Domingo, 15 de mayo de 2011
Algunos aspectos fundamentales para comprender y valorar adecuadamente la obra hist?rica de San Isidoro
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Pedagog?a pol?tica y educaci?n de las elites gobernantes: San Isidoro de Sevilla y sus obras de car?
Pedagog?a pol?tica y educaci?n de las elites gobernantes: San Isidoro de Sevilla y sus obras de car?
Isidoro: una vida dedicada a la educaci?n y la cultura
Isidoro nace en torno al a?o 550, siendo su padre Severiano, un funcionario de origen romano radicado en Cartagena que, ante la ocupaci?n bizantina de 554, huir?a con su familia para instalarse en la ciudad de Sevilla.
No mucho despu?s, en torno al 562, murieron los padres de Isidoro, por lo que su hermano mayor, Leandro, se encargar? del cuidado y formaci?n de sus hermanos, decidiendo fundar dos monasterios, uno para hombres, ? a cuyo frente se pondr?a ?l mismo como abad ?, y otro para mujeres, en el que ingresar?a su hermana Florentina, fundando adem?s una escuela monacal donde se ense?ar?a el trivium y el cuadrivium , y donde el joven Isidoro se formar?a.

En torno a los a?os setenta, Leandro ser?a aclamado como obispo de Sevilla, precisamente en el momento en que Hermenegildo, hijo de Leovigildo, es enviado a la ciudad del Betis, donde habr?a de convertirse al catolicismo por mediaci?n de su esposa Ingunda, cat?lica y franca, y del obispo hispalense que, a ra?z de ?ste acontecimiento se ver?a obligado a abandonar su sede metropolitana en dos ocasiones.

Sin embargo, Leovigildo era consciente de que, para conseguir la unidad y la fortaleza del reino, era necesario homogeneizar ideol?gicamente a sus s?bditos romanos y germanos, homogeneizaci?n que no podr?a producirse desde el arrianismo, sino a trav?s del mayoritario catolicismo, especialmente arraigado en las m?s pobladas y ricas regiones meridionales, y entre la culta y todav?a poderosa aristocracia territorial y de servicio de origen hispano-romano. As?, el monarca godo, decidido a fortalecer al reino, acabar? por designar a Leandro como consejero de su hijo Recaredo, el cual proceder? a proclamar la unidad religiosa al convocar en 598 el III Concilio de Toledo, al que asistir?a el joven sacerdote Isidoro acompa?ando a su hermano.

La designaci?n de Leandro como consejero del rey ser? fundamental para Isidoro, dado que su hermano se ve?a obligado a pasar la mayor parte del tiempo en la corte de Toledo, lejos por tanto de Sevilla, lo que permitir?a a Isidoro desarrollar sus capacidades sin quedar eclipsado por su hermano.

Tampoco podemos ignorar que dicha designaci?n ser?a decisiva para introducir a Isidoro en el ?mbito de la corte y de la alta pol?tica.
Sin embargo, el autor de las Etimolog?as, aunque desarrolle a lo largo de su vida una destacada actividad intelectual en los planos filos?fico y pol?tico, parece inclinarse m?s bien hacia una vocaci?n educativa:

Como abad del monasterio fundado por su hermano, manifestar? una profunda preocupaci?n por la formaci?n y la cultura, incidiendo tanto en la formaci?n de los cl?rigos, como en la de los alumnos de las escuelas monacales.

Para mejorar la formaci?n de los cl?rigos escribir? De officiis eclesiasticis, as? como una Regla, inspirada en autores como San Benito, San Agust?n, San Jer?nimo o San Ces?reo de Arl?s, autores que, por tanto, conocer?a sobradamente. Y es que, la recopilaci?n y copia de textos y c?dices de autores cl?sicos y cristianos, ser? una actividad fundamental que Isidoro estimular? con gran celo. Se ocupa adem?s, de organizar adecuadamente la educaci?n y los planes de estudio de la escuela monacal, escribiendo algunos libros de texto para los alumnos, actividades todas ?stas que nos revelan cu?l es su aut?ntica vocaci?n: La ense?anza.

Al morir Leandro en 599, Isidoro le suceder? tanto en la silla episcopal hispalense, como en su funci?n de consejero del rey Recaredo, si bien el violento acceso al poder del tirano Witerico, en detrimento del hijo de Recaredo, Liuva II, parecen llevar a Isidoro a un prudente segundo plano, repleg?ndose a su sede y desarrollando una actividad pol?tica mucho m?s limitada, lo cual resulta l?gico si tenemos en cuenta la estrecha relaci?n existente entre el padre del depuesto Liuva II y el obispo sevillano.

Ser? con la llegada al trono de Sisebuto, el ?car?simo hijo? del que hab?a sido preceptor, cuando San Isidoro emprenda una febril actividad intelectual que se proyectar? en obras como el Chronicon (escrito en 615), Las Historias de los godos, v?ndalos y suevos, escritas durante los reinados de Sisebuto y Suintila, las Sententias y, por supuesto, las Etimolog?as, compuestas al final de su vida, obras todas ?stas cuya finalidad ser?a fundamentalmente educativa y divulgativa.

Es esta vocaci?n por la ense?anza y la pedagog?a, en su sentido etimol?gico, y en la l?nea de Cristo-Maestro ? imagen muy popularizada durante la Antig?edad Tard?a seg?n Henri Marrou ? la clave para entender la obra de San Isidoro, en cualquiera de sus aspectos.

Pedagog?a pol?tica en las obras de car?cter hist?rico de San Isidoro

Junto con la Filosof?a, la Filolog?a o las Ciencias, la Historia es una de las disciplinas que Isidoro cultiva con mayor dedicaci?n, habi?ndonos dejado dos importantes obras de car?cter hist?rico: El Chronicon y Las Historias de los godos, v?ndalos y suevos, donde se incluir?a la Recapitulaci?n, obra en la que se exalta a los godos, y De Laude Spaniae o Alabanza de Espa?a.

Como hemos venido repitiendo, la vocaci?n por la ense?anza va a marcar el car?cter de la obra intelectual isidoriana, lo cual se manifiesta con bastante claridad en los diferentes estilos empleados en cada una de las obras de car?cter hist?rico por ?l escritas: As?, el Chronicon parece anticipar, en su concepci?n, a las Etimolog?as dado el car?cter enciclop?dico que presenta, pues ?sta obra es un compendio de todo el saber hist?rico de la ?poca, cuyo objeto parece ser el de servir de manual o texto de referencia para el estudiante de las escuelas monacales.
De bien distinto car?cter son Las Historias de los godos, v?ndalos y suevos, que parecen estar m?s bien dirigidas a la educaci?n de los monarcas. No en vano, como se?ala Rodr?guez Alonso con respecto al Laus Gothico, ?ste ser?a ?un canto de exhortaci?n en el que el elogio se utiliza como acicate para la acci?n futura y para la conservaci?n de la gloria y del honor? [1], de manera que dichas historias no tendr?an tanto un valor meramente erudito, como un objeto pedag?gico, de tal forma que casi podr?a considerarse como uno de los primeros ?espejos de pr?ncipes?, fecundo g?nero que florecer?a siglos despu?s.

Esta diferencia de finalidad, se manifiesta tambi?n en la estructura y el estilo de los textos: Mientras que en el Chronicon el propio San Isidoro se?ala que su obra se inspira en autores como Julio Africano, que ?fue el primero en redactar, en tiempos del emperador Marco Aurelio Antonio, un compendio del encadenamiento de los tiempos por generaciones y reinados?, o San Jer?nimo y Eusebio de Cesar?a, ?quienes publicaron, en forma de tablas cronol?gicas, una historia m?ltiple, ordenada simult?neamente por reinados y por ?pocas?[2]en Las Historias, seg?n Rodr?guez Alonso, Isidoro ?no es fiel al orden expositivo y cronol?gico de las actuaciones de un determinado reinado? [3], y no ofrece apenas datos, escribiendo con un estilo m?s vago y literario, y prefiriendo transmitir an?cdotas de car?cter religioso a informaciones de car?cter pol?tico, institucional, diplom?tico, etc.
Para Rodr?guez Alonso, San Isidoro se remite a Dios para explicar la Historia, incidiendo en la actuaci?n de la Providencia en los acontecimientos humanos y el devenir hist?rico. Indudablemente, para el obispo hispalense, Dios es motor de la Historia, participa en la Historia y ?sta misma no es sino la Historia de la Salvaci?n, mas, sin embargo, esta realidad no nos puede llevar a considerar que San Isidoro y su obra no pasa de ser una interpretaci?n teoc?ntrica simplista. De nuevo, es fundamental no obviar que la obra de San Isidoro no puede entenderse sin tener en cuenta su vocaci?n educativa y pedag?gica.

Efectivamente, si el Chronicon servir?a m?s bien de manual de referencia para los alumnos de las escuelas monacales, las Historias parecen estar m?s bien dirigidas a la formaci?n de los reyes, dado que no podemos olvidar que San Isidoro fue consejero y preceptor de varios monarcas. As?, cuando hace referencia a las malas conductas de ciertos reyes y sus dram?ticos finales, no est? m?s que transmitiendo a las futuras generaciones de gobernantes, que las malas conductas conllevan la ruina y el castigo: Es, nada m?s y nada menos, que una historia ejemplarizante que viene a recordar, de una manera did?ctica, el principio de si recte faces rex eris, si non faces non eris, que expresa toda una elaboraci?n ideol?gica sobre el ordenamiento pol?tico, basada en el principio de que los gobernantes ejercen un ministerio encargado por Dios mismo para llevar la justicia y la piedad a sus reinos. San Isidoro, en vez de elaborar complejos y eruditos tratados filos?ficos o de teor?a pol?tica o jur?dica, decide transmitir dichos conceptos y principios a trav?s de una historia ejemplar y de una manera did?ctica. Se trata pues, como ya comentamos a prop?sito del De Laude Spaniae, de textos de car?cter educativo que han de servir para la acci?n futura, y no tanto de una obra de erudici?n hist?rica.

Por su parte, este modelo presenta grandes similitudes con el supuesto Discurso de Constantino ante el Concilio de Nicea, reproducido por Eusebio de Cesarea, por cuanto, tanto en uno como en otro caso, se se?alan a gobernantes que, por no cumplir con los designios de Dios, acaban sus d?as de manera dram?tica. Ahora bien, aunque ambos textos tienen un car?cter ejemplarizante, el de Eusebio de Cesarea parece que pretende ser una obra de Historia, ? por eso reproducir?a un documento ?, mientras que el texto de San Isidoro tiene una marcada intencionalidad educativa.

Otro de los aspectos m?s sobresalientes de la obra isidoriana ser?a la arm?nica conexi?n que hace de distintas tradiciones historiogr?ficas, generando un modelo que quiz?s tiene su antecedente en las Historias de Eusebio de Cesarea, el cual consigue hacer de la Historia de Roma parte de la Historia de la Salvaci?n; as?, en el Chronicon, aparecer?a la historia b?blica de tradici?n jud?a y la historia universal de tradici?n cl?sica. Sin embargo, en las Historias, ?la cr?nica isidoriana nos presenta una visi?n universal y providencialista de la Historia en el marco de la cual se ensamblar?n la historia particular y nacional de los godos? [4]

Para Rodr?guez Alonso esto, es decir, la aparici?n de una historiograf?a de car?cter ?nacional?, constituir?a una de las m?s sobresalientes novedades historiogr?ficas de la ?poca, al marcar el fin del universalismo greco?romano y el inicio del ?particularismo nacional? de los reinos germ?nicos.

Pero, ?podemos afirmar que estamos ante una historiograf?a de car?cter nacional ligada al nacimiento de los reinos germ?nicos?. Para Rodr?guez Alonso, la Historia de los Godos, V?ndalos y Suevos constituye ?el primer monumento claro de historiograf?a de concepci?n nacional?, afirmaci?n que vendr?a a ser confirmada por los t?rminos en los que se expresa el De Laude Spaniae. Ciertamente, el contexto hist?rico favorece la generaci?n de una historiograf?a nacional: Ya vimos que Leovigildo lleva a cabo una intensa labor de unificaci?n territorial que habr?a de culminar con la unificaci?n religiosa, una homogeneizaci?n cultural, pol?tica y ?tnica cuyo objetivo era acabar con cualquier elemento disgregador y debilitador de la unidad y fortaleza del reino. Ante la fuerza del catolicismo, Leovigildo preparar? el proceso de conversi?n del reino a dicha confesi?n, acto simbolizado en 589 con la conversi?n del rey Recaredo, en el marco de la celebraci?n del III Concilio de Toledo.

Ahora toda la poblaci?n del Reino de Toledo pod?a tener en el rey visigodo a su monarca, compart?a una misma fidelidad y unos mismos intereses: Si a principios del S. V la conciencia ?nacional? goda cristaliza [5], - en un fen?meno que se ha venido llamando etnog?nesis - en este momento se estar?an poniendo las bases para la cristalizaci?n de una nueva comunidad nacional, la hispano?goda, diferenciada de los dem?s reinos germ?nicos y, lo que es m?s importante, de Bizancio.

De hecho, es Leovigildo el que inicia la imitatio imperii, que no es una mera imitaci?n de algunos aspectos formales relacionados con el Imperio, sino un plan consciente que tiene como fin dejar muy claro, tanto de cara al interior como de cara al exterior, que el Reino de Toledo, siendo continuador directo y heredero de Roma, es ya un reino soberano y por eso, plenamente independiente, en el que el rey ejerce todas las prerrogativas propias de la soberan?a que hasta ese momento eran exclusivas del poder imperial, ? como por ejemplo, acu?ar moneda con la efigie propia ?. As?, el rey visigodo deja de sentirse vicario del poder imperial, pues entiende que su poder soberano no deriva ya del emperador, sino de Dios, por lo que su soberan?a no es delegada sino independiente de cualquier poder temporal al estar s?lo ligado a Dios.

El III Concilio de Toledo pondr?a las bases ideol?gicas de este proyecto pol?tico, al hacer de la monarqu?a visigoda, una monarqu?a cat?lica cuyo fundamento ser?a la idea de que el poder procede de Dios, un poder que habr?a sido otorgado por la divinidad para combatir la impiedad, la injusticia y el pecado y defender a la Iglesia.

Ya Gregorio I habr?a escrito al rey Childerico que ?ser rey no tiene nada en s? de maravilloso, puesto que otros lo son, lo que importa es ser un rey cat?lico?, de manera que el propio Papado estaba relativizando la figura del emperador de Bizancio, ya que lo que legitimaba a un pr?ncipe era su sincera adhesi?n al catolicismo y su defensa de la Iglesia: No es de extra?ar que, a tenor de la protecci?n dada por Carlomagno al Papado, Le?n III acabara coron?ndole como emperador, desconociendo la autoridad del emperador constantinopolitano, cuyo trono adem?s, se considerar?a poco menos que vacante o indigno, al estar ocupado en ese momento de forma interina por la emperatriz Irene.

Pero, ?estamos ante una ruptura, o m?s bien ante una reorientaci?n del modelo historiogr?fico?, es decir, San Isidoro y su pretendido modelo historiogr?fico ?nacional?, ?supone una ruptura con la idea de Imperio y con el modelo ideol?gico e historiogr?fico vigente durante la Antig?edad Tard?a?.

Hab?amos dejado dicho que la Iglesia, empezando por el papa Gregorio I Magno, est? profundizando en una doctrina pol?tica seg?n la cual el monarca recibe un ministerio de Dios para defender la Iglesia, la justicia y la piedad, radicando su dignidad regia precisamente en el cumplimiento de esta tarea encargada por la divinidad. Pues bien, el Imperio Romano de Oriente estaba perdiendo la consideraci?n de defensor de la Iglesia, dado que los emperadores bizantinos estaban presionando a la misma para someterla a su control y adem?s, ante las numerosas convulsiones pol?tico?religiosas y teol?gicas que sacud?an Oriente, los gobernantes constantipolitanos se hab?an mostrado en ocasiones condescendientes con las actitudes y tendencias heterodoxas.

Ante tal situaci?n, Isidoro quiere hacer de la monarqu?a visigoda la nueva defensora de la Iglesia, tarea que el Imperio Romano de Oriente no estar?a cumpliendo. Por eso, no se est? cuestionando la dignidad imperial en favor de las soberan?as nacionales, sino que se est? cuestionando el que los gobernantes bizantinos sigan teniendo la dignidad imperial, dado que ?sta es un ministerio basado en la defensa de la Iglesia y la piedad, y los gobernantes orientales no est?n cumpliendo la tarea encomendada por Dios.

As?, de la misma manera que los romanos fueron elegidos por Dios para expandir y defender el cristianismo, ? como lo ser?an los francos siglos m?s tarde ?, ahora es el pueblo visigodo el elegido por Dios para defender a la Iglesia y la ortodoxia. Aunque suevos o francos eran tambi?n cat?licos, los visigodos manifestar?an indicios m?s claros de ser el pueblo elegido, no s?lo porque su monarca fuera considerado vicario imperial, o hubieran conservado m?s elementos de la Romanidad, sino que tambi?n a tenor de los ?xitos militares de Leovigildo.

Por eso decimos que no hay una ruptura contundente, si acaso una reorientaci?n del modelo historiogr?fico:

Por un lado, siguiendo a Paulo Orosio, San Isidoro plantea que, de la misma manera que la Providencia hab?a propiciado la constituci?n del Imperio Romano para extender el cristianismo por todo el mundo conocido, ahora habr?a ayudado al pueblo visigodo a acabar con los v?ndalos y alanos, a someter a los suevos y a otros pueblos ind?genas peninsulares y, sobre todo, a expulsar a los bizantinos, a fin de propiciar la formaci?n de un poderoso reino en Hispania que habr?a de garantizar la defensa de la Iglesia, la ortodoxia, la piedad y la justicia, especialmente ahora que se ve?an atacadas muy especialmente por Constantinopla.

En definitiva, aunque podamos estar ante un programa de justificaci?n del desligamiento de los godos respecto de Bizancio, de la expulsi?n de los bizantinos de Hispania y del car?cter plenamente soberano del monarca visigodo, desde un punto de vista historiogr?fico, no estamos ante una ruptura radical del modelo greco?latino, y menos a?n se puede afirmar que se pase de un modelo universalista a un modelo ?nacional? o particularista, como defienden Men?ndez Pidal o Rodr?guez Alonso.

Al fin y al cabo, este ?ltimo autor se?ala c?mo, desde Adrian?polis, los cristianos barruntan la translatio potestatis del pueblo romano a los b?rbaros, pueblos que habr?an de regenerar a la decadente Roma. Por tanto, estamos ante el mismo planteamiento de Polibio, que considera que Roma no es m?s que la sucesora de Grecia sin soluci?n de continuidad: La ?moral? que hab?a generado la Civilizaci?n griega habr?a sido asumida por el m?s digno pueblo romano cuando el griego entr? en decadencia por olvidar los principios morales...

Ahora era el pueblo godo el que encarnar?a los valores de Roma, en este caso los valores romano?cristianos, ante la decadencia del pueblo latino.
Por lo tanto, San Isidoro no est? cuestionando el concepto de Roma Aeterna para defender el concepto de ?reino nacional?, sino que est? actualizando esa Roma Aeterna en los visigodos, que no ser?an m?s que continuadores de la grandeza de Roma y de los valores que encarna, en detrimento de un decadente y consumido pueblo romano que habr?a dejado de ser protagonista de la Historia. De hecho, es muy interesante notar que la Continuatio Hispana explica la destrucci?n del reino visigodo en 711, precisamente en base a que los visigodos hab?an dejado de ser un pueblo santo, para caer en todos los pecados e indignidades, sigui?ndose pues, y todav?a en la segunda mitad del S. VIII, dicho modelo.

Rodr?guez Alonso considera que San Isidoro pretende ligar el destino del pueblo visigodo a la tierra de Hispania, lo que contribuir?a a reforzar la idea de que est? creando una historiograf?a nacional, incluso nacionalista, frente a los romanos y bizantinos, que casi recibir?an la consideraci?n de extranjeros en un territorio peninsular que pertenecer?a por derecho a los visigodos. Sin embargo, ese programa de justificaci?n al que antes hac?amos referencia, no se basa en un supuesto nacionalismo godo anti?romano de San Isidoro: Su supuesta animadversi?n hacia lo romano?bizantino tiene que ver m?s con la impiedad e indignidad en la que este pueblo habr?a ca?do, que en un supuesto racismo anti?romano o exaltaci?n nacionalista o ?tnica de los godos.
Efectivamente, la lectura atenta de la propia Historia no revela una especial animadversi?n hacia los romanos o bizantinos, no al menos con un sentido nacionalista o racista ? ?l mismo era hispano-romano - : Para San Isidoro, los romanos sencillamente habr?an quedado sumidos en la decadencia y el error, pues ya no asum?an ni defend?an los valores de la Roma Eterna y Cristiana. No hay, pues, una defensa de la ?naci?n? goda, como naci?n, sino del pueblo godo como defensor de la ?moral?, como continuador de la obra de Roma y pueblo elegido por Dios para desempe?ar dichas tareas. As?, considero que la tesis de Rodr?guez Alonso sobre el supuesto alborozo de San Isidoro ante las victorias godas sobre los romanos, es inexacta y est? mal enfocada: El obispo hispalense celebra y se deleita por la gran victoria obtenida por Constantino, el emperador que cumple con los designios de la Providencia, sobre los visigodos, victoria por la que habr?a restaurado Roma[6].
Y es que los romanos s?lo reciben cr?ticas cuando arremeten contra la Iglesia, se muestran paganos o herejes o no cumplen con la moral o la piedad cristiana: As?, Valente recibe duras cr?ticas, no por ser romano, sino porque ?vali?ndose de vil persuasi?n, asoci? a los godos al dogma de su error e infundi? en tan ilustre pueblo el virus pest?fero de funesta semilla? , es decir, la herej?a arriana, de manera que el emperador, que tan alta responsabilidad ten?a en cuanto a la evangelizaci?n de los pueblos, no s?lo no cumpli? con su deber, sino que adem?s los llev? a la herej?a: Como no pod?a ser de otra manera, Valente recibi? su castigo y ?mereci? ser quemado en vida por un fuego temporal aquel que hab?a entregado al fuego eterno almas tan bellas? [7].

Tenemos el caso de otro romano, el general Litorio, cuya derrota y muerte parece efectivamente alegrarle, pero no por ser romano y haber sido derrotado por los godos, sino por haber consultado a los har?spides u or?culos ligados a la religi?n pagana, y haber sido derrotado por un pueblo, que aunque confundido a causa de la perfidia de Valente, aunque hereje, era cristiano. La ense?anza, por su parte, es clara: su derrota y muerte ?hizo ver (...) cu?nto provecho pod?a haber obtenido de aquella multitud que sucumbi? con ?l, si hubiese querido hacer uso de la fe m?s que de los enga?osos portentos de los demonios? [8].

Los visigodos no dejan de recibir acervas y duras cr?ticas por parte de San Isidoro, como es el caso de Atanarico, que ?promovi? una cruel?sima (sic) persecuci?n contra la fe? [9] o Ragadaiso, ?entregado al culto de la idolatr?a?, inhumano, fiero y b?rbaro, que hab?a prometido ofrecer la sangre de los romanos a sus dioses, ?por desprecio de Cristo?, y cuyos seguidores morir?an ?m?s por el hambre, que por la espada? [10], es decir, de una manera mucho m?s dram?tica y lenta. Pero, aunque ?los godos permanecieron en la maldad de esta blasfemia (el arrianismo) en el correr de los tiempos y el sucederse de los reyes, durante 213 a?os. Finalmente, acord?ndose de su salvaci?n, renunciaron a la arraigada perfidia y llegaron por la gracia de Cristo a la unidad de la fe cat?lica? [11], es decir, que mientras que los romanos decaen, el pueblo visigodo est? en tr?nsito hacia su conversi?n, de manera que sus ?xitos sobre los cada vez m?s indignos romanos no est?n sino preparando la constituci?n de un poderoso reino godo defensor de la Iglesia y la fe.

As?, la simpat?a que manifiesta San Isidoro hacia el pueblo visigodo tiene poco que ver con una suerte de nacionalismo godo, sino en base a que ?stos manifiestan una profunda y fervorosa piedad y temor a Dios. De ah? que se detenga a contar el caso de Alarico que, aunque ?cristiano s?lo de nombre? ? dado que profesaba la herej?a arriana ?, es ejemplo de piedad y fervor, signo que anuncia la elecci?n divina del pueblo visigodo como nuevo defensor de la fe. As?, aunque Alarico arremete contra Roma en 410, sus huestes cumplieron con la promesa hecha antes de entrar en la Ciudad Eterna de perdonar a todos aquellos que se refugiaran en iglesias o ?pronunciaran el nombre de Cristo o de los santos?[12], mostrando m?s piedad que muchos romanos que eran todav?a paganos, y que s?lo se declararon cristianos y se refugiaron en iglesias para salvar su vida, de manera que los b?rbaros godos demuestran ser m?s dignos y puros que los cada vez m?s corrompidos romanos, en un texto que, por cierto, nos recuerda mucho al pasaje del Libro XXII de la obra de San Agust?n De civitate Dei.

Cuenta San Isidoro, adem?s, una an?cdota sobre el encuentro de un jefe godo con una virgen consagrada, a la que el primero exigir?a la entrega de unos valiosos vasos que habr?an sido utilizados por San Pedro, ante lo cual, Alarico, advertido del hecho, no s?lo no los tom?, sino que orden? su devoluci?n y organiz? una procesi?n ritual, puesto que, y es este un fragmento profundamente significativo, ?hab?a hecho la guerra contra los romanos, no contra los ap?stoles?[13]. Aqu? tenemos una clave fundamental para entender la actitud de San Isidoro respecto a los visigodos: El pueblo visigodo, a?n siendo arriano, es cristiano y muestra una piedad y un celo ejemplar que ni los propios romanos parecen tener. De hecho, muestran, un reverencial respeto hacia las reliquias e incluso observan con mayor celo que los bizantinos los preceptos de la Iglesia, puesto que en Ceuta los godos son derrotados al deponer las armas para respetar el domingo [14]. Significativa es tambi?n la siguiente cita: ?Este (Teudis), aunque era hereje, concedi?, sin embargo, la paz a la Iglesia, hasta el punto de que (sic) permiti? a los obispos cat?licos celebrar un concilio en la ciudad de Toledo (...)?.

La historia de los godos manifiesta, pues, que ?stos constituyen un pueblo honrado y digno, inmerso en un proceso de Salvaci?n, que habr?a de culminar con su conversi?n, proceso dirigido por la Providencia y cuyo fin era la aparici?n de un nuevo pueblo elegido que se encargar?a de defender la Iglesia y la fe, la ?moral?, en la l?nea de la historiograf?a greco?romana. No de otro modo hubiera Dios permitido la derrota de los suevos, el primer pueblo germano peninsular que se convierte al catolicismo: La destrucci?n del Reino suevo, como la constituci?n del Imperio, es voluntad de Dios, dado que dicha destrucci?n contribuir? a la posterior constituci?n de un poderoso y esplendoroso reino cat?lico, aut?ntica renovaci?n de la Roma Eterna.

Ahora bien, los visigodos pueden ser favorecidos por Dios para culminar el proceso de conversi?n al catolicismo y constituci?n de una entidad pol?tica fuerte que garantice la libertad de la Iglesia y la difusi?n de la piedad, pero Dios siempre est? por encima, y es el ?l quien concede el poder: Los reyes y jefes godos nada pueden contra los santos de la Iglesia, como ilustra el caso de Teuderido, el cual, decidido a saquear M?rida, huye ?aterrado ante los milagros de la m?rtir santa Eulalia? [15] o de Agila que por haber cometido sacrilegio en la tumba san Acisclo, ser?a duramente castigado con la muerte de su hijo y la p?rdida el tesoro real, es decir, con la imposibilidad de perpetuar su linaje en el trono y con la p?rdida del que era considerado s?mbolo de legitimidad en el mundo visigodo, siendo finalmente asesinado.

Conclusiones

A lo largo del presente art?culo, hemos intentado argumentar dos aspectos que consideramos fundamentales para comprender y valorar adecuadamente la obra hist?rica de San Isidoro:
a) Dicha obra est? profundamente marcada por su intencionalidad educativa, formativa y pedag?gica, manifestando un tono did?ctico, m?s que erudito o acad?mico.

La elecci?n de temas o el estilo expositivo empleado pueden servir de argumentos para reforzar esta afirmaci?n, tal y como hemos desarrollado m?s arriba.

b) No podemos hablar de una ruptura radical del modelo historiogr?fico greco?latino tardo?antiguo en favor de un modelo de historiograf?a ?nacional? o ?nacionalista?, por cuanto, estamos en realidad ante la actualizaci?n o reorientaci?n del primero.
Efectivamente, las obras hist?ricas de San Isidoro no pretenden tanto justificar una ?realidad nacional? hispano?goda, como argumentar a favor de la idea de que el pueblo visigodo estaba llamado a cumplir un ministerio como pueblo elegido por Dios, una tarea que era la de conservar la ?moral?, defender los valores superiores, encarnados ahora por la Iglesia.

Dicha elecci?n no supone una ruptura, en ning?n plano, con la tradici?n greco?latina, sino la continuaci?n de la tarea a la que Roma sirvi? hasta que su decadencia condujo a una translatio potestatis del pueblo romano al godo, como antes hab?a pasado del pueblo griego al romano, y despu?s pasar?a del pueblo godo al franco, e incluso de los carolingios a los ot?nidas, fen?meno que significativamente ha sido llamado translatio imperii.


Notas

[1] P?g. 60, Rodr?guez Alonso, C.. Las Historias de los Godos, V?ndalos y Suevos de Isidoro de Sevilla

[2] P?g. 139 , S?nchez Herrero
[3] P?g 21, Rodr?guez Alonso
[4] P?g. 19, ibid.
[5] ve?se Valverde Castro
[6] P?g. 179, Rodr?guez Alonso
[7] P?g. 187, ibid
[8] P?g. 211, ibid.
[9] P?g. 181 ibid.
[10] P?g. 193 ibid.
[11] P?g. 185 ibid.
[12] P?g. 195 ibid.
[13] P?g. 199 ibid.
[14] P?g. 243 ibid.
[15] P?g. 223 ibid.
Bibliograf?a
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Orland?s, J.. Historia de Espa?a. ?poca visigoda (409 ? 711) Madrid 1999

Quiles, I.. San Isidoro de Sevilla. Madrid 1965

Rodr?guez Alonso, C. . Las Historias de los Godos, V?ndalos y Suevos de Isidoro de Sevilla Le?n 1975

S?nchez Herrero, J. Pensamiento hist?rico, escritur?stico, teol?gicos y eclesi?stico o lit?rgico y asc?tico de San Isidoro en San Isidoro, doctor de las Espa?as

Valverde Castro, M?. R. Ideolog?a, simbolismo y ejercicio del poder real en la monarqu?a visigoda: un proceso de cambio Salamanca 2000

Publicado por mario.web @ 23:43
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