Domingo, 15 de mayo de 2011

Hay personas de las que nadie siente compasi?n porque su existencia parece satisfecha y exitosa, sin embargo?
Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic.net
Sentimos una compasi?n casi natural ante hu?rfanos, ancianos, enfermos, pobres, encarcelados. Mil aventuras de la vida han llevado a muchas de esas personas a situaciones de abandono o de necesidad. Su dolor suscita en nuestros corazones un deseo natural de hacer algo por ellos.

Los ??ltimos? y desheredados de la vida invocan, con su sola existencia, ayuda. Pero hay otros ??ltimos? que quedan de lado, sin asistencia, sin cari?o, porque nadie conoce sus penas, porque son considerados personas felices o satisfechas, o porque no quieren darse cuenta de la ?miseria? en la que viven.

Estos ??ltimos? pueden ser poderosos que avanzan de victoria en victoria, en el mundo del dinero, del espect?culo, de la pol?tica. O ego?stas que construyen a su alrededor una barrera de autosuficiencia que les hace creer que son felices con sus sue?os y su aparente libertad sin interferencias. O personas f?sicamente bien dotadas, con salud, con belleza, con simpat?a, que dilapidan su fulgor del momento (que dura a veces muchos a?os enga?osos) para conseguir aplausos o placeres. O intrigadores que mueven los hilos de la historia humana, a trav?s de grandes planes internacionales o de cotilleos de sal?n que arruinan a familiares, amigos o compa?eros de trabajo.

Pueden ser tambi?n prestamistas que abusan de la miseria ajena para crecer en sus negocios y dominar as? sobre cientos de ingenuos ca?dos en sus trampas. O m?dicos que no quieren saber si existe diferencia entre el bien y el mal, que deciden sobre la vida y la muerte de embriones, fetos, reci?n nacidos, ni?os, adultos o ancianos con la presunci?n de que sus actos no ser?n nunca descubiertos. O profesores e investigadores que reciben premios internacionales mientras rechazan valores profundos y desprecian las vidas de otros seres humanos (peque?os, pobres, enfermos) que s?lo valen si encajan en su ideolog?a o sus experimentos. O tantos otros tipos de personas que, una vez llegados a la cumbre, a un puesto de prestigio, se f?an de su fuerza para imponer sus gustos, sus vicios, sus sue?os de grandeza y de dominio.

Son personas de las que nadie siente compasi?n porque su existencia parece satisfecha y exitosa. Cuando, quiz?, carecen de cari?o, no tienen paz en sus conciencias, viven abrumados de aplausos, rodeados de aduladores, incapaces de sentir cari?o, de dar y recibir amor sincero.

Son ??ltimos olvidados?. Necesitan, a veces m?s que un pobre o que un enfermo, una palabra de aliento, un consejo sincero, una sonrisa verdadera, un perd?n que sane heridas del pasado, una se?al de alerta que les despierte de su letargo y sus enga?os. Y nadie se los da, porque no lo piden, o porque pocos conocen el drama de sus corazones, la amargura de sus triunfos de pirotecnia.

Jes?s mismo quiso ayudarles, porque tambi?n vino para ellos. Les habl? a veces con dureza, como a los fariseos. Les explic? que las riquezas no son capaces de garantizarnos un d?a m?s de vida. Les present?, como a todos (Jes?s com?a con ricos y pobres, con fariseos y pecadores) su programa, su mensaje, su sue?o para una humanidad un poco m?s buena: el respeto de los mandamientos, la renuncia a los bienes pasajeros, la confianza en la providencia, el amor hasta dar la vida por los amigos.

Sus palabras resuenan fuertes y claras, tambi?n para el mundo moderno. ?Pero ?ay de vosotros, los ricos, porque hab?is recibido vuestro consuelo! ?Ay de vosotros, los que ahora est?is hartos, porque tendr?is hambre! ?Ay de los que ahora re?s, porque tendr?is aflicci?n y llanto! ?Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas!? (Lc 6,24-26).

Son palabras capaces de despertar a m?s de un coraz?n enga?ado. Podr? as? romper con el espejismo de sus ?triunfos? para descubrir un mundo nuevo, el de las bienaventuranzas, el de la sencillez de esp?ritu, el de la justicia embellecida por la misericordia, el de quien pide perd?n y rompe con el pecado, el de quien decide vivir s?lo para ser humilde servidor de sus hermanos?


Publicado por mario.web @ 22:07
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