Domingo, 15 de mayo de 2011
Una y otra vez los hombres quieren olvidarse de su condici?n de criatura y convertirse en sus propios dioses
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Ser?is como Dioses
Ser?is como Dioses
02/11/2009

La vieja tentaci?n del Para?so sigue resonando en los o?dos de la humanidad a trav?s de los tiempos: si no hac?is caso a Dios y com?is del ?rbol de la ciencia del bien y del mal, ser?is como dioses. Una y otra vez los hombres quieren olvidarse de su condici?n de criatura y convertirse en sus propios dioses y a pesar de que todos sus intentos terminan en dolor y fracaso piensan que la pr?xima vez lo conseguir?n. Siempre hay quienes dirigen la maniobra, los que proponen construir una torre tan alta que desaf?e al cielo, aunque termine en la confusi?n de Babel.

Los hombres en lugar de reconocer que hab?an recibido el regalo de la vida y agradecerlo, pensaron que exist?an dioses poderosos que constitu?an una amenaza y trataron de conjurarlos, de librarse de ellos o de conseguir su ayuda para vencer a sus enemigos. Los jefes de todos los imperios antiguos buscaron ser divinizados, ser considerados como dioses cuya voluntad fuera la ley, decidir acerca del bien y el mal.

Cristo irrumpe en la historia para ofrecer la salvaci?n. Dios que nos cre? y en el que vivimos, nos movemos y existimos, sigue amando a los hombres a pesar de su loca tendencia a considerarse absolutamente libres y autosuficientes. Su oferta de salvaci?n a trav?s del amor y la verdad respeta la libertad de cada persona. Unos aceptan el amor de Dios y aman y otros siguen empecinados en salvarse a s? mismos confiando en sus propios medios: la ciencia y la t?cnica, sin caer en la cuenta que estos medios tambi?n son dones de Dios.

El tentador sigue insistiendo: Dios no es necesario, ni siquiera como hip?tesis para explicar el universo, dicen algunos con altaner?a. Otros hacen publicidad de ?probablemente no exista, por lo que deben dejar de preocuparse y disfrutar de la vida?. La muerte inevitable de todos pone un inquietante contrapunto. La situaci?n del mundo, sus guerras, sus rivalidades, sus hambres, sus crisis, cuestionan eso de disfrutar de la vida.

La humanidad va gastando milenios ensayando f?rmulas maravillosas que resuelvan todos los problemas. Todas fracasan. Recordemos las ?ltimas: el marxismo eliminando las clases sociales convertir?a el mundo futuro en un para?so. Millones de personas han sido sacrificadas a este idea y todo el tinglado se ha venido abajo.

La mano invisible pod?a regular las relaciones sociales a trav?s del mercado. El ego?smo de cada uno dar?a como resultado la prosperidad. Pero el ego?smo es una pasi?n insaciable de la que no puede salir amor ni solidaridad. La crisis que padecemos es buena prueba de los males que puede acarrear el ego?smo.

La creaci?n del estado del bienestar en el que tanta gente ha confiado puede venirse abajo tanto por la crisis econ?mica como por el desequilibrio entre esperanza de vida y reducci?n de la natalidad.

Pero hay m?s. El deseo de decidir sobre el bien y del mal, se hace realidad con campa?as planetarias para reducir la poblaci?n mediante cualquier medio, con la difusi?n de la ideolog?a de g?nero que trata de imponer que la sexualidad es una opci?n personal y un producto cultural, con la incitaci?n al placer sin trabas ni responsabilidades. La pol?tica educativa para borrar la influencia de la familia o de las religiones y realizar una ingenier?a social en la que los gobiernos decidan sobre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto.

Todo ello adobado con una palabrer?a eufem?stica: abortar no es matar a un inocente sino el ejercicio de un extra?o derecho de la mujer, la sexualidad no es una fuerza que necesita ser dominada por la voluntad sino ejercitada sin trabas ni cortapisas desde la m?s tierna infancia. La familia no es una unidad compuesta por padre, madre e hijos sino una forma m?s entre otras muchas fluidas y cambiantes. La ecolog?a como argumento para modificar las conductas y tantas cosas m?s.

Por eso la Enc?clica de Benedicto XVI ?Caritas in veritate- no puede ser m?s oportuna. Se?ala que la ?nica fuerza capaz de orientar el desarrollo de los pueblos y de las personas es la caridad en la verdad. La caridad es el amor exigente y comprometido que se preocupa del bien de los que ama y la verdad que reconoce que somos criaturas, dotadas de raz?n y de conciencia por Dios, que quiere nuestro bien, que consiste en amarle a ?l y amarnos entre nosotros.

Publicado por mario.web @ 20:22
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