S?bado, 14 de mayo de 2011

Si Dios est? con nosotros, ?qui?n contra nosotros? Terminemos el a?o paulino con coraje, con pasi?n, con celo apasionado por la salvaci?n de las almas.

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Eficaz. Creativo. Humilde. Sacrificado. Bondadoso. Inteligente. Sabe trabajar en equipo: delega, escucha, anima y exige. Tiene celo. Es un l?der.

Estas son algunas de las cualidades que empresas y marcas prestigiosas a nivel mundial buscan condensadas en una persona. En lenguaje empresarial esta figura la denotan como CEO: chief executive officer, y no es poca la confianza que se le deposita.

Un CEO tiene la responsabilidad de conservar y potencializar al m?ximo la empresa a ?l encomendada. De ?l depende, en gran medida, el ?xito de la compa??a y los miles de trabajadores que con su esfuerzo la hacen grande. Un error suyo puede ser desastroso para las entidades y personas que dependen de ?l.

San Pablo, en sentido an?logo, era el CEO de Cristo. No carec?a de las cualidades arriba mencionadas y pose?a en gran medida, una a la que no se le da tanta importancia, y que unida a su gran car?cter apasionado, le daba una personalidad arrolladora y una fuerza enorme para cumplir su dif?cil misi?n. Se trata del celo apost?lico.

El celo es sin?nimo de laboriosidad, diligencia y eficacia. Se contrapone a la pereza, a la pusilanimidad y al des?nimo.

Dicen los expertos en mercadotecnia que el ?xito de un buen vendedor de productos estriba en el conocimiento del objeto. Cuanto m?s se conoce la cosa, m?s se ama, m?s se estima. Y una vez conocido se difunde con pasi?n, con celo.

El secreto del ?xito del ap?stol de las gentes est? aqu?. ?Todo lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo? (Flp 3,8). Este era su ?nico amor, su ?nica ilusi?n y su ?nico motor. Tanto es as?, que gracias a su colosal esfuerzo y a la gracia de Cristo que lo sosten?a, esta gran ?empresa?, que es la Iglesia, se sostiene y camina con paso firme despu?s de 2000 mil a?os.

Desde que san Pablo escuch? la voz de Dios que le dec?a: ?Saulo, Saulo, ?por qu? me persigues?? (Hch 26,14) se entreg? con un celo apasionado a la extensi?n del Reino de Cristo en el mundo. No escatim? esfuerzos y los problemas no le amedrentaron. Seguramente hac?a eco de aquellas palabras del salmo 69: ?Me devora el celo de tu casa, y caen sobre m? los insultos de los que te insultan?.

Las dificultades fueron la constante de su vida, pero la fuerza del amor de Cristo fue el motor de su celo apost?lico. Nada lo deten?a. Es bien conocido el pasaje de (2Co 11,24-27), donde san Pablo habla de sus pruebas, azotes, naufragios y fatigas. Pero si pensamos bien, se requiere mucho valor para sufrir todo esto y seguir predicando un mensaje que para muchos estaba condenado al fracaso.

Gracias a su celo muchos hombres de su tiempo pudieron conocer el tesoro del cristianismo. Esta certeza no nos puede hacer olvidar que el futuro del cristianismo depende de Dios en primer lugar y, por lo que toca a nosotros, los ?san Pablos? de hoy, del testimonio con el que vivamos y transmitamos nuestra fe.

En este mes de junio se concluye el a?o paulino. La Iglesia, a trav?s del Papa, lo ha presentado como ejemplo de vida y como ideal a imitar. Las virtudes que hemos aprendido de san Pablo en este a?o paulino no pueden quedar inertes en nuestra memoria. La teor?a no tiene ning?n sentido si no se pasa a la pr?ctica. Y los cristianos de hoy tenemos una tarea enorme en la evangelizaci?n y recristianizaci?n del mundo.

?Si Dios est? con nosotros, ?qui?n contra nosotros?? (Rm 8,31). Terminemos el a?o paulino con coraje, con pasi?n, con celo apasionado por la salvaci?n de las almas. Tenemos la mejor garant?a de nuestra vida: Cristo. ??Qui?n nos har? temblar??.


Publicado por mario.web @ 20:12
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