S?bado, 14 de mayo de 2011
Ep?logo del libro La psicoterapia al alcance de todos de V?ctor Frankl
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El libro como medio terap?utico
El libro como medio terap?utico
[11] Cuando se habla del libro como un medio terap?utico se hace con el mayor rigor cl?nico. La denominada biblioterapia ocupa, desde hace ya varias d?cadas, un lugar importante en el ?mbito de las neurosis. Al paciente se le recomienda la lectura de unos libros determinados, pero no s?lo de libros especializados. Esta utilizaci?n del libro persigue, como es l?gico, un objetivo y se ajusta a los distintos casos.

Teniendo en cuenta que la psicoterapia se basa sobre todo en una colaboraci?n entre el m?dico y el enfermo, no hay que pensar que el libro puede sustituir al m?dico y la biblioterapia a la psicoterapia. Pero no hay que menospreciar por ello al libro. Yo poseo documentos de los que se desprende claramente que personas que hab?an sufrido durante a?os neurosis agudas y que hab?an sido tratadas sin ?xito por el especialista, se aplicaron a s? mismas, a partir de la lectura de un libro determinado, una t?cnica psicoterap?utica concreta, y se pudieron ver libres as? de su mal.

La posibilidad de utilizar el libro con fines terap?uticos va m?s all? de lo patol?gico. As?, por ejemplo, en las crisis existenciales ?de las que nadie queda libre? el libro suele tener efectos prodigiosos. Un libro adecuado le?do en el momento oportuno ha salvado a muchas personas del suicidio, y esto lo sabemos los psiquiatras por experiencia. En este sentido, el libro presta una aut?ntica ayuda en la vida... y en la muerte. No me refiero a los libros que se han puesto de moda, en los que aparecen como t?tulo estereotipado las palabras ?death and dying?, ?la muerte y el morir?, y en los que se habla de la muerte como si no se tratara nada m?s que de un proceso que se puede dividir en tantas o tantas fases e incluso manipular; a lo que yo me refiero es a la muerte como una de las situaciones limite del hombre, como uno de los aspectos de la ?tr?ada tr?gica? de la existencia ?seg?n yo la denomino? formada por la muerte, el dolor y la culpa. He visto cartas escritas en el lecho de muerte o en la c?rcel, en las que se expresa con emoci?n c?mo un libro o incluso una sola frase puede aportar en tales situaciones aislamiento exterior y franqueza interior. Los efectos terap?uticos se pueden multiplicar si se junta un grupo para estudiar y discutir libros en com?n. Yo dispongo de actas en las que consta c?mo se form? espont?neamente un grupo de estudio entre los reclusos de la prisi?n del Estado de Florida y los efectos terap?uticos que tuvo la lectura en grupo: ?Nuestro grupo se compone de nueve presos y nos reunimos dos veces a la semana. Y tengo que decir que lo que sucede entonces es casi un milagro. Personas que antes se sent?an desamparadas y desesperadas encuentran un sentido nuevo en su vida. Aqu?, en la prisi?n con mejores medidas de seguridad en toda Florida, a s?lo unos cientos de metros de la silla el?ctrica, imag?nense ustedes, precisamente aqu? se realizan nuestros sue?os.? Sin embargo, los libros especializados no son siempre ?tiles. Existen situaciones de las que se puede decir que cuando todas las palabras ser?an pocas, sobra cualquier palabra. A no ser que busc?ramos consuelo en las palabras de un poeta, como a m? me sucedi? en cierta ocasi?n. El director de la famosa prisi?n de San Quint?n, que se encuentra en las proximidades de San Francisco, me hab?a invitado a pronunciar una conferencia ante los reclusos, condenados todos ellos por delitos graves. Cuando hube finalizado mi exposici?n se puso de pie uno de los oyentes y dijo que a los hombres de Death Row, en cuyas celdas se encuentran los condenados a muerte, no se les hab?a permitido acudir a la conferencia; luego me pregunt? que si podr?a decirle al menos unas palabras por el micr?fono a uno de ellos, a Mr. Mitchell, que dentro de poco iba a ser ejecutado en la c?mara de gas. Yo no sab?a qu? hacer, pero no pod?a negarme a acceder a este ruego. As? pues, tuve que improvisar: ?Cr?ame, Mr. Mitchell, de alg?n modo puedo comprender su situaci?n. Al fin y al cabo yo tambi?n he vivido durante alg?n tiempo bajo la amenaza de la c?mara de gas. Pero cr?ame, Mr. Mitchell, tampoco entonces dej? de estar convencido en todo momento de que la vida tiene sentido en cualquier condici?n o circunstancia. Pues o bien tiene un sentido ?y entonces lo tiene que conservar aunque sea muy corta ?o no tiene sentido? y entonces no tendr?a tampoco sentido que durara tanto. Una vida que aparentemente ha sido desperdiciada puede adquirir tambi?n un sentido si a trav?s de la conciencia de la propia individualidad vamos m?s all? de nosotros mismos.?

?Saben ustedes lo que luego le cont? a Mr. Mitchell? La historia de la muerte de Iv?n Illich seg?n la relata Tolstoi: la historia de un hombre que de pronto se enfrenta al hecho de que no va a vivir mucho y se da cuenta de que ha desaprovechado su vida; pero precisamente esta idea le hace superarse interiormente a s? mismo y es capaz de llenar de sentido la vida que aparentemente hab?a estado tan vac?a.

Mr. Mitchell fue el ?ltimo hombre que muri? en la c?mara de gas en San Quint?n. Poco antes de morir concedi? una entrevista al ?San Francisco Chronicle?, de la que se desprend?a claramente que hab?a comprendido la historia de la muerte de Iv?n Illich en todos sus puntos.

Todos conocemos del af?n de leer que sienten los j?venes. Se dan cuenta instintivamente de la fuente de energ?a que los libros constituyen.

?C?mo si no, podr?a explicarse lo que sucedi? ?hace d?cadas? en el campo de concentraci?n de Theresienstadt? Se hab?a preparado el transporte de mil j?venes, y a la ma?ana siguiente sal?an hacia el campo de concentraci?n de Auschwitz. Pero esa misma ma?ana se comprob? que hab?a sido asaltada la biblioteca. Cada uno de los condenados a muerte hab?a metido en su mochila algunas obras de su poeta preferido y alg?n libro cient?fico.

Eran las provisiones para el viaje hacia lo (por suerte a?n) desconocido. Que venga ahora alguien y me diga; ?Primero la comida, luego la moral.?
No estamos ciegos. El libro no tiene siempre consecuencias beneficiosas. Nos hemos vuelto esc?pticos en lo relativo a la popularizaci?n de los resultados de las investigaciones cient?ficas.

Einstein dijo en cierta ocasi?n que el cient?fico s?lo puede elegir entre escribir de forma comprensible y superficial o profunda e incomprensible. Pero el hecho de que el lector no entienda algo supone siempre un peligro menor que el que representa una mala interpretaci?n. Sin embargo, ?sta puede no ofrecer tampoco peligro, como se ve, por ejemplo, en lo que sucedi? cuando el psiquiatra neoyorquino Binger pronunci? una conferencia sobre medicina psicosom?tica y le preguntaron al final que en qu? tienda se pod?a comprar una botellita de esa medicina.

Yo creo que el peligro de la falta de comprensi?n est? en otra parte. Una ciencia que m?s que popularizada ha sido vulgarizada puede llevar a que el hombre se interprete mal a s? mismo, a que se deforme la idea que tiene de s? mismo si se le ofrece la mitad, la cuarta o la octava parte de la verdad como si se tratara de toda la verdad. ?A qu? se debe?

Normalmente o?mos que la gente se queja de que los cient?ficos se especializan demasiado. Yo creo que lo cierto es justamente lo contrario. Lo malo no es que los cient?ficos se especialicen, sino que los especialistas generalicen. Ya conocemos a los denominados ?terribles simplificateurs?. Lo simplifican todo. Pero existen tambi?n los ?terribles g?n?ralisateurs?. Como yo los denomino.

Los ?terribles simplificateurs? reducen todo a un ?nico aspecto. Los ?terribles g?n?ralisateurs? no se quedan s?lo en un aspecto, sino que generalizan todo. ?C?mo si no, iban a conseguir hacer un best-seller? ?C?mo van a popularizar sin generalizar?
Bajo la influencia del adoctrinamiento de las masas, que se refleja ya en los propios t?tulos de los best-seller, el lector ya no se ve a s? mismo como un hombre, sino ?y cito los t?tulos de dos best-seller? como un ?mono desnudo? y como un aparato o mecanismo ?al otro lado de la libertad y la dignidad?. A esto se a?ade el nihilismo actual.

El nihilismo de ayer se ocupaba de la nada; el de hoy se caracteriza por las palabras ?nada m?s que...? El hombre no es ?nada m?s que? el producto de las condiciones de producci?n, de la herencia y el medio ambiente, de las condiciones y circunstancias socio-econ?micas y psico-din?micas, etc. Sea como fuere, se le presenta como una v?ctima de las circunstancias, cuando en realidad es ?l quien crea tales circunstancias, por lo menos quien las organiza y, si es necesario, las modifica.

Una psicolog?a profunda vulgarizada le proporciona al lector neur?tico suficientes y oportunas coartadas. La culpa de todo la tienen s?lo los complejos. ?l ya no es responsable de nada, ya no existe la voluntad libre. Pero de qu? forma m?s sabia me contest? una paciente esquizofr?nica cuando le pregunt? si no sent?a que ten?a una voluntad libre: ?Mire, doctor, tengo una voluntad libre cuando quiero, y cuando no quiero, no la tengo.? En lo que respecta a los complejos, me escrib?a en cierta ocasi?n una mujer que no era paciente m?a: ?Tengo tras de m? una infancia terrible; crec? en un ?hogar roto? y pas? necesidades extremas. Pero no quiero olvidar todo lo malo que he vivido y sufrido en mi ni?ez, pues estoy convencida de que de todo ello han salido muchas cosas positivas. ?Complejos? El ?nico complejo que tengo es pensar que tendr?a que tener complejos y no tengo ninguno?.

El hablar de ?nada m?s que?, o ?tal como se denomina este concepto del hombre? el reduccionismo, es s?lo uno de los aspectos del nihilismo contempor?neo. El otro es el cinismo. Se ha puesto de moda burlarse de la gente buena, criticar al hombre, considerarlo un ser maligno.

Es evidente que la literatura no tiene como finalidad el encubrir la realidad, presentarla como algo que no ofrece peligro. Sin embargo, una de sus tareas s? es dejar ver una posibilidad m?s all? de la realidad, la posibilidad de cambiarla, de transformarla. El mundo va de mal en peor. ?A qui?n se lo dicen ustedes? No est? en buen estado. Pero ustedes tienen que comprender que como m?dico no puedo estar satisfecho con ello. El mundo est? enfermo, pero su mal es curable. Una literatura que rechace ser una ?medicina? y colaborar en la lucha contra la enfermedad del esp?ritu de nuestro tiempo, no es una terapia, sino una se?al, un s?ntoma de la neurosis colectiva que se une a todo lo dem?s. Si el escritor no es capaz de inmunizar al lector contra la desesperaci?n, entonces tiene que abstenerse al menos de ?infectarle? de ella.

La neurosis colectiva de nuestros d?as se caracteriza por un sentimiento de falta de sentido que se extiende por todo el mundo. El hombre de hoy est? frustrado, ya no desde el punto de vista sexual, como sucediera en la ?poca de Sigmund Freud, sino desde el punto de vista existencial.

Hoy en d?a no sufre un sentimiento de inferioridad, como en los tiempos de Alfred Adler, sino un sentimiento de falta de sentido, que va acompa?ado de una sensaci?n de vac?o existencial.

Actualmente comienza a observarse esto en Oriente y en el Tercer Mundo. As?, el neur?logo checo Vymetal ha comprobado que ?esta enfermedad actual, la p?rdida de un sentido existencial sobre todo en la juventud, traspasa ?sin pasaporte? las fronteras de los sistemas sociales capitalista y socialista?. Si ustedes me preguntan que c?mo me explico yo el origen de este sentimiento de falta de sentido, s?lo les puedo decir que, en contraposici?n a los animales, al hombre no le dicta el instinto lo que tiene que hacer y, frente a las personas de ?pocas anteriores, la tradici?n ya no le dice lo que debe hacer; y as?, parece que ya no sabe bien lo que realmente quiere. Esto lleva al hecho de que o bien quiere s?lo lo que hacen los dem?s ?y tenemos entonces el conformismo? o bien hace s?lo lo que los dem?s quieren, lo que desean de ?l ?y tenemos entonces el totalitarismo?.

Con la ayuda de los tests se ha comprobado estad?sticamente que el sentimiento de falta de sentido est? m?s extendido entre los j?venes. El ingeniero Habinger ha demostrado mediante una muestra estad?stica recogida al azar entre quinientos estudiantes vieneses que dicho sentimiento ha aumentado en los ?ltimos a?os desde un 30 hasta un 80 %. En lo que a Am?rica se refiere, mis colegas de la United States International University han probado que fen?menos tan extendidos y en aumento como la agresividad, la criminalidad, la toxicoman?a y el suicidio se deben en el fondo a una sola cosa: al sentimiento de falta de sentido. Entre los estudiantes americanos aparecen como principales causas de muerte los accidentes de tr?fico y el suicidio.

Los intentos de suicidio son quince veces m?s frecuentes, y eso teniendo en cuenta solamente las cifras oficiales. Por suerte. Pues los m?dicos tenemos que pensar desde el punto de vista no s?lo terap?utico sino tambi?n profil?ctico, y en el campo de la prevenci?n de los suicidios la publicidad no constituye siempre una ventaja.

Quiz? sea suficiente con que les diga que en Detroit disminuy? en cierta ocasi?n repentinamente la cifra de suicidios e intentos de suicidio, para volver a aumentar con la misma rapidez despu?s de seis semanas. Durante este espacio de tiempo hab?a habido una huelga general en los peri?dicos y los suicidios se hab?an quedado sin publicidad.
Pero no est? dicho todo. Si mido la tensi?n arterial a un paciente y tiene, por ejemplo, 160 y se lo digo a ?l, ya no tendr? 160, sino que le aumentar? a 180. Pues el paciente tiene miedo de sufrir una apoplej?a. Si, por el contrario, respondo a su atemorizada pregunta que tiene la tensi?n pr?cticamente normal, que no tiene nada que temer, entonces el paciente se tranquiliza y la tensi?n arterial baja hasta 140.

Volvamos al sentimiento de falta de sentido. ?C?mo se puede utilizar ?el libro como medio terap?utico? contra la neurosis colectiva de hoy en d?a? En tres frentes sobre todo, contra tres aspectos actuales y agudos de la enfermedad de nuestro tiempo: la neurosis de domingo, la crisis de la jubilaci?n y la neurosis de desempleo.
El domingo, durante el fin de semana, cuando cesa la actividad de los d?as laborables, aumenta en las personas el sentimiento de falta de sentido.

La consecuencia de esto es una depresi?n t?pica, la denominada ?neurosis de domingo?, que al parecer est? cada vez m?s extendida. El Instituto del sondeo de la opini?n p?blica de Allensbach ha comprobado que en 1952 constitu?an un 26 % las personas a las que el domingo se les hac?a el tiempo demasiado largo mientras que ?stas en la actualidad representan un 36 %.

Lo mismo se puede decir de la crisis de la jubilaci?n, del derrumbamiento psicosom?tico que sufren las personas que aparte del trabajo no han tenido nada que llenara su vida y, liberados de la presi?n que supon?an las obligaciones profesionales y enfrentadas al vac?o que encuentran dentro de s? mismas, se desploman. Se puede prevenir este agotamiento psicof?sico que se da en la vejez conservando en buen estado tanto el cuerpo como la psique, y en esto el libro act?a no s?lo como medio terap?utico, sino tambi?n como profil?ctico. Nunca he visto amontonados tantos libros sobre un escritorio como en el del profesor Berze, un antiguo director del ?Steinhof?, que muri? a los 91 a?os de edad estando ps?quicamente sano y activo.

En lo que concierne, por ?ltimo, a la neurosis de desempleo, se trata de un s?ndrome que yo mismo describ? en el a?o 1933 en la revista ?Sozial?rztlichen Rundschau?, bas?ndome en las experiencias que reun? con ocasi?n de la campa?a ?La juventud necesitada?, lanzada por la c?mara de trabajadores. Est? comprobado que la necesidad no era s?lo econ?mica, sino tambi?n espiritual. Sin trabajo, al hombre le parece la vida vac?a, se siente in?til. Lo peor no es la falta de trabajo en s?, sino el sentimiento de falta de sentido. El hombre no vive s?lo del subsidio de desempleo. En contraposici?n a la d?cada de los a?os 30, la crisis econ?mica actual se debe a una crisis energ?tica: con gran asombro por nuestra parte hemos tenido que darnos cuenta de que las fuentes de energ?a no son inagotables. Espero que no consideren un atrevimiento que yo afirme que la crisis energ?tica y el crecimiento econ?mico m?s lento que la acompa?a constituyen, en lo que concierne a nuestro deseo frustrado de encontrar un sentido, una gran oportunidad: tenemos la oportunidad de reflexionar. En los momentos de abundancia, la mayor?a de las personas ten?an con qu? vivir; pero muchos no sab?an por qu? vivir. Lo importante ahora no son los medios de subsistencia, sino el encontrar un fin, un sentido a la vida. En contraposici?n a las fuentes de energ?a, el sentido es inagotable. Y no hay nada que ayude a encontrar este sentido tanto como el libro. El hecho de que el hombre conoce instintivamente las posibilidades que los libros le ofrecen para no hundirse interiormente en los momentos de depresi?n econ?mica queda demostrado por la circunstancia de que en los pa?ses con cifras altas de desempleo se compran y se leen m?s libros.

A esto se a?ade el hecho de que, en contraposici?n a los grandes medios de comunicaci?n social y a la pasividad a que inducen a los hombres, el libro nos hace ser selectivos. Un libro no se puede conectar y desconectar como una radio o un televisor. Por un libro hay que decidirse, hay que comprarlo o, al menos, tomarlo prestado, hay que leerlo y de vez en cuando interrumpir la lectura para pensar. Dentro de un mundo laboral amenazado por la deshumanizaci?n, el hombre crea islas en las que nada pueda no s?lo entretenerse, sino tambi?n reflexionar, no s?lo divertirse, sino tambi?n meditar. El tiempo libre que ocupa leyendo le ayuda a huir de s? mismo, de su propio vac?o, y a ?entrar en s? mismo?. En una palabra, el libro lleva a una liberaci?n no centr?fuga, sino centr?peta. Nos descarga de la presi?n del trabajo, de la vida activa, y nos hace volver a la vida contemplativa, a la existencia contemplativa, aunque s?lo sea de vez en cuando.

?En qu? consiste la tarea y la responsabilidad del libro? En que cree al hombre capaz de tener el deseo de sentido que hoy est? tan frustrado. Mientras pensemos que el lector es demasiado tonto para este o aquel libro, no s?lo ser? tonto, sino que se volver? tonto. Existen individuos idiotas que han llegado a serlo porque un psiquiatra los consider? como tales. Lo lamento, pero tengo que acabar esta conferencia citando a Goethe, como si fuera un estudiante en una clase de ret?rica: ?Si tomamos al hombre por lo que es, le hacemos peor. Pero si lo tomamos por lo que debe ser, lo convertimos en lo que puede ser?.

Notas
[11] Conferencia inaugural de la Semana del Libro 1975 en el Hofburgde Viena.

Publicado por mario.web @ 20:30
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