Domingo, 15 de mayo de 2011
Cada generaci?n tiene la tarea de comprometerse en la ardua b?squeda sobre c?mo ordenar rectamente las realidades humanas, esforz?ndose por comprender el uso correcto de la libertad
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Discurso del Papa a los pol?ticos en la Republica Checa
Discurso del Papa a los pol?ticos en la Republica Checa
26 de septiembre de 2009

Excelencias,
Se?oras y Se?ores,

Agradezco por la oportunidad que me han dado para encontrar, en este extraordinario contexto, a las autoridades pol?ticas y civiles de la Rep?blica Checa y a los miembros de la comunidad diplom?tica. Agradezco vivamente al Se?or Presidente Klaus por las gentiles palabras de saludo que ha pronunciado en nombre de ustedes. Expreso, adem?s, mi aprecio a la Orquesta Filarm?nica Checa por la ejecuci?n musical que ha abierto nuestro encuentro, y que ha expresado de manera elocuente tanto las ra?ces de la cultura checa como la relevante contribuci?n ofrecida por esta Naci?n a la cultura europea.

Mi visita pastoral a la Rep?blica Checa coincide con el vig?simo aniversario de la ca?da de los reg?menes totalitarios en Europa Central y Oriental, y de la ?Revoluci?n del Terciopelo? que restableci? la democracia en esta naci?n. La euforia que sigui? fue expresada en t?rminos de libertad. A dos decenios de distancia de los profundos cambios pol?ticos que transformaron este continente, el proceso de sanaci?n y reconstrucci?n contin?a ahora en el interior del m?s amplio contexto de la unificaci?n europea y de un mundo cada vez m?s globalizado. Las aspiraciones de los ciudadanos y las expectativas creadas por los gobiernos reclaman nuevos modelos en la vida p?blica y de solidaridad entre las naciones y los pueblos, sin los cuales el futuro de justicia, de paz y prosperidad, esperado por largo tiempo, quedar?a sin respuesta. Tales deseos contin?an su desarrollo. Hoy, especialmente entre los j?venes, surge de nuevo la pregunta sobre la naturaleza de la libertad conquistada ?Para cu?l objetivo se vive en libertad?

?Cu?les son sus aut?nticos rasgos distintivos?

Cada generaci?n tiene la tarea de comprometerse en la ardua b?squeda sobre c?mo ordenar rectamente las realidades humanas, esforz?ndose por comprender el uso correcto de la libertad (cfr. Spe salvi, 25). El deber de reforzar las ?estructuras de libertad? es fundamental, pero no es suficiente: las aspiraciones humanas se elevan m?s all? de s? mismas, m?s all? de lo que cualquier autoridad pol?tica o econ?mica pueda ofrecer, hacia aquella esperanza luminosa (cfr. ibid., 35), que encuentra su origen m?s all? de nosotros mismos y se manifiesta al mundo como verdad, belleza y bondad. La libertad busca un objetivo y por ello requiere una convicci?n. La verdadera libertad presupone la b?squeda de la verdad ? del verdadero bien ? y, por tanto, encuentra su propia perfecci?n precisamente en conocer y hacer aquello que es recto y justo. La verdad, en otras palabras, es la norma y gu?a para la libertad, y la bondad, es su perfecci?n.

Arist?teles defini? el bien como ?aquello a lo que tienden todas las cosas?, y lleg? a sugerir que ?si bien es digno conseguir el fin aunque s?lo para un hombre, es m?s bello a?n y m?s divino conseguirlo para una naci?n o para unas polis? (?tica a Nic?maco, 1; cfr. Caritas in veritate, 2). En verdad, la alta responsabilidad de tener esta sensibilidad por lo verdadero y el bien recae sobre quien ejerza el papel de gu?a: en el campo religioso, pol?tico o cultural, seg?n el modo que le es propio. Juntos debemos comprometernos en la lucha por la libertad y la b?squeda de la verdad: las dos cosas van juntas, mano a mano, o juntas perecen m?seramente (cfr. Fides et ratio, 90).

Para los cristianos, la verdad tiene un nombre: Dios. Y el bien tiene un rostro: Jesucristo. La fe cristiana, desde el tiempo de los Santos Cirilo y Metodio y de los primeros misioneros, ha jugado en realidad un papel decisivo en el plasmar la herencia espiritual y cultural de este pa?s. Debe ser lo mismo en el presente y en el futuro. El rico patrimonio de valores espirituales y culturales, que se expresan los unos a trav?s de los otros, no s?lo ha dado forma a la identidad de esta naci?n, sino que tambi?n la ha dotado de la perspectiva necesaria para ejercitar un papel de cohesi?n en el coraz?n de Europa. Por siglos esta tierra ha sido punto de encuentro entre pueblos, tradiciones y culturas diversas. Como bien sabemos, ella ha conocido cap?tulos dolorosos y lleva cicatrices de los tr?gicos sucesos causados por la incomprensi?n, por la guerra y las persecuciones. Y es verdad tambi?n que sus ra?ces cristianas han favorecido el crecimiento de un considerable esp?ritu de perd?n, de reconciliaci?n y de colaboraci?n, que ha permitido a la gente de estas tierras ser capaz de encontrar la libertad e inaugurar una nueva era, una nueva s?ntesis, una renovada esperanza.

?No es, precisamente, de ?ste esp?ritu que tiene necesidad la Europa de hoy?

Europa es m?s que un continente. ?Es una casa! Y la libertad encuentra su significado m?s profundo en el ser una patria espiritual. En el pleno respecto de la distinci?n entre las esferas pol?tica y religiosa ? distinci?n que garantiza la libertad de los ciudadanos de expresar su propio credo religioso y de vivir en sinton?a con ?l ? deseo remarcar el insustituible papel del cristianismo para la formaci?n de la conciencia de cada generaci?n y para la promoci?n de un consenso ?tico de fondo, al servicio de toda persona humana que llama a este continente ??casa?!

En este esp?ritu, doy acto a las voces de cuantos hoy, en este Pa?s y en Europa, tratan de aplicar la propia fe, de modo respetuoso pero determinado, en la arena pol?tica, en la expectativa que las normas sociales y las l?neas pol?ticas sean inspiradas por el deseo de vivir seg?n la verdad que hace libre a cada hombre y mujer (cfr. Caritas in veritate, 9).

La fidelidad a los pueblos que ustedes sirven y representan requiere la fidelidad a la verdad que, solo, es la garant?a de la libertad y del desarrollo humano integral (cfr. ibid., 9). En efecto, el coraje de presentar claramente la verdad es un servicio a todos los miembros de la sociedad: eso, en efecto, ilumina el camino del progreso humano, indica los fundamentos ?ticos y morales, y garantiza que las directivas pol?ticas se inspiren en el tesoro de la sabidur?a humana. La atenci?n a la verdad universal no deber?a ser nunca eclipsada por los intereses particularistas, por muy importantes que sean, porque ello conducir?a ?nicamente a nuevos casos de fragmentaci?n social o discriminaci?n, que, precisamente, aquellos grupos de inter?s o de presi?n declaran querer superar. En efecto, la b?squeda de la verdad, lejos de amenazar la tolerancia de las diferencias o el pluralismo cultural, hace posible el consenso y permite al debate p?blico mantenerse l?gico, honesto y responsable, asegurando aquella unidad que las vagas nociones de integraci?n simplemente no est?n en grado de realizar.

Tengo confianza que, a la luz de la tradici?n eclesial acerca de la dimensi?n material, intelectual y espiritual de las obras de caridad, los miembros de la comunidad cat?lica, junto a los de las otras Iglesias, comunidades eclesiales y religiones, continuar?n persiguiendo, en esta naci?n y m?s all?, objetivos de desarrollo que posean un valor m?s humano y humanizante (cfr. ibid., 9).

Queridos amigos, nuestra presencia en esta magn?fica capital, con frecuencia llamada ?el coraz?n de Europa?, nos estimula a preguntarnos en qu? consiste este ?coraz?n?. Es cierto que no hay una respuesta f?cil a tal pregunta, pero un indicio es constituido seguramente por las joyas arquitect?nicas que adornan esta ciudad. La estupefaciente belleza de sus iglesias, del castillo, de las plazas y de los puentes no pueden sino orientar hacia Dios nuestras mentes. Su belleza expresa fe; son epifan?as de Dios que justamente nos permiten considerar las grandes maravillas a las que nosotros, criaturas, podemos aspirar cuando damos expresi?n a la dimensi?n est?tica y cognoscitiva de nuestro ser m?s profundo. Como ser?a tr?gico si admiraran tales ejemplos de belleza, ignorando el misterio trascendente que ellas indican. El encuentro creativo de la tradici?n cl?sica con el Evangelio ha dado vida a una visi?n del hombre y de la sociedad sensible a la presencia de Dios entre nosotros. Tal visi?n, en el plasmar el patrimonio cultural de este continente, ha puesto caramente a la luz que la raz?n no termina con aquello que el ojo ve, es m?s, es atra?da por aquello que est? m?s all?, aquello que nosotros profundamente anhelamos: el Esp?ritu, podemos decir, de la Creaci?n.

En el contexto de la actual encrucijada de la civilizaci?n, con frecuencia marcada por la escisi?n de la unidad de bondad, verdad y belleza, y por la consiguente dificultad para encontrar un consenso sobre los valores comunes, cada esfuerzo por el humano progreso debe inspirarse en aquella herencia viviente. Europa, fiel a sus ra?ces cristianas, tiene una particular vocaci?n a sostener esta visi?n trascendente en sus iniciativas al servicio del bien com?n de los individuos, comunidades y naciones. De particular importancia es la tarea de animar a los j?venes europeos mediante una formaci?n que respete y alimente la capacidad, dada a ellos por Dios, de trascender los l?mites que tal vez se presume que deban atraparlos. Que en los deportes, en las artes creativas y en la investigaci?n acad?mica, los j?venes encuentren la oportunidad de sobresalir. ?No es igualmente verdadero que, si confrontados con altos ideales, ellos aspirar?n tambi?n a la virtud moral y a una vida basada en el amor y la bondad? Animo con vivacidad a los padres y responsables de las comunidades que se esperan de las autoridades la promoci?n de los valores capaces de integrar la dimensi?n intelectual, humana y espiritual en una s?lida formaci?n, digna de las aspiraciones de nuestros j?venes.
?Veritas vincit?. Este es le lema de la bandera del Presidente de la Rep?blica Checa: al final, la verdad vence, no con la fuerza, sino gracias a la persuasi?n, al testimonio heroico de hombres y mujeres de s?lidos principios, al di?logo sincero que sabe mirar m?s all? de los intereses personales, a la necesidad del bien com?n. La sed de verdad, bondad y belleza, impresa en todos los hombres y mujeres por el Creador, se entinde que conduce a las personas juntas a la b?squeda de la justicia, la libertad y la paz. La historia ha demostrado ampliamente que la verdad puede ser traicionada y manipulada en servicio a falsas ideolog?as, a la opresi?n y a la injusticia. Pero, ?los desaf?os que debe afrontar la familia humana no nos llaman, tal vez, a mirar m?s all? de estos peligros? Al final, ?que cosa es m?s deshumana y destructiva que el cinismo que quisiera negar la grandeza de nuestra b?squeda de la verdad, y del relativismo que corroe los valores mismos que sostienen la construcci?n de un mundo unido y fraterno? Nosotros, por el contrario, debemos adquirir confianza en la nobleza y grandeza del esp?ritu humano por su capacidad de alcanzar la verdad, y dejar que la confianza nos gu?e en el paciente trabajo de la pol?tica y la diplomacia.

Se?oras y se?ores, con estos sentimientos expreso en la oraci?n el augurio que el trabajo de ustedes sea inspirado y sostenido por la luz de aquella verdad que es el reflejo de la eterna Sabidur?a de Dios Creador. Sobre Ustedes y sus familias, invoco de coraz?n la abundancia de las bendiciones divinas.

Publicado por mario.web @ 1:13
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