Domingo, 15 de mayo de 2011
Alfonso Aguil? Pastrana nos ofrece un interesante texto sobre la vanidad
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?Soberbia yo?
?Soberbia yo?
Un escritor va paseando por la calle y se encuentra con un amigo. Se saludan y comienzan a charlar. Durante m?s de media hora el escritor le habla de s? mismo, sin parar ni un instante. De pronto se detiene un momento, hace una pausa, y dice: "Bueno, ya hemos hablado bastante de m?. Ahora hablemos de ti: ?qu? te ha parecido mi ?ltima novela?".

Es un ejemplo gracioso de actitud vanidosa, de una vanidad bastante simple. De hecho, la mayor?a de los vicios son tambi?n bastante simples. Pero en cambio la soberbia suele manifestarse bajo formas m?s complejas que las de aquel fatuo escritor. La soberbia tiende a presentarse de forma m?s retorcida, se cuela por los resquicios m?s sorprendentes de la vida del hombre, bajo apariencias sumamente diversas. La soberbia sabe bien que si ense?a la cara, su aspecto es repulsivo, y por eso una de sus estrategias m?s habituales es esconderse, ocultar su rostro, disfrazarse. Se mete de tapadillo dentro de otra actitud aparentemente positiva, que siempre queda contaminada.

Unas veces se disfraza de sabidur?a, de lo que podr?amos llamar una soberbia intelectual que se empina sobre una apariencia de rigor que no es otra cosa que orgullo altivo.

Otras veces se disfraza de coherencia, y hace a las personas cambiar sus principios en vez de atreverse a cambiar su conducta inmoral. Como no viven como piensan, lo resuelven pensando como viven. La soberbia les impide ver que la coherencia en el error nunca puede transformar lo malo en bueno.

Tambi?n puede disfrazarse de un apasionado af?n de hacer justicia, cuando en el fondo lo que les mueve es un sentimiento de despecho y revanchismo.

Se les ha metido el odio dentro, y en vez de esforzarse en perdonar, pretenden calmar su ansiedad con venganza y resentimiento.
Hay ocasiones en que la soberbia se disfraza de af?n de defender la verdad, de una ortodoxia altiva y crispada, que avasalla a los dem?s; o de un af?n de precisarlo todo, de juzgarlo todo, de querer tener opini?n firme sobre todo. Todas esas actitudes suelen tener su origen en ese orgullo tonto y simple de quien se cree siempre poseedor exclusivo de la verdad. En vez de servir a la verdad, se sirven de ella ?de una sombra de ella?, y acaban siendo marionetas de su propia vanidad, de su af?n de llevar la contraria o de quedar por encima.

A veces se disfraza de un aparente esp?ritu de servicio, que parece a primera vista muy abnegado, y que incluso quiz? lo es, pero que esconde un curioso victimismo resentido. Son esos que hacen las cosas, pero con aire de v?ctima ("soy el ?nico que hace algo"), o lament?ndose de lo que hacen los dem?s ("mira ?stos en cambio...").
Puede disfrazarse tambi?n de generosidad, de esa generosidad ostentosa que ayuda humillando, mirando a los dem?s por encima del hombro, menospreciando.

O se disfraza de af?n de ense?ar o aconsejar, propio de personas llenas de suficiencia, que ponen a s? mismas como ejemplo, que hablan en tono paternalista, mirando por encima del hombro, con aire de superioridad.

O de aires de dignidad, cuando no es otra cosa que susceptibilidad, sentirse ofendido por tonter?as, por sospechas irreales o por celos infundados.

?Es que entonces la soberbia est? detr?s de todo? Por lo menos sabemos que lo intentar?. Igual que no existe la salud total y perfecta, tampoco podemos acabar por completo con la soberbia. Pero podemos detectarla, y ganarle terreno.

?Y c?mo detectarla, si se esconde bajo tantas apariencias? La soberbia muchas veces nos enga?ar?, y no veremos su cara, oculta de diversas maneras, pero los dem?s s? lo suelen ver. Si somos capaces de ser receptivos, de escuchar la cr?tica constructiva, nos ser? mucho m?s f?cil desenmascararla.

El problema es que hace falta ser humilde para aceptar la cr?tica. La soberbia suele blindarse a s? misma en un c?rculo vicioso de egocentrismo satisfecho que no deja que nadie lo llame por su nombre. Cuando se hace fuerte as?, la indefensi?n es tal que van creciendo las manifestaciones m?s simples y primarias de la soberbia: la susceptibilidad enfermiza, el continuo hablar de uno mismo, las actitudes prepotentes y engre?das, la vanidad y afectaci?n en los gestos y el modo de hablar, el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad, etc.

Hay que romper ese c?rculo vicioso. Ganar terreno a la soberbia es clave para tener una psicolog?a sana, para mantener un trato cordial con las personas, para no sentirse ofendido por tonter?as, para no herir a los dem?s..., para casi todo. Por eso hay que tener miedo a la soberbia, y luchar seriamente contra ella. Es una lucha que toma el impulso del reconocimiento del error. Un conocimiento siempre dif?cil, porque el error se enmascara de mil maneras, e incluso saca fuerzas de sus aparentes derrotas, pero un conocimiento posible, si hay empe?o por nuestra parte y buscamos un poco de ayuda en los dem?s.

Publicado por mario.web @ 20:29
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