Domingo, 15 de mayo de 2011
Por su inter?s adjuntamos a continuaci?n la lecci?n magistral de Inauguraci?n del Curso Acad?mico 2009-2010 de la Universitat Abat Oliba CEU impartida por el vicerrector Marcin Kazmierczak
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El amor en la literatura
El amor en la literatura
Introducci?n: la literatura como un reflejo de la realidad

Parafraseando a Arist?teles (cfr. Arist?teles: Po?tica, 1.450b) podr?amos decir que la literatura es un reflejo (mimesis) de la realidad. Por consiguiente, hablar del amor en la literatura es hablar de una de las realidades cruciales de la vida ps?quica del ser humano; una de las cuestiones filos?ficas y ?ticas fundamentales, uno de los grandes deseos, aspiraciones y desaf?os en la vida de cada hombre. La manera de enfocar esta cuesti?n en la vida de cada uno de nosotros ?no es acaso el factor m?s determinante de nuestra felicidad o infelicidad? Me interesa el amor en el sentido m?s amplio, incluyendo todas las relaciones humanas, tales como la maternidad, la paternidad, la hermandad, la amistad y, como no, el amor entre el hombre y la mujer. Precisamente esta ?ltima modalidad es la que constituye el foco principal de mi inter?s en esta lecci?n.

Como es sabido el tema del amor nupcial, er?tico o como se quiera llamarlo ha sido uno de los temas fundamentales en la literatura, desde sus mismos or?genes. Seg?n afirma el te?rico Tomachevski: las obras de la actualidad ? ne survivent pas a cet int?r?t temporaire qui les a suscit?es ?, mientras que los temas universales: ? l?amour et la mort, demeurent semblables tout au long de l?histoire. ? (Cfr. TADI?) La l?rica, que est? en el origen de la literatura, trataba frecuentemente este tema, pero hasta en hasta en los grandes poemas ?picos de la antig?edad, en los que desfilaban grandes h?roes y donde resonaba el estr?pito de las batallas, frecuentemente la motivaci?n de las acciones ten?a car?cter amoroso: menci?nese tan s?lo el amor de Paris por la bella Helena que causa la guerra de Troya, relatada por Homero en la Il?ada. Antes de pasar a los ejemplos de la literatura m?s reciente habr?a que mencionar al menos este gran poema amoroso incluido en el Pentateuco que es el Cantar de los cantares, el cual, dicho sea de paso, eleva el amor nupcial a la m?s alta categor?a del fen?meno anal?gico al amor de Dios por la Iglesia y por la humanidad, que engendrar? a su vez la extraordinaria y ?nica modalidad del misticismo literario que es la m?stica nupcial de Teresa de ?vila, Juan de la Cruz, etc.

Tambi?n en los ?ltimos dos siglos y hasta en la actualidad este tema sigue ocupando a los poetas y los escritores, puesto que la cuesti?n del amor sigue teniendo una importancia vital para el ser humano y sigue constituyendo una de sus aspiraciones y preocupaciones fundamentales. No obstante, parece ser que en nuestros tiempos, en los inicios del siglo XXI, esta cuesti?n se vive con una particular angustia, debido a la inaudita crisis de la instituci?n del matrimonio, que est? asolando especialmente las sociedades que se encuentran dentro del ?mbito de la llamada cultura occidental y, en los ?ltimos a?os, muy particularmente, a Espa?a.

Un informe estremecedor

As? pues, antes de proceder con los ejemplos literarios de diferentes modelos del amor creo conveniente mencionar algunos datos incluidos en el informe sobre La evoluci?n de la familia en Europa, elaborado por el Instituto de Pol?tica Familiar a base de los datos oficiales de EUROSTAT, UNECE y fuentes nacionales, y presentado en el Parlamento Europeo en el a?o 2007, especialmente los que se encuentran en el apartados dedicado a la evoluci?n del matrimonio, como expresi?n comunitaria y social del amor entre dos personas.

Seg?n el mencionado informe las rupturas matrimoniales en los 27 pa?ses que conforman hoy la Comunidad Europea se han incrementado en 369.365 en 25 a?os (1980-2005), que representa un incremento del 55%. Espa?a con un crecimiento del 326% es el pa?s de la Uni?n Europea donde m?s ha crecido la ruptura en los ?ltimos 11 a?os (1995-2006), seguido de Portugal (89%) e Italia (62%) (2005).

En tan solo 15 a?os (1990-2005) en Europa (UE27) m?s de 13,5 millones de matrimonios se han roto con m?s de 21 millones de ni?os afectados. La ruptura matrimonial supera el mill?n de divorcios de manera que se rompe un matrimonio cada 30 segundos.

En 1980 la diferencia entre matrimonios producidos y la ruptura fue de 2.421.716. En 2005 la diferencia es de tan solo 1.359.000. Se ha pasado de una relaci?n de casi 5:1 en el a?o 80 (cada 4,6 matrimonios que se produc?an se romp?a 1 matrimonio) a una relaci?n 2:1 en el a?o 2005 (cada 2,3 matrimonios que se rompe

1).

Otro dato importante que surge tras la lectura de este informe es que cada vez menos personas creen en la posibilidad de tener una relaci?n estable: de ah? el descenso del n?mero de matrimonios contra?dos en un 20 por ciento y la tasa tan elevada de hijos que nacen fuera de la uni?n matrimonial (30 %). Lo que m?s me interesa destacar es que, independientemente de este descenso notable en el n?mero de los matrimonios, hasta los que todav?a creen y desean una uni?n amorosa estable no consiguen mantenerla. Repitamos: en 15 a?os se han roto 13.753.000 matrimonios. Esto significa m?s de 27 millones de personas profundamente decepcionadas. ?Por qu? sucede esto? En la mayor?a de los casos estas personas, preguntadas por la raz?n de su fracaso, responden: ?me he equivocado de pareja?. Y puede que en algunos casos sea cierto. Pero, mi convicci?n es que, en la mayor?a de los casos no se han equivocado de pareja sino del modelo del amor, sobre el que quer?an construir su uni?n matrimonial. ?Significar?a esto, pues, que existen diferentes modelos del amor y que, algunos permiten construir una uni?n satisfactoria y duradera, mientras que otros no solamente dificultan esta tarea sino pr?cticamente la impiden? Esta es precisamente la tesis que quiero plantear en esta conferencia. Partiendo del mencionado concepto aristot?lico del arte como mimesis de la realidad recurrir? a algunas obras literarias que, a mi juicio, se caracterizan por un extraordinario acierto en la elaboraci?n psicol?gica de sus personajes, con el objeto de ejemplificar los tres principales modelos del amor, cuyo an?lisis deseo proponerles en esta ponencia.

El amor hedonista: la autocondena a la soledad

El modelo hedonista, posiblemente el m?s en boga en la cultura de masas del momento, se basa en las premisas de la corriente filos?fica con el mismo nombre. Seg?n esta visi?n, el valor m?s importante en la vida del hombre es el placer y, por consiguiente, su aspiraci?n fundamental es acumular a lo largo de su vida el m?ximo de placer, al mismo tiempo que se evita a toda costa el dolor. La versi?n contempor?nea de la visi?n hedonista aplicada a las relaciones amorosas pretende convertir la sexualidad en un producto de consumo y, por consiguiente, tiende a -por decirlo as?- sexualizar toda la realidad, induciendo al hombre a convertirse en una suerte de animal en un celo permanente pero biol?gicamente in?til por inf?rtil. No es el lugar oportuno para analizar las relevantes connotaciones del poder econ?mico (cantidades espectaculares de dinero movidas por las diferentes ramas de lo que podr?amos llamar la industria sexual) y hasta pol?tico (la mayor manipulabilidad de los ciudadanos afectados por cualquier adicci?n) que se desprenden de la proliferaci?n de este modelo, puesto que prefiero centrarme por el momento en la dimensi?n psicol?gica y ?tica, en detrimento de la sociol?gica. Desde esta perspectiva, creo que podemos afirmar que este modelo tiene car?cter narcisista y egoc?ntrico, puesto que percibe la otra persona meramente como un objeto potencial de su propio placer. Por consiguiente tiene una actitud utilitaria hacia el otro: ?me interesas en tanto, en cuanto me proporcionas placer y no me cuestas demasiado (esfuerzo, preocupaci?n o dinero)?.

Tras esa breve definici?n que, desde luego, podr?a matizarse y desarrollarse mucho m?s, si el marco limitado de esta conferencia lo permitiera, conviene enumerar algunos ejemplos de la elaboraci?n literaria del mismo. Podemos encontrar un estudio literario del modelo hedonista del amor en tales obras como: O. Wilde: Retrato de Dorian Gray; A.Huxley: Un mundo feliz; L.Tolst?i: La sonata a Kreutzer; I. Turgu?niev: Lluvias primaverales; C.Fisas: Don Juan en el infierno y un largo etc.

Les propongo una lectura com?n del mencionado m?s arriba relato breve del escritor barcelon?s Carlos Fisas, titulado Don Juan en el infierno. El mismo t?tulo, al hacer la referencia al personaje del legendario seductor y conquistador de las mujeres, ya nos sugiere de qu? tipo de personaje se trata. Al mismo tiempo al ubicar a Don Juan en el infierno, donde lo vemos acompa?ado por el diablo, el autor evoca de una manera inconfundible el viaje al infierno descrito por Dante. Sin embargo es una evocaci?n, como dir?a Harold Bloom, revisionista; es decir, el infierno descrito por Fisas difiere radicalmente del imaginario medieval, lleno de bichos cornudos con horcas, llamas ardientes, azufre, etc. Sus paredes grises y sus corredores anchos y sim?tricos hacen pensar m?s bien, en el edificio de alg?n ministerio u otra instituci?n burocr?tica. Seg?n la explicaci?n del diablo no se ven las llamas porque ?las llamas son hermosas y aqu? la hermosura no existe? (FISAS: 67). El diablo le ordena a Don Juan que le siga hacia su lugar de destino. A lo largo del recorrido va conociendo diferentes rec?maras donde est?n ubicadas diversas categor?as de condenados, tales como los soberbios, los orgullosos, los avariciosos, los pol?ticos, los iracundos, los blasfemos, los lujuriosos - donde, a la sorpresa de Don Juan el diablo no se detiene- hasta que llegan a un peque?o local vac?o, que resulta ser el destino de Don Juan. Aqu? se produce un di?logo interesante, que merece la pena citar:

Don Juan pregunta al diablo:

- ?Pero, ?no estoy con los lujuriosos?

No, t? no eres digno de ello. Los lujuriosos tuvieron pasiones que no supieron controlar, amores pecaminosos, vicios reprobables, pero t? no. No has tenido nunca una sola pasi?n.

- ?C?mo, si he amado a cientos de mujeres?

No has amado a ninguna, las has usado para ti. Ninguna mujer era un ser humano o una persona sino s?lo un objeto; nunca para ti la mujer ha sido alguien sino s?lo algo. Las has deshumanizado a todas; para ti ellas no contaban, s?lo contabas t?. Toda tu vida ha sido una adoraci?n a ti mismo, no has amado a nadie, ni siquiera te has amado a ti. (?) Por eso todas las mujeres con las que has tratado han acabado odi?ndote.

- Pero muchas gozaron conmigo.

S?, algunas cre?an que s?, pero t? las desenga?aste y su placer no te importaba: s?lo pensabas en el tuyo. No has amado nunca a nadie.

- He tenido muchos amigos.

Mentira tambi?n, no has tenido ninguno. A los amigos se les ama y, como te he dicho, no has sido capaz de amar a nadie. No te importaban como personas sino como coro al personaje solitario que t? representabas en vida. Los necesitabas para que te aplaudiesen (?). Tu vida ha sido una perpetua adoraci?n del personaje que has representado. Repito que s?lo has pensado en ti y en nadie m?s.

S?, estaba solo, pero ello me bastaba. No me ha importado nunca estar solo, incluso despreciaba a los dem?s para estarlo.

Pues ?ste ser? tu castigo. Empezar?s a arder en este momento y aqu? estar?s solo, absolutamente solo, por toda la eternidad.

Y el diablo sali? y cerr? la puerta. (FISAS: 71-72)

La descripci?n de la actitud del protagonista hacia la cuesti?n del amor es tan expl?cita que pr?cticamente no exige ning?n comentario. Vemos muy claramente la aplicabilidad del modelo hedonista que, tal como ya se ha dicho, consiste en una actitud utilitaria frente a la otra persona (aqu?: las numerosas amantes de Don Juan) con el objeto de conseguir el placer sexual y, quiz?s al mismo tiempo, satisfacer el orgullo de ser un gran conquistador de mujeres.

El castigo que sufre Don Juan en el infierno de Carlos Fisas consiste en ser condenado al aislamiento y la soledad. No se puede negar perspicacia y lucidez a este final del relato: en efecto, los sujetos narcisistas, egol?tricos, incapaces de percibir el bien del otro como real y darse a los dem?s, en la mayor?a de los casos acaban siendo rechazados por su entorno o, en el caso de tener riquezas o poder, son tratados por los que los rodean de la misma forma que ellos suelen tratar a los dem?s, es decir, de manera instrumental. Se les halaga y se les idolatra en tanto en cuanto son ?tiles o temibles; lo cual no les previene de sufrir el infierno de la soledad afectiva todav?a durante su vida.

El falso brillo del amor rom?ntico

La definici?n del modelo del amor rom?ntico podr?a ocupar varias p?ginas, pero para las necesidades de esta exposici?n me limitar? a destacar algunos aspectos relevantes. En primer lugar se trata de una relaci?n basada exclusivamente en la dimensi?n afectiva que, por consiguiente, no valora suficientemente la importancia de la raz?n y de la voluntad, indispensables para construir una relaci?n duradera. Por consiguiente, es una relaci?n que est? condenada a depender de los movimientos de la afectividad que, tal como cada uno de nosotros lo experimenta en su propia vida, suelen ser inestables. Esto, en la pr?ctica, es casi una garant?a de la poca duraci?n de tal relaci?n, con la salvedad de los amores tr?gicos, en los que la uni?n entre los amantes no llega a consumarse (les separa la muerte de uno de los dos, la voluntad cruel de los parientes, la enemistad de los clanes, la guerra, la obligaci?n de contraer el matrimonio de conveniencia con otro, etc.). En estos casos, que pueblan abundantemente las p?ginas de la literatura rom?ntica, el deseo afectivo no cumplido se perpet?a, pero parad?jicamente se perpet?a precisamente porque la uni?n real (la vida com?n) no llega a producirse. ?Qu? suceder?a, pues, si la uni?n llegara a consumarse? Despu?s de un per?odo relativamente breve de convivencia (seg?n algunos psic?logos se trata de una media de seis meses) el amor rom?ntico, en el sentido de una relaci?n paradis?aca, acompa?ada por un gran bienestar afectivo, tendr?a que acabar, y los amantes, en este momento, tendr?a que hacer frente a un dilema. O bien abandonar la relaci?n, al ver que ?sta no corresponde al modelo ut?pico, en el que ingenuamente hab?an cre?do, o bien, emprender un camino totalmente distinto, el de una relaci?n basada no solamente en el sentimiento, sino tambi?n en la decisi?n de la voluntad -movida por la raz?n- de construir pacientemente una relaci?n de larga duraci?n. Para ello uno tiene que asumir desde el principio que en el desarrollo de la relaci?n al lado de los momentos del placer sexual y bienestar afectivo habr? momentos de des?nimo, decepci?n, incluso enfado y aversi?n contra la otra persona. Estas inevitables heridas afectivas a veces tendr?n que ser superadas mediante un doloroso proceso de perd?n, de renuncia de una parte de sus propios deseos (sin dejar de ser uno mismo), etc. Sin embargo, de esto hablaremos m?s adelante, al tratar el tercer modelo del amor.

A pesar de que desde hac?a varios siglos hab?an surgido obras que podr?amos denominar como proto-rom?nticas (Tristan e Isolda; Romeo y Julieta de Shakespeare, etc.) el siglo de la verdadera explosi?n de este tipo de producci?n literaria tiene lugar a caballo entre el siglo XVIII y el XIX. Sobre todo en la primera mitad de esta centuria el modelo del amor rom?ntico ha ejercido una enorme influencia sobre las sociedades occidentales y, de alg?n modo, esta influencia no se ha extinguido del todo hasta hoy. Para ejemplificar el modelo del amor rom?ntico he elegido al personaje m?s emblem?tico de toda la literatura rom?ntica, el protagonista de la novela de Johann Wolfgang Goethe: Las penas del joven Werther. Ya que se trata de una obra bastante conocida, me limitar? a recordar que la trama consiste en la descripci?n del proceso mental y afectivo del joven protagonista, Werther, quien se enamora de Carlota, una mujer felizmente casada, quien, aunque alagada por la actitud idol?trica de Werther hacia ella, al final lo rechaza, sacrificando as? una posible aventura rom?ntica en aras de la fidelidad a su marido y a su hogar. El joven Werther, al verse privado definitivamente del objeto de sus suspiros, cae en la desesperaci?n y se suicida.

Evoquemos algunos pasajes de esta novela, escrita b?sicamente en forma de cartas dirigidas a Carlota de parte de Werther. En una de ellas ?ste exclama:

?Ay de m?! Este vac?o, este horrible vac?o que siente mi alma..! Muchas veces me digo: (GOETHE: 119).

Al hablar de lo que siente su alma vemos que Werther absolutiza la dimensi?n afectiva de su propio ser, despreciando al mismo tiempo su dimensi?n racional y la virtud de la prudencia, la cual deber?a de hacerle ver lo inoportuno de dejarse llevar por la pasi?n hacia la mujer de la que est? enamorado. As? pues, el basar el ?amor? en la ingenua confianza puesta en los afectos cambiadizos, caprichosos e inestables constituye un perfecto ejemplo del modelo del amor rom?ntico.

En otra escena, podemos observar que el uso de la palabra ?amor? en todo el texto est? plenamente contaminado por la visi?n rom?ntica. As? pues, despu?s de que Carlota leyera la carta, en la que Werther le declara su amor, se produce una escena de encuentro, que concluye con unos besos apasionados. Pero Carlota, al entrar en s?, se libera de su abrazo y exclama:

Y lanzando sobre aquel desgraciado una mirada llena de amor, corri? a la habitaci?n inmediata y se encerr? en ella (GOETHE: 162).

En este fragmento constatamos que el narrador utiliza la palabra amor como sin?nimo de pasi?n. Y esa es precisamente, seg?n mi parecer, el gran error antropol?gico del romanticismo, tanto m?s eficaz que incluye una parte de la verdad, puesto que la dimensi?n afectiva, en efecto, tiene un papel importante en la relaci?n amorosa, pero no es ni la ?nica ni, a mi juicio, la m?s importante. Por el contrario, si Carlota abandona a Werther no es en contra del ?amor?, sino en contra de una pasi?n desordenada. Es posible que lo haga por el miedo a romper con las conveniencias de la sociedad en la que vive y a ser rechazada por ella. En tal caso no tendr?a gran m?rito, salvo el de regir sus actos por la prudencia, que no deja de ser la reina de las virtudes. No obstante, es posible tambi?n que tome esta decisi?n por fidelidad a su marido y por respeto a s? misma (al fin y al cabo jur? fidelidad a su marido y el fallar a este juramento en alg?n momento podr?a hacerle perder el respeto a s? misma). En tal caso ser?a un acto de amor y de libertad, en contra de la egolatr?a y de la esclavitud de la pasi?n.

En su ?ltima carta a Carlota, pocos instantes antes de suicidarse, Werther vuelve a insistir en lo que hemos denominado como el gran error antropol?gico del romanticismo:

?Ay! ?Cu?nto te he amado desde el momento en que te vi! Desde ese momento comprend? que llenar?as toda mi vida? (GOETHE: 172)

El error que se encierra detr?s de esta afirmaci?n consiste no solamente en el hecho de considerar el amor como un fen?meno perteneciente exclusivamente al ?mbito de lo afectivo, sino tambi?n por considerar que un ser humano puede llenar completamente el coraz?n de otro ser humano. A la luz de la antropolog?a cristiana eso es imposible, puesto que en el coraz?n humano est? inscrito el deseo del amor absoluto, mientras que ?l mismo, al ser humano (l?ase imperfecto) no es capaz de dar el amor absoluto. Por consiguiente, su deseo del amor es m?s grande que su capacidad de amar, de tal manera, que si intenta saciar su sed de amor absoluto solamente en relaci?n con otro ser humano, est? condenado a la frustraci?n. Por lo tanto, el amor humano para ser completo necesita desarrollarse en uni?n con el Amor Trascendente. Solamente el amor humano que est? abierto al Amor Trascendente puede llevar a la uni?n perfecta de dos corazones humanos, a su vez, enlazados dentro del coraz?n de quien es Amor. Creo que Agust?n de Hipona se refer?a a este deseo inscrito en la naturaleza humana al decir su famosa frase en las Confesiones: ?Nos hiciste, Se?or, para ti, y nuestro coraz?n est? inquieto hasta que descanse en ti.? (SAN AGUST?N, Confesiones, I,1: CCL 27, 1.)


Publicado por mario.web @ 20:30
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