Lunes, 16 de mayo de 2011

La Misa y los sentimientos:una confusi?n quiz? demasiado extendida.
Autor: P. Eduardo Volpacchio | Fuente: Algunas ideas



Me preocupa haber encontrado no pocas personas a las que les han aconsejado -incluso alg?n sacerdote- no asistir a Misa el domingo si ?no lo sent?an?. De ser cierto estos consejos, significar?a que el criterio moral para evaluar la conveniencia de la asistencia a Misa ser?a el siguiente: ?Si lo sent?s, ten?is el deber de ir a Misa; si no lo sent?s no ten?is que ir (o al menos podr?as no ir)?. Es un planteo que hace decisivos, desde el punto de vista moral, los sentimientos.

Si, con una pizca de iron?a, nos colocamos en un contexto de buscar excusas para no ir a Misa, el asunto sonar?a de tal manera que sentirse bien en Misa ser?a una carga, que me obliga a ir; y sentirse mal con la Misa, una fuerza liberadora del precepto. Ya se v? que hay algo que no funciona.

En efecto, si consideramos racionalmente la postura, nos daremos cuenta de que es sencillamente un disparate. Es lo que trataremos de analizar en estas l?neas.

De entrada hay que decir que el criterio se?alado es inaplicable. Para poder usarlo tendr?amos que descubrir primero de qu? sentimientos se trata: sentir ganar de ir a Misa, sentir emoci?n en Misa, aburrirse en Misa, sentir pereza, sentir simpat?a o enojo con el sacerdote, sentir m?s ganas de otras cosas y un largo etc?tera de posibles sentimientos. Una vez aclarado qu? tipos de sentimientos aconsejar?an no asistir a Misa; habr?a que preguntarse qu? intensidad de sentimiento ser?a necesario para excusar de pecado o cometerlo.
De m?s est? decir que todo este planteo carece de sentido.

Sabemos qu? nos pide Dios en primer lugar: "Amar?s al Se?or tu Dios, con todo tu coraz?n, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". No nos pide buenos sentimientos, sino que amemos "con obras y de verdad".

La superficialidad del argumento usado como justificante del abandono de la pr?ctica religiosa, supone adem?s ignorar varias realidades:

? Desconocer el valor salv?fico de la Misa m?s all? de los sentimientos de los asistentes.
? Desconocer el valor de la obediencia a las leyes de la Iglesia.
? Desconocer el sentido del deber.
? Desconocer el valor del sacrificio como expresi?n de amor.
? Desconocer la psicolog?a humana, ya que si dejo de hacer cosas buenas -est? fuera de discusi?n la bondad del sacrificio Eucar?stico- que me cuestan, dif?cilmente tendr? ganas de hacerlas despu?s. Y menos de apreciarlas.

El valor de la Misa

El consejo ser?a v?lido si la ?nica funci?n de la Misa fuera suscitar en quienes participan buenos sentimientos. Si fracasara en tal intento -que ser?a su ?nica raz?n de ser- efectivamente ser?a in?til, y no nos servir?a para nada la asistencia a la misma.
Pero la Misa es una acci?n divina, que santifica al mundo. Hay en ella mucho m?s de lo que veo, de lo que toco, de lo que siento. De manera que la Misa me sirve mucho m?s de lo que puedo darme cuenta, es m?s, no s?lo me sirve, la necesito para tener vida eterna.

Preceptos y sentimientos

En el caso de la Misa dominical hay en juego algo m?s que la piedad: un precepto de la Iglesia. Y el cumplimiento de las leyes va m?s all? de los sentimientos. En este caso, adem?s, se trata de un precepto que obliga gravemente (es decir, que su incumplimiento, en principio, es grave). Un legislador jam?s contemplar?a entre las causas excusantes del cumplimiento de la ley la carencia de sentimientos: los sentimientos no tienen lugar en el ?mbito jur?dico porque no pueden ser medibles objetivamente.

Si una persona flaquea y por debilidad falta a Misa el domingo, con humildad pedir? perd?n al reconocer su falta, y Dios lo perdonar?. El problema aparece cuando se intenta justificar la falta, para que deje de ser falta. Entonces, se confirma en el camino del abandono del cumplimiento de sus deberes religiosos. Y esto, lejos de acercarlo al amor de Dios, lo alejar? de su presencia.

La falta de sentimientos puede ser ofensiva

En las relaciones humanas, la falta de sentimiento no exime del cumplimiento de deberes familiares o sociales. Por el contrario, si ?se es el motivo del incumplimiento, lo hace m?s ofensivo. Si no asisto a la celebraci?n del cumplea?os de un amigo, seguramente podr? entender las razones que me lo impiden. Pero si me justifico diciendo que no me dice nada su persona y su celebraci?n, lejos de excusarme, la explicaci?n har? m?s dolorosa mi ausencia, la convertir? en un aut?ntico desprecio.

Me parece que a Dios lejos de agradarle que un cristiano no vaya a Misa porque no lo siente, le resulta m?s ofensivo. Y le ?duele? que no haga ning?n esfuerzo por superar esa falta de sentimiento para estar con El.

Ser?a muy ego?sta la actitud de quien dejara de ir a Misa cuando deja de ?sentir?: como si s?lo buscara ?sentirse bien? y cuando no lo consigue, la abandonara porque ?ya no me sirve?. No vamos a Misa a sentirnos bien, sino a participar del mayor acto de amor de Dios por los hombres; no vamos a pas?rnoslo bien, sino a dar Dios el culto que merece ofreci?ndole nada menos que la entrega de Cristo y a buscar la gracia que necesitamos para ser buenos hijos de Dios. El valor de esto est? mucho m?s all? de lo que yo pueda sentir.
A Dios no le molesta que no sienta nada. El sabe bien c?mo es mi estado interior. Quiere que lo ame, incluso cuando mis sentimientos no me facilitan ese amor.

La soluci?n verdadera

Quiz? sea cierto que la mayor parte de la gente que deja de ir a Misa, lo haga por motivos ?afectivos?: no siente nada, se aburre, no tiene ganas. Tienen fe, dicen amar a Dios, pero no los llena, no sienten nada. Y es la mayor donaci?n de Dios a los hombres. Es una l?stima, pero est? muy lejos de justificar la falta de pr?ctica religiosa.

Quienes est?n en esta situaci?n tienen un problema, y tendr?an que buscar c?mo resolverlo. Quiz? deber?an plantearse que la Misa no tiene la ?culpa?. Que la soluci?n no es dejar de asistir, sino intentar que les diga algo, entenderla mejor, vivirla con m?s intensidad. Dejar de ir a Misa es la peor de todas las ?soluciones? posibles a su falta de sentimientos, porque no soluciona nada. Nunca ?gracias? a dejar de participar en la Misa conseguir?n amar m?s a Dios, y sentir m?s intensamente ese amor.

Quien ama se lo pasa bien con el amado, pero no es eso lo que busca (el amor ego?sta se busca a s? mismo). Quien busca dar gloria a Dios, sabe prescindir de sus sentimientos: busca agradarlo, aunque no saque nada de provecho personal.

Conclusi?n

Si faltas a Misa los domingos, por favor, no te justifiques diciendo que no te dice nada. No te excusar? delante de Dios. Resulta evidente que a quien nos pide como primer mandamiento que lo amemos, no puede resultarle indiferente que le digamos que no sentimos nada por su compa??a.

Si escuchas a alguien razonar de esta manera, decirle que lo piense mejor, porque es un razonamiento que carece de l?gica por donde lo consideres.

Por otro lado, y para terminar, si ha habido tantas almas enamoradas de la Eucarist?a, ser? que algo tiene, y habr? que ponerse en campa?a para descubrirlo. Es todo un desaf?o.


Publicado por mario.web @ 0:38
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