Domingo, 15 de mayo de 2011
Profundizar en los or?genes de la renovaci?n, con el fin de que las generaciones futuras de religiosas conozcan el verdadero esp?ritu que ha guiado a la Iglesia en los ?ltimos cuarentas a?os.
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Los or?genes de la Renovaci?n
Los or?genes de la Renovaci?n

Planteamiento del problema.

En las proximidades del 40? aniversario del Decreto Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaci?n de la vida religiosa, surge espont?neamente una acci?n de gracias al reconocer la ingente labor que no pocos Institutos de vida religiosa y sociedades de vida apost?lica han desarrollado a lo largo de este tiempo. Los frutos de la renovaci?n en dichos Institutos, as? como en sus miembros, son del todo conocidos y la Iglesia reconoce y agradece el esfuerzo realizado en esta tarea.

Las nuevas generaciones de religiosas estar?n siempre en deuda con aquellas hermanas, bien sea de la misma congregaci?n o de otra, que con coraje y denuedo han llevado y siguen llevando a cabo el proceso de renovaci?n de la familia espiritual a la cual pertenecen. Las j?venes religiosas que hoy en d?a tocan a la puerta de los conventos, gozan ya de aquello que varias religiosas han sabido sembrar durante estos cuarentas a?os de renovaci?n.

El prop?sito de este art?culo ser? el profundizar los or?genes de la renovaci?n, con el fin de que las generaciones futuras de religiosas conozcan el verdadero esp?ritu que ha guiado a la Iglesia en los ?ltimos cuarentas a?os y as? ellas, las religiosas del tercer Milenio, puedan dar continuidad a la labor comenzada.


Aclarando t?rminos.
Resulta indispensable clarificar conceptos. Antes de comenzar a indagar sobre los inicios de la renovaci?n, debemos especificar muy bien lo que la Iglesia ha entendido durante estos cuarenta a?os por renovaci?n. El Decreto Perfectae Caritatis establec?a los objetivos de la renovaci?n en los siguientes t?rminos: ?Mas para que el eminente valor de la vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos y su funci?n necesaria, tambi?n en las actuales circunstancias, redunden en mayor bien de la Iglesia, este Sagrado Concilio establece lo siguiente que, sin embargo, no expresa m?s que los principios generales de renovaci?n y acomodaci?n de la vida y de la disciplina de las familias religiosas y tambi?n, atendida su ?ndole peculiar de las sociedades de vida com?n sin voto y de los institutos seculares?.

El documento, a diferencia de otros escritos del Concilio, es muy escueto en se?alar y explicitar la renovaci?n que deber? seguir la vida consagrada. Traza las l?neas sobre las que deber? fundarse la renovaci?n, qui?nes deben llevar a cabo dicha renovaci?n y la importancia de preservar elementos esenciales de la vida religiosa. Deja entrever que el objetivo fundamental de la renovaci?n es la adecuada adaptaci?n y renovaci?n de la vida religiosa a las circunstancias actuales.

Debido a la liberalidad con la que muchos autores interpretaron la renovaci?n de la vida religiosa, no faltaron escritos del magisterio, espec?ficamente durante el papado de Paulo VI, que fueron clarificando el concepto de renovaci?n. Magistral resulta la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio en donde introduce el concepto discernimiento, para llevar a cabo una adecuada renovaci?n.

Pero estamos yendo ya demasiado lejos en este art?culo, pues no hemos definido los conceptos de renovaci?n revisados en el Concilio y a lo largo de estos cuarenta a?os de historia. Juan XXIII dice: ?Es ?sta una hora solemne para la historia de la Iglesia: se trata de poner un mayor fervor en su esfuerzo, siempre activo, de renovaci?n espiritual, en forma tal que pueda dar un mayor impulso a las obras y a las instituciones de su vida milenaria.? Nuevamente se habla del objeto de la renovaci?n, que es el de buscar un nuevo ardor, un nuevo fuego en el trabajo que desempe?a la Iglesia. Pero no menciona espec?ficamente el concepto de renovaci?n.

Tendremos por tanto que ayudarnos de la definici?n sem?ntico de la palabra, para as? entender el concepto. El diccionario de la Real Academia Espa?ola, anota cinco voces, entre las cuales observamos la siguiente: ?Dar nueva energ?a a algo, transformarlo?. De acuerdo a esta definici?n, y en consonancia con el Magisterio de la Iglesia, el acto de renovar conforma el utilizar lo que ya existe, para transformarlo en algo mejor, darle nuevas energ?as, nuevo brillo, mayor lustre. La renovaci?n implica no el desechar el concepto o la cosa antigua, sino el utilizarlo para transformarlo en algo nuevo, pero nunca diferente.

El objetivo de la consagraci?n, concepto en el que nos detendremos en el siguiente inciso, es el de adaptarse a las actuales circunstancias del mundo. El acto de renovar consistir? eminentemente en un proceso de adaptaci?n de la vida religiosa a dichas circunstancias. Esta adaptaci?n supone que prevalece lo esencial sobre lo accesorio. Adaptarse no significa diluirse, asimilarse o amoldarse, llegando a perder su identidad, su esencia. Nuevamente hacemos uso del diccionario y as? nos encontramos que adaptar es: ?Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno.? El ser vivo, en este caso, la vida consagrada, no deja de ser ella misma en sus elementos esenciales. Observa las condiciones de su entorno y se adapta a vivir en ellas, pero siempre de acuerdo a sus caracter?sticas m?s esenciales.

Este concepto de acomodaci?n ha sido uno de los conceptos m?s debatidos en el per?odo de la renovaci?n, llegando a ser interpretado en formas muy diversas. Hay quien ha querido ver en el proceso de adaptaci?n, el diluirse completamente de la vida consagrada, buscando nuevas f?rmulas para su identidad . Otros han pasado del concepto de renovaci?n al concepto de re-fundaci?n , y perfilan el tipo de vida consagrada que deber? darse ya en el a?o 2095 .

A estos y otras interpretaciones pueden llegarse cuando no se entiende que la renovaci?n no es un dejar atr?s la identidad de la vida consagrada, sino ?un adaptar las formas accidentales de la vida religiosa a algunos cambios que tocan con rapidez y amplitud creciente, las condiciones de toda existencia humana.? Y para ello es necesario un adecuado discernimiento: ?En el ?mbito mismo de este proceso din?mico (de renovaci?n) en el cual el esp?ritu del mundo corre el riesgo de mezclarse constantemente con la acci?n del Esp?ritu Santo, ?c?mo podremos ayudaros con el necesario discernimiento? ?C?mo salvaguardar o alcanzar lo esencial? ?C?mo beneficiarnos de la experiencia del pasado o de la reflexi?n del presente, para reforzar esta forma de vida evang?lica??

Podemos concluir por tanto que la renovaci?n de la vida consagrada es buscar la adaptaci?n de sus elementos esenciales, a las situaciones actuales de los tiempos. Una adaptaci?n que deber? realizarse siempre con el adecuado discernimiento.


El origen de la renovaci?n.
Resulta evidente que la renovaci?n tiene su origen en el cambio de las situaciones del mundo. Estos cambios no son los que dictan los procesos de adaptaci?n o renovaci?n en la vida consagrada, la cu?l, en su esencia no cambiar?. Es la vitalidad de la vida consagrada, que viendo las situaciones cambiantes del mundo, debe dar una respuesta v?lida para aplicar el mensaje evang?lico a todas las circunstancias.

Esta es muchas veces, el origen de Institutos de vida consagrada o sociedades de vida apost?lica. Hombres o mujeres que se dejaron interpelar por alguna carencia social de su tiempo y salieron al encuentro de ella, fundando una familia religiosa. No fue la circunstancia hist?rica la que hizo nacer el Instituto. Fue la caridad evang?lica, expresada a trav?s de la vida consagrada, la que hizo posible que surgiera una nueva fundaci?n, siempre bajo el soplo del Esp?ritu santo. La circunstancia hist?rica fue tan s?lo el pretexto, del Esp?ritu para hacer nacer esta obra.

Este modo de pensar responde al principio metaf?sico primero el ser y despu?s el actuar. Concebir los cambios en el mundo como generadores para cambiar el sentido y la identidad de la vida religiosa, ser?a trasponer los t?rminos, viendo en los fines medios y en los medios fines. La finalidad de la renovaci?n es la adaptaci?n de la vida religiosa a las circunstancias actuales. No son las circunstancias las que cambiar?n la esencia de la vida religiosa.

Quien no conoce la historia est? condenado a repetirla. Y as?, poco conocen como desde antes de 1950 se daba en la Iglesia y en los Institutos de vida consagrada un esfuerzo de adaptaci?n. As? lo consigna P?o XII: ?Se dan circunstancias, y muchas, en donde pod?is adaptaros al sentir y a las necesidades de los hombres y de los tiempos. Esto, del resto, y no en parte peque?a, ya se ha efectuado (?) Porque no pocas de vuestros h?bitos ya han estado laudablemente renovados, resultado de la multiplicidad de cosas que hac?is, en forma singular o por medio de vuestros institutos, en las escuelas, en la educaci?n de la juventud, en el paliativo que dais a las miserias de los hombres, en el cultivo y progreso de las ciencias. Por ello es necesario reconocer, y ninguno puede negar nuestra afirmaci?n, que ya se levanta una gran cantidad de trabajo para resolver en forma nueva y adaptada a los tiempos cambiantes.?

Y antes el mismo P?o XII en la Constituci?n Apost?lica Sponsa Christi, hab?a dado las directrices para adatar los institutos de vida contemplativa a las circunstancias de su tiempo.

Los ejemplos son innumerables. Baste citar cualquiera de los contenidos entre las 3465 p?ginas del Enchiridion de la vida consagrada en donde desde el papa Silicio (384-399) hasta Juan Pablo II (1978-) el magisterio de la Iglesia ha salido al encuentro de las m?s diversas situaciones para adaptar la vida religiosa a dichos cambios. Podr?amos citar como ejemplos de estos cambios, el decreto Quemadmodum en donde se explicitan las formas de confesi?n y manifestaci?n de conciencia de las personas consagradas hacia sus superiores. O incluso la curiosa nota del Papa Simmaco (498-514) que el Canone del Concilio di Agde (Francia, 506) en donde proh?be que los cl?rigos vayan de un lado a otro sin el permiso de su obispo, mediante carta de recomendaci?n, y que sean castigados, primero de palabra y despu?s, incluso con el bast?n.

Todos estos ejemplos nos hablan de la preocupaci?n de la Iglesia en procurar que la vida consagrada viviese de acuerdo con las circunstancias cambiantes de los tiempos. Muchas veces podemos pensar que las circunstancias cambiantes de los tiempos, es una frase acu?ada s?lo para los tiempos del Postconcilio. No negamos la rapidez con la que los cambios de esa ?poca han afectado la forma de vida, no s?lo de las religiosas, sino del hombre en general. Sin embargo, o por miop?a que fija la vista en el propio tiempo hist?rico, o por ignorancia, que no deja ver m?s all? del horizonte temporal de unos pocos a?os, o por soberbia, que cree que el tiempo en el cu?l se vive es el tiempo por excelencia que m?s pueda haber influido en la historia de la humanidad, perdemos de vista la importancia que otras ?pocas han tenido en el desarrollo del hombre y c?mo han influenciado a la vida religiosa.

Pensemos por ejemplo en la revoluci?n industrial que fue capaz de cambiar el concepto rural por un concepto urbano de la vida. LA vida religiosa en ese entonces se adecu? a esos cambios y as?, a medida que se daban las concentraciones urbanas con sus problemas anejos de miseria, analfabetismo, explotaci?n de los trabajadores, migraciones masivas, orfandad, trabajo de ni?os, surgieron tambi?n carismas y congregaciones religiosas que se adaptaron a estas necesidades y a estos tiempos nuevos.

No olvidemos tampoco c?mo el descubrimiento de Am?rica conmueve la concepci?n del mundo y de la vida que en ese entonces se ten?a en Europa. Y as? nuevamente vemos partir de Europa hacia Am?rica, congregaciones religiosas que se har?n misioneras y que sabr?n adaptarse a las diversas culturas. Superando intelectualmente y con pruebas cient?ficas la leyenda negra que se ha tejido en torno a la Iglesia de aquel entonces, constatamos la inculturaci?n que sufri? no s?lo los pueblos de la Am?rica, sino la vida religiosa. Son los religiosos y las religiosas las que aprenden las lenguas ind?genas y nos dejan consignados preciosos diccionarios. Es la vida religiosa de aquel entonces la que funda Universidades, hospitales, escuelas y preservando la cultura de aquellos pueblos, la evangeliza. Los consagrados evangelizan a los indios y a su vez, ellos reciben la influencia de las nuevas culturas que se ha descubierto.

Y esto es as?, pues no debemos olvidar que la vida religiosa no es una idea, una teor?a, una concepci?n filos?fica. Como ser viviente que es, como realidad espiritual, tiene un dinamismo propio. Crece por s? mismo. No se trata por tanto de hacer cambios en la esencia de un programa, sino m?s bien de adaptar el organismo de un ser viviente a los cambios que se dan, sin dejar su esencia, su esp?ritu esencial. Contrariamente a lo que algunos quieren hacer ver de la vida religiosa, no son modelos que se adaptan de acuerdo a las circunstancias, sino que es una esencia que se adecua a los cambios que se van dando en la historia.

No negamos que nuestra historia, la historia de los inicios del siglo XXI, es una historia de grandes cambios. Por ejemplo, ?la actitud que se tiene hacia la autoridad en la vida religiosa del Tercer Milenio, funda sus ra?ces en el movimiento estudiantil del ?68 y se presenta como una reacci?n a los abusos de un cierto autoritarismo antievang?lico, que hab?a invadido en forma indebida a varios Institutos y Congregaciones religiosas.? Hoy nadie tratar?a ?a bastonazos? a un religioso, como lo sugerido por el Concilio de Agde en tiempos del Papa Simmaco. Y esto porque tanto el hombre como la vida religiosa, son realidades que crecen y que se adaptan a los cambios.

Lo que no cambia es la esencia, ni del hombre ni de la vida religiosa. Esencia que para la vida religiosa se encuentra definida como un especial seguimiento de Cristo: ?La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y ense?anzas de Cristo el Se?or, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Esp?ritu. Con la profesi?n de los consejos evang?licos los rasgos caracter?sticos de Jes?s ?virgen, pobre y obediente? tienen una t?pica y permanente ? visibilidad ? en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atra?da hacia el misterio del Reino de Dios que ya act?a en la historia, pero espera su plena realizaci?n en el cielo.? ?Las personas consagradas, que abrazan los consejos evang?licos, reciben una nueva y especial consagraci?n que, sin ser sacramental, las compromete a abrazar ?en el celibato, la pobreza y la obediencia? la forma de vida practicada personalmente por Jes?s y propuesta por ?l a los disc?pulos. Aunque estas diversas categor?as son manifestaciones del ?nico misterio de Cristo, los laicos tienen como aspecto peculiar, si bien no exclusivo, el car?cter secular, los pastores el car?cter ministerial y los consagrados la especial conformaci?n con Cristo virgen, pobre y obediente.?

Por lo tanto, el origen de los cambios y las adaptaciones en la vida religiosa, no lo debemos buscar tan s?lo en el Concilio Vaticano II, en el decreto Perfectae Caritatis, sino el dinamismo propio de la vida consagrada. El m?rito del Concilio consiste en haber detectado las situaciones cambiantes y haber lanzado a las Congregaciones a la b?squeda de esos cambios y adaptaciones con el fin de que la vida religiosa, en su esencia no cambiante, siguiera aportando frutos de vida a toda la Iglesia.

Surge sin embargo la duda sobre c?mo llevar a cabo dichos cambios y adaptaciones.


Adaptar con discernimiento
El criterio para llevar a cabo dichos cambios y adaptaciones es el discernimiento, trazado magistralmente por Paulo VI en la Exhortaci?n Apost?lica Evangelica Testificatio, del26 de junio de 1971. Bien valdr?a la pena hacer el esfuerzo de leerla para entender que la renovaci?n no es fruto de la libre interpretaci?n, sino fruto de un necesario discernimiento ?para salvaguardar lo esencial, beneficiarse de la experiencia del pasado y de la reflexi?n del presente, para reforzar la forma de vida evang?lica (que es la consagraci?n a Dios).?

En dicha Exhortaci?n, el papa Paulo VI traza las l?neas sobre las que cada Congregaci?n debe trabajar para la renovaci?n de su propio Instituto. Las l?neas sobre las que debe hacerse el discernimiento, son las cinco que se mencionan en el decreto Perfectae Caritatis . El discernimiento debe hacerse de forma que el esp?ritu del mundo no se mezcle con la acci?n del Esp?ritu Santo y quede salvaguardado lo esencial. Por tanto, el discernimiento deber? hacerse teniendo muy claro el concepto de vida consagrada como seguimiento m?s ?ntimo de la persona de Cristo. Todo aquello que refuerce este seguimiento, apeg?ndose al carisma y al esp?ritu del Fundador, en l?nea con lo trazado por la Perfectae Caritatis, ser? pieza clave para la renovaci?n.

Conviene por tanto hacer una revisi?n de todas aquellas propuestas que se hagan para renovar la vida de los institutos religiosos y ponerlas en el cernidor del discernimiento, de acuerdo a los criterios antes enunciados por Paulo VI. De esta forma podemos estar seguros que la vida religiosa seguir? creciendo como organismo espiritual y adapt?ndose al mundo, sin perder su esencia.

Bibliograf?a

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Juan XXIII, Esortazione Il Tempio massimo, 2.7.1962
Diccionario de la Real Academia Espa?ola.
Ibidem.
Joan Chittister, OSB, El fuego en estas cenizas, Ed. Sal T?rrea, Santander, 1998
?AVISO: La palabra "refundar" no est? en el Diccionario.? Nota del Diccionario de la Real Academia Espa?ola al buscar la voz ?refundar?.
Jos? Mar?a Arnaiz, Per un presente che abbia futuro, Ed. Paoline, Milano, 2003
Paulo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, 29.6.1971, n. 51
Ibidem, n.5
P?o XII, Discorso Annus sacer, 8.12.1950
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Enchiridion della vita consacrata, EDB ?ncora Editrice, Bologna, 2001.
Decreto Quemadmodum, Sagrada Congregaci?n de los Obispos y cl?rigos regulares, 17.12.1890
Canon n. 38
Felic?simo Mart?nez D?ez, Rifondare la vita religiosa, Ed. Paoline, Milano, 2001. Se analiza la vida religiosa en forma de modelos, de forma tal que la vida religiosa va cambiando a lo largo de la historia, asumiendo diversos modelos. Actualmente, el modelo que seg?n algunos autores debe tomarse para enfrentar los tiempos actuales deber?a ser el modelo de la refundaci?n, palabra que incluso no existe en el diccionario por significar una cosa opuesta en s? misma. No se puede fundar algo nuevamente. O se cambia, se adapta, se renueva, o se hace una nueva fundaci?n.
Bruno Giordani, La formazione delle consacrate, indicazioni psicopedagogiche, ?ncora Editrice, Milano, 2003, p. 19
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, 25.3.1996, n.1 y 31
Paulo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, 29.6.1971, n. 6
2. La adecuada adaptaci?n y renovaci?n de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y a la inspiraci?n originaria de los Institutos, y la acomodaci?n de los mismos, a las cambiadas condiciones de los tiempos. Esta renovaci?n habr? de promoverse, bajo el impulso del Esp?ritu Santo y la gu?a de la Iglesia, teniendo en cuenta los principios siguientes:
a) Como quiera que la ?ltima norma de vida religiosa es el seguimiento de Cristo, tal como lo propone Evangelio, todos los Institutos ha de tenerlos como regla suprema.
b) Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.
c) Todos los Institutos participen en la vida de la Iglesia y, teniendo en cuenta el car?cter propio de cada uno, hagan suyas y fomenten las empresas e iniciativas de la misma: en materia b?blica, lit?rgica, dogm?tica, pastoral, ecum?nica, misional, social, etc.
d) Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.
e) Orden?ndose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesi?n de los consejos evang?licos, habr? que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtir?an efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovaci?n espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar



Publicado por mario.web @ 1:48
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