Lunes, 16 de mayo de 2011
La programaci?n de la pastoral vocacional puede ser una herramienta, que conjuga los principios perennes de la teolog?a de las vocaciones y los tiempos actuales.
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?Porqu? programar el trabajo vocacional?
?Porqu? programar el trabajo vocacional?
Introducci?n
Ya son lejanos aquellos tiempos en los que las vocaciones tocaban a las puertas de los conventos y en muchos casos las listas de espera eran algo m?s que normal en las congregaciones religiosas. Los tiempos han cambiado, no cabe duda. Y sin embargo la mentalidad de quienes est?n al frente de la pastoral vocacional en las congregaciones, se ha mantenido en un punto est?tico, sin proyecci?n.

En este peque?o art?culo pretendemos abordar la pastoral de las vocaciones desde la situaci?n cultural en la que nos encontramos, contrast?ndolo con la mentalidad que existe a?n ahora en muchas congregaciones religiosas. Los argumentos ya trillados esconden muchas veces una mentalidad anticristiana, pues se presentan como faltos de esperanza, de coraje y de confianza en la Providencia.

Es necesario por tanto adecuarse a la cultura de nuestros tiempos, sin perder la esencia de la pastoral de las vocaciones. Iniciaremos por tanto nuestro estudio rescatando algunos principios de la Teolog?a de las vocaciones para despu?s ponerlos en pr?ctica. Ser? necesario por tanto abrir los ojos a la cultura actual y sin caer en un pesimismo paralizante ni en un optimismo ingenuo, buscar la forma de aplicar los conceptos de la Teolog?a de las vocaciones a la situaci?n actual.

No pretendemos por tanto innovar, sino adaptar. Tal es el prop?sito que nos ha marcado el Concilio Vaticano II y que, a 40 a?os de su clausura, a?n queda mucho por poner en pr?ctica. Dicho en palabras de Juan XXIII: ?"Nuestra tarea no es ?nicamente guardar este tesoro precioso, como si nos preocup?ramos tan s?lo de la antig?edad, sino tambi?n dedicarnos con voluntad diligente, sin temor, a estudiar lo que exige nuestra ?poca (...). Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga seg?n las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el dep?sito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado.? 1

Veremos por fin, c?mo la programaci?n de la pastoral vocacional puede ser una herramienta, entre otras muchas, que conjuga los principios perennes de la teolog?a de las vocaciones y los tiempos actuales. De esta forma, la programaci?n de las vocaciones puede ser un puente entre las verdades inmutables y los tiempos actuales: ?Es claro que este esfuerzo por expresar de un modo nuevo una determinada verdad exige una nueva reflexi?n sobre ella y una nueva relaci?n vital con ella; asimismo, es claro que la nueva palabra s?lo puede madurar si nace de una comprensi?n consciente de la verdad expresada y que, por otra parte, la reflexi?n sobre la fe exige tambi?n que se viva esta fe. En este sentido, el programa propuesto por el Papa Juan XXIII era sumamente exigente, como es exigente la s?ntesis de fidelidad y dinamismo.? 2


Teolog?a de la vocaci?n.
Los principios fundamentales de la Teolog?a de la vocaci?n consideran que la causa eficiente primaria de una vocaci?n es Dios. Dios es el que llama. Respetando la libertad de cada hombre, Dios escoge para s? algunos hombres y mujeres, para que puedan seguirlo m?s de cerca, prestando diversos ministerios, de acuerdo a las necesidades dela Iglesia. ?El Padre llama a la vida, el Hijo llama al seguimiento y el Esp?ritu llama al testimonio. ? 3

Pero esta triple llamada no se efect?a en un mundo abstracto y en un tiempo indeterminado. Se lleva a cabo en un ambiente preciso, la Iglesia, y en un tiempo definido, el ahora. Podemos establecer por tanto que la causa eficiente secundaria de las vocaciones es la Iglesia en sus ministros y la causa dispositiva es la Iglesia en sus miembros y en sus instituciones. La Iglesia, a trav?s de las personas que la representan, es decir, las personas constituidas en autoridad, tiene la facultad de discernir sobre el llamado vocacional. Si bien Dios es el que llama, la Iglesia est? obligada, por el bien mismo de la persona y por el bien de la Iglesia, a escrutar esta llamada, para saber si realmente las persona posee las cualidades, es id?nea y podr? cumplir con las obligaciones propias de este estado de vida. Por otra parte, la vocaci?n nace como una semilla que debe desarrollarse. Y son los hombres de la Iglesia y sus instituciones las que hacen que estas disposiciones positivas se desarrollen progresivamente y se conviertan en h?bitos . 4

De estos principios teol?gicos se desprenden algunas consecuencias y principios para la acci?n pastoral 5 que conviene que tengamos en cuenta en el momento de contrastar estos principios con la realidad que nos circunda. As? tenemos, en primer lugar, que si Dios es el autor de las vocaciones, porque ?l es quien llama y quien da los dones y las disposiciones necesarias a las personas para que respondan, es necesario concluir que Dios sigue llamando, porque quiere dar a la Iglesia las vocaciones necesarias para llevar a cabo los distintos ministerios y funciones propias de cada vocaci?n. De este principio se desprende que el trabajo realizado por una vocaci?n consagrada no podr? ser suplido simplemente por el trabajo de cualquier persona. No es el trabajo en s? lo que da valor a la vocaci?n, sino es la vocaci?n lo que da valor al trabajo. Por ello el trabajo que desarrolla una persona consagrada posee un valor cualitativamente distinto al que pudiera desarrollar otra persona, a?n siendo ?sta cat?lica y con buenas disposiciones. El trabajo realizado para Dios por una persona que ?l se ha elegido, no puede tener parang?n alguno con cualquier otro tipo de trabajo.

La segunda conclusi?n pr?ctica que puede desprenderse de los principios teol?gicos de la vocaci?n, es el de que las vocaciones est?n condicionadas al vigor y al fervor de una comunidad cristiana. Bien sabemos que Dios puede hacer milagros, pero ordinariamente no salen ?uvas de un zarzal?. Lo que se cosecha es lo que se siembra. Y la Iglesia, como causa dispositiva es la encargada de proporcionar el ambiente adecuado para que nazcan y crezcan las vocaciones. Sin un ambiente adecuado, las vocaciones no surgir?n, ni podr?n llegar a una plena madurez. Por ello, es conveniente tomar en consideraci?n para nuestro estudio el hecho de que el fervor de la vida cristiana en una di?cesis, parroquia o congregaci?n religiosa es ?ndice de la posibilidad de que puedan nacer abundantes y buenas vocaciones.

Estas dos conclusiones podr?an aparecer aparentemente contradictorias. Si por un lado, Dios sigue llamando hombres y mujeres a una vocaci?n de especial seguimiento , por otro lado estas vocaciones dependen del fervor de la vida cristiana en cada comunidad, cualquiera que ?sta sea. Esta aparente contradicci?n que vivimos con mayor dramatismo en Europa, se resuelve revisando las condiciones de las vocaciones. As? como Dios llama a la vida a una persona, siempre y cuando se den unas ciertas condiciones biol?gicas adecuadas, podemos pensar que Dios llama tambi?n a un n?mero de hombres y mujeres, dependiendo de unas condiciones espirituales adecuadas. Dios, es cierto, todo lo puede, pero Dios no se contradice. Si no existe en la di?cesis, en la parroquia en la congregaci?n religiosa un ambiente de piedad, de vida sacramental, de misionariedad, si nadie sigue de cerca el camino espiritual de los j?venes, es muy dif?cil que pueda surgir una vocaci?n. Si la vocaci?n es el culmen de la vida cristiana, ella necesita de un ambiente especial para nacer y desarrollarse. Y si la vocaci?n, aunque naciese, no tuviese los medios adecuados para ser cultivada y desarrollada, es muy dif?cil que pueda seguir adelante. Muere por falta de un terreno adecuado en donde pueda germinar.

Esta ?ltima doble consideraci?n, Dios que llama y la Iglesia que proporciona el terreno adecuado, nos da pie para introducirnos en la siguiente parte de nuestro art?culo.


La realidad.
Quienes se han quedado a la espera de que las vocaciones llamaran a la puerta, han permanecido con una mirada ofuscada y no se han dado cuenta de la realidad que los rodea. Han estado acostumbrados a ver llegar las vocaciones al convento. Pero ahora, y ya desde hace mucho tiempo, las vocaciones no llegan por s? solas. Resulta curioso c?mo, quien despu?s de diez, quince o m?s a?os de no recibir vocaciones en Europa, contin?a sin hacer nada. Bien vale la pena hacer un an?lisis sobre esta postura.

Por un lado puede darse en esta postura una visi?n equivocada de la fe. Basados en el mandato del Se?or, se han quedado estacionados en el tiempo, y desde la ventana de su convento no han sabido escrutar los signos de los tiempos. No es que la oraci?n por las vocaciones haya perdido su eficacia y que ahora s?lo valga una labor desenfrenada para atraer las vocaciones al convento. La oraci?n sigue siendo el medio principal para que Dios mande vocaciones a su Iglesia. Pero ahora, junto con esa oraci?n, es necesario trabajar para crear las condiciones necesarias para que Dios pueda llamar a los operarios. Ante, hace apenas 40 a?os, bien podr?a decirse que Europa viv?a un ambiente mayoritariamente cat?lico. Ahora la situaci?n ha cambiada y la cultura no s?lo ha dejado de ser cat?lica, sino que es profundamente anti-cat?lica. Pretender que esta cultura d? por s? sola frutos ub?rrimos de santidad, traducidas en vocaciones es signo de no haber entendido el cambio profundo de los tiempos. Y esto lo ven tambi?n los sumos pont?fices, de quien podemos citar a Juan Pablo II: ?Adem?s de promover la oraci?n por las vocaciones, es urgente esforzarse, mediante el anuncio expl?cito y una catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, pero pronta y generosa, que hace operante la gracia de la vocaci?n. La invitaci?n de Jes?s: ? Venid y ver?is ? (Jn 1, 39) sigue siendo a?n hoy la regla de oro de la pastoral vocacional. Con ella se pretende presentar, a ejemplo de los fundadores y fundadoras, el atractivo de la persona del Se?or Jes?s y la belleza de la entrega total de s? mismo a la causa del Evangelio. Por tanto, la primera tarea de todos los consagrados y consagradas consiste en proponer valerosamente, con la palabra y con el ejemplo, el ideal del seguimiento de Cristo, alimentando y manteniendo posteriormente en los llamados la respuesta a los impulsos que el Esp?ritu inspira en su coraz?n. ?7

Fijar la mirada en el pasado es s?mbolo, no s?lo de miop?a, sino de pereza mental. No cabe duda que la vida consagrada siempre ha sabido ofrecer su trabajo y nunca se ha quejado por las cargas que el trabajo impon?a. Pero hoy por hoy, y especialmente en Europa, se vive bien, se vive muy bien. Las condiciones culturales invitan a llevar una vida muelle, sin preocupaciones excesivas. No existe la precariedad de medios y si bien nada sobra ni se abunda en lo superfluo o en lo lujoso, no falta nada. Esta mentalidad, se?alada ya por el Papa Benedicto XVI ,8 puede infiltrarse no s?lo en las costumbres de la vida consagrada, sino en su mentalidad. Abarracarse en el pasado, sin hacer un an?lisis de la realidad, sin ver cu?les son las causas de la falta de las vocaciones, atrincherarse en el espacio mental de que las cosas ya son como antes y no hacer el esfuerzo mental para comprender la realidad, es signo de un adocenamiento y de una vida f?cil que no quiere arriesgarse por cambiar.

So?ar con las glorias del pasado, cuando los noviciados estaban llenos y el problema era el de no contar con el espacio suficiente para albergar las nuevas vocaciones, es se?al de una soberbia espiritual y de no querer aceptar y compartir los sufrimientos del Cristo actual que muere en tantos j?venes, por falta de un anuncio claro, sincero y vigoroso.

Puede ser que tambi?n esta postura de no ver la realidad, sea producto de una deformaci?n psicol?gica que fija su pensamiento s?lo en un punto de la realidad, inmovilizando todos los recursos de la persona. La as? llamada visi?n t?nel en el que s?lo aparece un aspecto de la realidad. Decir ?ya no hay vocaciones en Europa? demuestra no s?lo una visi?n pesimista y una falta de fe, sino una fijaci?n mental que originan posturas y actitudes muy dif?ciles de superar. Posturas y actitudes que desembocan en una falta de trabajo real, serio, esforzado.

Quien sin embargo ve la realidad, debe enfrentarse a un panorama no del todo halag?e?o o positivo. Pero posee una visi?n m?s sana y equilibrada que aquellos que se han cerrado tras las puertas de su convento. En un primer momento la realidad podr?a parecer abrumadora. Existen infinidad de estudios que le har?n conocer esta realidad, pero es la persona misma, si quiere salir de posturas anquilosadas que no han inmovilizado por mucho tiempo, quien tiene que hacer el esfuerzo por conocer esta realidad. El esfuerzo mismo es ya un signo por querer salir del letargo que lo ten?a atenazado desde hace tiempo.

Esta realidad bien podr?a distinguirse en dos aspectos: la realidad interna y la realidad externa.

Dentro de la realidad interna deber? enfrentarse a la disminuci?n del personal consagrado, la edad avanzada de gran parte del Instituto, las fuerzas venidas a menos de muchas de estas personas consagradas, la falta de ilusi?n por iniciar nuevos proyectos, el haber ca?do ya en una postura de desesperanza y de derrotismo, el sentirse ya sepultados en vida.

Para la realidad externa deber? contar con un an?lisis de la situaci?n de los j?venes y las posibilidades que existen para despertar en ellos la vida cristiana. Su trabajo ser? doble: conocer la realidad y buscar influir en esa realidad.

Este trabajo reclama aplicar el principio de la econom?a, como reina de las ciencias sociales: distribuir adecuadamente los recursos escasos a fines alternativos. Veamos c?mo se lleva a cabo la aplicaci?n de este principio en la pastoral vocacional.

La econom?a de la realidad: programaci?n.
Quien quiera despertarse de la inmovilidad debe enfrentar la realidad, como hemos dicho, desde dos planos diversos: analizar la realidad externa y analizar la realidad interna. Se dar? cuenta, a grandes rasgos, que para enfrentar la realidad externa debe sobretodo promover la vida cristiana a trav?s de iniciativas que lleven a la creaci?n de n?cleos de vida cristiana, con el fin de hacer que el cristianismo vuelva a ser el protagonista de la cultura. Un programa que deber? basarse sobretodo en el propio carisma. Buscar en el carisma los medios m?s adecuados para ense?ar a ni?os, j?venes y adultos a vivir como cristianos.

Pero para llevar a cabo este programa debe contar con algunos recursos, humanos especialmente. Aqu? es en d?nde se dar? cuenta del personal consagrado con el que cuenta. El n?mero y la calidad de los mismos. Requerir? por tanto de una programaci?n que no es sino el an?lisis de la realidad para asignar a cada proyecto los recursos con los que cuenta.

Una postura realista y sincera le har? ver que no puede lograr todo. Comenzar? por tanto a jerarquizar. Ense?arse a dar un valor a cada uno de los proyectos, de acuerdo a una jerarqu?a previamente establecida. Fijar la atenci?n en aquellos proyectos que m?s beneficios puedan aportarle en base a los objetivos que se ha fijado. De esta forma, se est? en guardia contra la pereza o el acomodamiento que no permiten poner en pie aquellos proyectos que requieren sacrificio o comportan un esfuerzo especial.

Aprender? tambi?n a programar otro recurso del que hasta ahora no hemos hablado, pero de una importancia vital: el recurso del tiempo. Todo sucede en el tiempo y muchas veces es ?ste el recurso menos escaso. No puede hacerse todo y no todo debe hacerse en un solo momento. La disminuci?n del personal origina el pluriempleo, ocasionando muchas veces el estrangulamiento de planes y de proyectos. Sin embargo, con un calendario bien organizado, se administra este recurso escaso y se le utiliza como un talento. Si todas las personas tienen a su disposici?n 24 horas, ?por qu? algunas de ellas hacen m?s y mejores cosas en menos tiempo, o en el mismo tiempo que todos tenemos a disposici?n? Todos los hombres somos due?os de 24 horas cada d?a. Todos tenemos necesidades similares en cuanto al reposo y al alimento, mientras no graven enfermedades f?sicas o ps?quicas. Si algunos pueden aprovecharlas mejor, es se?al de una mejor organizaci?n del tiempo, producto a su vez del amor a los proyectos. Resulta parad?jico que quien deber?a hacer m?s por Dios, hace menos que aquellos que tienen por dios al dinero, el placer o los bienes ef?meros. El tiempo, como un talento, no debe esconderse en la tierra, sino que debe ser puesto a disposici?n de los mejores medios para producir otros cinco o diez talentos.

Para enfrentar la organizaci?n de la realidad, asignando eficazmente los recursos escasos con los que se cuenta a proyectos alternativos, es necesario contar con un medio que nos ense?e lo que se debe hacer, c?mo se debe hacer y cu?ndo se debe hacer. Es lo que en las ciencias administrativas se conoce como la planeaci?n estrat?gica. Con esto no se quiere decir que toda la labor de la pastoral vocacional deba centrarse en las ciencias administrativas. La animadora vocacional no debe convertirse en una gerente administrativa que tenga bajo control una serie de personas para cumplir con varios proyectos. La planeaci?n estrat?gica es un medio m?s en la labor de la pastoral vocacional. As? como la oraci?n es un medio espiritual, la planeaci?n estrat?gica debe ponerse en ese nivel: un medio.

Un medio, sin embargo que puede abarcar otros medios y que le ayudar? a identificar los problemas m?s importantes y los medios con los que cuenta a disposici?n. Un medio que le servir? de gu?a en su trabajo, para no caer en la desesperanza o en la angustia. Un medio que le servir? para controlar los resultados y exigirse m?s, por amor de Jesucristo.

Se trata por tanto de aprender a programar el trabajo vocacional para no perderse y aprender a ver y a usar la realidad. No es que la programaci?n se convierta en la panacea y el remedo a todos los males. Es un medio que, abarcando las metas, los recursos escasos y las formas de poner en pr?ctica los proyectos, puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de una congregaci?n.

Pero esto lo veremos en los siguientes art?culos.

NOTAS

1Concilio ecum?nico Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC, Madrid 1993, pp. 1094-1095.

2 Benedicto XVI, Discurso, 22.12.2005.

3 Obra Pontificia para las vocaciones eclesi?sticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 5 ? 10 mayo, 1997, n. 16 ? 18.

4 Nabais, A. La vocazione alla luce della psicolog?a moderna, Edizioni Paoline, Roma, 1955.
Giovenale Dho, Pastorale ed orientamento delle vocazioni, Istituto Superiore di Pedagogia, Roma, 1966, p. 24 ? 32.

5 ?Esta situaci?n de dificultad pone a prueba a las personas consagradas, que a veces se interrogan sobre su efectiva capacidad de atraer nuevas vocaciones. Es necesario tener confianza en el Se?or Jes?s, que contin?a llamando a seguir sus pasos, y encomendarse al Esp?ritu Santo, autor e inspirador de los carismas de la vida consagrada.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 64.

6 Ibidem.

7 ?De hecho, la cultura secularizada ha penetrado en la mente y en el coraz?n de no pocos consagrados, que la entienden como una forma de acceso a la modernidad y una modalidad de acercamiento al mundo contempor?neo. La consecuencia es que, juntamente con un indudable impulso generoso, capaz de testimonio y de entrega total, la vida consagrada experimenta hoy la insidia de la mediocridad, del aburguesamiento y de la mentalidad consumista.? Benedicto XVI, Discurso, 22.5.2006.

8 Un buen resumen de estas circunstancias e la realidad lo encontramos en Vita consecrata ?En algunas regiones del mundo, los cambios sociales y la disminuci?n del n?mero de vocaciones est? haciendo mella en la vida consagrada. Las obras apost?licas de muchos Institutos y su misma presencia en ciertas Iglesias locales est?n en peligro. Como ya ha ocurrido otras veces en la historia, hay Institutos que corren incluso el riesgo de desaparecer. (...) En otros Institutos se plantea m?s bien el problema de la reorganizaci?n de sus obras. Esta tarea, nada f?cil y no pocas veces dolorosa, requiere estudio y discernimiento a la luz de algunos criterios. Es preciso, por ejemplo, salvaguardar el sentido del propio carisma, promover la vida fraterna, estar atentos a las necesidades de la Iglesia tanto universal como particular, ocuparse de aquello que el mundo descuida, responder generosamente y con audacia, aunque sea con intervenciones obligadamente exiguas, a las nuevas pobrezas, sobre todo en los lugares m?s abandonados.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 63.

Publicado por mario.web @ 18:47
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