Domingo, 15 de mayo de 2011
Ensayo del Pbro. Carlos Arturo Quintero G?mez, Secretario Ejecutivo de Comunicaci?n del CELAM en el que se pregunta qu? lugar ocupa la comunicaci?n en la vida de los sacerdotes y su misi?n pastoral
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La comunicaci?n: un desaf?o para la formaci?n sacerdotal
La comunicaci?n: un desaf?o para la formaci?n sacerdotal
Quisiera comenzar preguntando: ?Qu? entiende usted por comunicaci?n? ?Qu? lugar ocupa la comunicaci?n en su vida? ?Qu? lugar ocupa la comunicaci?n en su misi?n pastoral? ?Qu? lugar ocupa la comunicaci?n en el Seminario Mayor? Si su respuesta ha sido: no tenemos mayor cosa en comunicaciones porque ?no poseemos estaciones de radio?, ?no contamos con buenos equipos u ordenadores?, ?en el seminario nos han prohibido el uso de celulares?, ?mi di?cesis no cuenta con un canal de televisi?n?, etc., le ruego, volver a leer las preguntas y hacer un examen de conciencia sobre la importancia de la comunicaci?n y el uso de los medios al servicio de la evangelizaci?n.

La gran dificultad que yo descubro, en este itinerario comunicacional, es que se ve y se siente, en algunos sectores de la Iglesia y la sociedad, que la comunicaci?n es algo accidental y no esencial. El Papa Juan Pablo II, lo hab?a advertido en su Enc?clica Redemptoris Missio: ?generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio evang?lico y para la formaci?n cristiana, mientras los medios de comunicaci?n social, se dejan a la iniciativa de los individuos o de peque?os grupos y entran a la programaci?n pastoral s?lo a nivel secundario? (n. 37). Esta es una invitaci?n y a la vez un desaf?o que comporta el compromiso de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y de los laicos, quienes est?n llamados a reconocer que la Iglesia es comunicaci?n y que ella cumple la misi?n de anunciar la Buena Nueva de la Salvaci?n, a Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne, comunicaci?n del Padre, la Palabra que da vida, el comunicador por excelencia, en quien convergen el mensaje y el mensajero.

Como invitaci?n, el Papa nos ubica frente a una realidad: la comunicaci?n para la Iglesia es fundamental y como desaf?o me pregunto ?de qu? manera puedo comprender el esp?ritu de la comuni?n y comunicaci?n en y para la Iglesia? Descubro que puedo comprender los fundamentos antropol?gicos, filos?ficos, ?ticos e incluso teol?gicos de la comunicaci?n, pero f?cilmente puedo olvidarme de la dimensi?n humana, de la riqueza relacional de los seres humanos; convertirme en un sabio de la comunicaci?n, en un consumidor de doctrina, pero con una gran pobreza relacional, a la hora de aceptar a los otros, de contemplar en el otro la presencia de Cristo. Y es aqu? donde f?cilmente podemos confundir comunicaci?n con medios, comunicaci?n con informaci?n, comunicaci?n con conversaci?n.

Para asumir un compromiso con la comunicaci?n, se requiere de un cambio de mentalidad, que Aparecida ha denominado ?conversi?n pastoral?; esto significa que comprender la comunicaci?n es aceptar que el ser humano es un ser para la comunicaci?n, es aceptar que los medios de comunicaci?n ejercen un impacto fuerte en la cultura de la humanidad, es aprender a diferenciar la comunicaci?n como proceso de relaciones, de la comunicaci?n medi?tica; es asimilar la comunicaci?n como un camino hacia la comuni?n. Es entender, como lo expresa el Documento Conclusivo de Aparecida, que si bien los medios de comunicaci?n son fundamentales para difundir el anuncio, estos medios no deben sustituir las relaciones interpersonales (DA 489)

Esta conversi?n pastoral exige que nos preparemos para comprender los nuevos lenguajes, que nos formemos en conciencia cr?tica frente al uso de los medios y que podamos responder a los desaf?os del mundo de hoy, desde la comunicaci?n. El decreto Conciliar sobre los medios de comunicaci?n social, del Concilio Vaticano II, Inter M?rifica, lo propone: ?ha de formarse oportunamente sacerdotes, religiosos y tambi?n laicos que cuenten con la debida competencia para dirigir estos medios hacia los fines del apostolado? (IM 15). Sin embargo, en los documentos del Magisterio de la Iglesia todav?a se siente el sabor medi?tico e instrumentalista de la comunicaci?n. Esto significa que no solo deber?amos atender al uso de los medios de comunicaci?n sino tambi?n pensar en la inmersi?n en los diversos procesos de comunicaci?n que abarca el ser y quehacer de la Iglesia.

Este planteamiento vislumbra una nueva cultura comunicacional, en la que observamos la manera como la comunicaci?n permite tejer redes de relaciones, en donde surgen nuevos comportamientos y maneras de relacionarnos, gracias a los avances tecnol?gicos, al internet, al ciberespacio. Una nueva cultura que solo se comprende si se le analiza en su contexto, si se tiene en cuenta el medio ambiente en el que se vive, el impacto de los medios en la cultura misma y las redes sociales que se van formando espont?neamente. Por lo tanto, la comunicaci?n no puede ser algo a?adido, un fen?meno aislado de la vida del ser humano y la sociedad. La comunicaci?n es una estructura de base, es transversal, atraviesa el entramado de las relaciones, el esp?ritu de las organizaciones y fomenta la comuni?n humana. Esta transversalidad, se constituye en un camino hacia la comuni?n.

Los tiempos actuales, en su vertiginoso avance cient?fico y tecnol?gico, le plantean serios retos a la Iglesia universal, un mundo globalizado, que ha traspasado las fronteras de lo local y lo nacional, un mundo en el que la comunicaci?n misma ?est? unificando a la humanidad y transform?ndola -como suele decirse- en una "aldea global", (RM 37) en donde los medios de comunicaci?n han acortado distancias y se han ido convirtiendo en inspiraci?n para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Quiz?s no hemos descubierto a?n en plenitud, sus alcances y exigencias, pero este cambio de ?poca exige un nuevo perfil sacerdotal: un sacerdote formado con una visi?n hol?stica del hombre y la humanidad, un hombre de Iglesia, con una densa formaci?n eclesiol?gica y cristol?gica, en actitud de permanente escucha como pastor de su pueblo, comprometido con los m?s pobres, en comuni?n con el Obispo y con el Papa, dispuesto a servir y a entregar su vida a imagen de Jes?s; un sacerdote, que sin poseer todos los carismas, los preside en su comunidad, un hombre lleno de Dios, en continua comunicaci?n con el Padre, a trav?s de la oraci?n, con una s?lida espiritualidad mariana, conciliador, art?fice de la unidad y de la paz, proclamador de la Buena Nueva, un comunicador y profeta de esperanza. Un hombre de excelentes relaciones, consciente de que para ser un buen sacerdote, primero debe ser un excelente ser humano. Y este perfil se forja en el seno de la familia y en el Seminario Mayor, coraz?n de la Di?cesis, para lo cual, se requiere de un proceso de discernimiento comprendido como la b?squeda de la voluntad de Dios, para vivir conforme a esa voluntad y configurarse personal y sacramentalmente con Jesucristo, camino, verdad y vida.

La comunicaci?n como proceso articulador de la formaci?n en los seminarios
No hay duda que la formaci?n en los seminarios mayores, responde a unas necesidades pastorales en la Iglesia, que hay una preocupaci?n por la formaci?n humana, espiritual, comunitaria, intelectual y pastoral. Pero todav?a se siente un vac?o en la articulaci?n de la ense?anza misma. Quiz?s algunos puedan descalificarme, porque no tengo t?tulo de pastoralista o de te?logo, aunque he sido formador de Seminario Mayor y Vicario de Pastoral, enamorado de la evangelizaci?n y comprometido con procesos de formaci?n. Y he sentido, que uno de los nodos que hace falta en esta articulaci?n de procesos pastorales en la Iglesia y en procesos de ense?anza de los seminarios, tiene que ver con la comunicaci?n.

En algunos seminarios mayores, se cuenta con una c?tedra de comunicaci?n, muchas veces reducida a t?cnica vocal, a medios de comunicaci?n, elocuci?n y t?cnicas de comunicaci?n y hasta oratoria, pero ?qu? conexi?n existe con el pensum acad?mico? En otros seminarios, no existe ni siquiera esta c?tedra o se la piensa como un seminario alternativo, como algo accidental. El problema no es la c?tedra de comunicaci?n, que deber?a existir. El problema es ?c?mo estamos respondiendo en el proceso de formaci?n de los futuros sacerdotes, para ayudarles a comprender el fen?meno de la comunicaci?n y a enfrentarse a una nueva cultura comunicacional? es importante que los seminarios mayores formen a los futuros sacerdotales con un perfil comunicacional, que debe ser comprendido como parte de su identidad sacerdotal.

Desde el Concilio Vaticano II ya se insin?a esta necesidad: ?es necesario que los sacerdotes, los religiosos y religiosas conozcan c?mo nacen las opiniones y criterios, y as? puedan adaptarse a las circunstancias del hombre actual, ya que la Palabra de Dios se proclama al hombre de hoy y estos medios prestan un eficaz apoyo a esta proclamaci?n. Los alumnos que muestren una especial inclinaci?n y capacidad en el uso de estos medios deben ser preparados m?s espec?ficamente. (CP 111). En los documentos posteriores la Iglesia ser? m?s incisiva y esta formaci?n se convierte en un clamor, que quiz?s en muchos ambientes a?n no ha iniciado.

Esto significa que, aunque hoy reconocemos que la Iglesia posee medios de comunicaci?n propios, que los mensajes de los Sumos Pont?fices siguen penetrando en el medio comunicacional, que se han hecho esfuerzos inmensos por consolidar una Pastoral de la comunicaci?n en las Conferencias Episcopales de Am?rica Latina y el Caribe, que la comunicaci?n es imprescindible para la evangelizaci?n, persiste, en algunos sectores, la desconfianza frente a los medios, el desconocimiento de la riqueza de medios impresos, estaciones de radio y televisi?n, webs cat?licas, que se tiene en la Iglesia y la d?bil concepci?n de la comunicaci?n como ?medios?, olvid?ndose, como lo dice Puebla en el numeral 1065, que ?la comunicaci?n surge como una dimensi?n amplia y profunda de las relaciones humanas?.

La Congregaci?n para la educaci?n cat?lica en 1986, ofreci? a los Seminarios unas ?orientaciones? concretas sobre la formaci?n de los futuros sacerdotes, para el uso de los instrumentos de la comunicaci?n social, todav?a con una mirada y una perspectiva medi?tica, pero con la esperanza de facilitar su responsabilidad educativa. Al respecto dice: ?independientemente de los posibles desarrollos futuros y de la variedad de situaciones, a todos los institutos de formaci?n sacerdotal se impone hoy con una gran urgencia un com?n n?cleo de cuestiones fundamentales, acerca de la conducta personal de los receptores, del uso pastoral de los mass media, y de la formaci?n especializada para tareas particulares? (Presentacion del Prefecto William W. Card. Baum) y deja a los obispos y educadores la decisi?n de servirse de estas orientaciones, seg?n las circunstancias concretas y las necesidades locales.

El documento parte de una reflexi?n teol?gica profunda: la comunicaci?n es un don de Dios y la presenta como un camino fundamental hacia la comuni?n, consciente del fuerte influjo de los instrumentos de la comunicaci?n social en la sociedad. Nos recuerda que en la Ratio Fundamentalis, n. 68 se pide expresamente la formaci?n de los futuros sacerdotes para el recto uso de los medios de comunicaci?n, con una triple finalidad: ?que puedan valerse por s? mismos, formar a los fieles en lo referente a estos medios, y utilizarlos eficazmente en el apostolado?, desaf?o que se retoma en el a?o 1972, en la Enc?clica Communio et progressio, que afirma: ?los futuros sacerdotes y los religiosos y religiosas, durante su formaci?n en seminarios y colegios, han de estudiar la influencia de estos medios de comunicaci?n sobre la sociedad humana y aprender su uso t?cnico. Esta preparaci?n es parte de su formaci?n integral? (n. 111).

La Ratio Fundamentalis centra su atenci?n sobre todo en los medios audiovisuales, pero hay que entender que despu?s del Concilio Vaticano II, solo se contaba con un documento expl?cito sobre la comunicaci?n, Inter m?rifica, que tiene grandes vac?os pastorales, que posee lineamientos para situarse frente a una realidad compleja que la Iglesia no puede desconocer. Y aunque la actitud de la Iglesia, en un comienzo fue de reserva y cautela, ella, como Madre y Maestra se ha ido abriendo a nuevas posibilidades y descubriendo las potencialidades de los mass media, comprendiendo la riqueza de estos ?maravillosos inventos?, sin embargo esta actitud de cautela y hasta de rechazo, todav?a se percibe en algunos sectores eclesiales, que satanizan a los medios y los ven como algo nocivos para la salud espiritual.

En 1972, Communio et Progressio da un paso m?s en la reflexi?n pastoral sobre la comunicaci?n, que luego Aetatis Novae va a retomar para hablar de la comunicaci?n como proceso. En este sentido las Conferencias Generales de Obispos en Am?rica Latina y el Caribe, han reflexionado sobre estos mismos desaf?os y han hecho sus respectivas recomendaciones: desde Medell?n, pasando por Puebla, Santo Domingo, hasta Aparecida, los obispos han reflexionado sobre la comunicaci?n y sus implicaciones en el mundo de hoy y sobre el uso de los medios de comunicaci?n al servicio de la evangelizaci?n.

No hay duda que los tiempos han cambiado y que hoy frente a los avances tecnol?gicos la Iglesia debe responder con sabidur?a y prudencia. Hoy no s?lo debe mirarse el mundo de los medios de comunicaci?n y la cultura digital, sino revisar todo un panorama comunicacional, reconocer que el hombre no puede vivir sin comunicaci?n y que esta se constituye en algo esencial. De esta manera, considero, que en los Seminarios Mayores debiera hacerse una reflexi?n profunda sobre el significado de la comunicaci?n para formandos y formadores, lo que implica formarse para el uso de los medios de comunicaci?n, pero tambi?n atreverse a pensar en el escenario de las relaciones que se construyen internamente, camino hacia la comuni?n y la fraternidad sacerdotal. Esto quiere decir, que en el seminario todo lo que se vive y evidencia pasa necesariamente por la comunicaci?n: el proceso de discernimiento vocacional es comunicaci?n, en cuanto se vive una experiencia profunda de Dios y a partir del testimonio, de la relaci?n con los otros, de la oraci?n y del compartir fraternal, se construye un camino hacia la decisi?n fiel en el seguimiento de Jes?s.

En el seminario, cada encuentro, en el comedor, en la capilla, en las reuniones de grupos, en los sacramentos, en la liturgia, en el deporte, en las clases, en el apostolado, se puede constatar estos espacios y momentos de comunicaci?n, que construyen la comunidad. Las dimensiones de la formaci?n en los seminarios, poseen, aunque no se perciba, una gran riqueza comunicacional. En las casas de formaci?n estos momentos y espacios de comunicaci?n, se viven pero muchas veces no se perciben como escenarios para la comunicaci?n - comuni?n. Para entenderlo mejor, pongo dos ejemplos que nos ayudar?n a comprender ?de qu? manera la comunicaci?n ayuda a la construcci?n de la comunidad - fraternidad? En el comedor, cuando los formandos y formadores comparten la mesa, disfrutan, se r?en, hablan de sus aspiraciones, conversan sobre sus temores y hasta aprovechan este espacio para platicar sobre la familia, la realidad de la Iglesia, la situaci?n socio pol?tica o los ?ltimos acontecimientos, adem?s de posibilitar el compartir la informaci?n, se tejen relaciones, nacen afinidades, se conocen las personas, empezamos a compartir unos mismos ideales, ponemos en la mesa com?n nuestras angustias y tristezas, nuestras esperanzas e ideales. A este proceso se le llama comunicaci?n, que significa poner en com?n pensamientos, emociones, sentimientos, hacer del otro un interlocutor v?lido y experimentar la corresponsabilidad en la construcci?n de un mundo m?s humano.

El otro ejemplo es la liturgia, en ella se vive una comunicaci?n horizontal, con los dem?s, con los hermanos, con quienes se comparte una misma fe y una misma esperanza, en ella vivimos una comunicaci?n vertical, con Dios, entramos en sinton?a con quien es comuni?n-comunicaci?n. La liturgia de las horas, la eucarist?a, los cantos, los ornamentos, los vasos sagrados, los gestos y actitudes en las celebraciones, los signos y s?mbolos son una riqueza comunicacional que muchas veces se trivializan por la costumbre, por la rutina y se desvirt?an. Aqu? encontramos otra dimensi?n comunicacional, con una carga de significado tan profunda que permite al hombre elevarse, extasiarse, dejarse seducir por Dios.

Y como si fuera poco, a los dos ejemplos anteriores podemos agregar el proceso de discipulado que se vive en la vida cristiana y que Aparecida refiere como un camino de formaci?n que comporta: encuentro con Cristo, conversi?n, discipulado, comuni?n y misi?n. Este itinerario comienza con un un encuentro ?ntimo y personal con Jes?s, en el que Cristo comunica su vida misma, el creyente asume una actitud de acogida y de escucha de la Palabra y comprende que su Maestro le llama a vivir un proceso de conversi?n. Su actitud de escucha y de apertura a la acci?n de Dios en la oraci?n, en la lectura asidua de la Palabra, en esa comunicaci?n permanente con Jes?s, le hace reconocer, que cuanto recibe de Jes?s, debe compartirlo. Su compromiso misionero nace precisamente de ese encuentro que se revitaliza en la comunidad, el disc?pulo se hace consciente de su misi?n, como disc?pulo misionero, viviendo su responsabilidad de bautizado, se hace evangelizador. As?, la misi?n es la consecuencia l?gica de su respuesta de amor al Dios de la Vida. Sale a ?comunicar?. Como evangelizador, comunica vida, esperanza, fe, sabidur?a y, como testigo, en su manera de actuar y de vivir, muestra el rostro de misericordia de Jes?s.


La comunicaci?n, esencial en el proceso de formaci?n

En los seminarios mayores la comunicaci?n debe ser algo esencial, fundamental. Tres son las razones que yo invoco para hacer de la comunicaci?n un elemento unificador, articulador y garante de las relaciones humanas:

1. La comunicaci?n humana hunde sus ra?ces en la comunicaci?n divina: Dios es comuni?n-comunicaci?n, Dios se comunica con la humanidad, Dios habla a la humanidad, como lo expresa la carta a los Hebreos: ?En distintas ocasiones y de muchas maneras habl? Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo? (Hb 1,2). ?l ha venido para comunicarnos la vida: ?Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia? (Jn 10,10). Jes?s, se presenta ante la humanidad como el Camino, la Verdad y la Vida, ?l es el Verbo, la Palabra de Dios hecha Carne, Toda esta dimensi?n teol?gica de la comunicaci?n, la podemos comprender con las palabras del Papa Benedicto XVI, en su mensaje con motivo de la Jornada mundial de las comunicaciones para el 2009, en la que el Sumo Pont?fice destaca nuestra participaci?n en el amor comunicativo y unificador de Dios, ?que quiere hacer de toda la humanidad una sola familia. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que est? grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicaci?n y de la comuni?n?.

2. La comunicaci?n medi?tica es una realidad y la cultura digital hoy nos revela igualmente sus inmensas potencialidades.

Los medios de comunicaci?n no han de ser vistos como instrumentos nocivos y perjudiciales para la vida de los seres humanos, ellos son buenos en s? mismos. Pero tenemos que ser conscientes, que si est?n al servicio del hombre, deben velar por la promoci?n de la dignidad humana, por la integraci?n de los pueblos y por el afianzamiento de las relaciones. Cuando sucede lo contrario, el hombre est? o se pone al servicio de los medios, los medios se convierten en fines y el ser humano pasa a ser un medio, se cosifica, se instrumentaliza, el hombre se vuelve esclavo de los medios. Y estos medios deben ser usados en el proceso de evangelizaci?n, por lo que se necesita de una previa formaci?n y conocimiento de las bondades de estos medios.

Desde el discurso inaugural de Aparecida, el Papa Benedicto XVI, habla de la importancia de los medios de comunicaci?n para la Nueva Evangelizaci?n: ?no hay que limitarse s?lo a las homil?as, conferencias, cursos de Biblia o teolog?a, sino que se ha de recurrir tambi?n a los medios de comunicaci?n: prensa, radio y televisi?n, sitios de internet, foros y tantos otros sistemas para comunicar eficazmente el mensaje?. Es un gran reto y desaf?o para la Iglesia saber utilizarlos. Hoy m?s que nunca se exige el conocimiento de los nuevos lenguajes, del mundo digital y de esta nueva cultura. C?mo ignorar por ejemplo, ?el f?cil acceso a tel?fonos m?viles y computadoras, unido a la dimensi?n global y a la presencia capilar de Internet, que han multiplicado los medios para enviar instant?neamente palabras e im?genes a grandes distancias y hasta los lugares m?s remotos del mundo?. Gracias a estos medios, la Iglesia puede llegar a multitudes (EN. 45)

3. La comunicaci?n social debe ser entendida m?s all? de esa realidad medi?tica, como proceso de relaciones. La comunicaci?n hay que comprenderla como un proceso de relaciones, esto quiere decir, que la comunicaci?n va m?s all? de los medios. Si nos quedamos con una visi?n instrumentalista de los medios, esa visi?n medi?tica, impedir? ver en el otro, a un hermano, con quien puedo compartir, vivir la solidaridad, comprometerme. Se trata, como lo dice el Papa Benedicto XVI de un anhelo de comunicaci?n y amistad que ?tiene su ra?z en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente s?lo como una respuesta a las innovaciones tecnol?gicas?. Al entender la comunicaci?n como un proceso de relaciones, el hombre se hace sensible al reconocimiento del otro, comprende su ser social por naturaleza, sabe que no est? s?lo, que a su lado hay otros seres humanos, como ?l, con cualidades y defectos, acepta que tiene una misi?n en el mundo y que, en su diario vivir, comparte con los suyos, alegr?as y tristezas, ?xitos y fracasos, sue?os e ideales. Esta cultura de amistad, de respeto y de di?logo deber?a ser el punto de inicio del fortalecimiento de una cultura solidaria.

Por lo tanto, en los Seminarios Mayores, deber?a fortalecerse este proceso relacional, desde la cercan?a, la empat?a, la sinceridad, el di?logo, el compartir, la fraternidad, como un camino inicial para construir la fraternidad sacerdotal.


Conclusi?n

A lo largo de lo sugerido por los documentos de la Iglesia sobre la comunicaci?n, siempre me he cuestionado: ?por qu? reducimos nuestro quehacer pastoral de la comunicaci?n, a los medios? ?Por qu? no preocuparnos por el entramado de relaciones que se van tejiendo en la Iglesia y que deben ser relaciones fraternas? ?Por qu? no intentar, mejorar nuestros canales de comunicaci?n?.

Dialogar con el obispo o con los sacerdotes, con una Superiora, con el Rector del seminario o con los formadores, debiera ser un signo de confianza, de acogida, de caridad pastoral; ser capaces de dialogar y propiciar el di?logo entre los fieles, superando todo asomo de resentimientos o envidias, superar la idea de que ?aqu? mando yo? y entender que nuestra misi?n es el servicio, que debemos preocuparnos por prepararnos para responder a los desaf?os del mundo de hoy, conociendo los nuevos lenguajes, promoviendo una cultura del respeto por la vida y la dignidad del ser humano.

En los Seminarios Mayores y casas de Vida Consagrada, deber?a haber espacio para la formaci?n en la comunicaci?n, inter?s por conocer los medios de comunicaci?n y apoyo a la labor que realizan los comunicadores, periodistas, fot?grafos, artistas, actores, actrices, publicistas, ayud?ndoles en su formaci?n humana y cristiana. En fin, ser capaces de detenernos un momento, mirar a los ojos de las personas y escuchar con alegr?a, a imagen de Cristo, que valor? el silencio, la acogida y el respeto por el otro.

La Iglesia hoy hace ?nfasis en la comunicaci?n y la participaci?n, toma conciencia de que el ser humano no puede vivir aislado, su misi?n debe realizarla en la comunidad. El bautizado tiene a Jes?s, como modelo de comunicador, que escucha, acoge y proclama, as? el disc?pulo est? llamado a escuchar la Palabra de Dios, a acoger a Jes?s en su coraz?n, a proclamarlo ante sus hermanos y a generar relaciones de comuni?n y participaci?n. Considero, que si en los seminarios mayores, la comunicaci?n ocupa el lugar que debe ocupar, no como un instrumento o simplemente como un ?medio?, sino como una estructura de base, que permea toda la vida del seminario, las relaciones que surgen ser?n relaciones no de poder, sino de servicio, no relaciones diplom?ticas y funcionales, sino una relaci?n de hermanos, no relaciones de protocolo y convencionales, sino una relaci?n de empat?a, de sinceridad y respeto, no una relaci?n de coexistencia, sino una relaci?n de comuni?n. Todo esto implica generar canales de comunicaci?n, intensificar los momentos y espacios de comunicaci?n durante el proceso de formaci?n y estimular en los seminaristas el uso de los medios de comunicaci?n y su inmersi?n en la cultura digital, al servicio de la Nueva Evangelizaci?n.


Bibliograf?a

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CONGREGACI?N PARA LA EDUCACI?N CAT?LICA. Orientaciones sobre la formaci?n de los futuros sacerdotes para el uso de los instrumentos de la comunicaci?n social. Ed. Vaticana. Roma, 1986
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QUINTERO G?MEZ, Carlos Arturo. La comunicaci?n a la luz de Aparecida. Centro de Publicaciones, Bogot?, 2008

Autor: Pbro. Carlos Arturo Quintero G?mez.
Secretario Ejecutivo de Comunicaci?n del CELAM

Publicado por mario.web @ 19:53
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