Domingo, 15 de mayo de 2011


La libertad necesita un prop?sito: requiere convicci?n. La verdadera libertad presupone la b?squeda de la verdad - para el verdadero bien - y por lo tanto, encuentra su plenitud en conocer y realizar lo que es correcto y justo. La verdad, en otras palabras, es la norma de conducta de la libertad, y la bondad es la perfecci?n de la libertad?.
Benedicto XVI

Este documento nos ayudar? a comprender la espiritualidad de la Nueva Era ilustrando los puntos donde dicha espiritualidad contrasta con la fe cat?lica
Autor: Vatican.va | Fuente: Catholic.net

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Se ha preparado una serie de art?culos que iremos enviando a modo de bolet?n cada semana que ha escrito el Magisterio de la Iglesia sobre el
complejo fen?meno de la Nueva Era (New Age), que influye en numerosos aspectos de la cultura contempor?nea.

El estudio es el fruto de la reflexi?n com?n del Grupo de Trabajo sobre Nuevos Movimientos Religiosos, compuesto por miembros de diferentes dicasterios de la Santa Sede: los Consejos Pontificios de la Cultura y para el Di?logo Interreligioso, que son los redactores principales de este proyecto; la Congregaci?n para la Evangelizaci?n de los Pueblos y el Consejo Pontificio para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos.

Estas reflexiones van dirigidas a fin de que puedan explicarse en qu? difiere el movimiento Nueva Era de la fe cristiana. El estudio invita a los lectores a tener en cuenta la sed espiritual de muchas personas de nuestro tiempo, que la espiritualidad de la Nueva Era trata de colmar. Es preciso reconocer que el atractivo que ejerce la religiosidad de la Nueva Era sobre algunos cristianos puede deberse en parte a una falta de atenci?n seria por parte de las propias comunidades cristianas respecto a temas que, en realidad, son elementos integrantes de la s?ntesis cat?lica.

Tales son, por ejemplo, la importancia de la dimensi?n espiritual del hombre, integrada en el conjunto de su existencia, la b?squeda del sentido de la vida, la vinculaci?n entre los seres humanos y el resto de la creaci?n, el deseo de una transformaci?n personal y social, y el rechazo de una visi?n racionalista y materialista de la humanidad.

La presente publicaci?n subraya la importancia de comprender la Nueva Era como corriente cultural, as? como la necesidad de que los cat?licos comprendan la aut?ntica doctrina y espiritualidad cat?licas para valorar adecuadamente los temas de la Nueva Era. Los dos primeros cap?tulos presentan la Nueva Era como una tendencia cultural multifac?tica y proponen un an?lisis de los fundamentos b?sicos de las ideas transmitidas en dicho contexto. A partir del tercer cap?tulo se ofrecen algunas indicaciones para el estudio de la Nueva Era, compar?ndola con el mensaje cristiano.


El comienzo del tercer milenio no s?lo llega dos mil a?os despu?s del nacimiento de Cristo, sino tambi?n en una ?poca en que los astr?logos creen que la Era de Piscis -conocida para ellos como la era cristiana- est? tocando a su fin. Estas reflexiones se refieren a la Nueva Era, que recibe su nombre de la inminente Era astrol?gica de Acuario. La Nueva Era es uno de los muchos intentos de dar sentido a este momento hist?rico con que la cultura (especialmente la occidental) se ve bombardeada. Resulta dif?cil ver con claridad qu? hay de compatible e incompatible respecto al mensaje cristiano. Por eso parece que es este el momento oportuno para ofrecer una valoraci?n cristiana del pensamiento de la Nueva Era y del movimiento de la Nueva Era como conjunto.

Se ha dicho, y con raz?n, que en estos d?as muchas personas vacilan entre la certeza y la incertidumbre, especialmente en lo que se refiere a su identidad.(1) Algunos dicen que la religi?n cristiana es patriarcal y autoritaria, que las instituciones pol?ticas son incapaces de mejorar el mundo y que la medicina tradicional (alop?tica) es sencillamente incapaz de curar eficazmente a las personas. El hecho de que lo que en otros tiempos eran elementos centrales de la sociedad se perciban actualmente como indignos de confianza o carentes de verdadera autoridad, ha creado un clima en el que las personas dirigen su mirada hacia el interior, hac?a s? mismas, en busca de sentido y de fuerza. Hay tambi?n una b?squeda de instituciones alternativas que se espera puedan responder a sus necesidades m?s profundas. La vida ca?tica y desestructurada de las comunidades alternativas de los a?os setenta ha ido dando paso a una b?squeda de disciplina y de estructuras, que son claramente los elementos clave de los movimientos ? m?sticos ? inmensamente populares. La Nueva Era resulta atractiva sobre todo porque mucho de lo que ofrece sacia el hambre que con frecuencia las instituciones oficiales dejan insatisfecha.

Aunque gran parte de la Nueva Era es una reacci?n frente a la cultura contempor?nea, en muchos aspectos se revela hija de esa misma cultura. El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extr?nseca y la tradici?n. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de ? pertenecer ? a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones ? oficiales ? mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religi?n se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebraci?n de la sacralidad del yo. Por eso la Nueva Era comparte muchos de los valores que propugnan la cultura de la empresa y el ? evangelio de la prosperidad ? (de los que se hablar? m?s adelante: secci?n 2.4), as? como la cultura del consumidor, cuyo influjo puede verse claramente en el n?mero cada vez mayor de personas que afirman que es posible conciliar el cristianismo y la Nueva Era, aceptando lo que les parece mejor de uno y otra.(2) Merece la pena recordar que las desviaciones en el seno del cristianismo tambi?n han superado el te?smo tradicional, al aceptar una vuelta unilateral al Yo, lo cual favorecer?a esta fusi?n de enfoques diferentes. Lo que importa se?alar es que, en ciertas pr?cticas de la Nueva Era, Dios queda reducido a una prolongaci?n del progreso del individuo.

La Nueva Era atrae a personas imbuidas de los valores de la cultura moderna. La libertad, la autenticidad, la autosuficiencia y otras cosas por el estilo se consideran sagradas. Atrae a quienes tienen problemas con estructuras de tipo patriarcal. ? No requiere m?s fe o m?s creencia que la necesaria para ir al cine ?,(3) y sin embargo pretende saciar el apetito espiritual del hombre.

Pero, y aqu? se halla la cuesti?n central, ?qu? se entiende exactamente por espiritualidad en el ambiente de la Nueva Era?


La respuesta es clave para desentra?ar algunas de las diferencias entre la tradici?n cristiana y gran parte de lo que puede llamarse Nueva Era. Algunas versiones de la Nueva Era dominan las fuerzas de la naturaleza y buscan comunicarse con otros mundos para descubrir el destino de los individuos, para ayudarles a sintonizar con la frecuencia adecuada y sacar el m?ximo partido de s? mismos y de sus circunstancias. En la mayor parte de los casos, resulta completamente fatalista. El cristianismo, por su parte, es una invitaci?n a dirigir la mirada hacia el exterior, m?s all?, al ? nuevo adviento ? del Dios que nos llama a vivir el di?logo del amor.(4)



En la era de las comunicaciones

La revoluci?n tecnol?gica de las comunicaciones en los ?ltimos a?os ha provocado una situaci?n completamente nueva. La facilidad y la velocidad con que hoy podemos comunicarnos es una de las razones por las que la Nueva Era ha atra?do la atenci?n de personas de todas las edades y ambientes. Muchos cristianos, sin embargo, no est?n seguros de qu? es en realidad. Internet, en particular, ha adquirido un enorme influjo, especialmente en los j?venes, que lo consideran un medio agradable y fascinante para obtener informaci?n. Pero sobre numerosos aspectos de la religi?n es un veh?culo superficial de desinformaci?n: no todo lo que se presenta con la etiqueta de ? cristiano ? o ? cat?lico ? es de fiar, ni refleja la doctrina de la Iglesia Cat?lica. Al mismo tiempo, hay una notable expansi?n de las fuentes de la Nueva Era que van desde cosas serias a lo rid?culo. Las personas necesitan, m?s a?n, tienen derecho a una informaci?n fidedigna sobre las diferencias entre el cristianismo y la Nueva Era.



Contexto cultural

Cuando se examinan muchas de las tradiciones de la Nueva Era, en seguida aparece claro que, en realidad, es poco que hay de lo nuevo en la Nueva Era. El nombre parece haberse difundido a trav?s de los rosacruces y la francmasoner?a, en tiempos de las revoluciones francesa y americana.

Sin embargo, la realidad que denota es una variante contempor?nea del esoterismo occidental, que se remonta a los grupos gn?sticos surgidos en los primeros tiempos del cristianismo y que se afianzaron en ?poca de la Reforma en Europa. Este gnosticismo se fue desarrollando junto con las nuevas visiones cient?ficas del mundo y adquiri? una justificaci?n racional a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Implicaba un progresivo rechazo del Dios personal y se fue centrando en otras entidades que en el cristianismo tradicional figuraban como intermediarias entre Dios y la humanidad, con adaptaciones cada vez m?s originales de las mismas, e incluso a?adiendo otras. Una poderosa corriente de la cultura occidental moderna que ha contribuido a difundir las ideas de la Nueva Era es la aceptaci?n general de la teor?a evolucionista de Darwin. Esto, junto con una atenci?n centrada en los poderes o fuerzas espirituales ocultas de la naturaleza, ha sido la columna vertebral de lo que hoy se conoce como teor?a de la Nueva Era. En realidad, si la Nueva Era ha alcanzado un notable grado de aceptaci?n ha sido porque la cosmovisi?n en que se basa ya estaba ampliamente aceptada. El terreno estaba bien preparado por el crecimiento y la difusi?n del relativismo, junto con una antipat?a o indiferencia hacia la fe cristiana. Ha habido, adem?s, un vivo debate acerca de si, y en qu? medida, se puede calificar la Nueva Era como un fen?meno posmoderno. La existencia misma del pensamiento y la pr?ctica de la Nueva Era, as? como su vitalidad, dan testimonio del insaciable anhelo del esp?ritu humano en pos de la trascendencia y del sentido religioso, algo que no es s?lo un fen?meno cultural contempor?neo, sino que ya se manifestaba en el mundo antiguo, tanto cristiano como pagano.


La Nueva Era y la fe cat?lica

Aun cuando se pueda admitir que la religiosidad de la Nueva Era en cierto modo responde al leg?timo anhelo espiritual de la naturaleza humana, es preciso reconocer que tales intentos se oponen a la revelaci?n cristiana. En la cultura occidental en particular, es muy fuerte el atractivo de los enfoques ? alternativos ? a la espiritualidad. Por otra parte, entre los cat?licos mismos, incluso en casas de retiro, seminarios y centros de formaci?n para religiosos, se han popularizado nuevas formas de afirmaci?n psicol?gica del individuo. Al mismo tiempo, hay una nostalgia y una curiosidad crecientes por la sabidur?a y los rituales de anta?o, lo cual explica en parte el notable aumento de la popularidad del esoterismo y del gnosticismo. Muchos se sienten especialmente atra?dos por lo que se conoce -correctamente o no- como ? espiritualidad ? celta,(5) o por las religiones de los pueblos antiguos. Los libros y cursos sobre espiritualidad o sobre religiones antiguas u orientales son un negocio floreciente y con frecuencia reciben el apelativo de ? Nueva Era ? por razones de car?cter comercial. Pero los v?nculos con dichas religiones no siempre est?n claros. De hecho, con frecuencia se niegan.

Un discernimiento cristiano adecuado del pensamiento y de la pr?ctica de la Nueva Era no puede dejar de reconocer que, como el gnosticismo de los siglos II y III, ?sta representa una especie de compendio de posturas que la Iglesia ha identificado como heterodoxas. Juan Pablo II ha alertado respecto al ? renacimiento de las antiguas ideas gn?sticas en la forma de la llamada New Age. No debemos enga?arnos pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovaci?n de la religi?n. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del esp?ritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar Su Palabra sustituy?ndola por palabras que son solamente humanas.

La gnosis no ha desaparecido nunca del ?mbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con ?l, a veces bajo la forma de corrientes filos?ficas, m?s a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano ?.(6) Un ejemplo de esto puede verse en el eneagrama, -un instrumento para el an?lisis caracterial seg?n nueve tipos- que, cuando se utiliza como medio de desarrollo personal, introduce ambig?edad en la doctrina y en la vivencia de la fe cristiana.


Un desaf?o positivo

No debe subestimarse el atractivo de la religiosidad de la Nueva Era. Cuando falta un conocimiento profundo de los contenidos de la fe cristiana, algunos, pensando err?neamente que la religi?n cristiana no es capaz de inspirar una espiritualidad profunda, la buscan en otros lugares. A decir verdad, algunos dicen que la Nueva Era se est? quedando anticuada y hablan ya de la ? pr?xima ? era.(7)

Hablan de una crisis que comenz? a manifestarse en Estados Unidos a comienzos de los a?os 1990, pero admiten que, especialmente fuera del mundo de habla inglesa, tal ? crisis ? puede llegar m?s tarde. Sin embargo, las librer?as y las emisoras de radio, as? como la multitud de grupos de auto-ayuda en numerosas ciudades y capitales occidentales, todos ellos parecen desmentir tal crisis. Parece que, al menos por el momento, la Nueva Era sigue estando bien viva como parte del actual panorama cultural.

El ?xito de la Nueva Era presenta un desaf?o a la Iglesia. Muchos piensan que la religi?n cristiana ya no les ofrece -o tal vez nunca les proporcion?- algo que necesitaran realmente. La b?squeda que con frecuencia conduce a una persona a la Nueva Era es un anhelo aut?ntico: de una espiritualidad m?s profunda, de algo que les toque el coraz?n, de un modo de hallar sentido a un mundo confuso y a menudo alienante. Hay algo de positivo en las cr?ticas que la Nueva Era dirige al
? materialismo de la vida cotidiana, de la filosof?a e incluso de la medicina y de la psiquiatr?a; al reduccionismo, que se niega a tener en cuenta las experiencias religiosas y sobrenaturales; a la cultura industrial de un individualismo desenfrenado, que inculca el ego?smo y se despreocupa de los dem?s, del futuro y del medio ambiente ?.(8)
Los problemas que plantea la Nueva Era nacen m?s bien de lo que propone como respuestas alternativas a las cuestiones vitales. Si no queremos que la Iglesia sea acusada de permanecer sorda a los anhelos de los hombres, sus miembros deben hacer dos cosas: afianzarse con mayor firmeza a?n en los fundamentos de su fe y escuchar el clamor, con frecuencia silencioso, del coraz?n de los hombres, que les lleva a alejarse de la Iglesia cuando no encuentran en ella respuestas satisfactorias. En todo ello hay tambi?n una llamada a acercarse a Jesucristo y a estar dispuestos a seguirle, ya que ?l es el verdadero camino hacia la felicidad, la verdad sobre Dios y la plenitud de vida para cuantos est?n dispuestos a responder a su amor.

Bibliograf?a



Documentos del Magisterio de la Iglesia Cat?lica

Jesucristo portador del agua de la vida (vatican.va)

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Publicado por mario.web @ 2:39
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