Domingo, 15 de mayo de 2011
Nuestra cultura occidental ha dejado marginados los temas humanos. Nos resistimos a perder los logros materiales de nuestra sociedad opulenta, mientras nos hemos acostumbrados a vivir sin saber por qu? y para qu? vivimos.
?
Falta de compromiso con el hombre
Falta de compromiso con el hombre
Las gentes se muestran interesadas por las seguridades materiales y econ?micas y muy despreocupadas por encontrar la raz?n ?ltima de la humana existencia


Preguntarnos por el hombre lleva consigo muchas implicaciones que merecen ser abordadas con veneraci?n y respeto, incluso tambi?n con la esperanza de que siga teniendo vigencia sin t?rmino, aquella frase pronunciada ya hace siglos por Terencio: ?Hombre soy y nada de lo humano me puede dejar indiferente?.

En nuestro presente cultural, rico en lo t?cnico y pobre en lo humano es oportuno recordar que cuestiones como ?sta debieran de ser tomadas m?s en serio, hoy como siempre, el hombre es uno de esos temas actuales, porque no tienen fecha de caducidad. La posmodernidad nos ha dejado un poso de recelo e indiferencia que ha acabado afectando a aspectos esenciales de nuestra existencia. Una vez perdidas y olvidadas las referencias fundamentales lo que nos ha quedado ha sido un estado de de humana indigencia que es donde ahora mismo nos encontramos.

El hombre contempor?neo al perder todas sus seguridades y ver c?mo todo se derrumbaba a su alrededor tuvo que agarrarse a algo y lo que hizo fue engancharse a un plan de vida, que responde a un esquema muy simple, pero muy pr?ctico, cuyas bases son la econom?a, la ciencia y la tecnolog?a y as? vamos tirando, como podemos.

La raz?n t?cnico-cient?fica ha sido la alternativa que nos ha llevado a una situaci?n de desarrollo envidiable en la que ahora nos encontramos. El progreso ha alcanzado tasas de producci?n y de consumo hasta ahora desconocidas.

Se ha elevado el nivel de vida y con ?l ha llegado un estado de bienestar, que ha hecho que nos olvidemos de todo lo dem?s. Nuestra ?nica preocupaci?n ha quedado reducida a vivir la vida a tope, gozar y disfrutar lo m?s posible del momento presente. Es lo que se ha dado en llamar la cultura del Carpe diem.

Nada de cuestiones trascendentes en torno al sentido de la vida, nada de preguntas enojosas sobre nuestra existencia, nada de responsabilidades y humanas exigencias, que para lo ?nico que pueden servir es para aguarnos la fiesta.

Venimos asistiendo sin inmutarnos a un proceso generalizado de crisis, crisis cultural, educativa, moral, religiosa, familiar, crisis de humanismo, crisis de pensamiento y nada nos ha inquietado. No nos ha importado lo m?s m?nimo quedarnos vac?os por dentro, siempre y cuando las neveras estuvieran repletas. Nuestros compromisos no est?n del lado de las cuestiones profundas y fundamentales de la humana existencia, nuestras aspiraciones van m?s a ras de tierra, enmarcadas en un hedonismo materialista.

Si hemos de ser sinceros, habremos de reconocer que en nuestra sociedad los valores humanos cuentan menos que los econ?micos y lo que la gente cree es que ?Entre la honestidad y el dinero lo segundo es lo primero?. Puede que suene un poco fuerte, pero es bastante cierto, que nuestro sueldo representa lo que en realidad valemos.
?La sociedad tecnol?gica, dice Gabriel Marcel, dispensa al individuo un tratamiento similar al de una m?quina. La vida se desprende as? de su misma significaci?n, de toda su profundidad.?

En esta sociedad de la sobreabundancia en que nos encontramos el hombre contempor?neo ha sabido estar a la altura de las circunstancias, convirti?ndose en consumidor ejemplar, que devora todo lo que pilla a su paso. Al hombre contempor?neo Eric Fromm le dedica estas ambles palabras. ?Es el consumidor eterno; se traga bebidas, alimentos, cigarrillos? Consume todo, engulle todo. El mundo no es m?s que un enorme objeto para su apetito, una gran mamadera, una gran manzana, un pecho opulento?.

Este consumista compulsivo ha elevado el bienestar a la categor?a de ideolog?a y ha hecho del disfrute de la vida su particular religi?n, nuestro mundo se ha puesto de lado de la raz?n t?cnica-cient?fica, olvid?ndose de la raz?n filos?fica de la que pasa ol?mpicamente, como si se tratara de algo para extraterrestre. Triste es reconocerlo para quienes amamos a la filosof?a; pero es as?.

Lo que nuestro mundo piensa es que tenemos que dejarnos de filosof?as e ir al grano que no es otra cosa que tratar de hacer realidad el sue?o americano. Sucede no obstante que los problemas han comenzado a amontonarse sobre la mesa, ahora que la raz?n t?cnico- cient?fica en la que el hombre deposit? su confianza, comienza a dar muestras de agotamiento.

La compleja problem?tica humana est? poniendo cada vez m?s al descubierto los contrastes y las limitaciones del cienticismo salvaje. Por debajo de la aparente bonanza van apareciendo los s?ntomas angustiosos de quien no sabe para que vive. No sin raz?n se dice que las depresiones, bastante generalizadas por cierto, las obsesiones y miedos neur?ticos, son las enfermedades propias de las sociedades opulentas. Tenemos miedo a quedarnos a solas y en silencio, tenemos miedo a enfrentarnos con nosotros mismos, por eso buscamos desesperadamente perdernos entre el ruido, el bullicio y las preocupaciones.

El desarrollo t?cnico-cient?fico, no puede responder a todas las exigencias humanas. Por debajo de su rostro m?s amable afloran ya una serie de contradicciones. Desde hace tiempo se viene detectando que la excesiva tecnificaci?n ha derivado en deshumanizaci?n. Los avances t?cnico-cient?ficos han sido fuente de vida y de bienestar; pero tambi?n lo est?n siendo de destrucci?n y muerte.

La cultura de la muerte se ha hecho presente en millones de ?nascituri?, v?ctimas inocentes a los que se les est? negando su derecho a la vida. Los avances en el campo de la biogen?tica no se corresponden con el avance moral, hasta el punto de que est?n apareciendo hechos aberrantes a los que se les da el visto bueno, por el mero hecho de que la ciencia y la t?cnica los ha hecho posibles.

El contraste Norte-Sur vergonzante y escandaloso es un fen?meno t?pico de la era post-industrial. La palabra paz est? en nuestros labios; pero vivimos en guerras y violencias de todo tipo. Aqu? habr?a que decir con Salustio: ?poco vale aquella ciencia que no sabe hacer virtuoso al que la profesa?.Hablamos de reconstruir el mundo pero en realidad nos lo estamos cargando

Parece cada vez m?s evidente que nuestra actual cultura necesita ser fecundada con otro tipo de saberes, como puede ser el saber filos?fico y teol?gico.

Ha llegado ya el momento de ser fieles a nuestra condici?n humana recuperando nobles aspiraciones, que nunca debimos perder, hay que volver a dar un sentido profundo a nuestra existencia humana, hay que ir pensando en el alumbramiento de un nuevo hombre menos ego?sta y m?s solidario.

Entre todos tenemos que hacer posible que llegue ese d?a en el que el sue?o americano sea sustituido por el sue?o de un nuevo humanismo forjado en la justicia y el amor universales.

Un humanismo abierto tambi?n a la trascendencia porque si no es as? es imposible la esperanza. No es cosa de cuatro meapilas que van diciendo por ah?, que el hombre sin Dios es pura nada, un absurdo, un sinsentido, una pasi?n in?til, pues el mismo existencialismo ateo portador del estandarte filos?fico en los ?ltimos a?os as? se vio obligado a reconocerlo.

Est? claro pues, que el cientificismo por si s?lo no nos va a salvar, porque es incapaz de dar respuesta a nuestros problemas humanos; pero no desesperemos, pues como bien dec?a Hegel, en clara alusi?n a la filosof?a ?La lechuza de minerva s?lo emprende su vuelo al anochecer.?

Publicado por mario.web @ 20:11
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios