Domingo, 15 de mayo de 2011
Ponencia de Betty Martinez Ojeda, Claudia Benito, Patricia Bustamante(Integrantes del grupo de investigaci?n CELAM ? UNIMINUTO) Universidad Minuto de Dios en el marco del II Congreso de ?tica de la Comunicaci?n
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?tica de la comunicaci?n y Comunicaci?n ?tica
?tica de la comunicaci?n y Comunicaci?n ?tica
El lector encontrar? en las siguientes p?ginas una construcci?n colectiva de un grupo de profesores ? investigadores de la Universidad que ha afrontado como primer desaf?o pensar y escribir juntos sobre un tema tan complejo y del que tanto se ha hablado: la ?tica en el ejercicio de la comunicaci?n y m?s espec?ficamente, algunas reflexiones sobre la ense?anza de la ?tica para los futuros comunicadores del pa?s.

La apuesta colectiva surge de la iniciativa emprendida en el a?o 2007 por las Facultades de Comunicaci?n y de Ciencias Humanas de la Universidad Minuto de Dios y el Departamento de Comunicaci?n del Consejo Episcopal Latinoamericano ? CELAM ? que se consolida en un proyecto de investigaci?n conjunta entre ambas instituciones, con el prop?sito de indagar de qu? manera la ?tica se imparte en las aulas universitarias para responder a una pregunta que se constituye en el objeto mismo del proyecto investigativo: ?Qu? impacto genera la ?tica en la formaci?n de los estudiantes de pregrado de UNIMINUTO?

La respuesta a este interrogante no se agota en un proceso investigativo de car?cter acad?mico. Se requerir?a hacer un acompa?amiento de a?os, a los profesionales que egresan de los programas de pregrado para saber profundamente si se produce o no, un impacto real de la Academia en la vida personal y profesional. Sin embargo, la reflexi?n sobre una comunicaci?n ?tica que el tiempo actual nos exige - con sus desencantos y aciertos -, no nos deja indiferentes a quienes estamos en este ?proyecto en curso? de formaci?n de los hombres y mujeres que creen en la Comunicaci?n ?tica como un estilo de vida.

PREMISAS

Hablar hoy de una ?tica que acompa?e el ?itinerario de vida? parece anunciar la exigencia de un retorno a la filosof?a de la ?tica y, al mismo tiempo, nos pide entrar en di?logo con las Ciencias Sociales que, a lo largo de la historia y desde la episteme propia de cada una de ellas, sugiere una lectura del ser humano y de su estar en el mundo.

En los ?ltimos tres siglos que marcan la modernidad, se ha construido un tipo de ?tica basado en el valor del sujeto en su racionalidad y libertad intr?nsecas. As?, se va trasegando por m?ltiples interpretaciones que van desde el utilitarismo hasta la centralidad del Yo moral, trasladado este ?ltimo a categor?as universales, abstractas y tendencialmente aplicables a la humanidad en su conjunto, haciendo de la ?tica un imperativo que conduce a la transformaci?n del hombre natural en el ciudadano corresponsable del ?bien com?n?, en cuyo ejercicio cotidiano va cediendo el paso al ?t? debes? que impone al sujeto la obligaci?n de orientarse hacia el m?ximo de la racionalidad y que le permite adecuarse a una especie de ?legislaci?n universal?. Y en este acto de ?obediencia? a la ley, pretende obtener su autonom?a.

Por supuesto, estas premisas son s?lo pinceladas de las exigencias que la modernidad hace al sujeto en lo que hoy muchos llaman ?crisis?, ?noche epocal?, ?cambio de referentes?, ?crep?sculo de la ideolog?as?, en suma, el fin mismo del sujeto. Pero, como dice Jacqueline Russ (Carlo Galli, 1997: IX), el Novecientos no es solamente el siglo del derrumbe del sujeto, de la ?tica universal y de las narrativas ideol?gicas. Pues, si bien el modelo del sujeto trascendente aut?nomo y hegem?nico es obsoleto, no se vive sin la exigencia de una ?tica que regule las opciones morales, en el sentido de que la vida en sociedad exige un fundamento que justifique los comportamientos y opciones, en el ?mbito de lo p?blico y lo privado.

Se buscan entonces nuevos principios, imperativos, esto es, nuevas ?ticas.

DESDE UNA PERSPECTIVA ANTROPOL?GICA

La sociedad fragmentada en la que todos estamos inmersos, nos reta continuamente a orientar nuestra mirada hacia la persona situada en un aqu? y un ahora, tambi?n ella vulnerable a unas estructuras sociales pluriformes, diversas, multiculturales. No es posible por tanto, pensar en una ?tica para un solo tipo de hombre y mujer y mucho menos para una cultura monol?tica. Tampoco es admisible reflexionar sobre el quehacer pedag?gico de la universidad colombiana, si no se la sit?a en un contexto cambiante, matizado por las incertidumbres que las din?micas del s.XXI presenta a los j?venes colombianos, quienes, independientemente de su origen o de su pertenencia a un grupo social determinado, heredan un ?no futuro? que causa preocupaci?n y por supuesto, cuestiona el proceso mismo de la investigaci?n acerca de los contenidos que puede ofrecer una c?tedra sobre proyecto de vida. Por eso, en un intento por desentra?ar el misterio de cada universo humano, joven y ?multicolor? que llega a las aulas, no puede faltar una mirada antropol?gica que tenga en cuenta categor?as de an?lisis como diversidad, otredad, reciprocidad, intersubjetividad.

Por ello, la perspectiva antropol?gica no es ciertamente tangencial ya que hablar de ?tica nos remite necesariamente a la comprensi?n de la multiculturalidad y la diferencia, al respeto por la alteridad en sentido amplio y al reconocimiento del otro que se aproxima y contrapone, en una dial?ctica constante de cercan?as y contradicciones. Comprender la ?tica desde la antropolog?a implica la reflexi?n sobre los inicios mismos de nuestra especie, reconocer el valor ontol?gico de la sociabilidad frente a la supervivencia y el beneficio de los componentes ?ticos como estrategias de creaci?n y reproducci?n de los principales modelos culturales y de su aprehensi?n significativa.

La especie humana logra, en la aurora de los tiempos, aunque inicialmente de forma muy precaria, la extraordinaria facultad de dar sentido a su estancia en el mundo. Esa posibilidad in?dita de nuestra especie, determina su constituci?n en adelante, convirti?ndose entonces en la primera representante de esta nueva forma de vida, tan compleja y din?mica, que necesit? indefectiblemente una forma pr?ctica de dotar de significados su experiencia. Pasar?an m?s de cinco millones de a?os, para que esa capacidad de abstracci?n de la naturaleza se convirtiera en complejas estructuras simb?licas, acontece entonces el advenimiento de las densas matrices de las culturas, que constituyen la especificidad y la principal caracter?stica diferenciadora de la constituci?n humana.

La regulaci?n moral de la acci?n, propia de la condici?n sapiens surge cuando aparece la consideraci?n del ?deber ser? m?s all? del ?ser?, como hab?a ocurrido hasta entonces. ?ste fue un paso trascendental del estado de naturaleza al estado de cultura, un paso tan significativo que define la sustancialidad del ser social y cultural que organiza de manera l?gica los principales componentes de su praxis social y que en el trasfondo de todo, denota los elementos consustanciales de la supervivencia.

M?s all? de ser un asunto pr?ctico y aunque deriva de ?l, la aparici?n del deber ser corresponde a una necesidad que deviene de la misma alteridad, de la vital relaci?n con el otro, de la aparici?n de categor?as sofisticadas en el entramado social, que provocan la emergencia de estos marcos de la conducta y de su introyecci?n l?gica y emotiva a trav?s de las estructuras pedag?gicas de la cultura.

Cada cultura ha desarrollado, a trav?s del tiempo, un modelo ?tico propio que depende estructuralmente de los principales contenidos axiol?gicos y de particulares marcos de referencia conceptual, que deben ser aprehendidos de forma muy temprana, por los individuos pertenecientes a tales grupos sociales, en aras de la inclusi?n social, de su permanencia y reconocimiento y de la evitaci?n de desestabilizadoras fracturas sociales. Estos marcos de referencia del pensamiento constituyen la dimensi?n m?s elevada de la capacidad de pensamiento simb?lico de los seres humanos y son interpretados desde ontolog?as propias, ya sea desde la voluntad intangible del mundo metaf?sico, o desde reglas atribuidas a la naturaleza o a la voluntad cuasi divina de las jefaturas del poder pol?tico imperante.

Si asumimos a la cultura como un ?tejido de significados? (Geertz, 1990) o como ?una estructura performativa, es decir, como un campo negociado que se construye de acuerdo a la movilidad de los individuos, los intereses en juego y los modos hegem?nicos vigentes? (Sahllins, 1995) reconoceremos que los principales esquemas de la conducta ideal humana son determinantes en la educaci?n de los miembros de esos colectivos y que estos modelos representan los contenidos m?s valiosos del ejercicio pedag?gico de enculturaci?n, igualmente, tendremos que acepar la indiscutible variabilidad en la asunci?n de la estructura axiol?gica en todo tipo de culturas. Desde las tradicionales sociedades premodernas, en donde el pensamiento m?tico homogeniza y predetermina las divergencias frente a lo establecido como bueno, deseable o negativo, hasta la constituci?n de las ?ticas modernas, los patrones de la aprehensi?n ?tica y moral en la conciencia individual y colectiva, fungen como estereotipos relativizados por determinadas posiciones sociales, econ?micas, pol?ticas, religiosas o por las experiencias subjetivas frente a los fen?menos de mundo de la vida convertido en campo de tensiones y negociaciones, en virtud de la misma divergencia que es objeto de control social.

Es entonces cuando necesariamente estaremos reconociendo y validando el important?simo papel que la ?pedagog?a social? desempe?a en la forma de circulaci?n e intercambios de sentido de la acci?n humana compartida y las distintas intensidades adjudicadas colectivamente a unas u otras experiencias, convirtiendo el mundo de la vida en un escenario infinito de valoraciones. Valores diferenciados en tanto referidos a las experiencias subjetivas, a las posiciones de poder, hegemon?as y subalternidades, expl?citas e impl?citas en cada momento hist?rico y en todas las formas conocidas de organizaci?n social.

La cultura, por tanto, se convierte en un campo sem?ntico en donde se construyen y deconstruyen permanentemente las condiciones de su existencia, por lo cual es menester determinar con precisi?n los l?mites de la conducta de sus miembros, referida a los par?metros ideales aceptados o impuestos socialmente, haciendo acopio de todos los recursos posibles para tales aprendizajes. La estrategia envolvente de esta red simb?lica es fundamental en tanto y cuanto encara la dif?cil tarea de homogeneizar la conducta de individuos aut?nomos y libres, con percepciones distintas y experiencias muchas veces contrapuestas.

Para atender a la noci?n de valores culturales, podremos asumirlos como ?concepciones compartidas de lo que es deseable: son ideales que aceptan, expl?cita o impl?citamente, los miembros de un grupo social y que, por consiguiente, influyen en el comportamiento de los miembros del grupo.? (P.Bock,1990) Efectivamente, ?stos influyen decididamente desde las proyecciones objetivas y subjetivas que emergen en la cotidianidad, ya que todos los lenguajes de la cultura refuerzan la validez de dichas conductas y asunciones conceptuales, desde la m?s temprana infancia y constituyen rasgos muy determinados de la identidad siendo ?sta el principal equipamento de respuesta ante las exigencias del entorno y en donde se evidencia de forma contundente la caracter?stica teleol?gica de los principios ?ticos.

Estos patrones valorativos de la adaptabilidad social son m?s radicales e inamovibles en tanto menos compleja es la configuraci?n social a los cuales pertenecen, es as? como, en las sociedades tribales o claniles, el pensamiento m?tico y la acci?n ritual cumplen la funci?n pedag?gica por excelencia del orden social. ?Los elementos fundamentales del mundo, que se conocen porque se han experimentado a trav?s de las pr?cticas sociales y forman parte de la naturaleza, ser?n los referentes para crear ese orden necesario para la construcci?n social de la realidad, que se transforma a medida que el mito es narrado.? (Mart?nez O, 2006) El mito no constituye un argumento racional de la conducta ?tica, pero fija sus principales par?metros en la conciencia individual y colectiva, en virtud de los componentes afectivos que involucra y que impactan la misma subjetividad, ya que ?stos, en la mayor?a de los casos son ritualizados y act?an como constructores sociales de la realidad.

Los rituales, igualmente, cumplen una funci?n de refuerzo pedag?gico de las principales valoraciones de la cultura. Siendo estructuras comunicativas, simbolizadas y altamente sacralizadas, su papel de fijaci?n y sublimaci?n de la conducta humana ideal es considerado uno de los m?s eficientes, dentro de las pr?cticas de socializaci?n y definiciones identitarias. Los individuos expuestos a dichos aprendizajes, son determinados por ellos, sin embargo, la gran variabilidad de las condiciones de la experiencia humana permanentemente ponen a prueba su car?cter de estabilidad que les es propio y la rigidez de sus l?mites frecuentemente es flexibilizada.

De otro lado, al transformarse permanentemente las fronteras de las culturas y redefinir sus l?mites, las subjetividades se ven expuestas a crear una suerte de palimpsestos en los cuales se articulan valoraciones primarias con aquellas que se van reelaborando durante la experiencia vital y la proximidad a otras formas de ser y de estar en el mundo,? la antropolog?a nos ense?a que las respuestas adaptantes humanas pueden ser m?s flexibles que las de otras especies debido a que nuestros principales medios de adaptaci?n son socioculturales. Sin embargo, las formas, instituciones, valores y costumbres culturales del pasado siempre influyen en la adaptaci?n subsiguiente, produciendo una continua diversidad y dando un cierto sentido ?nico a las acciones y reacciones de los diferentes grupos?. (Kottak, 2000).

Entre m?s compleja una sociedad, tanto m?s complejas resultan sus estructuras de control moral y ?tico, por la dificultad de unificar los preceptos que exigen gran adhesi?n individual y colectiva y la polarizaci?n de los criterios esencialistas de verdad. En este tipo de sociedades como las occidentales contempor?neas, el mayor reto de organizaci?n consiste en la aceptaci?n de unos m?nimos ?ticos que se puedan compartir de manera universal y para los cuales a?n no existen dispositivos suficientemente generalizables, ya que los esquemas ?ticos que emergen de las matrices culturales se van distorsionando en la medida que los agentes educativos, los interpretan, reconfiguran y transforman seg?n sus propias percepciones y de esta forma su circulaci?n permanentemente es modificada hasta su llegada a las siguientes generaciones.

Por tal raz?n, los actos educativos de la ?tica en las formas actuales de la cultura occidental, revisten tal complejidad y requieren de tal esfuerzo de interpretaci?n y comprensi?n de la diversidad humana que sin lugar a dudas requiere de una reorganizaci?n social que sea transversal a todas las dimensiones de la cultura, desde sus matrices hasta las instituciones y sujetos que agencian dichos procesos. No debemos olvidar que desde su aparici?n y hasta la actualidad, el homo sapiens siempre ha necesitado del pensamiento m?tico y de la ritualizaci?n para dar sentido profundidad y trascendencia a aquellos componentes de su experiencia que considera significativos. Entender estas expresiones humanas, encontrar el factor com?n en las diferencias, descubrir el dispositivo de adhesi?n intelectual y afectiva y elevarlo al estatuto de una ?tica planetaria es el principal y m?s urgente reto de la academia frente al tema clave de dar sentido a la convivencia pac?fica.


ALTERIDAD, DIVERSIDAD E INTERSUBJETIVIDAD COMO CATEGOR?AS ?TICAS

La noci?n m?s ?ntima y ontol?gica
de la condici?n humana
se refiere a la noci?n del yo,
como suced?neo de otro...
B.M.O.

La noci?n de alteridad se encuentra ontol?gicamente ligada a la comprensi?n del s? mismo, parte de la ?ntima percepci?n del ser que habita en nuestro interior y de la unidad de lo diverso que nos constituye desde la misma conformaci?n de nuestra conciencia, previa a la creaci?n de la identidad, en t?rminos Levinasianos. Esta categor?a alude a lo alterno, a aquello que siendo externo existe en el yo simult?neamente, siendo susceptible a su representaci?n en lo que es ajeno y propio, permitiendo la ubicaci?n del sujeto en el campo social.

La identidad adquiere su especificidad en la medida de la coexistencia con otros, es esta otredad la sustancia de realizaci?n de los componentes de representaci?n de la exterioridad que deviene diferencia y semejanza y se convierte en corporeidad. El sentido del cual es dotado el sujeto es co-costruido en los ?mbitos de su experiencia. ?El mundo se construye como una proyecci?n significativa de la corporeidad (...) como proceso constituyente siempre en interacci?n con el otro(...) (Melich, 1997:80).

En este orden de ideas, la identidad emerge de la conciencia de lo igual y lo distinto, de su encuentro cercano y distante, de su incorporaci?n significativa, de la experiencia cruzada por esta dualidad inherente a su misma existencia en el mundo y de su biograf?a como espejo de otras biograf?as. Por tanto, la constituci?n del sujeto siendo eminentemente relacional, est? soportada y sustentada en el desarrollo del sentido de alteridad, de la certeza de la existencia de semejantes, en un juego de autopercepci?n y percepci?n de otros, en escenarios simb?licos y objetivos de la realidad construidos conjuntamente.

La noci?n de alteridad ha sido definitiva en el proceso de adaptaci?n humana y hace eco a su principal caracter?stica la sociabilidad. La cultura provee al humano de dispositivos espec?ficos de interpretaci?n del mundo a trav?s del moldeamiento de estructuras cognitivas que nos permiten comprender o asumir los fen?menos que en ?l nos afectan, entre ellos el m?s importante, el conocimiento y ajuste al entorno social.

Igualmente nos ofrece el aprendizaje para la interacci?n con el pr?jimo, fuente de acuerdo y disenso. Estas tensiones, son naturalizadas a trav?s de las pr?cticas cotidianas y se convierten en una experiencia real, que garantiza la permanencia en los grupos. Es una construcci?n social y compartida de la realidad en virtud de la articulaci?n l?gica y afectiva con la diversidad que deviene de la apropiaci?n del otro como diferente, para lo cual se prev?n matrices ?ticas y morales.

El Uno contiene a la diferencia en su interior. La autoconciencia se encuentra situada en el desdoblamiento, en el juego rompedor de espejos, propio de la mimesis. (Samon?.2005:35) El mundo subjetivado est? dotado del sentido construido por la diversidad a la que ha estado expuesto, en escenarios espacio-temporales de intersubjetividad. Si el otro es vinculado a la conciencia, dentro de los par?metros de clasificaci?n que una cultura determina, la clasificaci?n de lo diverso, no se construye sobre par?metros reconocibles y naturalizados sino que ?stos deben ser construidos alternativamente, dependiendo de los componentes axiol?gicos que hayan sido asumidos en la acci?n pedag?gica inmediata de la vida cotidiana, desde la infancia.

Aprendemos existencialmente, por acci?n de la pedagog?a social a tener m?s propensi?n por el rechazo o por el acogimiento de lo distinto.
Los campos en los cuales estos aprendizajes claves de la adaptabilidad se producen, determinan la capacidad de cada individuo para asumir lo diverso como propio y la articulaci?n de sus estructuras de sentido, ensambladas a los componentes de su propia experiencia con la de los dem?s. La cultura no siempre facilita y dispone de los recursos ps?quicos y sociales suficientes para asumir de forma arm?nica estas diferencias en las valoraciones fundamentales, por tanto el conflicto es inherente a la condici?n de los grupos humanos.

La asimilaci?n de una amplia gama de los componentes ?ticos, establecidos como deseables en cada cultura y la efectividad de sus intercambios en entornos familiares, sociales e institucionales, garantizan mayores posibilidades de manejo adecuado de la diversidad a trav?s de los complejos sistemas de comunicaci?n e intersubjetividad.

La concepci?n contempor?nea de Comunicaci?n est? vinculada indiscutiblemente con el de comunidad, que alude a la unidad de lo com?n y que proviene de toda relaci?n social en su devenir de reproducci?n y transformaci?n, siendo posibilidad inmanente y definitoria de la especie humana. ?ste es un fen?meno previo a toda mediaci?n tecnol?gica y su pr?ctica es constitutiva de la condici?n humana. (MART?NEZ, O. 2006:24)

La comunicaci?n humana incorpora una caracter?stica eminentemente socio-cultural, que aparece en estado de flujo continuo, regularmente espont?neas y obedecen a respuestas, que aunque al igual que en la informaci?n, son de car?cter anticipatorio, generalmente son producto de la interpretaci?n inmediata de cada una de las expresiones en la interacci?n directa entre sujetos bajo el supuesto necesario de la veracidad del acto comunicativo.

En este proceso est?n implicados, no solamente el lenguaje verbal, sino toda la gama de posibilidades expresivas humanas que fungen como mediaciones simb?licas en el moldeamiento y ensamblaje valorativo que permiten la asunci?n ?tica y moral de las acciones. Por esta raz?n, la comunicaci?n se instaura como condici?n ineludible de toda conformaci?n cultural y presupone no solamente la forma irremplazable de construcci?n de identidades sino la posibilidad ?nica de compartirlas y retroalimentarlas, en actos que dependen exclusivamente de la constituci?n interna de los sujetos y son reguladas por la consideraci?n del ?deber ser? como correlato de la vida social.

Felipe Neri Veneroni (1997Beso afirma refiri?ndose a la perspectiva antropol?gica de la comunicaci?n ?el hombre no se puede comprender sino en relaci?n con otros, en donde a un tiempo afirma y distingue su identidad ?. La comunicaci?n no es una sustancia en s? misma, separada de la cultura y de la sociedad sino que es el resultado de la pr?ctica social que configura las identidades colectivas e individuales dentro de determinados par?metros contextuales, . El principio que mueve la comunicaci?n es el que indica que todo el humano es expresivo y es una condici?n misma de su ser que se fundamenta el profundo car?cter de las relaciones interpersonales y grupales.

UN NUEVO PRINCIPIO: LA ACTIVIDAD COMUNICATIVA

La sociedad de la informaci?n y la gesti?n del conocimiento se han constituido en los principales escenarios que reclaman hoy una ?tica en el ejercicio de la Comunicaci?n. Por eso, nos atrevemos a hablar de un nuevo principio, que se suma a los ?cl?sicos? que han sostenido el pensamiento ?tico en pasado y tambi?n hoy. Aquellos antiguos fundamentos hoy se recuperan, quiz?s adapt?ndolos a las problem?ticas contempor?neas, pero, en ?ltimas, se constituyen en los pilares de un corpus filos?fico de la ?tica: El principio religioso, como marco tradicional que distingue el bien del mal en un sistema de valores de la sociedad, anclado e integrado al principio divino y a la relaci?n de ?ste con una serie de ?metamorales?: el principio de la fuerza afirmativa, que en la filosof?a cl?sica es una potencia, una facultad activa, din?mica, creativa, que afirma nuestro ser y plantea una teor?a racional de los valores. Encontramos el principio de realidad, fundado sobre lo que realmente existe y la capacidad de aceptarlo y que para algunos fil?sofos, determina una (o unas) axiolog?as .Y c?mo prescindir del principio de responsabilidad, en relaci?n con los propios actos y el asumir sus consecuencias. Y en fin, los principios de libertad, de igualdad y no menos significativos los que tienen que ver con la diferencia, la est?tica, la autodeterminaci?n.

Con J?rgen Habermas, fil?sofo contempor?neo, de la segunda generaci?n de Frankfort, se radica la mirada de la ?tica en una concepci?n de la racionalidad y del discurso (Wittgenstein y Austin). Es en el pensar como acto comunicativo, en el lenguaje y en el entendimiento del mismo que se llega a la comprensi?n rec?proca, donde reside el principio de la acci?n comunicativa habermasiana, ya que la comunicaci?n transparente construye el paradigma de una moralidad preocupada en proceder a trav?s de la reciprocidad y la ausencia de violencia ( RUSS: 1997):36. Por tanto, la novedad est? en el principio de la racionalidad comunicativa, que busca el entendimiento de los sujetos que interact?an hasta llegar a favorecer el consenso entre los interlocutores.

Podr?amos decir entonces, que a la ?muerte del sujeto? le sucede una comunicaci?n transparente, una universalizaci?n del discurso que permite potenciar el di?logo y la relaci?n intersubjetiva (HABERMAS).

As? pues, una ?tica de la comunicaci?n, permite regular las din?micas de interacci?n social, donde no participan s?lo los especialistas y profesionales en comunicaci?n y medios, sino todos los actores sociales que le apuesten a la relacionalidad como paradigma de construcci?n social.

DEL AULA A LA CALLE

Al comienzo de este art?culo se?al?bamos la importancia de una investigaci?n acad?mica orientada a indagar sobre el impacto de la ense?anza de la ?tica en las Facultades de Comunicaci?n colombianas.

As? pues, el estudio que hemos emprendido est? a?n en construcci?n y por ello, nuestra pretensi?n a lo largo de estas l?neas, ha sido presentar, con la ayuda de importantes exponentes de las Ciencias Sociales, una aproximaci?n te?rico-conceptual a la ?tica aplicada a la vida cotidiana. Este Marco te?rico nos ha abierto el camino para la formulaci?n de categor?as de an?lisis que se han traducido, durante el a?o 2008 y en lo que va corrido del 2009, en la implementaci?n de unas metodolog?as y herramientas de recolecci?n e interpretaci?n de la informaci?n suministrada en distintas instancias de la Universidad Minuto de Dios, con el ?nimo de conocer la propuesta pedag?gica y el dise?o curricular del ?rea de formaci?n humana y, eventualmente, ofrecer sugerencias, con miras a optimizar la calidad, el alcance y el impacto de una ?tica que ayude al proyecto de responsabilidad social y, por ende de felicidad.

Entendiendo que el hombre vive en un universo simb?lico y no simplemente en un universo f?sico, se comprende que se enfrenta a la realidad de modo mediado, desde la manera como establece y act?a de acuerdo a sus mediaciones y modos de construir la realidad busca su identidad tratando de descubrir y afirmar sus potencialidades y posibilidades.

Resulta innegable que el ser humano tiene diversos tipos de necesidades. Para Gabriel Misas (2004:12)

?Las necesidades sociales son materiales y simb?licas. Se requiere satisfacer las necesidades b?sicas de supervivencia y aportar a los individuos herramientas necesarias tanto para construir su identidad como para definir las formas de pertenencia a una sociedad que tiene una historia y constituye un proyecto?.

Tampoco se pueden negar o simplemente ignorar las din?micas sociales; la universidad hoy no s?lo debe proveer conocimientos cient?ficos o acad?micos, pues resulta evidente que no es ?sta una educaci?n suficiente ni eficiente para resolver las diversas situaciones a las que a diario nos enfrentamos. Se hace necesario evaluar y replantear estrategias de flexibilizaci?n y diversificaci?n en la educaci?n que permitan adecuarse a nuevas posibilidades y exigencias del mundo laboral y social. Hay que incentivar la creatividad y el compromiso social.

En principio deber?a responderse la pregunta: ?Qu? educaci?n superior puede requerir el pa?s?, lo cual implica la definici?n de principios y objetivos de reconocimiento consensual en el campo, tales como la necesidad de crear una capa intelectual capaz de pensar los problemas nacionales con las herramientas m?s elaboradas de la academia internacional, y el compromiso radical con el inter?s general y las necesidades y posibilidades del desarrollo nacional. El pa?s requiere la competencia t?cnica necesaria para defender y ampliar su patrimonio cultural y material, para asegurar y fortalecer los v?nculos sociales, y para hacer frente a los retos de la globalizaci?n y de la sociedad del conocimiento. (Misas 2004, p. 14)

Se podr?a decir, recordando a Bourdieu, que la universidad se muestra como un campo de luchas. Si todos los campos se orientan al campo del poder y la reproducci?n del status quo ?c?mo revertir esta situaci?n y c?mo construir alternativas? Estas alternativas, ?pueden construirse a trav?s de la autonom?a como opuesta a la hegemon?a, venciendo el sentido com?n productor del habitus? esto es, ?resulta posible pensar otra forma de realizaci?n de la educaci?n superior que, por alguna parte, rompa la repetici?n y la exclusi?n que concentra la posibilidad de desarrollo s?lo en unos cuantos?

Por otra parte, pero en la misma direcci?n, el tema social se halla actualmente en el centro del escenario hist?rico de Am?rica Latina y por supuesto de Colombia; no se limita ?nicamente a la reflexi?n pol?tica. La incluye, pero tambi?n conduce a pensar en la responsabilidad de la participaci?n y la gesti?n comunitaria que busca encontrar mecanismos para lograr la equidad y satisfacer las necesidades ya mencionadas.

?Una oleada de investigaciones est? explorando actualmente algunos de los ?tesoros escondidos? en una forma de capital excluida del pensamiento econ?mico convencional, el denominado ?capital social?. Los trabajos pioneros de Robert Putnam y James Coleman verificaron, a inicios del 90, la influencia sobre el desarrollo de factores ?intangibles?, no visibles a los ojos, pero de presencia diaria activa en las sociedades y de alto peso en su evoluci?n. (Kliksberg y otros. 2000:30)

Como respuesta a la urgencia de trabajar con comunidades, grupos sociales, colectividades, etc. que buscan satisfacer sus necesidades materiales y culturales, y ante las din?micas sociales y econ?micas del pa?s, UNIMINUTO desde su misi?n se propone formar profesionales responsables, t?cnicamente competitivos, ?ticamente orientados y socialmente comprometidos que posibiliten un mayor proceso de mejoramiento de su entorno. Ante la opci?n de UNIMINUTO por trabajar con sectores marginados y menos favorecidos, tanto dentro como hacia fuera de la universidad y frente a la opci?n de buscar que sus egresados sean profesionales con un alto sentido social y con capacidad para ser gestores sociales, en el caso que nos ocupa, implica hacer un acercamiento a las transformaciones socio ? culturales urbanas, dado que este estudio se hace desde la influencia de la sede principal de Uniminuto, ubicada en Bogot?.

En s?ntesis, la aproximaci?n a lo pedag?gico es, antes que nada, una experiencia que se va tejiendo en el d?a a d?a, pero requiere, a su vez, una continua lectura y relectura que tenga en cuenta el proyecto institucional de Uniminuto, desde un humanismo cristiano, iluminado por la propuesta ontol?gica de un Evangelio vivo, que se ponga en pr?ctica de ?los techos para abajo??, que pase por las aulas donde se comparten saberes y vida y, esperemos, nos ayude a transitar, un poco m?s felices, por las calles de la gran ciudad: el mundo mismo, el que habitamos.


Por Betty Martinez Ojeda, Claudia Benito, Patricia Bustamante.
(Integrantes del grupo de investigaci?n CELAM ? UNIMINUTO)





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Publicado por mario.web @ 1:43
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