Lunes, 16 de mayo de 2011

?Hasta cu?ndo vamos a dormitar sin organizarnos?, ?hasta cu?ndo vamos a estar volviendo la espalda a esta tarea?
Autor: Estanislao Mart?n Rinc?n. | Fuente: Catholic.net
??Hip?critas!: si sab?is interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ?c?mo no sab?is interpretar el tiempo presente? ?C?mo no sab?is juzgar por vosotros mismos lo que se debe hacer?? (Lc 12, 56-57).

Alertados por estas palabras del Maestro, los cristianos de todas las ?pocas hemos sabido que nuestra aspiraci?n a la vida del m?s all? pasa, necesariamente, por estar muy atentos a la vida del m?s ac?. Precisamente en esto consiste nuestra vocaci?n laical.

Ahora bien, mirar el mundo es sufrir porque hay muchas cosas que son objetivamente contrarias al Evangelio. Las tres grandes virtudes, fe esperanza y caridad, que nos hacen gozar, esas mismas nos hacen sufrir, especialmente la caridad.

Vivimos en una sociedad que no nos gusta, al menos, no nos gusta del todo. Miremos hacia donde miremos, vemos que es mucho lo que hay que redimir: mucho que limpiar, mucho que cambiar, mucho que sanear. Ah? est? el mundo de la infancia, de la juventud, de la vida matrimonial, de la ancianidad, el mundo de la educaci?n, de la pol?tica, de la familia, etc., todos ellos con inmensos sectores de bautizados desnortados, viviendo de espaldas al Evangelio, produciendo, en consecuencia, frutos de muerte. No es necesario aportar datos. Ante el estado actual de las cosas hay una pregunta inevitable, que los cristianos hemos venido repitiendo desde el d?a de Pentecost?s: ??qu? tenemos que hacer, hermanos?? , pregunta que al hac?rnosla hoy, en su dimensi?n social, se podr?a traducir por esta otra: ?c?mo arreglar esto?

1. ?C?MO ARREGLAR ESTO?

Digamos de paso que los frutos de muerte los vemos y los padecemos todos, quienes tenemos planteamientos cristianos y quienes no los tienen. Unos y otros discrepamos en las causas de los problemas de nuestro mundo y discrepamos tambi?n en las soluciones, pero venimos a coincidir en la valoraci?n de los hechos.

El fracaso escolar es fracaso escolar para todos, y del mismo modo la ruptura de los matrimonios, la violencia dom?stica, las miserias del consumo de drogas, la prostituci?n o el alcoholismo.

?Cu?les son las respuestas que se vienen dando desde los poderes p?blicos? B?sicamente dos: las campa?as publicitarias y el parcheo. O sea, nada de nada, porque las soluciones no est?n en ir parcheando como se pueda. Ahora se mueren un par de j?venes por el problema del botell?n, nos echamos las manos a la cabeza con una ingenuidad culpable, hacemos un par de campa?as est?riles que cuestan un dineral, y? ah? siguen nuestros muchachos poni?ndose morados de veneno cada fin de semana. ?Que se nos mueren otros dos por sobredosis de ??xtasis?? Pues clausuramos el lugar de los hechos, y a continuar con el problema.

?Qu? podemos hacer para arreglar todo esto?
Yo no sabr?a hacer una relaci?n de todas las causas por las cuales hemos llegado a estar como estamos, y adem?s, no me interesa demasiado, prefiero pensar en las posibles enmiendas. Por otra parte tampoco es cuesti?n de dar soluciones concretas porque no creo que nadie tenga recetas m?gicas para corregir tanto estrago, pero alguna v?a de soluci?n s? podemos vislumbrar.

Si no se trata de dar soluciones concretas para los problemas concretos, ?de qu? se trata entonces? Se trata de hacer un mundo nuevo, esta es la tarea. ?Hacer un mundo nuevo! ?Ah? es nada! ?Menuda empresa! Ciertamente es un ideal que nos sobrepasa, pero no podemos aspirar a menos.

?Por d?nde se empieza? La respuesta nos la da la Iglesia: se empieza haciendo hombres nuevos, y la Iglesia no propone utop?as. ?La verdad es que no hay humanidad nueva si no hay, en primer lugar, hombres nuevos, con la novedad del bautismo y la vida seg?n el Evangelio? . ?Qui?nes tienen que ser esos hombres nuevos? Nosotros, ?qui?n si no? Nosotros, que sabemos que Dios ama este mundo, nosotros que sabemos que ?Dios no mand? su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por ?l? , nosotros, que somos los que ?hemos conocido y hemos cre?do el amor que Dios nos tiene? .

Esta es una idea muy excelsa y muy bella, a la que debemos prestar alguna atenci?n para no quedarnos en las nubes. Por eso vamos a intentar alguna explicaci?n.

1.1 ESCUCHAR.
En contra de lo que pudiera parecer la postura m?s juiciosa, a mi entender, no debemos empezar pregunt?ndonos qu? tenemos hacer. Antes de pensar en qu? hay que hacer, hemos de pensar en qu? hay que pensar, y antes a?n debemos disponernos para poder pensar. Para ello lo primero es desperezarnos, espabilarnos y espabilar el o?do.

Hoy, como en todo tiempo, no faltan profetas. Ah? est? la Iglesia de siempre y ah? est?n los pastores de ahora, encabezados por el Santo Padre. Nunca como hoy hemos tenido tan a mano, y tan de primera mano, el Magisterio del Papa y de los Obispos. ?Qu? es, pues, lo primero?, ??Cu?l es el primero de todos los mandamientos?? Jes?s le contest?: ?El primero es: Escucha, Israel?? . ?Escucha, ten actitud de escucha, pues ?tengo algo que decirte? . Tener actitud de escucha es tener actitud de aceptaci?n y de acogida hacia la palabra de los profetas, que hoy, como siempre, vienen a hablarme de parte de Dios. Dentro de un momento veremos qui?nes son esos profetas y qu? tienen que hacer hoy.

1.2 PENSAR.
En segundo lugar creo que deber?amos hacer una revisi?n de los criterios con los que organizamos la vida, pensando en nosotros mismos y especialmente en los ni?os y en los j?venes. Cada reci?n nacido que viene a este mundo empieza a amamantarse de un modo de pensar, el actualmente dominante, que est? formado por los criterios de una sociedad que es la causante de estos frutos de muerte antes mencionados.

A mi parecer no es solo cuesti?n de criterios, pero s? lo es inicialmente, coloc?ndonos en el punto de partida. Los que estamos aqu? no somos los ?nicos responsables de este modo de pensar y de organizar la vida, porque somos hijos de una naci?n muy vieja y de una cultura secular, en la que hay de todo, trigo y ciza?a; llevamos sobre nuestras espaldas el peso de una tradici?n de la que es muy dif?cil desprenderse, pero, por otra parte, tampoco somos burros ciegos que cargan con lo que les echen, ni gu?as ciegos para no saber conducirnos y para no saber conducir a nuestros ni?os y a nuestros j?venes.

?Hasta cu?ndo vamos a seguir repitiendo, en tantos aspectos, ese proceder in?til heredado de nuestros padres? . No estoy diciendo que haya que hacer borr?n y cuenta nueva de todo. Ese es el camino que han seguido las revoluciones cl?sicas, y sus efectos han sido, en todos los casos, al menos tan destructivos como los da?os que pretend?an arreglar. Nuestros antepasados merecen toda nuestra veneraci?n, todo nuestro respeto y toda nuestra estima, pero en cuanto personas concretas.

En cuanto al modo de pensar y de actuar de las generaciones anteriores habr?a que ver qu? hay que respetar y qu? no, porque socialmente, como responsables del mundo que nos han dejado, tampoco hicieron sus deberes correctamente. Ah? est? la historia para demostrarlo. Hemos recibido un modo de pensar propio de una cultura terriblemente ego?sta: apegada al dinero, individualista, posesiva, materialista y hed?nica, y lo que a?n es peor, una cultura con muchos signos de muerte. Esta cultura nuestra, que mal que bien, fue cristiana, lleva varios siglos despoj?ndose de los modos cristianos de entender la vida y de organizar la sociedad.

Es verdad que nunca han dejado de aparecer figuras de cristianos punteros, los santos reconocidos y an?nimos, que han brillado individualmente en su campo, pero el tejido social, hoy, en su conjunto no es cristiano.

?Qu? tiene de cristiano hoy el arte, el mundo de la televisi?n y de la radio, de la moda, del deporte, de las diversiones, de la econom?a, de la pol?tica, de la familia?

As? pues, ni aceptarlo todo ni despreciarlo todo, pero s? que es mucho lo que hay que someter a revisi?n. Para hacer un mundo nuevo, si no queremos ser ut?picos, hay que partir de lo que tenemos y contar con ello, porque no podemos ignorar qui?nes somos y de d?nde venimos, pero tenemos que tener claro qu? nos ayuda y qu? nos estorba. Si no somos responsables de la herencia recibida, s? que lo somos para examinarlo todo y quedarnos con lo bueno .

San Pablo, en la Carta a los Romanos, escribi? algo que a los cristianos nos deber?a espolear continuamente. Dice as?: ?Y no os ajust?is a este mundo, sino transformaos por la renovaci?n de la mente, para que sep?is distinguir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto? . La cita admite pocas interpretaciones; dice lo que dice, que la renovaci?n ha de venir por el modo de pensar.

Por eso, antes de pararnos a ver qu? podr?amos hacer, hemos de considerar c?mo debemos pensar. Jesucristo distingue dos modos de pensar: como los hombres y como Dios. ??Qu?tate de mi vista, Satan?s, -le dice a Pedro- que me haces tropezar; t? piensas como los hombres, no como Dios!?

?C?mo queremos actuar bien si pensamos mal? Pues a nosotros se nos ha dado, por participaci?n, la capacidad de pensar como Dios piensa. El primer fruto operativo de la vida de gracia es este: pensar como Dios. Dicho as? parece hasta irreverente, pero no hacemos sino repetir las palabras de San Pablo: ?Nosotros tenemos la mente de Cristo? , les dice a los corintios. Veamos algunos ejemplos en los que se pone de manifiesto la disparidad entre los criterios de Dios y nuestros criterios.

1.2.1 Algunos criterios con los que solemos funcionar en este mundo.

a) La ?tica del bien subjetivo.

La ?tica del bien subjetivo es, probablemente, la distorsi?n moral m?s grave de nuestro tiempo en el orden de la fundamentaci?n ?tica de la conducta humana. Esta distorsi?n se produce porque este modo de pensar toma el bien subjetivo como el patr?n de conducta, confundi?ndolo con lo ?ticamente correcto. Acerca de la confusi?n de nuestros deseos con lo que es la verdad objetiva, dec?a Gabriel Marcel -apoy?ndose en un doctor de la Iglesia- ?que en eso consistir?a la pura perversi?n del esp?ritu".

Esta gravedad radica en que tal ?tica, por la l?gica interna de sus principios, propende necesariamente hacia una justificaci?n y una legitimaci?n del ego?smo. El hombre que se agarra a una ?tica individualista no tiene grandes dificultades en justificar la satisfacci?n de sus intereses o incluso sus caprichos como moralmente buenos, independientemente de que respeten o no las reglas del bien objetivo, que no es otro que el bien de la persona humana .

Los fundamentos de la ?tica objetiva, en cambio, son de orden metaf?sico. La ?tica del bien objetivo, basada en la realidad humana, lo que postula es que la conducta correcta es aquella cuyas acciones se adecuan a lo que las cosas son y a lo que las personas somos.

Un ejemplo muy claro: a m?, hombre casado, me podr?a gustar o apetecer, cambiar de mujer de vez en cuando, pero, objetivamente, eso va en contra de una realidad concreta, que consiste en que mi mujer y yo constituimos, desde el d?a que nos casamos una sola carne. Soy con ella una sola carne; lo que yo pudiera entender como bien subjetivo, cambiar de mujer, contradice la realidad del matrimonio, en este caso del m?o.

Un ejemplo menos luminoso: todo hombre parece tener claro que debe velar por sus intereses y defenderlos de todo ataque o menoscabo. Yo tengo un negocio, y las ganancias de mi negocio han de salir adelante; si en mi camino se cruza un competidor, alguien que puede restarme mis leg?timas ganancias, tengo todo el derecho del mundo a usar los medios necesarios para arruinarlo, o quit?rmelo de en medio. Pues no se?or: si te sale un competidor, aceptas el reto y compites con ?l, sabiendo que la persona de tu competidor es algo (es alguien) objetivamente much?simo m?s valioso que las ganancias de tu negocio.

Calder?n de la Barca defini? la ?tica subjetiva con agudeza po?tica, cuando hace decir a Segismundo, el protagonista de La vida es sue?o, esta frase: ?nada me parece justo, en siendo contra mi gusto? .

La din?mica del bien subjetivo, unida a la legitimidad de la defensa de los propios intereses, hace entender como l?gico y como correcto que la persona se preocupe, sobre todo, de gestionar ?sus? asuntos. Pero esto no es lo que nos dice el Evangelio. El Evangelio nos dice que no andemos preocupados por qu? vamos a comer o qu? vamos a beber, o en qu? tenemos que trabajar. Exactamente lo que dice es ?no and?is preocupados por vuestra vida? .


Publicado por mario.web @ 1:26
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