Lunes, 16 de mayo de 2011

La legalizaci?n del ?matrimonio homosexual",es, en buena parte, el resultado de tres grandes movimientos ideol?gicos y culturales.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Revista Sacerdos
La legalizaci?n del ?matrimonio homosexual?, a finales del mes de junio de 2005, en Espa?a y en Canad? (ya hab?a sido aprobado anteriormente en los Pa?ses Bajos y B?lgica) es, en buena parte, el resultado de tres grandes movimientos ideol?gicos y culturales.

El primero arranca de la Revoluci?n francesa, a partir de quienes han considerado que el Estado deber?a regular cada vez con mayor poderinvasivo la realidad del matrimonio, hasta el punto de arrogarse el poder de definir cu?l sea la esencia del matrimonio.

Por este motivo, en los ?ltimos 200 a?os se han promulgado leyes que permiten el divorcio, y, recientemente, leyes que regulan otras formas de convivencia, como las as? llamadas ?parejas de hecho?, a las que se confiere derechos similares a los que son propios del matrimonio. Como ?ltima etapa en este proceso se ha llegado a la pretensi?n de definir qu? se entiende por matrimonio y de legislar sobre lo que puede recibir este nombre, como si se tratase de algo que puede cambiar seg?n cambian los gustos de la gente o las mayor?as parlamentarias.

En realidad, el matrimonio precede al Estado: es algo original y no sometido a las decisiones de una dictadura o de un partido pol?tico. El Estado, por lo tanto, no deber?a imponer leyes arbitrarias sobre estainstituci?n natural. Su competencia reguladora deber?a limitarse a aclarar y dirimir aspectos sociales de las uniones matrimoniales, para evitar abusos, para promover la convivencia y, sobre todo, para proteger y fomentar las riquezas propias del matrimonio y de la familia.

El segundo movimiento se ha desarrollado a partir de la ?ideolog?a contraceptiva?, que ha llevado a vivir la relaci?n conyugal entre los esposos cada vez m?s como algo desligado de la procreaci?n. Especialmente a partir de la p?ldora Pincus y de los siguientes productos anticonceptivos, las parejas han podido vivir su sexualidad sin el ?peligro? de que sean concebidos nuevos hijos. La mentalidad anticonceptiva ha culminado con la difusi?n del aborto, usado en no pocos casos como una especie de ?anticoncepci?n? de emergencia, sin olvidar que no pocos m?todos anticonceptivos pueden tener tambi?nefectos abortivos.

Cuando Pablo VI escribi?, en 1968, la enc?clica "Humanae vitae", intuy? los graves peligros que, a la larga, nacer?an si se generalizaba el uso de anticonceptivos. Especialmente reconoc?a el peligro de que el hombre perdiese el respeto hacia la mujer, y de que se difundiese una mentalidad en la que la transmisi?n de la vida fuese vista como algo opcional, sometido completamente a los deseos humanos (inclusive de algunos gobiernos que pretendiesen controlar la fertilidad de sus pueblos).

A estos abusos podr?amos a?adir, continuando las reflexiones de Pablo VI, la difusi?n de un modo de ver la sexualidad simplemente como b?squeda de placer sin respetar su sentido original. S?lo cuando reconocemos la estrecha relaci?n que existe entre los significados unitivo y procreativo en el acto sexual resplandece con toda su belleza la vida matrimonial.

Despu?s dem?s de 40 a?os, los resultados dan la raz?n a la "Humanae vitae". Es evidente el incremento de la promiscuidad sexual entre j?venes y adultos, de la mayor infidelidad de los esposos, del divorcio, del aumento de los nacimientos fuera del matrimonio, del dilagar de enfermedades de transmisi?n sexual. Adem?s, la sexualidad humana est? siendo vista por muchos como algo referido solamente al placer y a las opciones libres de las personas, sin el horizonte de compromiso que es propio del matrimonio, y sin abrirse a la procreaci?n.

Las bajas tasas de natalidad de los pa?ses ricos muestran el triunfo de esta ideolog?a anticonceptiva y preparan el ?humus? en el que se ha desarrollado el movimiento homosexual.

Encontramos as? el tercer movimiento ideol?gico que ha llevado a la nueva ley espa?ola y a otras leyes similares en diversos lugares del planeta: el movimientohomosexual. Tal movimiento tiene su origen en las reivindicaciones de algunos grupos de homosexuales que han conseguido un amplio poder en el mundo de la cultura, de la comunicaci?n, de la pol?tica.

Estos grupos ven la propia actividad sexual como plenamente leg?tima en la vida social, y con derechos a un reconocimiento id?ntico al que se da a las dem?s uniones matrimoniales aceptadas por el estado. De hecho, los actos homosexuales naturalmente est?n cerrados a la vida, lo cual, por culpa de los abusos de la anticoncepci?n, tambi?n ocurre entre muchas parejas heterosexuales.

La fuerza de la ideolog?a ?gay? es tal que ha llegado a condicionar los estudios de la psicolog?a. En no pocos pa?ses resulta sumamente peligroso el que alg?n psic?logo insin?e que la homosexualidad ?se pueda curar?, o manifieste la idea de que podr?a ser tratada como sifuese una ?enfermedad?. Igual podemos decir de la ?tica: declarar los actos homosexuales como algo inmoral conlleva el riesgo de ser acusado de ?homofobia? y puede ser motivo de persecuciones y ataques de diverso tipo.

La pol?tica tambi?n ha quedado seriamente afectada: se presiona, estigmatiza, a?sla o persigue de distintas maneras a aquellos pol?ticos que se oponen a las reivindicaciones de los grupos ?gay?. La Iglesia cat?lica y otras religiones son cada vez m?s criticadas en el mundo de la cultura y en aquellos medios de comunicaci?n que avalan y promueven el ?orgullo gay?.

Estos tres movimientos han cristalizado en la nueva ley aprobada en Espa?a en junio de 2005 a petici?n del gobierno socialista. Seg?n el pre?mbulo de este texto legislativo, ?la ley permite que el matrimonio sea celebrado entre personas del mismo o distintosexo, con plenitud e igualdad de derechos y obligaciones cualquiera que sea su composici?n. En consecuencia, los efectos del matrimonio, que se mantienen en su integridad respetando la configuraci?n objetiva de la instituci?n, ser?n ?nicos en todos los ?mbitos con independencia del sexo de los contrayentes; entre otros, tanto los referidos a derechos y prestaciones sociales como la posibilidad de ser parte en procedimientos de adopci?n?.

En realidad, esta nueva ley no respeta la ?configuraci?n objetiva de la instituci?n? del matrimonio, sino que la redefine, al desvincularla de lo que debe ser: la uni?n de un hombre y una mujer abiertos a la vida a trav?s de la complementariedad sexual. La palabra ?matrimonio? queda, as?, enmarcada en un nuevo contexto, en el cual el origen del matrimonio no es el amor unido a la complementariedad sexual de los contrayentes, sinos?lo el amor o el afecto que ?stos, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres, manifiesten entre s?.

El resultado, contrariamente a lo que pretende el gobierno espa?ol y los grupos homosexuales que lo apoyan, no va a ser la ?conquista de un derecho? o la supresi?n de una discriminaci?n, sino el abajamiento del ?contrato matrimonial? a algo que seguir? recibiendo el nombre de ?matrimonio? sin serlo realmente. A lo sumo, s?lo habr? matrimonio en aquellas parejas heterosexuales que cumplan los requisitos que hacen v?lida su uni?n esponsal, entre ellos la aceptaci?n de sus dos propiedades esenciales: unidad e indisolubilidad. No lo habr?, aunque abusen del nombre, entre las parejas del mismo sexo.

Sobre esta tem?tica, la Congregaci?n para la Doctrina de la fe public? en el a?o 2003 el documento"Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales", con la expl?cita aprobaci?n del entonces Papa Juan Pablo II. Estas Consideraciones recordaban la doctrina cat?lica y la reflexi?n racional sobre el verdadero matrimonio, e invitaban a oponerse al reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales.

Entre las motivaciones de orden racional que las Consideraciones (en el n. 6) ofrecen para oponerse a tal reconocimiento, encontramos la siguiente: ?En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fen?meno privado y el mismo como comportamiento p?blico, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jur?dico. El segundo fen?meno no s?lo es m?s grave sino tambi?n de alcance m?s vasto y profundo, pues podr?a comportarmodificaciones contrarias al bien com?n de toda la organizaci?n social?.

En otras palabras: dar estatuto de ?matrimonio? a las uniones homosexuales, y permitirles, entre otras cosas, el adoptar ni?os, crea un enorme desorden social al ofrecer a la gente la idea de que el comportamiento homosexual es no s?lo normal, sino incluso algo protegido y tutelado como un ?bien social?.

En realidad, en los actos homosexuales no se da la presencia de aquellos elementos de complementariedad biol?gica y antropol?gica que son propios del verdadero matrimonio. Esta complementariedad permite la apertura a la vida y la creaci?n de aquellas condiciones ideales para educar a los propios hijos desde la riqueza que nace de convivir con unos padres de distinto sexo.

Oponerse con firmeza a leyes como esta, incluso con la objeci?n de conciencia (Consideraciones n. 5), ser? un testimonio derespeto hacia el verdadero matrimonio y a su papel en la configuraci?n de sociedades sanas y de personas maduras. Ello no quita, desde luego, que los cat?licos, y especialmente los sacerdotes, mantengamos una actitud pastoral de acogida y respeto hacia las personas que tienen tendencias homosexuales, como recuerdan las Consideraciones (n. 4) citando la "Carta sobre la atenci?n pastoral a las personas homosexuales", Carta publicada en 1986 por la misma Congregaci?n para la Doctrina de la fe.


Publicado por mario.web @ 14:54
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios