Domingo, 15 de mayo de 2011
Discurso del Papa Benedicto XVI a un congreso organizado por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
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Discurso a un Congreso organizado por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
Discurso a un Congreso organizado por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales
DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
A UN CONGRESO ORGANIZADO POR EL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Viernes 23 de mayo de 2008

Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
ilustres se?ores y amables se?oras:

Me alegra mucho daros mi bienvenida a todos vosotros ?acad?micos y educadores de las instituciones cat?licas de ense?anza superior?, reunidos en Roma para reflexionar, juntamente con los componentes del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales, sobre la identidad y la misi?n de las facultades de comunicaci?n en las Universidades cat?licas. A trav?s de vosotros, deseo saludar a vuestros colegas, a vuestros estudiantes y a cuantos forman parte de las facultades que represent?is. Doy las gracias, en particular, a vuestro presidente, monse?or Claudio Maria Celli, por las amables palabras que me ha dirigido. Saludo asimismo a los secretarios y al subsecretario del Consejo pontificio para las comunicaciones sociales.

Las distintas formas de comunicaci?n ?di?logo, oraci?n, ense?anza, testimonio, proclamaci?n? y sus diversos instrumentos ?prensa, electr?nica, artes visuales, m?sica, voz, gestos y contacto? son manifestaciones de la naturaleza fundamental de la persona humana. La comunicaci?n revela a la persona, crea relaciones aut?nticas y comunidad, y permite a los seres humanos madurar en conocimiento, sabidur?a y amor. Sin embargo, la comunicaci?n no es s?lo producto de una mera y fortuita casualidad, o de nuestras capacidades humanas. A la luz del mensaje b?blico, refleja m?s bien nuestra participaci?n en el Amor trinitario creativo, comunicativo y unificador, que es el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo. Dios nos ha creado para estar unidos a ?l, y nos ha dado el don y la tarea de la comunicaci?n, porque quiere que obtengamos esta uni?n, no solos, sino a trav?s de nuestro conocimiento, nuestro amor y nuestro servicio a ?l y a nuestros hermanos y hermanas, en una relaci?n comunicativa y amorosa.

Es evidente que en el centro de cualquier reflexi?n seria sobre la naturaleza y la finalidad de las comunicaciones humanas debe estar un compromiso con las cuestiones relativas a la verdad. Un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, consolar, pero el valor final de cualquier comunicaci?n reside en su veracidad. En una de las primeras reflexiones sobre la naturaleza de la comunicaci?n, Plat?n subray? los peligros de cualquier tipo de comunicaci?n que busque promover los objetivos y los prop?sitos del comunicador o de aquellos para quienes trabaja sin considerar la verdad de cuanto se comunica. Tambi?n vale la pena recordar la sabia definici?n de orador que dio Cat?n el Viejo: vir bonus dicendi peritus, un hombre bueno y honesto, h?bil para comunicar.

El arte de la comunicaci?n, por su naturaleza, est? vinculado a un valor ?tico, a las virtudes que son el fundamento de la moral. A la luz de esa definici?n, os aliento, como educadores, a que aliment?is y recompens?is la pasi?n por la verdad y la bondad que siempre es fuerte en los j?venes. Ayudadles a dedicarse plenamente a la b?squeda de la verdad. Pero ense?adles tambi?n que su pasi?n por la verdad, que tambi?n puede servirse de cierto escepticismo metodol?gico, especialmente en cuestiones de inter?s p?blico, no debe distorsionarse ni convertirse en un cinismo relativista seg?n el cual se rechace o ignore habitualmente cualquier apelaci?n a la verdad y a la belleza.

Os aliento a poner mayor atenci?n en los programas acad?micos del ?mbito de los medios de comunicaci?n social, en especial en las dimensiones ?ticas de la comunicaci?n entre las personas, en un per?odo en el que el fen?meno de la comunicaci?n est? ocupando un lugar cada vez mayor en todos los contextos sociales. Es importante que esta formaci?n jam?s se considere como un simple ejercicio t?cnico o como mero deseo de dar informaciones; conviene que sea principalmente una invitaci?n a promover la verdad en la informaci?n y a hacer reflexionar a nuestros contempor?neos sobre los acontecimientos, a fin de ser educadores de los hombres de hoy y construir un mundo mejor. Tambi?n es necesario promover la justicia y la solidaridad, y respetar en toda circunstancia el valor y la dignidad de cada persona, que tiene derecho a no ser ofendida en lo que concierne a su vida privada.

Ser?a una tragedia para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicaci?n, que permiten compartir el conocimiento y la informaci?n de manera m?s r?pida y eficaz, no fueran accesibles a los que ya est?n marginados econ?mica y socialmente, o s?lo contribuyeran a agrandar la distancia que separa a estas personas de las nuevas redes que se est?n desarrollando al servicio de la socializaci?n humana, la informaci?n y el aprendizaje. Por otro lado, ser?a igualmente grave que la tendencia globalizante en el mundo de las comunicaciones debilitara o eliminara las costumbres tradicionales y las culturas locales, de manera especial las que han logrado fortalecer los valores familiares y sociales, el amor, la solidaridad y el respeto a la vida.

En ese contexto, deseo expresar mi aprecio a aquellas comunidades religiosas que, no obstante los altos costos financieros o los innumerables recursos humanos, han abierto Universidades cat?licas en los pa?ses en v?as de desarrollo, y me complace que muchas de estas instituciones est?n hoy aqu? representadas. Sus esfuerzos asegurar?n a los pa?ses donde se encuentran el beneficio de la colaboraci?n de hombres y mujeres j?venes que reciben una formaci?n profesional profunda, inspirada en la ?tica cristiana, que promueve la educaci?n y la ense?anza como un servicio a toda la comunidad. Valoro de manera particular su compromiso por ofrecer una esmerada educaci?n para todos, independientemente de la raza, condici?n social o credo, lo cual constituye la misi?n de la Universidad cat?lica.

En estos d?as est?is examinando la cuesti?n de la identidad de una Universidad o de una escuela cat?lica. Al respecto os recuerdo que esta identidad no es s?lo una cuesti?n de n?mero de alumnos cat?licos; es sobre todo una cuesti?n de convicci?n: se trata de creer verdaderamente que el misterio del hombre s?lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. La consecuencia es que la identidad cat?lica est? en primer lugar en la decisi?n de encomendarse uno mismo ?inteligencia y voluntad, mente y coraz?n? a Dios. Como expertos en la teor?a y en la pr?ctica de la comunicaci?n, y como educadores que est?n formando una nueva generaci?n de comunicadores, desempe??is un papel privilegiado no s?lo en la vida de vuestros alumnos, sino tambi?n en la misi?n de vuestras Iglesias locales y de sus pastores para dar a conocer la buena nueva del amor de Dios a todas las personas.

Queridos hermanos, a la vez que confirmo mi aprecio por vuestro sugestivo encuentro, que abre el coraz?n a la esperanza, deseo aseguraros que sigo vuestra importante actividad con la oraci?n y la acompa?o con una especial bendici?n apost?lica, que extiendo de coraz?n a todos vuestros seres queridos.

Publicado por mario.web @ 1:32
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