Domingo, 15 de mayo de 2011
El cardenal Rouco recuerda que ?la Cultura de la Vida? implica una aceptaci?n incondicional del ser humano desde que es engendrado hasta su muerte natural
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La Cultura de la Vida implica una aceptaci?n incondicional del ser humano
La Cultura de la Vida implica una aceptaci?n incondicional del ser humano


03/11/2009


En su habitual alocuci?n en el informativo diocesano de la Cadena COPE, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mar?a Rouco Varela, afirm? el domingo que ??la Cultura de la Vida? no s?lo implica una aceptaci?n intelectual y un cultivo pr?ctico del valor incondicional ?e incondicionado? de la vida de cada ser humano desde que es engendrado en el seno de su madre hasta su muerte natural, sino tambi?n la actitud de un profundo y delicado respeto de sus restos mortales cuando fallece

El cardenal record? que ?ste hecho lleva consigo, por muy parad?jico que pueda parecer, tanto el imperativo ?tico y espiritual de la acogida y el cuidado amoroso de toda vida humana por muy min?scula, quebrantada o deforme que perezca, como la exigencia moral del trato exquisitamente respetuoso del cuerpo humano muerto. La raz?n es muy clara, sobre todo vista a la luz de la fe cristiana: la cultura de la vida parte de la verdad del valor trascendente e inmortal del hombre m?s all? de la muerte. No s?lo el alma, sino tambi?n el cuerpo est?n llamados a la inmortalidad: a la vida eterna ?a una vida nueva e imperecedera en Dios!?.

Y es que, explic?, ?el hombre muere porque desde su principio rompi? con Dios. El hombre puede vivir ya eterna y gozosamente si, unido a la oblaci?n infinitamente amorosa de Jesucristo en la Cruz, ofrecida al Padre por la salvaci?n del mundo, vive y muere con El?. ??Ning?n hombre es ?un ser para la muerte?! ?ni en su alma, ni en su cuerpo! ?Todo ser humano es para la Vida, eterna y gloriosa, en su alma y su cuerpo!?, afirm?. Pero, ?del hombre, de cada hombre, del uso de su libertad, depender? de si ese final eterno ser? glorioso o no?.

Para el cardenal, ?la ?pastoral de la Iglesia? es siempre ?una pastoral de la Vida?, en su curso temporal y a la hora de la muerte. La Iglesia conduce a sus hijos por la Palabra, los Sacramentos y la Caridad en el camino de esta vida temporal y perecedera de tal forma que, venciendo al pecado, venzan a la muerte espiritual y corporal. ?Sus fieles? son suyos en la vida y en la muerte. Sus hijos, cuando mueren, son sus ?fieles difuntos?. Rodea sus cuerpos de respeto humano y de plegaria fraterna; m?s a?n, de los ritos m?s bellos y esperanzadores de su Liturgia. Celebra por ellos el Sacrificio Pascual de Jesucristo, el Sacramento de la Eucarist?a?.

?Esa piedad para con los difuntos?, prosigui?, ?hemos de renovarla y actualizarla constantemente, siendo fieles a las indicaciones del Vaticano II y de los libros lit?rgicos y, de nuestras proposiciones m?s pr?ximas del III S?nodo de Madrid y de las normas diocesanas que lo aplican. La caridad cristiana nos lleva a la oraci?n y a los sufragios por nuestros fieles difuntos, recomendados por la Iglesia, y alienta a rogar a Dios, al Se?or de la vida y de la misericordia, por todos los muertos de la gran familia humana?.

En este sentido, se?al? que ?es extraordinariamente significativo y elocuente lo que est? aconteciendo en la cultura de la modernidad contempor?nea, la de nuestra sociedad: se desprecia a la Vida y se minusvalora la muerte. Se trata mal a los vivos y se vilipendia fr?volamente a los muertos?. ?A este resultado, tan inhumano, en la hora de la vida y de la muerte del hombre, conduce una cultura que no reconoce el valor trascendente del ser humano y que se instala, por tanto, en la bagatelizaci?n y en la instrumentalizaci?n, c?nicamente ego?sta, de la vida y de la muerte: en la manipulaci?n utilitarista de los vivos y de los muertos?, precis?.

Por eso, ?la oraci?n y la memoria cristiana de nuestros difuntos cobra una importancia pastoral singular en este ambiente de negaci?n pr?ctica de Dios, que se infiltra en nuestras familias y que corroe lo m?s ?ntimo y valioso de nuestras mejores tradiciones y costumbres religiosas y culturales. Se convierte en un testamento evangelizador de primer orden y en una contribuci?n impagable a la humanizaci?n verdadera de nuestra sociedad: ?a la recuperaci?n del hombre en toda su dignidad de persona e hijo de Dios!?.

Concluy? exhortando a todos los fieles a guardar ?la piadosa memoria de nuestros difuntos. ?Que nuestra plegaria les acompa?e siempre!?.

Publicado por mario.web @ 20:23
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