Martes, 17 de mayo de 2011
De traficante de drogas, cocain?mana, presidiaria y madre, a monja contemplativa
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Madre Elsa
Madre Elsa
?Viv?a en la calle Preciados y frecuentaba la noche. Me encantaba estar en ese ambiente de los que fumaban porros, las prostitutas, los borrachos, serenos; iba por los bares de la calle Montera y de Fuencarral, donde estaban los gays y lesbianas; ten?a una vida sexual muy activa y me qued? embarazada a los 17?, comenta Elsa, originaria de La Rioja.

?Iba a la iglesia del Carmen a llorar esta doble vida porque dentro sent?a como una agon?a?, asegura. Querer sacar a su hijo adelante fue lo que la impuls? a aceptar llevar un paquete con droga a Canarias, por lo que le ofrec?an una gran cantidad de dinero. La Polic?a la detuvo y estuvo tres a?os presa en la antigua c?rcel de Yeser?as. ?Fue una experiencia maravillosa. Se sufre mucho en la c?rcel, pero en el sufrimiento he llegado al entendimiento?, indica con sabidur?a. Cuando le dieron la ficha de salida la rompi? y dej? la prisi?n a los dos meses. ?No quer?a salir por lo mal que me hab?a tratado mi familia en las visitas?, confiesa.

Un encuentro carism?tico

Una vez fuera de la c?rcel particip? de un encuentro de la Confraternidad Carcelaria de Espa?a al que iba a asistir monse?or Milingo, aunque finalmente fue presidido por el entonces obispo auxiliar de Madrid, Javier Mart?nez. ?El primer d?a, varios presos salieron a dar testimonio y sent? una fuerza que me impuls? a ir frente al micr?fono?, se?ala. All?, la directora de Confraternidad Carcelaria, Carmen Rubio, le invit? a la adoraci?n nocturna de los viernes en la calle Fomento, 13, donde empez? a ir. Jes?s hab?a puesto su semilla, pero el ambiente del piso de acogida donde resid?a entonces no la ayud? a desarrollar su espiritualidad. ?Comenc? a consumir coca?na y cada vez aumentaba las dosis. Me salv? la llamada de mi hijo que estaba en La Rioja. Me dijo que vendr?a a Madrid y entonces autom?ticamente dej? de consumir?, explica.

Un mes despu?s del encuentro particip? en la Asamblea Nacional de la Renovaci?n Carism?tica Cat?lica. Un preso le pidi? que lo acompa?ara a la ?intercesi?n?. Ella no sab?a de qu? se trataba, pero vio que los dem?s extend?an sus manos mientras oraban por ?l. Entonces ella tambi?n quiso que oraran por ella. ?El Se?or me dice que vas a ser luz para mucha gente, pero espera a la persona que te va a liberar?, le se?alaron. Lleg? la hora de la adoraci?n y sinti? un gran desasosiego. Apareci? Carmen Rubio, quien ?me agarr? fuertemente del brazo y me dijo que el Se?or me pregunta que cu?nto llevas sin confesarte . Intent? que me dejara en paz, pero ella segu?a agarr?ndome fuertemente?. Elsa vio su vida pasar como un flash por su mente. Hac?a ocho a?os que no se confesaba. En ese instante divis? a un sacerdote y no lo dud?.

Despu?s fue ante el Sant?simo: ?Sent? una fuerza tremenda, como un fuego; me desplom? con una congoja llena de alegr?a que no he vuelto a experimentar. Vi lo que yo era, me encontr? con el Se?or, empezaron a cantar Cristo rompe las cadenas ?, prosigue.

Borrachera mental

En la eucarist?a hubo varias curaciones. ?Yo cre? que estaban todos comprados -dice en referencia a los que levantaban la mano para decir que hab?an sido sanados- y de repente el padre Robert de Grandis afirm? con fuerza: El Se?or me dice que quienes sientan como una borrachera mental estar?n empezando a amar la eucarist?a , y una fuerza me hizo levantar el brazo?, contin?a.

?Ya no era la misma, el Se?or me hab?a transformado?.?Entonces me di cuenta de que mi vocaci?n y el Se?or hab?an estado siempre. Pero pensaba que no pod?a ser monja por mi hijo. Sin embargo, a cada monasterio que entraba por curiosidad me dec?an que hab?a una madre monja, y en el de Ca?as de La Rioja me se?alaron que exist?a una abuela que ten?a siete nietos. Adem?s los libros de espiritualidad que me encontraba era de santas que hab?an sido madres?, a?ade. El hijo de Elsa, ya con 18 a?os, ingres? en el Ej?rcito, y entonces se sinti? libre de responsabilidades para entrar al convento.

Ahora es una monja dicharachera que vive haciendo re?r a los dem?s. ?A mis compa?eras del convento las pincho para que tengan de qu? confesarse?, narra divertida. Es parte de su car?cter. ?Cuando era ni?a me com?a las hostias que hab?a en las ofrendas para obligarle al cura a abrir el sagrario, porque me dec?an que ah? estaba Cristo?, r?e a carcajadas. Ahora ya es feliz.

Publicado por mario.web @ 10:07
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