Domingo, 15 de mayo de 2011
Lo que nos ense?a el Compendio de Doctrina Social sobre el compartir las riquezas
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Hacia una vida econ?mica moral
Hacia una vida econ?mica moral
El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia dedica un cap?tulo especial a considerar la actividad econ?mica en general. Como otros cap?tulos, ?ste comienza con un repaso de algunos principios b?blicos.

En el Antiguo Testamento, las riquezas se consideran una bendici?n de Dios. La abundancia no es vista como un problema en s? misma, sino que hay una fuerte condena del mal uso de los bienes materiales ? fraude, usura, injusticia ? especialmente cuando es el pobre el que sufre estos abusos.

La otra cara de la moneda, la pobreza, es vista como parte de la condici?n humana. En este contexto el Antiguo Testamento invita a las personas a reconocer su pobreza ante Dios. ?l, a su vez, es retratado como respondiendo a los gritos del pobre, que recibir? su recompensa a trav?s de un nuevo David. ?La pobreza adquiere el estatus de valor moral cuando se convierte en una actitud de disponibilidad y apertura humilde a Dios, de confianza en ?l? (No. 324).

En el Nuevo Testamento, Jes?s llama a la conversi?n de los corazones y a estar atentos a las necesidades de los dem?s. Trabajar por la justicia y ayudar al pobre es una forma de construir el Reino de Dios.

En general, la Biblia considera la actividad econ?mica como parte de la vocaci?n por la que la se invita a la humanidad a administrar los dones recibidos de Dios. La par?bola de los talentos tambi?n ense?a que ?lo que se ha recibido deber?a usar apropiadamente, preservarse y aumentarse? (No. 326).

Compartir las riquezas



Los bienes materiales, incluso cuando son propiedad leg?tima de alguien, conservan su destino universal. ?Las riquezas satisfacen su funci?n de servicio al hombre cuando se destinan a producir beneficios para los dem?s y para la sociedad? (No. 329).

Este nexo entre moralidad y vida econ?mica es una constante en la doctrina de la Iglesia. ?As? como en el ?rea de la moralidad uno debe tener en cuenta las razones y requisitos de la econom?a, igualmente tambi?n en el ?rea de la econom?a uno debe abrirse a las exigencias de la moralidad? (No. 331).

El compendio sugiere que la moralidad y los principios econ?micos tienen algunos puntos en com?n. Por ejemplo, producir bienes de modo eficiente puede verse como un deber moral, en el sentido de que no hacerlo ser?a una p?rdida de recursos. Pero la producci?n de riquezas tambi?n necesita una orientaci?n moral, en orden a asegurar que la riqueza econ?mica se distribuye de modo equitativo y se gu?a por principios como la justicia y la caridad.

La actividad econ?mica llevada a cabo de esta manera se convierte en una oportunidad para practicar la solidaridad y construir una sociedad m?s equitativa y un mundo m?s humano. La Iglesia tambi?n considera que t?rminos como desarrollo no pueden simplemente verse en una dimensi?n econ?mica, como acumulaci?n de bienes. Una concentraci?n exclusiva sobre el aspecto material corre el riesgo de caer en el error del consumismo y no es el camino para lograr la aut?ntica felicidad.

Iniciativa privada


Una secci?n del cap?tulo sobre econom?a explica la postura de la doctrina social de la Iglesia con respecto a la iniciativa privada y la actividad econ?mica. La libertad de las personas para implicarse en la actividad econ?mica es ?un valor fundamental y un derecho inalienable que ha de ser promovido y defendido? (No. 336).

La iniciativa en la econom?a es parte de la actividad creativa humana y los negocios tambi?n tienen un papel social importante que jugar a trav?s de la producci?n de bienes y servicios. Aunque este papel necesita llevarse a cabo seg?n criterios econ?micos, el compendio a?ade: ?no deben descuidarse los valores aut?nticos que causan el desarrollo concreto de la persona y de la sociedad? (No. 338).

En este contexto el compendio recuerda que la Iglesia ha apoyado desde siempre los negocios familiares y de tama?o peque?o y medio, junto con las actividades cooperativas, que pueden hacer una contribuci?n valiosa a la actividad econ?mica y humana. De hecho, la actividad econ?mica proporciona la oportunidad de practicar muchas virtudes, como la diligencia, la prudencia, la fidelidad y el coraje.

El texto tambi?n tiene palabras positivas para el papel de lograr beneficios, que son un signo de que los factores productivos implicados en la empresa se est?n usando bien. Sin embargo, los negocios deben servir tambi?n a la sociedad de modo apropiado y esto no se hace cuando se violan las obligaciones de la justicia social o los derechos de los trabajadores.

El compendio tambi?n observa que en el mundo de hoy los estados individuales pueden encontrar dif?cil regir las operaciones de negocios y que esto pone en la empresa privada una mayor responsabilidad para abrirse a los valores de la solidaridad y el aut?ntico desarrollo humano.

Servir a las personas


En materia de mercado libre en general, el compendio explica que ?es una instituci?n de importancia social por su capacidad de garantizar resultados efectivos en la producci?n de bienes y servicios? (No. 347). Un mercado verdaderamente competitivo, contin?a el texto, ?es un instrumento efectivo para obtener objetivos importantes de justicia?.

No obstante, el compendio agrega que, en un mercado libre, deben tomarse en cuenta los fines del bien com?n y el desarrollo humano, y no s?lo la motivaci?n del beneficio. Hay necesidades humanas importantes y bienes que no puede comprarse y venderse en el mercado.

En cuanto al papel del estado en la regulaci?n del mercado, el compendio invoca la aplicaci?n de dos principios: solidaridad y subsidiariedad. Solidaridad es estimular acciones que defiendan a los pobres y desaventajados; subsidiariedad es garantizar que la intervenci?n del estado no se vuelve excesivamente invasora.

En varios n?meros el compendio insiste en que el estado no debe interferir demasiado en el funcionamiento de la econom?a, de manera que restrinja indebidamente las libertades de los individuos y de los negocios. Por otro lado, tambi?n defiende el papel leg?timo de los impuestos y del gasto p?blico, que juega un importante papel, especialmente al proteger al d?bil. Por lo tanto, pagar impuestos es ?parte del deber de solidaridad? (No. 355), pero el estado tiene la correspondiente obligaci?n de asegurar que los impuestos son ?razonables y justos?, y los recursos p?blicos son administrados con ?precisi?n e integridad?.

Dimensi?n global


La ?ltima parte del cap?tulo considera algunos de los recientes desarrollos relacionados con la globalizaci?n y los mercados financieros internacionales. ?La globalizaci?n da lugar a nuevas esperanzas y al mismo tiempo plantea cuestiones preocupantes? (No. 362).

El compendio reconoce que la globalizaci?n ha abierto muchas oportunidades, pero expresa su preocupaci?n sobre las desigualdades entre las econom?as avanzadas y los pa?ses en desarrollo. Citando a Juan Pablo II el texto pide una ?globalizaci?n en la solidaridad? para ocuparse de este problema.

Un sistema m?s equitativo del comercio internacional, y una fuerte defensa de los derechos humanos est?n entre las reformas pedidas por el compendio. Respetar las diferencias culturales y religiosas y asegurar una mayor solidaridad entre generaciones son puntos a tratar.

En cuanto a los mercados financieros, el texto reconoce su papel positivo en facilitar el crecimiento econ?mico y las inversiones a gran escala. Sin embargo, existe el riesgo de que el sector financiero pierda de vista el servir al desarrollo humano y se convierta en ?un fin en s? mismo?. Y haciendo frente con los graves problemas causados por la inestabilidad financiera, tambi?n es necesario hacer que estos mercados sean m?s estables.

La globalizaci?n tambi?n requiere una mayor cooperaci?n de los estados para coordinar la econom?a, dado que los gobiernos individuales con frecuencia ya no son capaces de ejercitar una gu?a efectiva. El compendio pide la creaci?n de ?instrumentos pol?ticos y jur?dicos adecuados y efectivos? (No. 371) que asegurar?n ?el bien com?n de la familia humana?.

Renovando su llamamiento a la solidaridad, uno de los n?meros concluyentes observa que lograr esto ser? tambi?n lograr beneficios para pa?ses m?s ricos, donde la abundancia de bienes materiales suele acompa?arse por ?un sentido de alienaci?n y p?rdida de su propia humanidad? (No. 374). El cap?tulo concluye llamando a educar a las personas de manera que tengan claro que la actividad econ?mica debe verse en un contexto humano m?s amplio.


Documentos eclesiales sobre Doctrina Social

La Iglesia ha desarrollado, sobre todo a partir del siglo XIX, su magisterio sobre la Justicia Social con las siguientes enc?clicas:
Rerum Novarum (Le?n XIII,1891)
Quadragesimo Anno (P?o XI, 1931)
Pacem in Terris, (Juan XXIII, 1963)
Populorum Progressio (PabloVI, 1967), Comentario
Octogesima Adveniens (Pablo VI, 1971)
Evangelii Nuntiandi (Exortaci?n Apost?lica de Pablo VI, 1976)
Laborem Exercens (Juan Pablo II, 1981)
Compendio de doctrina Social de la Iglesia (Juan Pablo II, 2004)

Publicado por mario.web @ 23:02
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