Domingo, 15 de mayo de 2011

La ambici?n de controlar la vida humana desde la concepci?n a la muerte es la m?xima expresi?n del imperialismo integral.
Autor: Michel Schooyans, PhD, PhLD. | Fuente:

La ambici?n de controlar la vida humana desde la concepci?n a la muerte es la m?xima expresi?n del imperialismo integral.

Como vamos a ver, este imperialismo es metapol?tico, ya que procede de una concepci?n particular del hombre. Las expresiones pol?ticas y no pol?ticas de este imperialismo no son m?s que las consecuencias perceptibles de esta antropolog?a. Esto nos va a llevar a aclarar la dimensi?n totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todav?a no se han mostrado en su totalidad.

Para analizar la g?nesis de este imperialismo que est? naciendo ante nuestros ojos, vamos a partir de la ideolog?a de la seguridad nacional.

Hacia la globalizaci?n

Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fr?a, enfrentamiento Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pac?fica, deshielo, distensi?n, etc. Mas, con motivo de la crisis petrol?fera de 1973, algunos c?rculos norteamericanos empiezan a percibir la importancia de otra divisi?n, la divisi?n Norte-Sur. El congreso de Bandung, en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las conferencias en la cumbre de pa?ses no alienados se imponen a la atenci?n de los pa?ses industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino apreciable. Durante todo este tiempo, el di?logo Norte-Sur se organiza y se institucionaliza; los pa?ses del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.

En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski hab?a ya atra?do la atenci?n sobre el tema(1).La crisis petrol?fera de 1973 juega el papel de un catalizador.

Si los pa?ses productores de petr?leo pueden organizarse y amenazar las bases de la econom?a de los pa?ses industrializados, ?qu? ocurrir? si los pa?ses pobres productores de materias primas deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los pa?ses ricos?

Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski, transpone a la divisi?n Norte-Sur las recomendaciones que su hermano hab?a aplicado antes a la divisi?n Este-Oeste. Y lo que es m?s importante, generaliza adem?s, al conjunto del mundo, una visi?n cuyo alcance, en 1969, estaba limitado, provisionalmente, al continente americano.

Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia expl?cita de Brzezinski, organiza la "Comisi?n Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Jap?n deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del que dependen los pa?ses industrializados para importar materias primas y energ?a, y para dar salida a sus productos (2).Y el Tercer mundo est? en plena expansi?n demogr?fica.

La amenaza que pesa sobre la seguridad de los pa?ses ricos proviene, seg?n ellos, de los pa?ses pobres. Las econom?as dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben devorarse entre s?, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus privilegios.

Las empresas multinacionales aparecen aqu? como un mecanismo esencial del sistema global de la dominaci?n; llevan a cabo una industrializaci?n que al mismo tiempo se encargan de limitar. Gracias a los centros de decisi?n e la metr?polis, hacen posible el control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del traslado de f?bricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los que las desigualdades de retribuci?n constituyen, a nivel mundial, un factor de divisi?n que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones, frenan el desarrollo econ?mico de las naciones sat?lites.

Por su parte, la investigaci?n cient?fica deber? intensificarse y concertarse para garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los pa?ses menos desarrollados. La alta tecnolog?a ser? exportada con gran parsimonia, para que los pa?ses m?s avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producci?n sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los pa?ses de la era postindustrial.

?Multimillonarios de todos los pa?ses, un?os!

Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho urgente -se asegura- en raz?n de la interdependencia de las naciones. Pero lo que suced?a ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa r?pidamente de la interdependencia a la dependencia. Todos los pa?ses, en efecto, no presentan un mismo nivel de desarrollo; en raz?n de su presencia y compromisos en todo el mundo, los EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misi?n de liderazgo mundial. A esta misi?n deben asociarse las naciones ricas y la clases ricas del mundo entero; la seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupaci?n com?n y predominante de los ricos. Esta preocupaci?n justifica, por su parte, la constituci?n de un frente com?n mundial, una uni?n sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este imperativo de seguridad com?n, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen sino una importancia relativa o incluso secundaria.

Este frente com?n mundial s?lo podr? articularse a partir de los EE.UU. y bajo su liderazgo. En raz?n de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Jap?n ser?n asociados, a t?tulo de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad com?n. Todo ese bloque constituido por las naciones ricas deber? esforzarse en controlar el desarrollo en el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el crecimiento, frenar la capacidad de producci?n y practicar el maltusianismo econ?mico se imponen tanto m?s -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado por la contaminaci?n. Y as?, la justificaci?n te?rica del "crecimiento cero" vio la luz en 1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas generosamente financiadas por el grupo Rockefeller(3).

Los pa?ses comunistas tampoco deber?an quedar al margen de este proyecto de seguridad global. China merece una atenci?n excepcional. Est? probado -como ya hemos visto (4)- que la despiadada pol?tica demogr?fica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada e incluso estimulada por algunos c?rculos norteamericanos y occidentales inquietos por la aparici?n de un nuevo "peligro amarillo".

Los pa?ses del Tercer mundo deber?n, pues, aceptar un programa "global". Como los pa?ses ricos necesitan sus recursos, estos pa?ses en v?as de desarrollo no podr?n sentirse irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos m?todos de explotaci?n. Tendr?n que admitir que su desarrollo habr? de hacerse bajo control; llegado el caso, podr? alabarse la virtud del compa?erismo" podr?n, por ejemplo, transferirse a su territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los pa?ses desarrollados. En cualquier caso, habr? que impedir que se organicen para esquivar la vigilancia de las naciones poderosas.

De todas maneras, al igual que existen l?mites para el crecimiento econ?mico, tambi?n los hay para el crecimiento pol?tico. As? lo subrayaba Samuel P. Huntington en un Informe para la Comisi?n trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos tenido que reconocer que existen l?mites potencialmente deseables para el crecimiento econ?mico. E igualmente, en pol?tica, existen unos l?mites potencialmente deseables para la extensi?n de la democracia pol?tica."(5)

Estamos, pues, ante una formulaci?n de alcance mundial del antiguo mesianismo norteamericano. Pero es indispensable se?alar lo que esta formulaci?n tiene de esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el concurso no s?lo de las naciones m?s ricas, sino tambi?n de las clases ricas de las sociedades pobres.

Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad.

De lo que se trata, en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, m?s exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero tambi?n de la seguridad de los ricos de todos los pa?ses, a quienes se invita a constituir, bajo la direcci?n de los Estados Unidos, una uni?n sagrada cuya raz?n de ser y objetivo es el contener el despegue de la poblaci?n pobre: "?Multimillonarios de todos los pa?ses, un?os!"

As? reinterpretada, la doctrina de la contenci?n resurge como el F?nix renace de sus cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto universalista actual de los EE.UU.,Europa occidental y Jap?n est?n asociados de manera especial a este proyecto a t?tulo de c?mplices y de objetivos al mismo tiempo.

Una ?lite dominante internacional

La preocupaci?n por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ?mbito se divid?a en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente demogr?fica.

Esta nueva doctrina exige la utilizaci?n de instrumentos de acci?n eficaces. Estos instrumentos son de orden pol?tico, educativo, cient?fico, econ?mico y tecnol?gico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigaci?n ser? orientada o incluso anulada, y su funci?n cr?tica ser? muy disminuida. Las subvenciones estar?n subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos programas de investigaci?n definidos por la minor?a dominante (6).

Esta minor?a conceder? una gran importancia al estudio de los problemas ecol?gicos, pues de ese modo ser? posible convencer a los pa?ses sat?lites para que se resignen a la austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" (7). Esta misma minor?a financiar? las investigaciones sobre la reproducci?n, la fecundidad y la demograf?a, con el fin de desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto con los medios de comunicaci?n, se encargar?n de difundir por todo el mundo, dramatiz?ndolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases ricas (8). El programa de acci?n ser? conciso. Se pondr? de relieve la escasez de materias primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos ser?n presentados como necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la poblaci?n habr? de calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.

De esta forma se re?nen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a un r?gimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotaci?n del pueblo norteamericano por una minor?a norteamericana (9). En la actualidad, el pentagonismo se ha universalizado y la minor?a dominante se ha internacionalizado.

Esta minor?a estar? constituida por "personas con recursos", que se sentir?n halagadas al ser admitidas en grupos "informales", m?s o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos f?cilmente identificables. Esta minor?a se arrogar? la misi?n de regentar el mundo y tendr? bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, ya sean c?mplices o utilizados como instrumentos involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No ser? necesaria la constituci?n de instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos.

Una vez que haya adoptado la ideolog?a de la seguridad demogr?fica, esta "?lite" se apresurar? a recurrir, con gran aplicaci?n, a la t?ctica de la infiltraci?n.

Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jur?dicos y pol?ticos apropiados. En cuanto una "?lite" acepta su propia "colonizaci?n ideol?gica", esta misma "?lite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.

Del Estado al Imperio totalitario

El imperio que est? ahora construy?ndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo sovi?tico son ejemplos perfectos de totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del yo en todas sus dimensiones: f?sica, psicol?gica y espiritual (10). Requiere de los individuos una sumisi?n perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreaci?n, la familia y la educaci?n a un control muy estricto.

M?s concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del ni?o. El Estado totalitario que conocemos en la historia actual se esfuerza, pues, en sustraer al ni?o de la influencia familiar y le proporciona una educaci?n integral. Este Estado inhibe la capacidad personal de juicio y de decisi?n; instaura una polic?a de ideas; culpabiliza y adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideolog?a, organiza el culto del jefe e instituye una nueva religi?n civil.

La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en trampol?n de un proyecto imperialista. La misi?n este Estado particular ser? definida y `legitimada? mediante la ideolog?a totalitaria. El Estado particular no s?lo es conocido, sino enaltecido. Y finalmente, una ideolog?a supuestamente cient?fica precipita en las tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma.

El proyecto imperialista y totalitario que est? tomando cuerpo ante nuestros ojos incr?dulos presenta unas caracter?sticas totalmente asombrosas si se le compara con las que marcaron los sue?os imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente tiene de incre?ble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemon?a de un Estado particular. Tampoco es la emanaci?n de una coalici?n de Estados y, lo que es m?s, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que est? construy?ndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima de las fronteras, por la internacional de la riqueza.

Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este imperialismo de clase, nadie sabe qui?n decide ni qui?n es responsable.

El lenguaje parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es an?nimo, impersonal y secreto. El productor del mensaje ideol?gico est? oculto. No cabe, pues, someter el discurso al juicio personal: est? listo para el consumo: fr?o, objetivo e imperativo.

Evidentemente, a?n cuando est?n ocultos, el discurso es producido por sujetos, y ?stos lo producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor de la ideolog?a rompiera el secreto que le ampara, no podr?a seguir reivindicando la impersonalidad y la objetividad puras. La dimensi?n subjetiva, utilitaria, interesada, hipot?tica de su discurso se pondr?a inmediatamente de manifiesto. El alcance supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `cient?ficas? con que se reviste, aparecer?an en seguida como lo que son: un enga?o. El productor de ideolog?a debe, pues, guardar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.

De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el n?cleo del discurso. No existe di?logo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo discurso est?, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de enga?o de la persona que lo emite.

El lenguaje, que deber?a ser el prototipo de la mediaci?n entre personas, se convierte en el medio por excelencia de la posesi?n de los dem?s. Como el sujeto productor de discursos no dice nunca qui?n es realmente, todo lo que dice est? tachado de disimulo y enga?o. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresi?n contra la inteligencia y la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que lo reciben, reduci?ndolas a la condici?n de recept?culos pasivos de una verdad venida de fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esot?rico. De un saber supuestamente cient?fico, cuya revelaci?n ha sido hecha a sus iniciados, seg?n ?stos creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel mesi?nico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la felicidad?

?Qu? nuevos territorios quedan todav?a por conquistar?

Las nuevas fronteras del imperialismo ya no son f?sicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creaci?n, de salvaci?n y de amor.

Nos encontramos as?, en el nuevo imperialismo, ante la tercera caracter?stica del totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya hemos dicho, este nuevo imperialismo est? desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradici?n totalitaria cl?sica: divulga una ideolog?a donde se encuentra, seg?n ella, el fundamento de su `legitimidad?.

La ideolog?a de la seguridad demogr?fica.


La ideolog?a en cuesti?n es la ideolog?a de la seguridad demogr?fica (11). Seg?n palabras de Marx, la ideolog?a presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede siempre de una falsa conciencia. La ideolog?a esconde siempre los intereses de sus autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideolog?a, no pasan de ser hipot?ticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble condici?n, que corresponde, a su vez, a la doble funci?n que se espera de la ideolog?a.

Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideolog?a las verdaderas razones de su propio discurso. La ideolog?a est? aqu? al servicio de la mala fe del ide?logo. Concretamente, la ideolog?a de la seguridad demogr?fica es una intelectualizaci?n que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso.

Por otro lado, esta ideolog?a tiene por funci?n el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las mujeres que se hacen abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados? para que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienaci?n.

De esta forma, la ideolog?a de la seguridad demogr?fica significa el inicio de una doble perversi?n. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras v?ctimas de la racionalizaci?n que confeccionan. Y como le colocan a su construcci?n ideol?gica la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcci?n la luz que podr?a sacarles de la prisi?n espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la propia sumisi?n y les confirma en su alienaci?n.

Hasta el presente, nos encontramos ante la m?s peligrosa ideolog?a imperialista totalitaria que ha conocido el mundo.

?Una nueva humanidad?

Pero esto no es todo. La perversi?n esencial de esta ideolog?a, de que son v?ctimas tanto sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por ant?frasis: al mal le llama bien. Se niega la transgresi?n de la ley moral; la conciencia individual s?lo puede referirse a s? misma o, m?s exactamente, a los int?rpretes autorizados de la trascendencia social que le dicen lo que puede desear o debe querer.

Esta ideolog?a sirve de fundamento a las instituciones pol?ticas y jur?dicas que le sirven .El derecho, por ejemplo, que deber?a, por definici?n, aplicar sus esfuerzos a la instauraci?n de la justicia para todos, es objeto de una manipulaci?n ideol?gica en provecho de la minor?a dominante constituida por la internacional de la riqueza.

Mas si, como individuos, los miembros de la minor?a dominante son generalmente inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el esp?ritu que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse f?cilmente remontando desde la ideolog?a que produce y desde los destinatarios de la misma.

El discurso ideol?gico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo. Empieza afirm?ndose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios. Este principio es `liberador? se nos dice, porque Dios impide la autonom?a del hombre y su felicidad. As? pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta condici?n, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los iniciados.

En este nacimiento, el papel de algunos m?dicos `ilustrados? ser? determinante y, al mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponder? el denunciar las `creencias pasadas?, `precient?ficas?, as? como los `tab?s? que acompa?an a dichas creencias. Son ellos quienes definir?n esta tarea, pero su misi?n se fundar? sobre la afirmaci?n de esos mismos postulados (12). Necesitan una ideolog?a para `legitimar? su papel, pero son ellos los que definen el contenido de dicha ideolog?a. Los tecn?cratas m?dicos que regentan el nuevo imperio no se averg?enzan de semejante petici?n de principio. Pretenden que el objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demogr?fica, pero es el imperativo de la seguridad demogr?fica el que se supone que funda la `legitimidad? de la tecnocracia.

Con el apoyo valeroso de los dem?grafos, los tecn?cratas se disponen a asistir a la humanidad en el parto del `sentido? de que su evoluci?n es portadora. Est?n llamados a ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social m?s que del individuo (13). Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida; en penetrar en la pol?tica con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la concepci?n tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensi?n amorosa y la dimensi?n procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad la gesti?n de la vida humana, desde la concepci?n a la muerte; en proceder, con ello, a una selecci?n rigurosa de los que ser?n autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que aqu? se reactivan con energ?a y se integran en un cuadro l?gubre y mort?fero.

Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas maltusianos cl?sicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no s?lo una selecci?n cualitativa; requiere igualmente la determinaci?n de unos l?mites cuantitativos. "Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificaci?n realmente eficaz de la poblaci?n mundial es condici?n indispensable para la supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una tr?gica desproporci?n entre los recursos vitales y el crecimiento de la poblaci?n.

Una nueva religi?n civil

La ideolog?a imperialista pretende ser una ideolog?a de oclusi?n de toda trascendencia que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente hipot?tico, en el sentido que ha sido explicado m?s arriba: es el reflejo de la voluntad de los que lo emiten (14). Tiene una funci?n utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es ?til para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos.

No tiene ning?n valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresi?n m?s reciente de la antigua tradici?n cientificista, con una formulaci?n orientada en provecho de las ciencias biom?dicas. S?lo los m?todos de esas ciencias pueden proporcionarnos -se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y s?lo estas ciencias pueden aportar al hombre la respuesta a sus interrogantes m?s radicales.

Este discurso cientificista ignora toda posible b?squeda filos?fica -y con mayor raz?n teol?gica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una referencia creadora com?n a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es in?til considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la fraternidad deja de ser posible y no hay una participaci?n en una existencia recibida de un mismo creador. S?lo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una nueva religi?n civil ha nacido, un nuevo ate?smo pol?tico, un nuevo reino, cuyas divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesi?n y saber. Los que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los d?biles, que est?n justificados para ejercer un papel mesi?nico. En ellos se encuentra en efecto, tanto la medida de s? mismos como la de los dem?s.

Esta ideolog?a mesi?nica y herm?ticamente laica, as? como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los dem?s hombres. Hay que programarlos f?sica y psicol?gicamente; hay que planificar su producci?n y su educaci?n; para ello, habr? que utilizar el hedonismo latente, y contar con la b?squeda del placer. Pero al mismo tiempo, habr? que alienar a las parejas, quit?ndoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecn?cratas m?dicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deber?n ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.

Este discurso ideol?gico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad y la capacidad de acci?n en las personas, ejerce adem?s la misma influencia en el plano de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente desastrosas.

Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demogr?fico.

Junto a esa consideraci?n cuantitativa, se insinuar? tambi?n, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues, llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien general. El uno y el otro recomiendan que el n?mero de pobres sea calculado en funci?n de la utilidad que representen (15).

Porque seg?n la ideolog?a que estamos examinando, la utilidad es el criterio ?nico que debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia. ?Produce o consume bienes? ?Produce beneficios o placer? Si las respuestas son negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que, de ser ?til lo seguir? siendo siempre, el ser humano constituye as? una amenaza permanente para la seguridad de sus semejantes.

El panimperialismo totalitario?

Finalmente, y l?gicamente, la ideolog?a de la seguridad demogr?fica tiene por fundamento y t?rmino el punto de referencia ?nico de la muerte. La ejecuci?n del ni?o por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto m?s cuanto que la materialidad de esta ejecuci?n se realiza de manera furtiva (16).

El ni?o abortado es la v?ctima propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi rival, es un obst?culo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la pobreza, el obst?culo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: est? de m?s; hay que suprimirlo.

Pero no se trata aqu? de una violencia de menor cuant?a, o de una violencia simb?lica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la mitolog?a. El ni?o muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado para proteger la cohesi?n de la comunidad humana (17). Es ejecutado sin que la violencia sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la v?ctima propiciatoria.

El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido que justifica la rebeli?n contra el Padre. Por lo tanto, el ni?o al que se mata significa la destrucci?n del Padre. Su ejecuci?n no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha m?s violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que es m?s grave, una de las funciones de la ideolog?a es la de disimular esa violencia ilimitada sustray?ndola al control de la raz?n.

As? pues, la legalizaci?n del aborto se?ala la inminencia del retorno de un delirio irracional, disimulado bajo el camuflaje enga?oso de una ideolog?a de autoprotecci?n.

La ideolog?a neoimperialista de la seguridad demogr?fica puede, pues, considerarse bastante cercana de la ideolog?a nazi; es, en realidad, en m?s de un sentido, una extrapolaci?n de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como una nacional-socialismo, en el neoimperialismo actual los m?todos se han refinado. No se trata ya de un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o predominantemente econ?mico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un imperialismo de naturaleza claramente totalitaria.

Los ide?logos han hecho un esfuerzo notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideolog?a se ha hecho m?s importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fen?meno nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de los cuerpos.

?y "metapol?tico"

Y finalmente, como su inspiraci?n directa es la forma m?s reciente del cientificismo, este panimperialismo es de naturaleza metapol?tica: se esfuerza en hacer triunfar una nueva concepci?n de la vida humana en la que ?sta s?lo tiene sentido a la luz de la trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la concepci?n particular del hombre que est? por encima del ?mbito de lo pol?tico. En nombre de esa antropolog?a, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son necesarias para su poder: pol?ticas, cient?ficas, econ?micas, informativas, jur?dicas, militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como por hip?stasis, hasta los confines de la tierra.

El Estado totalitario cl?sico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder est? limitado por el poder de los dem?s Estados. Se encarna en un pr?ncipe (o un gobierno) que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible agresi?n y, por lo tanto, destruible. Aqu?, en cambio, la revoluci?n parece imposible, pues el pr?ncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El imperio metapol?tico aspira a una supremac?a incondicional e incondicionada; no quiere conocer o reconocer ni iguales ni rivales.

Los medios de comunicaci?n, que tienen una funci?n de informaci?n, tienen tambi?n, en el marco de este proyecto totalizador, una funci?n de ocultaci?n indispensable. No se toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no ser?n tomados en serio. La informaci?n ha de ser tratada seg?n los intereses de los que la producen y seg?n los gustos de los que la consumen.

La colonizaci?n de la opini?n debe tener efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo ?nico que de verdad importa es la seguridad de los pudientes; los d?biles no tienen precio: los ricos pueden, pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.

Los proyectos de la legalizaci?n del aborto no son, en suma, como hemos visto, m?s que la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.

Nota: El Padre Michel Schooyans, PhD, PhLD, STD., es profesor de la Universidad de Lovaina.

Citas:

1. "Between two ages. America?s role in the technotronic era", Harmondsworth, Penguin, 1978. Nuestra exposici?n de las ideas de Brzezinski sigue muy de cerca esta obra.

2. En franc?s, la "Trilat?rale" ha sido estudiada sobre todo en "Le Monde diplomatique". V?ase, por ejemplo, de Diana Johnstone: "Les puissances ?conomiques qui soutiennent Carter", no. 272 (noviembre de 1976), pp. 1,13 y ss.; de jean-Pierre Cot: "Un grand dessein conservateur pour l?Am?rique", no. 282 (septiembre de 1977), pp. 2-3; de Pierre Dommergues, "L?essor du conservatisme am?ricain", no. 290 (mayo de 1978), pp. 6-9.

3. Cfr. "Halte a la croissance".

4. Cfr., m?s arriba, p. 163.

5. Cfr., de Michel Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki, "The crisis of democracy", Nueva York, New York University Press, 1975, p. 115.

6. Cfr. "Between two ages", pp. 9-12 y ss. Comentando las ideas de Brzezinski al respecto, Anthony Arblaster escribe: "It is depressing enough that intellectuals should be willing to accept the roles which Brzezinski foresees for them -specialists [?] involved [?] in government undertakings and house ideologues for those in power-. But the subordination of intellectuals to the state and its requirements does not occur only at the individual level. There is a strengthening tendency for the institutions within which [?] most intellectuals now work, also to be shaped according to the particular political priorities of a particular government" ("Ideology and intellectuals", en: Knowledge and belief in politics, de Benewick y otros, pp. 115-129; la cita es de las pp. 123 y s.)

7. Alusi?n a la obra de E.F. Schumacher, "Small is beautiful. Economics as if people mattered", Nueva York, Perennial Library, 1975.

8. Cfr. Daniel Bell, "The end of ideology. On the exhaustion of political ideas in the fifties", Nueva York-Londres, Free Press Paperback, 1965.

9. V?ase, de Juan Bosch, "El pentagonismo, sustituto del imperialismo", Madrid, Cr?nica de un siglo, 1968, y especialmente: pp. 18-21.

10. Sobre el totalitarismo, v?ase, de Jean-Jacques Walter, "Les machines totalitaires", Par?, Denoel, 1982; de Igor Chafarevitch, Le ph?nomene socialiste, Par?s, Seuil, 1977; de Hannah Arendt, The origins of totalitarianism, Nueva York, Meridian Books, 1959.

11. Por su postura en materia de demograf?a, la Iglesia constituye una amenaza para la seguridad nacional de los EE.UU. ?sta es la tesis presentada con gran fuerza por un autor al que dif?cilmente puede tacharse de excesivo progresismo: Stephen D. Mumford, en: "American democracy & the Vatican. Population growth & national security"", Nueva York, Humanist Press, 1984. Compl?tese con: "Role of abortion in control of global population growth", de Stephen D. Mumford y Elton Kessel, en: "Clinics in obstetrics and gynaecology", t.13 (marzo de 1986), p. 19-31; sobre Kessel, v?ase, de L. Weill-Halle, L?avortement de papa, p.53.

12. Cfr., m?s arriba, p. 176.

13. Cfr., p. 123.

14. Cfr., m?s arriba, p. 112-118.

15. Cfr., pp. 166 y 178-181.

16. Cuanto menor es la percepci?n que de la v?ctima tiene el verdugo, menor es el control que ?ste tiene de su agresividad. Cfr., de Stanley Milgram, "Soumission a l?autorit?. Un point de vue exp?rimental", Par?s, Calmann-L?vy, 1984.

17. Cfr., de Ren? Girard, "La violence et le sacr?", Par?s, Grasset, 1972.


Publicado por mario.web @ 22:10
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