Domingo, 15 de mayo de 2011
Ensayo de Miguel ?ngel Fuentes (Conoze.com) sobre la desnudez y las bellas artes
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?Qu? dice la moral del desnudo en el arte?
?Qu? dice la moral del desnudo en el arte?
1. La desnudez en s? misma
La desnudez no es en s? una cosa inmoral: Dios, despu?s de haber formado el cuerpo humano, lo juzg? muy bueno (Gn 1,31). ?De d?nde viene el posible desorden? Lo tenemos expresado en las dos actitudes sucesivas que leemos en el G?nesis:
?Ambos estaban desnudos... sin avergonzarse de ello? (Gn 2,25).

?Abri?ronse los ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron una hojas de higuera y se hicieron unos ce?idores? (Gn 3,7). ?Te he o?do ?dice Ad?n a Dios? en el jard?n, y temeroso porque estaba desnudo, me escond?. ?Y qui?n te ha hecho saber que estabas desnudo?? (Gn 3,10-11).

La aparici?n de la verg?enza muestra un cambio de estado en el hombre y la mujer. Ese cambio viene por el pecado original que introduce un desorden en la actividad humana. Ese desorden que queda como secuela del pecado se denomina ?concupiscencia?. La concupiscencia desordenada altera el orden y naturaleza de las cosas; en el plano de la sensualidad y sexualidad ordena el cuerpo al placer ven?reo ego?sta, alterando el fin de la sexualidad que es la mutua complementariedad esponsal (realizando la doble dimensi?n de la sexualidad: unitiva y procreativa). La concupiscencia, pues, hace que la tendencia sexual pase de ser ?donaci?n plena de amor? (s?lo posible en el contexto conyugal) a ?posesi?n ego?sta?, convirtiendo al otro (al cuerpo del otro) en objeto de uso en lugar de ser t?rmino de donaci?n.

El problema del desnudo en el estado actual de la naturaleza humana (herida por el pecado) es que puede convertirse en ocasi?n de lo que se denomina ?mirada concupiscente?: la mirada que se posa en el cuerpo como objeto de deseo, integr?ndolo en la concupiscencia desordenada del coraz?n. El doble mal que se sigue es, por un lado, el pecado de la persona que mira rebajando el cuerpo a objeto de placer; y la p?rdida de la dignidad en la persona que se expone a ser mirada como objeto.

Dentro del matrimonio, en cambio, guarda su dimensi?n original. All? el cuerpo desnudo, al manifestarse como es, es decir, mostrar visiblemente la complementariedad sexual, se convierte en palabra (todo gesto es una palabra).

Mostr?ndose se dicen que se dan, que se complementan, que los dos no son m?s que uno, como sus cuerpos (dos mitades de un solo ser) lo muestran. En esta esfera, al haber sido sellada por el pacto matrimonial, esta dimensi?n guarda toda su verdad.

De aqu? que el velar el cuerpo (la funci?n del vestido) constituya un callar el tema de la sexualidad ante quien no se debe hablar u ofrecer la sexualidad.

2. La manifestaci?n art?stica del desnudo
Ha dicho Juan Pablo II en su Catequesis del 6 de mayo de 1981: ?En el decurso de las distintas ?pocas, desde la antig?edad ?y sobre todo, en la gran ?poca del arte cl?sico griego? existen obras de arte cuyo tema es el cuerpo humano en su desnudez; su contemplaci?n nos permite centrarnos, en cierto modo, en la verdad total del hombre, en la dignidad y belleza ?incluso aquella ?suprasensual?? de la masculinidad y feminidad.

Estas obras tienen en s?, como escondido, un elemento de sublimaci?n, que conduce al espectador, a trav?s del cuerpo, a todo el misterio personal del hombre. En contacto con estas obras ?que por su contenido no inducen al ?mirar para desear? tratado en el Serm?n de la Monta?a?, de alguna forma captamos el significado esponsal del cuerpo, que corresponde y es la medida de la ?pureza del coraz?n?. Pero hay tambi?n producciones art?sticas ?y quiz?s m?s a?n reproducciones? que repugnan a la sensibilidad personal del hombre, no por causa de su objeto ?pues el cuerpo humano, en s? mismo, tiene siempre su dignidad inalienable? sino por causa de la cualidad o modo en que art?sticamente se reproduce, se plasma, o se representa.

Sobre ese modo y cualidad pueden decidir los diversos coeficientes de la obra o de la reproducci?n art?stica, como otras m?ltiples circunstancias, m?s de naturaleza t?cnica que art?stica. Es bien sabido que a trav?s de estos elementos, en cierto sentido, se hace accesible al espectador, al oyente, o al lector, la misma intencionalidad fundamental de la obra de arte o del producto audiovisual. Si nuestra sensibilidad personal reacciona con repugnancia y desaprobaci?n, es porque estamos ante una obra o reproducci?n que, junto con la objetivaci?n del hombre y de su cuerpo, la intencionalidad fundamental supone una reducci?n a rango de objeto, de objeto de ?goce?, destinado a la satisfacci?n de la concupiscencia misma. Esto colisiona con la dignidad del hombre, incluso en el orden intencional del arte y la reproducci?n?.

Como puede verse, el problema no es en primera instancia el ?objeto material? representado porque el cuerpo en s? es algo bueno. Se trata de un problema que va al nivel del ?objeto moral?. Ese objeto (el cuerpo desnudo o semidesnudo) est? plasmado, o representado o reproducido (este t?rmino ?reproducir? es usado por Juan Pablo II para expresar el arte de la fotograf?a en contraposici?n con la pintura y la escultura que m?s bien representa, interpreta; como puede verse en la Catequesis del 15 de abril de 1981) con una intencionalidad que le infunde el ?artista? a trav?s de las cualidades o modos en que la reproduce (posturas, enfoques, gestos, realismo, viveza, etc?tera). ?Al espectador, invitado por el artista a ver su obra, se le comunica no s?lo la objetivaci?n, y por tanto, la nueva ?materializaci?n? del modelo o de la materia, sino que, al mismo tiempo, se le comunica la verdad del objeto que el autor, en su ?creaci?n? art?stica, ha logrado expresar con sus propios medios? (Cf. Catequesis del 6 de mayo de 1981).

De aqu? que:
Cuando esa intencionalidad supone una reducci?n del cuerpo a rango de objeto de goce, destinado a la satisfacci?n de la concupiscencia, la imagen atenta contra la dignidad de la persona (de la que es representada y de la que mira) y se inserta en la ?mirada concupiscente?, en la ?pornovisi?n? (Cf. Catequesis del 29 de abril de 1981) que Jesucristo equipara con el adulterio del coraz?n: ?Yo os digo que todo el que mira a una mujer dese?ndola, ya adulter? con ella en su coraz?n? (Mt 5,28).

Cuando la obra tiene ese elemento de ?sublimaci?n? que incluye la cualidad de no inducir al ?mirar para desear?, no parece ofrecer objeciones morales.

Ciertamente que hay una gran diferencia entre las artes que ?representan? (pintura, escultura) y las que ?reproducen? (fotograf?a, cine). Las primeras tienen la cualidad de poder ?sublimar?, ?transfigurar? el cuerpo. De alguna manera pueden espiritualizarlo y hacer prevalecer en la representaci?n (y por tanto, en la mirada del espectador) el aspecto est?tico, la belleza, la verdad del cuerpo humano. Las segundas ?reproducen? el cuerpo vivo y por tanto, est?n m?s inmediatamente ligadas a la experiencia del hombre (experiencia herida por la concupiscencia).

Recordemos tambi?n, que los problemas no radican s?lo en la mayor desnudez de la obra sino en la capacidad de insinuar un mensaje sobre la imaginaci?n.

Recuerdo, por ?ltimo que la enc?clica Humanae Vitae (n? 22) de Pablo VI, subraya la necesidad de ?crear un clima favorable a la educaci?n de la castidad?.

3. Arte y moral

En estos l?mites que la moral pone a la representaci?n art?stica, algunos ven una indebida invasi?n de la moral en el terreno propio del arte. Respecto de esto debo recordar que ?lo bello y lo art?stico, como obra humana y destinada al uso humano, entran de lleno en la ?rbita de las leyes morales. Estas no regulan tanto el arte en s?, como su uso; en otros t?rminos alcanzan directa e inmediatamente al artista, y s?lo indirecta o mediatamente, pero no menos urgentemente, tambi?n al arte. La independencia del arte no es, por tanto, autonom?a absoluta de expresi?n externa y de divulgaci?n. El arte es independiente en s? mismo, en sus principios y en sus normas o reglas art?sticas y formales, pero no lo es en cuanto al uso del mismo?(1).

De aqu? los principios morales para nuestro tema(2):
?Es il?cito hacer o exponer una imagen objetivamente obscena?.

?Las im?genes no objetivamente obscenas no son por esto mismo siempre accesibles a todo el p?blico; muchas personas, especialmente las m?s j?venes, no tienen todav?a el sentimiento art?stico necesario para poder apreciar en su justo valor ideal las grandes obras de arte y ser?n arrastrados f?cilmente por el desnudo hacia sentimientos m?s bajos?.

?En cuanto a las im?genes torpes: ?el concepto de imagen torpe es un concepto objetivo, es decir, que no se ha de juzgar seg?n las disposiciones subjetivas de los espectadores, sino seg?n el contenido de la imagen misma... En la especie de imagen torpe se encuadran todas las im?genes (pinturas, esculturas, fotograf?as, etc.) que:
se ponen deliberadamente (ex fine operantis, por fin del que hace la obra) al servicio de la impureza, esto es, que han sido hechas por el autor con el fin objetivamente visible de provocar sentimientos deshonestos;
que visto su objeto y el modo de representarlo, causan ordinariamente sentimientos o sensaciones torpes en la generalidad de las personas normales. No son por lo tanto norma ni el autor ni otras personas excepcionalmente habituadas a esta materia, ni por otra parte tampoco personas j?venes o inexpertas. A esta segunda categor?a pertenecen:
las im?genes que representan desnudos de modo provocativo, cuando por su ambiente, arte, color, estilo, etc., no consiguen alejar del pensamiento y del sentimiento las impresiones malas;
im?genes que representan acciones obscenas?.
?Componer una imagen torpe, por ser objetivamente mala, es siempre pecado. En cambio, mirar una imagen torpe no es malo en s?, y es pecado solamente para aquellos que lo hacen con mala intenci?n o que corren el peligro de sufrir sus consecuencias desordenadas?.

Notas
(1) Salvador Canals, El pecado en el cine, en: AA.VV., ?Realidad del pecado?, Rialp, Madrid 1962, p.205.
(2) Cf. Cardenal Francesco Roberti, ?Diccionario de Teolog?a Moral?, Ed. Lit?rgica Espa?ola, Barcelona 1960, voces: ?desnudez?, ?imagen torpe?.

Publicado por mario.web @ 16:35
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