres. Es una crisis que deja a los padres pobremente pertrechados para educar las almas de las generaciones venideras, que dif?cilmente pueden competir con la agresividad de las escuelas estatales, fuertemente secularizadas, y con la gran industria del entretenimiento que se complace en derribar todo lo que sea cat?lico. Esta crisis representa especialmente un peligro en las sociedades modernas porque, si la educaci?n religiosa no se sit?a en el nivel general de la educaci?n laica, nos llegar? a resultar dif?cil defender nuestras creencias incluso para nosotros mismos.

Habi?ndonos dado la Iglesia cat?lica una larga y distinguida tradici?n intelectual, es tr?gico que hoy muchos cat?licos sean incapaces de responder incluso a los m?s simples ataques relativistas, historicistas y nihilistas. Es un esc?ndalo que muchos cat?licos se callen cuando se confrontan con anti-cat?licos. Adem?s, cuando se supone que una de las glorias de nuestra fe es que podemos dar razones de las posiciones morales que mantenemos, razones que son accesibles a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a otras confesiones o a los que no tienen fe. Como ha escrito el Papa Juan Pablo II, ?Para que el testimonio cristiano sea eficaz, especialmente en temas delicados y controvertidos, es importante realizar un esfuerzo especial en explicar con rigor las razones de la posici?n de la Iglesia, subrayando que no se trata de imponer a los no creyentes una visi?n que nace de la fe, sino de interpretar y defender los valores enraizados en la misma naturaleza del hombre?.

La idea fundamental que quiero subrayar es que los educadores e intelectuales cat?licos tienen que volver a familiarizarse de la gran tradici?n intelectual que es nuestra herencia fundamental. Lo necesitamos no s?lo por el bien de nuestra vocaci?n bautismal, o por el de la Iglesia, sino tambi?n por el bien de nuestras sociedades. Como miembro del Consejo bio?tico de los Estados Unidos, en los ?ltimos meses he participado en varias discusiones interdisciplinares sobre la clonaci?n, la investigaci?n en las c?lulas madre y en la ingenier?a gen?tica. En el transcurso de estas discusiones, he visto lo importante que es para fil?sofos y te?logos conocer los avances en las ciencias naturales, y tambi?n he observado cu?nto necesitan las ciencias naturales de las ciencias humanas. El hecho es que la ciencia natural no puede por si misma generar la sabidur?a que necesita para progresar sin hacer da?o.

A.O.D, 3 de julio 2004.

Publicado por mario.web @ 19:20
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